𝐂𝐚𝐩 𝟏: 𝐄𝐥 𝐬𝐡𝐨𝐰 𝐥𝐥𝐞𝐠ó 𝐚 𝐬𝐮 𝐟𝐢𝐧
¿Podríamos llegar tan lejos para evitar caer en el fracaso? Tanta es la presión, que los temores del pasado y las ansiedades del futuro, ¿desconecten la razón con la mente?, dejándose llevar por la locura total.
Esto debería ser una de las noches más alegres de mi vida, la fama que deseaba recuperar, la tengo, pero una vez que mi razón volvió de sus vacaciones sin avisar, como la primera vez que lo hizo, ya era tarde; sus almas ya no se encontraban y la mía, tampoco se encontrará.
—Muchas gracias por vernos, queridos espectadores —dijo entusiasmado—. Buenas noches a todos, se despide su querido Paul.
—Y… Corte —habló el director.
Era el 13 de septiembre de 1952. Me encontraba trabajando como presentador en 《California de oro》. Un buen programa de reportaje y entretenimiento, en el que, después de varios intentos, tuve el honor de trabajar ahí, como el presentador principal.
—Muy bien, Luis —se levantó del sillón, esperando al asistente—, ¿cuál es el guion para mañana?
—Eh… pues…, señor —dijo con ligeros nervios al tratar de responder—. Ocurrió algo que no es bueno.
—¿No es bueno? —repitió la frase con intriga—. ¿A qué te refieres con que no es bueno?
—Pues, eh… verá, señor —expresaba con tonos temblorosos—. El productor me informó que mañana no habrá ningún tipo de guion para usted.
—¿Qué? —preguntó incrédulo—, o sea, que ¿cómo?, ¿nos darán un día libre mañana?
—Mañana y para siempre, señor—respondió ocultando su rostro con su libreta—, usted ya no conducirá el programa.
—Luis, déjate de bromas.
—No es una broma, señor —respondió —. Será remplazado por el joven Michael, el del productor, su…
—Hijo —completó su frase entre susurros.
Aquella tensión se podía sentir en sus hombros, provocando que sus pensamientos se desconecten de la realidad por unos instantes.
—Señor…, ¿todo está bien?
No respondió. Sin duda alguna estaba enfadado, respirando con una lentitud pesada. Aunque algo más fuerte que el enojo se presenciaba en Paul: el miedo a fracasar.
—Paul —lo llamó el director—, el productor quiere hablar contigo sobre…
—¿Mi despido? Eso ya lo sé.
Empezaba a caminar donde se encontraba el productor, necesitaba algunas explicaciones por su parte, ¿qué hizo mal para que lo despidieran? Si la gente de California lo adora, realmente esto estaba siendo injusto.
—Señor Frederic —dijo.
—Paul —respondió mirando sus archivos—, debemos hablar de algo importante.
—Descuidé, ya me lo dijeron.
—Guau —daba un aplauso dejando sus archivos a un lado del escritorio—, qué rápido corren las noticias, lástima, quería que fuera una sorpresa.
—¿Sorpresa? —repitió con ligero fastidio—, sí, claro, debe ser divertido quitarle el trabajo a alguien que se esforzó, para dárselo a alguien con vara.
—¿Disculpa?
—Lo que escucho, señor —dijo—, meterá a su hijo a esto por capricho, por vara, ¿acaso se esforzó? Claro que no.
—Eso no le incumbe, y si se te olvidaba; yo soy el jefe aquí. Así que no vengas a cuestionarme, imbécil.
—Tan solo dígame una cosa —hablo tajante—. ¿Qué pasará conmigo, no cree que el público va a sentirse extrañado por mi presencia?
—A ver, chico —respondió de la misma manera—. Cuando se trata del mundo del espectáculo, todos son reemplazables, y cuando la gente se acostumbra… Tú ya no existirás.
—Pero qué mierda eres
—Será mejor que te vayas —dijo—, antes que llame a seguridad.
Lo miró por unos segundos para luego salir. Tomo sus cosas del camerino, dirigiéndose a la salida del estudio, aun sin creerlo, soltando suspiros de fastidio, caminando hasta su departamento para hacer tan solo una cosa; llorar de impotencia en su habitación.
—Tenías razón, maldita —susurró—, terminé siendo el puto fracasado que deseabas…
El teléfono empezó a sonar interrumpiendo su momento depresivo, y como siempre, y a la misma hora, lo llamaba la única persona que consideraba su mejor amigo.
—Hola —contestó sin ganas.
—¿Qué tal mi presentador anticuado?
—Wolker, el tarado.
—Tarrado, es Tarrado —lo corrigió algo irritado—, ya deja de burlarte. Solo quería felicitarte por tu programa, lo has hecho increíble como siempre.
—Muchas gracias —respondió limpiándose sus lágrimas, tratando de no sonar vulnerable.
—Hablo, enserió, nunca me ha interesado tanto lo que hacen en un criadero de pollos, enserió, no te estoy jodiendo.
—Sí... ni yo —dijo desgastado.
Con tan solo escucharlo noto algo en él; estaba desmotivado.
—¿Sucedió algo en el trabajo?
—Eh… no —contestó nervioso—, todo normal como… siempre.
—A ver marica, a mí no me engañas, algo te pasa. Vamos, soy tu amigo Forever, puedes decirme todo, y bien sabes que en estas cosas me tomo en serio.
—Wolker yo…—a punto de caer en el llanto, por fin se rompió, lentamente sus lágrimas brotaron, deslizándose sobre su rostro, respirando con dificultad.
—Paul… —se empezaba a preocupar—, oye acaso estas… —suspiró intranquilo—. Está bien, tú solo… desahógate.
—Me reemplazaron —trataba de hablar entre sollozos—, me reemplazaron por el hijo de ese idiota de Frederic.
—Ese idiota… —susurró.
—¡Tres años! Tres años de suplicar que me dieran una oportunidad, para que ese me quite mi puesto con ¿vara? —expresaba impotente—. ¡Qué no me jodan!
—Paul, tranquilo, tú no eres de esos que hablan groserías, y me siento orgulloso de que repitas lo que digo.
—Deja de bromear.
—Está bien, pero por favor tranquilo.
—Yo… —suspiraba—, hablamos más tarde, amigo.
La llamada había finalizado, dejando a Wolker más preocupado de lo que estaba. Conocía muy bien a Paul para saber que esto lo matará por semanas, posiblemente cometiendo alguna locura. Él sabía que perder un trabajo era como un sinónimo al fracaso, y era algo que aterraba mucho a Paul.
Sin pensarlo dos veces, decidió llamar a su amigo otra vez. No podía quedarse sin hacer nada sabiendo que él estaba solo y mal en California: será mejor que venga a New Orleans.
—Esto no tiene sentido —se encontraba acostado mirando al techo—, Paul Xirse, del mejor presentador a un don nadie de nue… —fue interrumpido por el teléfono, haciendo que se levante.
—Paulsito
—¿Qué quieres ahora, Wolker? , no entiendes que no quiero hablar ahora.
—Sí, lo sé, así que estuve pensando si tal vez tú…—preguntó dudoso—. ¿Vendrías a New Orleans?
—¿New Orleans?
—Sí, escucha, todo esto de la despedida te está poniendo mal, y bueno…, aquí en New Orleans hay muchas oportunidades, seguramente si lo intentas, te pueden dar un trabajo de presentador.
—Eso lo dudo
—Vamos, anímate —suspiró—. Tienes que tener nuevas perspectivas, conocer cosas nuevas, ven, este lugar es muy tú, además vas a estar conmigo.
—Otra razón para no ir.
—Oye —protestó de broma.
—Perdón —soltó una risa—, tal vez lo piense.
—O tal vez te pegue, y no tengo todo el día, así que habla.
—¿Hablar?
—Uno.
—¡Espera! —estaba confundido—, ¿quieres una respuesta ahora?
—Dos…
—Wolker es que...
—Y…
—《Por un demonio wolker 》—penso—. Está bien, está bien.
—¿Qué dijiste?
—Dije que está bien —suspiró aliviado—, saldré ahora mismo para comprar el pasaje.
—¡Sí! —exclamó dando un salto—, no te vas a arrepentir, Paul.
—Eso espero, Wolker, eso espero…
Colgó la llamada, tirándose en su cama de nuevo, sintiéndose aliviado después de ser presionado por su amigo, aunque sin ganas, se levantó de su cama.
—A comprar el pasaje.