Guía y nitidez [Tododeku]

Summary

En el momento en que revelaron su casta, todo se vino abajo. No podría comandar como un alfa, ni ser consorte como un omega. Era un simple e inútil beta. Rechazado por sus padres, burlado por el resto de nobles, e irrespetado por sus sirvientes, se aísla de todos para que no vean su dolor. Es por la llegada de cierto omega que sus ojos vuelven a tomar brillo. Pero ese omega, tenía un alfa. Uno que lo amaba, que podía entenderlo, cuidar de él, y darle una familia. Shōto no podía competir contra eso. (Más capítulos en Wattpad).

Status
Complete
Chapters
52
Rating
5.0 1 review
Age Rating
16+

Capítulo 1: Insignificante beta

—Feliz cumpleaños, Lord Shōto—. La niña, de tan solo doce años, hace una educada reverencia ante su mejor amigo en cuanto lo divisa. Sus ojos brillan con una mezcla de respeto y afecto. —¿Cómo se encuentra? Ha pasado un tiempo.


—Ha sido usted quien no vino a visitar este reino, princesa Momo—. Él se inclina como muestra de respeto, con una sonrisa suave en los labios.


Ella sonríe con una luz traviesa en su mirada.


—Pues tampoco hizo esfuerzo por venir a verme. Seguro ha estado muy ocupado planeando esta ceremonia.


El bicolor asiente con cierto brillo en sus ojos, extendiendo su mano para que la princesa la tome y empiecen a bailar en el salón, junto a los demás.


—Así es, también papá me está enseñando a comandar el ejército, y quiere prepararme para cuando llegue el momento de ganarme el título, como mi hermano.


—¿Habla del marqués Tōya?


Shōto niega con determinación.


—No, aunque mi título actual es de marqués. Quiero ser duque, como mi padre, así que debo esforzarme más.


La pelinegra sonríe, admirando la ambición de Shōto por seguir los pasos de su padre.


—No me esperaba menos de usted... Oh. Yo creo que mejor me retiro, hay cierta Lady que me asesina con la mirada. Estoy segura de que muere porque usted le dedique tantito de atención—. Susurra ella, soltándolo con un gesto elegante.


Ambos hacen una reverencia como despedida y ella se da la vuelta para dirigirse al otro lado del salón.


Shōto suspira antes de ir tras Kemy. Sabe que se trata de ella, y aunque su actitud no sea la mejor, no puede negar que le atrae.


A lo lejos, Kemy sonríe al verlo avanzar en su dirección, acomoda un mechón rubio tras su oreja e intenta arreglar su vestido con nerviosismo evidente. Se ve muy linda, y Shōto se enfoca tanto en llegar a ella que choca por error con alguien más.


—¡P-perdón, Lord Todoroki Shōto!—. Una voz suave y nerviosa llega a sus oídos.


Se trata de otro niño, uno más bajo que él, de cabello rizado, pecas en su rostro y grandes ojos verdes.


Arquea una ceja, no lo reconoce. No está seguro de haberlo visto antes en alguna reunión o baile.


—No hay problema. ¿Cuál es su título?— pregunta Shōto con la curiosidad propia de su posición.


—¿Título?—. El peliverde ladea su rostro de forma tierna, confundido. —No tengo eso—. Murmura avergonzado.


—¿No?—. Frunce el ceño, intrigado. —¿Cuál es su apellido?


—Midoriya...— Responde con un tono casi inaudible.


Si ese chico era desconocido, no tenía título, y su apellido tampoco le sonaba, entonces significaba que no era parte de la nobleza. Y su actitud sumisa, además de que lo llame por su nombre completo lo dejaba en claro.


—Permítame—. Shōto alza su mano para tocar sus prendas, corroborando que son delicadas y finas, un contraste que despierta más preguntas en su mente.


Ese niño era un misterio. ¿Cómo logró ingresar? ¿De dónde sacó un traje tan pulcro y de buena calidad? No podría tratarse de un infiltrado cualquiera.


—Lord Shōto, no es de mi agrado encontrarlo con la gentuza.


Kemy, quien se había cansado de esperarlo aparece en medio.


—La servidumbre no debería mezclarse con la realeza—. Sisea fulminando con la mirada al pecoso, que se encoge. —Lord Shōto, no hace falta que se ensucie las manos con este plebeyo.


—¿Plebeyo?—. Gira su rostro con más curiosidad, mirando al niño, que baja la cabeza.


—La baronesa Mitsuki se apiadó del hijo de la criada, y como Lord Katsuki se enamoró de él, arreglaron su matrimonio para cuando sean mayores. Pero en resumen, este jovencito es un bastardo ilegítimo. Por algo se ha manifestado como omega dominante.


Izuku muerde sus labios, su corazón late con fuerza. No espera que lo acepten en la alta sociedad, pero, ¿es malo pedir acaso un poco de respeto? Nadie se ha tomado la molestia de conocerlo. El interés que muestran al acercarse a él se ve opacado cuando descubren que se trata del hijo de una sirvienta con un noble anónimo.


—Comprendo—. Espeta Shōto, sus ojos reflejan una mezcla de comprensión. —¿Cómo se llama?—. Le pregunta al niño.


—Midoriya Izuku...—. Responde sintiéndose intimidado.


—Entonces, si se trata del prometido de Lord Katsuki, no hay de otra que tratarlo como su consorte. Creo que le debo una disculpa por haber chocado con usted, Lord Izuku.


Sus ojitos verdes se iluminan con esperanza. Sabía que no todos en la realeza podían pensar igual. Los Bakugō eran prueba de ello, y ahora, Shōto Todoroki también.


—No, no se han casado aún. En cualquier momento Lord Katsuki podría arrepentirse y anular su matrimonio.


—¿De qué mierda hablas?—. Gruñe un cenizo acercándose, poniéndose frente al omega. —Dilo en mi cara, perra.


—¡Soy una dama!


—No me interesa si eres una dama o el mismísimo emperador. No permitiré que le faltes el respeto a mi prometido. Deku y yo nos amamos y nos vamos a casar cuando seamos adultos. No me digas que sigues resentida porque mi padre rechazó tu propuesta de matrimonio.


Ella enrojece de vergüenza, su orgullo herido reflejado en sus ojos. Los ojos miel de la niña se afilan, pero no en dirección al cenizo, sino a Izuku, que está oculto tras su espalda.


Shōto solo observa con curiosidad todo. Ya tendría tema de conversación con Momo más tarde.


—Vamos, Lord Shōto. Aprovechemos el rato y tengamos una charla antes de que inicie su ceremonia—. Sisea ella dándose la vuelta, su voz intenta mantener una compostura que ya no siente.


Sabe que no podría ganar una pelea contra Katsuki, y tampoco quiere hacer el ridículo en medio de un evento tan importante como el que está.


Si quiere ganarse el favor de Enji Todoroki, no puede hacer una escena.


—Nos vemos luego, Lord Katsuki, Lord Izuku—. Shōto les hace una última reverencia.


Katsuki apenas se inclina. Izuku, en cambio, exagera con su saludo, causando gracia en el bicolor mientras se retira.


—Lord Shōto Todoroki es genial, ¿no lo crees, Kacchan?


—Sí, pero no más que yo, así que no pongas tus ojos en alguien más o me pondré celoso—. Murmura, con la voz firme pero afectuosa.


—Imposible, Kacchan es el mejor—. Sonríe besando su mejilla, más animado gracias a la diferencia que marcó Shōto en su pensar. —Vamos con Lady Mitsuki, seguro se preocupará si no nos ve.


El bicolor, por otra parte, oía a Kemy parlotear acerca de uno de sus viajes, pero su atención estaba puesta en el resto de personas. Sus ojos vagan entre los rostros familiares.


Momo, su mejor amiga y princesa heredera del reino vecino, estaba al otro lado del salón conversando con Lord Denki y Lady Kyōka. Su risa ligera y sus gestos elegantes destacaban en medio del bullicio.


Su hermano mayor, Tōya, seguía sin parar al consejero real, Keigo. Su hermana conversaba con una duquesa amiga. Y el tonto de Natsuo, disfrutaba del baile al igual que el resto de invitados.


Sus ojos dispares siguieron paseando por todo el gran salón hasta llegar con una mata de cabellos verdosos.


El niño reía enfocando su vista hacia su prometido, hablando de quién sabe qué, pero Katsuki lo miraba como si fuese lo más hermoso del mundo.


No lo culpa, ciertamente el chico lo es.


Se pregunta si en algún momento será capaz de mirar a alguien como Katsuki mira a Izuku, o si alguien lo verá de la misma forma en que Izuku lo hace con Katsuki.


Ve de reojo a la niña a su lado que se había manifestado como omega meses atrás y ha demostrado su interés desde entonces hacia él.


Ella le gusta, espera verla con el mismo brillo en sus ojos y casarse con ella para seguir juntos su linaje, uniendo ambas familias, trayendo honor a su apellido.


—No hace falta esta farsa, es obvio que será un alfa y nos vamos a casar—. Ríe Kemy suavemente. —No tiene sentido, ¿no?


—Sí, pero debemos mantener las formalidades y seguir un protocolo—. Responde con un tono suave.


—¿Lord Shōto Todoroki?—. El mayordomo principal se acerca al niño, haciendo una reverencia profunda. —Por favor, sígame. Es hora de las pruebas.


—Lord Shōto, le irá bien—. Kemy se inclina, su voz está llena de una mezcla de orgullo y anticipación.


Él asiente con una sonrisa, su corazón late con fuerza. El momento que ha esperado durante tanto tiempo finalmente había llegado. Está confiado en que será un alfa, pero la probabilidad de que sea un omega existe, así que solo debe afrontar los resultados sin importar qué.


Se retira con el hombre mayor, y este lo guía por el salón, acercándolo al podio.


En el centro se encuentra su familia esperándolo, el clérigo y varios monaguillos preparando las cosas.


Enji le sonríe confiado, su madre le brinda un gesto de aliento, mientras que Tōya, Fuyumi y Natsuo se encuentran expectantes. El peso de sus miradas y expectativas lo abruma, pero también le da fuerza.


—Muy bien, Lord Shōto, ponga una rodilla en el suelo y haga una reverencia al clérigo—. Le instruye el mayordomo, y él obedece sin vacilar.


El sacerdote levanta la manga de su camisa, exponiendo su brazo. Tres monaguillos se le acercan con las cosas que serán usadas para las pruebas.


—Tranquilo, joven—. Le sonríe al notar su nerviosismo —Necesitamos su saliva, por favor.


Shōto obedece, algo cohibido deja escapar unas gotas de su saliva en el platito que le es extendido.


El hombre lo alza y le echa una sustancia. Pero no pasa nada. Ni humo, ni cambio de color.


—Abra la boca.


Cuando el niño hizo lo pedido, deja que el interior de su boca y dentadura sea examinado. El sacerdote suspira alejándose, parece resignado.


Entrega el plato a uno de sus tres monaguillos, y se acerca al otro que tiene una aguja, un pañuelo y otro platito.


Esta vez se pone detrás de Shōto y pincha su nuca. Arquea la ceja porque Shōto sisea de dolor, lo que significa que sí lo sentía.


Ignora el malestar, esperando a que caigan gotas de sangre en el platillo, a las cuales también le echa una sustancia. Su mente trabaja rápidamente, evaluando cada reacción de Shōto.


Nuevamente, no hubo cambio alguno.


Limpia la nuca con el pañuelo y va por su tercer monaguillo, dejando en manos del segundo el plato de sangre.


El tercer joven le extiende dos frascos. Los recibe con cierta decepción, sus ojos reflejan una incertidumbre que trata de esconder.


—Les pido que tomen distancia—. Le indica a los Todoroki. Todos retroceden unos cuantos pasos, sus corazones se aceleran con nervios.


Finalmente se acerca a Shōto y le ofrece uno.


—Destápalo y huele—. Su voz es calmada, pero firme.


Shōto obedece con cierta confusión. Nada. No percibe ningún aroma.


—Ahora con este—. Le ofrece el segundo frasco.


Vuelve a repetir la acción. Sigue sin sentir fragancia alguna.


—Levántate—. Ordena.


Shōto obedece algo ansioso. No entiende por qué le hicieron tantas pruebas. En las ceremonias de sus amigos, no recuerda que hayan hecho ni la mitad. El peso de las miradas y el silencio expectante lo abruma.


—No tiene caninos, no hay alteración en su saliva y no reaccionó a las feromonas de un omega. No es un alfa—. Explica el clérigo, fuerte y claro, su voz resuena en la sala.


Shōto está confundido. ¿Es un omega acaso?


Los murmullos llenan el ambiente. Ya puede oír al resto de nobles y amigos hablar de él. La incertidumbre y el temor comienzan a invadir su mente.


—Siente dolor donde se supone que debe estar la glándula omega. Tampoco hay alteración en su sangre y no reaccionó ante las feromonas de un alfa.


Más bullicio. La tensión en la sala crece, palpable en el aire.


Empieza a sudar. Solo queda una opción. Mira con temor a su padre. Este ya no le sonríe. Luce molesto. Su madre parece asustada y sus hermanos están preocupados. La presión de sus expectativas lo aplasta.


—Es un beta.


Se marea. Todo es un caos. Las palabras del clérigo resuenan en su mente, cada una como un golpe.


Mira al público. Todos lo juzgan con la mirada. Hay algunos que lucen decepcionados. Otros que parecen burlarse. Kemy lo mira con desagrado, su expresión refleja desilusión.


Gira la vista. Su padre ya se ha ido. Está bajando las escaleras con furia. Su madre duda, pero su deber es seguir a su alfa. Sus hermanos, por otro lado, no saben cómo reaccionar.


—La fiesta ha acabado—. Alza la voz Enji en medio de la sala.


Nadie se queja. Todos empiezan a retirarse sin mirar atrás, sin fijarse en él, sin preguntarle cómo estaba. La indiferencia de los demás lo hiere profundamente.


Shōto busca a su mejor amiga con la mirada. Ella no parece querer irse, pero es obligada a hacerlo.


El chico agradable con el que habló momentos atrás, también parece dudar. Pero su deber no era con él, era con Katsuki, que lo sacaba con delicadeza posando su mano en la cintura baja, siendo escoltados por Mitsuki. La escena le hace sentir una punzada de soledad.


Esto no debía resultar así.


El resultado debía dar "alfa". La fiesta continuaría hasta el amanecer y aprovecharía en conocer más omegas para concertar un matrimonio beneficioso el cual su padre apruebe. La visión de un futuro prometedor se desvanece ante sus ojos.


Incluso si era un omega no habría problemas, sería instruido para ser el consorte de alguien y listo.


Pero, ¿un beta?


Un beta representa el 88% de la población, en su mayoría de la clase baja.


Un beta representa uno más del montón.


Un beta no es especial.


No hay betas en la clase alta, en la nobleza, ni siquiera en la burguesía.


Un beta solo puede ser descendiente de otro beta. Pero sus padres son alfa y omega, ¿acaso es un bastardo?


¿Su padre no es su padre?


—¡Enji, por favor!—. Sale de sus pensamientos. Su madre solloza siguiendo a su padre.


—¡Silencio, disoluta!—. Gruñe el pelirrojo. —¡Me engañaste, él es la prueba de ello! ¡No hay forma de que sea hijo mío!


—¡Es tuyo! ¡Míralo, se parece a ti!


—¡Que no, carajo! ¡Eso no importa, podría parecerse a cualquiera! ¡Es un beta!


—D-debe haber una explicación. ¡Si quieres hagamos una prueba de paternidad!


—Por supuesto que sí, y a los demás también.


—¡No digan esas cosas frente a él!—. Tōya, su hermano mayor, interfiere, su voz está llena de indignación y defensa.


—¡Tú cállate, seguro también eres un bastardo!—. Ruge Enji con ira descontrolada.


—Shō... Vamos, no debes escuchar esto—. Fuyumi le sonríe empujándolo para sacarlo del salón, guiándolo a sus aposentos. Sus manos temblorosas reflejan su propia angustia.


—No llores, hermanito, esto no cambia quién eres para nosotros—. Natsuo los respalda.


Entonces Shōto se da cuenta de lo húmedas que están sus mejillas.


Se le escapa un sollozo antes de empezar a correr a su habitación, encerrándose para desahogarse.


¿Qué estaba mal con él?