Discordia [ChanBaek]

Summary

Secuestrado por Chanyeol para que no pudiera pasar información a la competencia, Baekhyun se encontró de pronto en una isla griega, disfrutando de la más inesperada pasión... seguida del igualmente un inesperado embarazo. Chanyeol insistió entonces en que debían casarse por el bien de su hijo y, para entonces, Baekhyun estaba irreversiblemente enamorado de él.

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-¿Qué diablos llevas en la cabeza? -preguntó Minseok Kim tras apretar el botón para llamar al ascensor de servicio. 

-Es para que no me caiga polvo en el cabello -contestó Baekhyun pasando una mano al pañuelo de flores. 

-¿Y desde cuándo eres tan quisquilloso? 

Baekhyun suspiró y decidio ser sincero con el buen chico: -Hay un tipo que suele quedarse a trabajar hasta tarde en mi planta y... bueno... es... 

-¿Se hace notar demasiado? -volvió a preguntar Minseok sin sorprenderse, con un gesto de desaprobación. 

Baekhyun podía atraer la atención de los hombres en cualquier circunstancia. Era 

menudito y esbelto, joven, con un cabello de un negro natural que brillaba como la obsidiana y ojos verdes enmarcados por cejas y pestañas negras

-. Apuesto a que está convencido de que con un humilde chico del servicio de limpieza como tú es cosa facil. ¿Es joven o viejo?  

-Joven-contestó Baekhyun dejando que Minseok pasara delante en el ascensor-. Y te aseguro que está acabando con mi paciencia. He estado pensando en contárselo al supervisor.  

-No, hagas lo que hagas no lo hagas oficial, Baekhyun - se apresuró a recomendar Minseok con una mueca -.Si ese cerdo trabaja hasta tarde es que es una persona importante. Y seamos sinceros, Baekhyun: de ti pueden prescindir mucho más que de cualquier maldito ejecutivo.  

-¿Acaso crees que no lo sé? Seguimos viviendo en un mundo de machos.  

-Pues ese tipo debe de ser bastante insistente cuando está acabando con tu paciencia... Escucha, haz tú mi planta esta noche y yo haré la tuya. Así por lo menos te tomas un respiro. Quizá más adelante alguien quiera cambiar definitivamente de planta contigo. 

-Pero no tengo permiso para subir a limpiar la 

última planta -le recordó Baekhyun.  

-¡QUE VA, no te apures por eso! -exclamó Minseok sin darle importancia-. ¿Para qué va a necesitar nadie un permiso especial para abrillantar un suelo y vaciar una papelera? Ahora, eso sí, si el agente de seguridad se da una vuelta justo cuando estás tú apártate de su vista. Si puedes, claro. Algunos de esos sujetos serían capaces de incluirnos en su 

informe. Y no te atrevas a traspasar la puerta 

doble que hay de frente. Es la oficina del señor Alexiakis, y está prohibido entrar allí, ¿de acuerdo?  

Baekhyun sonrió agradecido mientras Minseok empujaba el carrito con los utensilios de limpieza para salir a la planta que normalmente limpiaba él.  

-Aprecio mucho tu gesto, Min.  

Baekhyun nunca había estado en la planta superior del edificio Alexiakis International. Al salir del ascensor de servicio se dio cuenta de que era distinta de las plantas inferiores. Nada más dar la vuelta a la esquina vio, a su derecha, una lujosa y enorme área de recepción. Más allá de ella todas las luces estaban apagadas, pero a pesar de todo pudo ver una impresionante pareja de puertas en la penumbra.  

Sin embargo, al mirar a la izquierda, al fondo del corredor había otra pareja de puertas idénticas. 

Baekhyun hizo una mueca y supuso que la parte en penumbra, más cercana a recepción, albergaba la oficina prohibida. decidio comenzar a trabajar por el fondo para ir acercándose al ascensor y se relajó. Estaba encantado con la idea de que Banwo Bolton no fuera a interrumpirlo aquella noche con 

sus monsergas.  

Llevaba unos tenis de lona que no hacían 

ruido. Abrió la puerta doble y cruzó toda la 

habitación para vaciar la papelera. Entonces se dio cuenta de que la oficina contigua estaba ocupada. 

La puerta estaba entornada, y de ella salían 

inequívocas voces masculinas.  

Por lo general en un caso como aquél Baekhyun hubiera anunciado su presencia, pero tras la advertencia de Minseok decidio que era más inteligente retirarse en silencio. Lo último que deseaba era causarle problemas a su compañero. Justo cuando estaba a punto de salir escuchó pisadas que se acercaban por el corredor desde la zona de recepción. 

Aquello le produjo casi un ataque al corazón.  

Sin pensar siquiera en lo que hacía se escondio detrás de una de las dos puertas. El corazón le latía acelerado. Las pisadas fueron acercándose, y de pronto se detuvieron justo al Iado de la otra puerta. Baekhyun contuvo la respiración. 

En aquel silencio pudo escuchar palabra por palabra la conversación que aquellas dos voces masculinas mantenían en la oficina contigua:  - ... así que mientras yo siga fingiendo que me interesa comprar Danson Components la Palco Technic se mantendrá igual -murmuraba una voz satisfecha-, pero en cuando se abra la bolsa el miércoles por la mañana moveré las piezas.  

Baekhyun escuchó cómo el intruso, cuyas pisadas había oído, contenía el aliento. Era un estúpido. ¿En qué diablos había estado pensando? El carrito con los utensilios de limpieza estaba fuera, delante de la puerta, como prueba evidente de su presencia.  

Sin embargo el intruso ni avanzó ni entró en la habitación. Para sorpresa y alivio de Baekhyun volvió sobre sus pasos por el corredor con mucha más cautela de la que había entrado. Baekhyun volvió a respirar de nuevo. Estaba saliendo de su escondrijo, de puntillas, cuando la puerta de la oficina contigua se abrió apareciendo un hombre tremendamente alto de aspecto alarmante. Baekhyun se quedó helado, se ruborizó y abrió inmensamente los ojos verdes. 

Unos ojos más negros que el ébano lo miraron desafiantes y agresivos:-¿Qué diablos estás haciendo tú aquí? - gritó incrédulo e irritado el hombre de ojos negros.  

-Ya me marchaba...  

-¡Estabas detrás de la puerta, escuchando! -

arremetió de nuevo lleno de ira.  

-No, no estaba escuchando -contestó Baekhyun atónito ante tanta agresividad.  

De pronto lo reconoció y se puso completamente tenso. Nunca lo había visto antes, pero había un enorme e indecente retrato de aquel tipo en el vestíbulo de la planta baja. Aquella foto era el blanco de numerosas bromas y comentarios lascivos. ¿Por qué? Porque Chanyeol Alexiakis era terriblemente atractivo. Chanyeol Alexiakis, conocido popularmente como Yeol, era el millonario, despiadado y falto de escrúpulos, que dirigía Alexiakis lnternational. 

De pronto Baekhyun comprendio que se había confundido de puertas y se sintió enfermo. Su empleo y el de Minseok estaban en la cuerda floja. Tras Yeol Alexiakis apareció un hombre mayor de pelo cano. Al verlo frunció el ceño y sacó un celular.  

-No es el que limpia siempre esta planta, Yeol. Voy a llamar a seguridad de inmediato.  

-No hace falta -protestó Baekhyun muerto de miedo-, yo sólo he venido a sustituir a Minseok esta noche, eso es todo. Lo siento, no pretendía interrumpir... ya me iba...  

-Pero tú no tienes por qué subir aquí -dijo el 

hombre mayor.  

Yeol Alexiakis lo escrutaba con mirada intensa, con ojos negros tan brillantes que lo ponían nervioso.  

-Estaba escondido detrás de la puerta, Cho. 

-Un momento, puede que pareciera que estaba escondido detrás de la puerta, pero ¿para qué iba a hacer eso? -argumentó Baekhyun, desesperado-. No tiene sentido, yo sólo soy del servicio de limpieza. Comprendo que he cometido un error al venir aquí, y lo siento de veras, pero... me iré ahora mismo.  

Una mano morena lo agarró entonces, sin previo avisó, de la muñeca, obligándolo a quedarse.  -Tú no vas a ninguna parte. ¿Cómo te llamas?  

-Baekhyun... es decir, Baekhyun Byun... ¿qué estás haciendo? -gimoteó.  

Pero era demasiado tarde. Yeol Alexiakis le había quitado el pañuelo de la cabeza. Todo aquel cabello ébano cayó revuelto por los hombros. 

El le bloqueaba el camino. Baekhyun, 

sintiéndose amenazado por aquella muralla 

humana, miró para arriba. Sus ojos se 

toparon con otros negros e insondables. Baekhyun sintió que el corazón le daba un vuelco. Sentía una extraña sensación de mareo, la cabeza le daba vueltas. El irritado escrutinio de él se había convertido en una mirada provocativa y sexy.  

-No pareces un chico de la limpieza, yo nunca he visto ninguno igual -dijo él al fin en un tono de voz duro y profundo.  

-¿Y has visto muchos? -inquirió Baekhyun sin 

comprender hasta más tarde lo impertinente de su pregunta.  

Lo cierto era que él no había sido el primero en atacar. Los ojos de Yeol expresaban sin ningún género de dudas aquella actitud masculina arrogante y sexualmente excitada que Baekhyun tanto detestaba.  

-Baekhyun... hay un Baekhyun Byun en el servicio de mantenimiento - intervino el hombre mayor al que el otro había llamado Cho -. Pero se supone que trabaja en la octava planta, y el servicio de seguridad no le ha concedido ningún permiso para subir aquí. Voy a ordenar al supervisor que venga inmediatamente a identificarIo.  

-No, deja ese teléfono.Cuanta menos gente se entere del incidente, mejor. Toma asiento, pequeño -añadio soltándole la muñeca y acercándole una silla.  

-Pero es que yo...  

-iSiéntate! -gritó él como si estuviera tratando con un animal doméstico al que tuviera que adiestrar.  

Baekhyun, atónito ante aquella forma de dirigirse a él, se dejó caer sobre la silla con la espalda rígida y el corazón acelerado. Había entrado donde no debía, pero se había disculpado. Lo había hecho todo excepto arrastrarse por el suelo, reflexionó resentido. ¿Por qué tanto problema?  

-Quizás quieras explicarme qué estás haciendo en esta planta, por qué has entrado en este despacho en particular y por qué te has escondido a escuchar detrás de la puerta -dijo Yeol Alexiakis con dureza y precisión.  

Hubo un silencio. Baekhyun se preguntó si serviría de algo echarse a llorar, pero aquellos ojos negros paralizaron su corazón. Aquel hombre lo trataba como si hubiera cometido un asesinato, así que lo más inteligente era ser sincero.  

-He estado teniendo problemas con un ejecutivo que trabaja siempre hasta tarde en la octava planta -admitió Baekhyun inquieto.  

-¿Qué clase de problemas? -preguntó Cho.  

Yeol Alexiakis dejó que su intensa y negra mirada vagara provocativa por la diminuta y tensa figura de Baekhyun, deteniéndose sobre los pequeños pechos moldeados por el delantal, y las largas y perfectas piernas. Luego sonrió y torció la boca mientras un mortificante rubor subía a las mejillas de Baek y coloreaba su blanca piel.  

-Míralo, Cho, y luego dime si todavía necesitas que te explique de qué tipo de problema se trata -intervino Yeol.  

-Le mencioné mi problema al chico que limpia esta planta -continuó Baekhyun con respiración entrecortada-, y le pedí que me cambiara por una noche. Después de mucho insistir accedio, y me advirtió que no atravesara las puertas dobles pero... por desgracia hay dos pares de puertas dobles en esta planta.  

-Eso es cierto -concedio Yeol Alexiakis. 

-Me equivoqué de puertas, y estaba a punto de salir cuando escuché pasos y comprendí que venía alguien. Tuve miedo de que fuera un guardia de seguridad, porque eso le hubiera podido causar problemas a Minseok, por eso me escondí detrás de la puerta. Fue una estupidez... 

-Por aquí no ha venido nadie de seguridad desde las seis -intervino el hombre mayor-. Y cuando llegaste tú, Yeol, hace unos diez minutos, la planta estaba vacía.  

-Bueno, no sé quién era el que subió. Estuvo 

parado delante de la puerta unos veinte segundos, y luego se marchó... -añadio Baekhyun mientras su voz se iba desvaneciendo, sin comprender por qué 

aquellos hombres ponían en entredicho su 

explicación.  

Yeol Alexiakis dejó escapar el aire contenido con un silbido, Yeol un paso atrás y se apoyó sobre el borde de una mesa mirando al otro hombre con ansiedad.  

-Vete a casa, Cho, yo me ocuparé de esto.  

-Mi deber es quedarme y solucionar este 

problema...  

- Tienes una cita para cenar con tu esposo -le recordó Yeol seco-. Y llegas tarde.  

Cho lo miró a punto de protestar pero después, al ver la expresión expectante de su jefe, asintió. Antes de marcharse hizo una pausa y dijo:  -Pasaré a preguntar por ti mañana, Yeol.  

-Gracias -contestó Yeol Alexiakis poniéndose tenso, con los ojos nublados.  

Después Yeol cerró la puerta tras su empleado y se volvió hacia Baekhyun.  -Me temo que en este asunto no puedo confiar en tu palabra, Baekhyun. Has oído una conversación confidencial -dijo en un tono seguro y definitivo.  

-Pero si no estaba escuchando... ¡ni siquiera me interesaba! -contestó Baekhyun asustado.  

-Tengo dos preguntas que hacerte -añadio con más suavidad-. ¿Quieres conservar tu empleo?  

Baekhyun se enervó. Era despreciable que aquel hombre lo intimidara utilizando esas tácticas.  

-Por supuesto que quiero...  

-¿Y quieres que ese otro chico que te ha cambiado la planta conserve también su empleo?  

-Por favor, no involucres a Minseok en esto -se apresuró a contestar Baekhyun pálido -. He sido yo quien ha cometido un error, no él.  

-No,él decidio saltarse las reglas -lo contradijo Yeol Alexiakis con frialdad-.Está tan involucrado como tú. Si al final resulta que eres un espía pagado por alguno de mis competidores habrás tenido que darle algo por lo que le merezca la pena arriesgar su puesto de trabajo, ¿no crees?  

-¿Un espía? ¿Pero qué diablos...? -susurró Baekhyun sin dejar de mirar aquel rostro moreno e irritado, concentrando sobre él toda su atención.  

-Eso que me has contado de una tercera persona a la que ni viste ni puedes identificar... resulta muy conveniente para ti -añadio Yeol muy directo-. Así, si hay una filtración, tú tienes cubiertas las espaldas.  

-¡No sé de qué estás hablando! -gritó Baekhyun tan nervioso que ni siquiera podía pensar.  

-Espero que no, por tu propio bien -concedio Yeol Alexiakis con una expresión de seria sinceridad -. Pero debes comprender que si te dejo marchar ahora me estoy arriesgando mucho. Si le cuentas lo que has oído a quien no debes me causarás graves trastornos.  

-¡Pero si ni siquiera podría repetir lo que he oído!  

-De modo que sí recuerdas algo. ¡Y hace sólo un segundo asegurabas que no te interesaba en absoluto!  

Un leve desmayo atravesó los ojos de Baekhyun, que se quedó mirándolo con el corazón en un puño. 

Recordaba perfectamente lo que había oído, pero había pensado hacer oídos sordos. Sin embargo, aquel hombre lo tenía atado de pies y manos. Tenía una mente retorcida, fría y dispuesta para la trampa. Era desconfiado, rápido, exacto y letal en sus juicios. 

Yeol Alexiakis miró el reloj de pulsera y luego a él.  -Déjame que te explique cómo está la situación, Baekhyun. Tú y el estúpido de tu amigo pueden quedarse a trabajar en este edificio hasta el miércoles, mientras las cosas sigan en marcha, siempre y cuando tú no te apartes de mi vista.  

-¿Cómo dice?  

-Naturalmente te pagaré por todos los 

inconvenientes que...  

-¿Inconvenientes? -lo interrumpió Baekhyun con voz débil pero esperanzada.  

-Supongo que tienes pasaporte, ¿no?  

-¿Pasaporte? ¿Y qué tiene eso que ver?  

-Tengo que volar a Grecia esta noche, y si tengo que vigilarte para asegurarme de que no utilizas el teléfono necesitaré que vengas conmigo -explicó él con impaciencia.  

-¿Pero te has vuelto loco? -musitó Baekhyun 

tembloroso.  

-¿Vives solo o con tu familia?  

-Solo, pero...  

-Sorprendente. ¿Dónde guardas el pasaporte? -continuó preguntando Yeol sin dejar de mirar 

aquel bello rostro.  

-En la mesilla, pero ¿por qué...? 

Yeol Alexiakis marcó un número de teléfono en el celular.  -No veo ninguna otra alternativa. Podría encerrarte en algún lugar, pero me temo que eso te gustaría aún menos. Y no puedo pedirle a mis empleados que te vigilen mientras me voy de viaje. Tienes que acompañarme, y de buen agrado.  

¿De buen grado? ¿Por su propia voluntad? Baekhyun finalmente se quedó boquiabierto al comprender que estaba hablando en serio. Yeol comenzó a hablar por teléfono en griego en tono brusco y dominante. Escuchó que mencionaba su nombre y se intranquilizó aún más.  

-Pero... yo... ¡te juro que no le diré a nadie lo que he oído! -protestó enfebrecido mientras él colgaba el teléfono.  

-No me basta. ¡Ah! y, otra cosa más: le he 

ordenado a uno de mis empleados que abra tu taquilla y saque las llaves de tu casa.  

-¿Qué has hecho qué? -preguntó Baekhyun irritándose.  

-Tu dirección está en los archivos de personal. Sehun recogerá tu pasaporte y lo llevará al aeropuerto.  

-Pero... ¡me voy a casa ahora mismo! -exclamó Baekhyun con los ojos muy abiertos, lleno de incredulidad.  

-¿En serio? Ha llegado el momento de la verdad, Baekhyun -advirtió Alexiakis con mirada desafiante-. Puedes salir por esa puerta, no voy a impedírtelo. Pero puedo echarlos a los dos, a ti y a tu amigo. ¡Y créeme, si sales por esa puerta lo haré! - Baekhyun se detuvo a medio camino, helado-. Creo que sería mucho más sensato por tu parte aceptar lo inevitable y venir sin rechistar. Es decir, si es cierto que eres inocente, como dices -añadio en voz baja, escrutándolo con ojos negros brillantes e inquisitivos.  

-¡Esto es una locura! ¿Para qué iba yo a querer poner en peligro mi puesto de trabajo contándole a nadie lo que he oído?  

-Esa información vale un montón de dinero, creo que es un buen motivo -contestó Yeol Alexiakis caminando a pasos agigantados hacia la oficina de la que había salido-. ¿Vienes?  

-¿A dónde? -musitó Baekhyun.  

-Tengo un helicóptero esperando en la azotea, nos llevará al aeropuerto.  

-¡Ah...! ¿Un helicóptero? -repitió Baekhyun con voz débil e incrédula.  

Yeol Alexiakis pareció comprender al fin que Baekhyun estaba paralizado e incrédulo ante sus exigencias. Cruzó la habitación, puso un brazo alrededor de sus hombros y lo guió en la dirección en la que quería que lo acompañara. Después hizo una pausa para recoger un grueso abrigo oscuro colgado del respaldo de un sillón y se apresuró a cruzar con él la principesca oficina hasta una puerta en el extremo opuesto.  

-Esto no puede estar ocurriéndome a mí -

susurraba Baekhyun medio mareado mientras tropezaba con los escalones que salían a la azotea.  

-Yo opino exactamente lo mismo -contestó Yeol escueto, subiendo detrás de él-. Precisamente en este viaje no tenía ningunas ganas de tener compañía.  

Yeol alargó una mano para abrir la puerta metálica al final de las escaleras. Una ola de aire frío voló el cabello y la ropa de Baekhyun marcándole la esbelta figura. Baek tuvo escalofríos. Yeol Alexiakis, que ya se había abrochado el abrigo, salió a la azotea 

pasando por delante y dirigiéndose hacia el 

helicóptero.  

- ¡Date prisa! - gritó volviendo la cabeza por 

encima del hombro.  

-¡Pero si ni siquiera llevo mi sudadera! -contestó Baek perdiendo la paciencia.  

Yeol se paró en seco y Yeol la vuelta con aire de severa impaciencia y luego comenzó a 

desabrocharse el abrigo.  

-¡No malgastes tu tiempo! -soltó Baekhyun 

malhumorado ante aquel despliegue de galantería tardío-. ¡No me pondría tu estúpido abrigo ni aunque pescara una neumonía!  

-¡Pues sufre en silencio! -respondio Yeol con un brillo en la mirada.  

Baekhyun se encogió de hombros. Sólo la curiosidad del piloto lo hizo callar. Insensible a una respuesta como aquélla, que hubiera atemorizado al noventa por ciento de la gente, Baekhyun pasó por delante de Yeol y se subió al helicóptero tan tranquilo.  

-Compraremos ropa en el aeropuerto -comentó él de mal humor sentándose junto al piloto y volviendo hacia Baekhyun su perfil clásico y duro-. Tendremos tiempo de sobra mientras esperamos a que llegue tu pasaporte. ¡Probablemente incluso perdamos el turno para despegar!  

-¡Qué bueno! -exclamó Baekhyun en un tono 

inconfundiblemente sarcástico, provocando en él el desconcierto.  

Las aspas del helicóptero giraron en el tenso 

silencio. Baekhyun volvió el rostro hacia fuera. Aquello no podía estar ocurriéndole a el, se decía una y otra vez mientras el helicóptero se elevaba y atravesaba Seúl. Se podría decir que Yeol Alexiakis lo había secuestrado. ¿Qué otra alternativa le había dado? Ninguna. No podía arriesgarse a que Minseok perdiera su trabajo, porque el pobre chico no contaba con el lujo de un segundo salario.  

¿Pero era el más independiente?, se preguntó 

Baekhyun. En un caso de supervivencia él hubiera podido pasarse sin su salario como chico de la limpieza. Después de todo tenía otro empleo de día y una cuenta bancaria con interesantes ahorros. 

En realidad Baekhyun vivía como un monje, ahorrando cada centavo, deseoso de hacer cualquier sacrificio con tal de alcanzar su objetivo en la vida. Y ese objetivo era comprar la librería en la que trabajaba desde los dieciséis años. Sin embargo, si el incremento regular de ahorros de su cuenta bancaria cesaba justo cuando estaba a punto de 

hacerse cargo del negocio, el director de la 

sucursal bancaria se sentiría decepcionado y sus ambiciones de propietario sufrirían un fatal revés. 

Aquél era un momento crucial, con su jefe cada día más anciano y ansioso por retirarse.  

Yeol Alexiakis era un paranoico, un absoluto 

paranoico, decidio. El, ¿un espía? ¿Acaso leía demasiadas novelas? Sólo era un chico de la limpieza que había entrado accidentalmente en su santuario. Un chico de la limpieza que no tenía permiso para trabajar en esa planta y menos aún para entrar en esa oficina, le recordó una débil voz en su interior. Un chico al que, además, habían atrapado saliendo de detrás de la puerta...  Cierto, concedio Baekhyun reacio. Podía resultar sospechoso. Pero eso no justificaba el que insistiera en no perderlo de vista en treinta y seis horas. El hecho de que se lo llevara de viaje 

demostraba que estaba loco.  

Y además no era ése el único problema. La forma en que Yeol Alexiakis lo miraba lo ponía furioso. En medio de toda aquella neblina de sospechas él se había permitido el lujo de mirarlo de arriba abajo, como si fuera una mercancía sexual a la venta. Baekhyun apretó los generosos labios y se puso a rumiar aquello.  

Bastante había tenido con tolerar a Bawon Bolton, que se negaba a aceptar un no por respuesta y que estaba convencido de que era sólo cuestión de insistir. No era de extrañar que se hubiera incluso mareado. Aquel arrogante tipejo no había hecho sino aumentar aún más la repulsa que su subordinado había provocado en él. Sin embargo Yeol Alexiakis era diferente. Yeol Alexiakis era uno de esos hombres salvajemente masculinos, la clase de tipo que no podía mirar a un doncel o una mujer sin 

que se preguntasen cómo sería en la cama. 

 

Impermeable a la creciente antipatía de Baekhyun, que demostraba con un frígido silencio, Yeol Alexiakis la guió por el aeropuerto hasta la zona comercial. 

Entró directo en una boutique cara y se dirigió hacia los trajes con chaqueta. Arrojó luego en sus brazos uno negro, de la talla más pequeña, y escogió un bolso, un sombrero y un par de guantes negros largos del estante en el que estaban expuestos.  

El resto de las exquisitas prendas del estante 

parecieron deslucidas. Baekhyun se ruborizó hasta la punta del cabello. La dependienta los seguía con atenta e irritada mirada por toda la tienda. 

Finalmente Baekhyun susurró en voz baja y 

mortificada:  

-¿Qué diablos crees que estás haciendo?  

-Comprar -explicó Yeol Alexiakis escueto, 

indiferente a las miradas de los empleados que, bien entrenados, seguían atentos cada uno de sus movimientos.  

Yeol Alexiakis se dirigió decidido hacia otro 

perchero y tiró de un traje azul sacándolo de la percha para arrojárselo a Baekhyun con la misma indiferencia. Luego le siguió un largo abrigo negro y por último, tras una pausa ante un maniquí con unos pantalones cortos rosas, Yeol inclinó la cabeza y dijo, dirigiéndose a la vendedora que se acercaba:  

-Esto también nos lo llevamos.  

-Me temo que no está a la venta, caballero.  

-Entonces quítelo del maniquí -ordenó Yeol.  

-¡Pero señor Alexiakis! - silbó Baekhyun ruborizado hasta el límite.  

La vendedora, cuya insignia proclamaba su rango de encargada, estuvo a punto de hacer otro movimiento, pero al oír el nombre abrió la boca atónita y miró con más amabilidad al alto y moreno cliente.  

-¿Es usted el se... señor Alexiakis?  

-Sí, soy el propietario de esta cadena de tiendas -confirmó Yeol con una mirada de desaprobación -.Dime, ¿es habitual que los empleados estén de pie, holgazaneando, platicando y mirando mal a los clientes que los necesitan? ¿Y desde cuándo es más  importante un puto maniquí que una venta?  

-Tiene usted mucha razón, señor Alexiakis. Por favor, permítame que lo atienda.  

-Esta criaturita necesita ropa interior. Escoja usted algo -ordenó Yeol dejando que su atención recayera entonces en el estante de los zapatos y arrastrando a Baekhyun hacia ellos-. ¿Qué número usas?  

-Creo que nunca en la vida me he sentido tan 

avergonzado -comentó Baekhyun temblando-. ¿Es así como te comportas en público normalmente?  

-¿Pero qué te pasa? -exigió saber él-. No hay 

tiempo que perder, escoge unos zapatos.  

La encargada estaba al fondo luchando por 

quitarle los pantalones cortos al maniquí.


De pronto Baekhyun, con un movimiento repentino, le arrojó la ropa que llevaba en brazos a Yeol.  

-¿Por qué no te vas al mostrador de embarque y me esperas allí?  

-Me quedaré aquí para despachar ciertos asuntos que...  

-¡No vas a quedarte aquí mientras yo elijo prendas de lencería! -exclamó Baekhyun como una olla a presión a punto de estallar, con ojos verdes airados y tan brillantes como una joya-. ¡Además, no necesito tantas cosas!  

-Te pago para que hagas lo que se te dice... -alegó él con ojos negros intensos.  

- ¡Pues si voy a soportarte necesito al menos un poco de espacio!  

La brillante mirada de Yeol resplandeció 

literalmente hablando. Un rubor oscuro acentuó los esculturales pómulos. Nunca nadie le había hablado en ese tono, y la incredulidad emanaba de él por oleadas.  

-¡Basta, deja ya de ejercer presión en todas partes! -continuó Baekhyun. 

-Pero...  

-Desde que hemos entrado aquí te has comportado de un modo atroz -lo condenó Baekhyun sin piedad -. Vete al mostrador de embarque y cállate ya. Y procura no aterrorizar a nadie más.  

Baekhyun le dio la espalda, imperturbable ante la ira que él trataba por todos los medios de refrenar, y eligió unas sandalias de tacón alto negras. Se las probó. Le sentaban bien. Se las pasó a Yeol sin mirarlo siquiera y se reunió con la encargada en la zona de lencería, donde eligió un camisón y algunos conjuntos de ropa interior. Discutir en público no servía más que para mortificarlo. 

Accedería a comprar la ropa y luego la dejaría 

abandonada en cuanto perdiera de vista a aquel horrible hombre. La idea de tener que pasar treinta y seis horas con él lo enfurecía. 

Yeol le devolvió el traje azul y los zapatos.  

-Póntelo -ordenó con una insolencia estudiada.  

Baekhyun entró en el probador. Aquel hombre no tenía modales. Debía de encantarle discutir, no tenía pelos en la lengua y además era un desinhibido. Y en cuanto a su forma de reaccionar cuando alguien lo trataba con la misma medicina... ardía en llamas y estallaba como un cohete. 

Para cuando Baekhyun salió del probador toda la plantilla de empleados estaba atareada envolviéndoles la mercancía. Baekhyun nunca se había alegrado tanto en su vida de abandonar una tienda.  

-Supongo que ahora querrás entrar en ésa de ahí - comentó Yeol con una expresión de condena mal disimulada, haciendo un gesto hacia una perfumería.  

-Nopi, me las arreglaré. Los hombres primitivos se lavaban los dientes con un palito, ya encontraré alguno por ahí.  

Yeol se quedó mirándolo atónito. Y después 

sorprendió terriblemente a Baekhyun. Echó la cabeza atrás y rió con espontaneidad, realmente divertido. Baekhyun lo miró con el pulso acelerado. Su blanca dentadura contrastaba con la piel aceitunada, y sus ojos negros brillaban. El humor había borrado todo rastro de tensión de su rostro, y Baekhyun, desorientado, fue capaz por fin de apreciar 

lo atractivo que era.  

-No me gusta ir de compras -le confió él en secreto, con voz ronca, como si Baekhyun aún no se hubiera dado cuenta-. Por lo general otras personas compran por mí.  

Baekhyun se sintió de pronto incómodamente excitado, de modo que bajó la vista al suelo. Sin embargo en su mente seguía viendo la imagen de aquel devastador rostro oscuro y mediterráneo. Y la conciencia de ello, la mera idea, lo inquietó. Yeol Alexiakis no estaba haciendo el menor esfuerzo por impresionarlo, y sin embargo él era plenamente consciente de su apabullante atractivo y sexualidad masculina. No le gustaba esa sensación, le molestaba sentirse tenso e incómodo en presencia de él.  

Baekhyun sólo tenía veintiún años, pero ya había decidido que los hombres eran un gasto inútil de tiempo y energías. Y nunca se había arrepentido de haber llegado a esa conclusión. No odiaba al sexo masculino, pero siempre reía con ganas cuando alguien contaba un chiste sobre su inutilidad. Después de todo, la experiencia de Baekhyun en ese campo, desde su infancia, había sido larga y traumática.  

Yeol trató de obligar a Baekhyun a que se apresurara y posó una mano sobre su espalda para que no se parara mientras caminaban por la terminal del aeropuerto. 

Baek se puso a la defensiva.  

-Disculpa -dijo dando un paso atrás, decidido de pronto a escapar aunque sólo fuera por unos minutos.  

-¿A dónde crees que vas? 

-A hacer pipí -contestó el con énfasis - . 

¿Es que pretendes venir conmigo?  

-Te doy dos minutos.  

Baekhyun dejó caer las bolsas de la boutique a los pies de Yeol, y luego echó a caminar. 

-Baekhyun... -lo llamó él tendiéndole un peine-, quizá debieras de hacer algo con tu pelo mientras estás ahí dentro.  

Baekhyun apretó los dientes. No había tenido tiempo ni de mirarse al espejo. Se resistió a peinarse el cabello con los dedos y continuó caminando hasta desaparecer por la puerta de los baños. En cuestión de segundos se cepilló el cabello hasta que cayó suelto y liso por los hombros. Se miró al espejo y frunció el ceño al notar que tenía las mejillas sonrosadas y los ojos brillantes. Su atuendo era sencillo dentro de su elegancia, y eso le gustaba. Pero no era su estilo.  

Apretó los labios sonrosados y generosos y 

examinó el peine de plata que él le había dado, recordando la facilidad con la que había adivinado su talla. Aquello no hubiera de sorprenderlo. Yeol Alexiakis, de unos treinta-tantos años, era un jugador impenitente e irrecuperable. Y era natural que lo fuera, 

reflexionó Baekhyun con cinismo. Los hombres con dinero y poder vivían en un mercado lleno de placeres y cuerpos deseosos de venderse. Yeol era un verdadero imán para los juegos, y él lo sabía. Y era evidente que nunca en la vida había tenido que preocuparse demasiado por endulzar sus modales, que resultaban poco menos que impresentables.  

Sin embargo, a pesar de todo, iba a viajar gratis a Grecia. En un avión privado y con toda clase de lujos. ¿Desventajas? Tener a Yeol Alexiakis pegado a sus espaldas. Aquélla iba a ser toda una aventura, se dijo Baekhyun. Mucho más divertido que abrillantar suelos.  

De repente recordó que tenía que llamar al señor Lee. Su otro jefe esperaría que él abriera la librería a la mañana siguiente, como era habitual. Nunca llegaba hasta mediodía. A pesar de la advertencia de Yeol tenía que llamar al señor Lee, pero no podía contarle la verdad. Tendría que inventarse una excusa para explicarle su ausencia.  

Baekhyun se escondio detrás de dos chicos altos que salían del baño y se escabulló hasta los teléfonos públicos a escasos metros. Yeol Alexiakis estaba de pie, en medio de la sala abarrotada, hablando distraído por el celular.  

Baekhyun marcó el teléfono de la operadora. Como no tenía dinero tenía que pedir una llamada a cobro revertido. Justo cuando contestó la operadora Yeol volvió la cabeza arrogante hacia ella. Baekhyun colgó de 

golpe, pero no fue lo suficientemente rápido. Yeol lo vio antes de que pudiera alejarse de los teléfonos.  

Baekhyun se quedó paralizado ante los ojos negros que lo miraban fijos como si hubiera cometido un crimen. El rostro de Yeol se fue tensando mientras se acercaba.

Y Baekhyun, que sabía muy bien lo qué se sentía cuando un tipo lo acosaba  o molestaba, descubrió lo que se sentía cuando lo atemorizaba...