Club Berlín

All Rights Reserved ©

Summary

Esta es la historia de Dalai, una joven virgen que, junto a su mejor amiga, ansía sumergirse en la locura de la vida nocturna que ofrece Berlín, el club más popular de su ciudad. En este ambiente vibrante, Dalai se encontrará con una variedad de posibles amores, y quién sabe, tal vez incluso descubra al amor de su vida. "Un libro lo lees una vez y ya sabes la historia, en cambio, con un vestido vas a escribir una nueva historia todos los viernes." - Lina.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capitulo 1: Una noche en Berlín

2 de marzo, 2024.


Dalai Bennette


Aquí me encuentro, rodeada por las luces parpadeantes y el ritmo atronador de la música, con un completo desconocido que insiste en bailar conmigo contra la pared, cerca de la pista de baile y el escenario del DJ. Intento deshacerme de este chico que, aparentemente, se cree mi salvador. Mi mejor amiga, por su parte, está más al fondo, con una sonrisa de oreja a oreja, acompañada de un chico que la supera por t centímetros en altura. Bailan pegados, compartiendo risas y algún que otro beso. Él lleva una gorra con la visera hacia atrás. Podría decir que, a primera vista, parece... ¿un flaite? Un flaite buenísimo. Ese chico resulta ser el mismísimo animador del club Berlín ―nuestra disco favorita ― al que mi amiga le echó el ojo y, en cuestión de minutos, él se acercó a ella, tomándola de la mano y jalándola hacia él.


Después de eso, me quedé sola en la pista de baile. No me importa, en realidad. Estoy feliz de que mi amiga tiró anzuelo y pescó del bueno. Pero tras esto, tengo que soportar a hombres sedientos de besos y sexo. Tal cual como el extraño que está frente a mí, presionando para seguir bailando.


― Tu amiga parece estarla pasando bien allá atrás. ―Dice con una sonrisa, mientras mira por sobre su hombro hacia atrás. ― Al parecer, soy tu salvación.


― Creo que "salvación" es una palabra muy grande para describir tu compañía. ―Sonrío un poco y me vuelvo para mirar hacia el fondo.


Lina parece estar... bastante feliz con ese chico, y la verdad es que me encanta verla así, tan loca y placentera. Hace unos días atrás, tanto ella como yo terminamos con nuestras parejas. Para ser exactos, un día antes de San Valentín.


Ambas no nos encontrábamos en las mejores condiciones con nuestras respectivas exparejas. Para mí, sin duda era un tema complejo de desinterés. Para ella, era más agobio y frustración.


Sí, habíamos decidido terminar nuestras relaciones justo el día antes del 14 de febrero, el día del amor. Nosotras, en una conversación por llamada, decidimos que era lo mejor. Después de eso, pensé que Lina solo se había dejado llevar por mi situación amorosa. Pensé que era una de esas amigas que, si una terminaba con el novio, la otra la seguía. Pero no, fue más bien una sorpresa.


―Compañía o salvación, estamos aquí... juntos. ―Se acerca un poco más, de forma sutil― No soy tan guapo, pero sí soy gracioso. ―Sonríe mientras intenta imitar los pasos de baile de TikTok.


― No digas eso, ―seguí sus pasos, riendo― Feo no eres. ―Tras esto, el sonrió de oreja a oreja, y para mi sorpresa, presencie unos muy lindos hoyuelos.


― Eso significa que bonito no soy.


Reí a carcajadas mientras le seguía el ritmo. Si bien no es mi tipo, y no deseaba bailar con él al principio, ahora no me parecía tan mala su compañía. No mientras esperaba a mi amiga que, en este minuto, se encontraba pegada a la boca del animador.


― Me llamo Dalai. ―Lo empujé un poco mientras movía mis caderas al ritmo de la música― ¿Y tú, chico chistoso con hoyuelos bonitos?


― ¿Ya notaste mis hoyuelos? ―sonríe más mientras intenta nuevamente acortar nuestra distancia ― Soy Rai, el chico de los hoyuelos bonitos. Por cierto, tienes un lunar precioso en esa boca.


Cubro mis labios con mis manos, un poco cohibida. Hace años, ese lunar fue mi mayor complejo, una de mis inseguridades que me atormentaban con constantes burlas. Hoy en día, ya no lo es. Me gusta lo exótico que se ve y la singularidad que aporta. Sin embargo, los elogios siempre me toman por sorpresa ya que, por más que pase el tiempo, siempre queda la espina clavada.


― Por suerte, tapaste tus labios. Si no, tendría más ganas de besarte. ―Me mira y sonríe― Ese lunar es una tentación irresistible.


― Además de gracioso, eres coqueto. ―Sonrío y aparto mis manos― Pero no te daré ese gusto. Como te dije, eres solo mi... compañía temporal.


― ¿Crees que será temporal? ―Señala hacia Lina y el animador, quienes están... muy ocupados― Eso me da a entender que aún tengo tiempo de sobra para conquistarte.


― Ni mi ex logró conquistarme después de 5 años. ¿Qué harás tú en una noche? ―Miro hacia otro lado, evitando su mirada.


― Ya estamos bailando juntos, eso me indica que voy por buen camino.


Literalmente, me tomó cinco años decidirme a aceptar el riesgo de iniciar una relación. Eso es lo que tardé en dar el paso y besar a mi mejor amigo en una fiesta de solteros en mi comuna. Siempre fue complicado para mí aceptar esos sentimientos confusos que pasaban por mi mente y corazón.


Nos conocimos en el colegio. Yo era la chica payasa, competitiva y estudiosa del curso, mientras que él era un típico chico risueño y gamer relajado. Desde el principio, hubo una química única e irresistible entre nosotros. Quienes estaban cerca nunca pudieron adentrarse en nuestro mundo, un mundo lleno de risas y secretos.


Nuestros secretos, nuestras conversaciones... eran algo mágico que, hasta el día de hoy, no creo que vuelva a encontrar.


― Espera... ― Rai detiene sus pasos, y me mira sorprendido― ¿Cómo que tu ex, a pesar de los 5 años, no te conquistó? De partida, ¿Por qué es tu ex si no te gustó?


― Y también entrometido... ―bufé de forma burlona.


― A ver, me gusta el chisme. ―sonríe y toma mis manos― ¿Sabes qué? Olvidemos a ese tal ex y mejor céntrate en mis hoyuelos.


Tras esto, jaló de mi y me giró de un golpe contra el escenario donde provenía la música. Y sólo me deje llevar por sus movimientos pegados y la canción de fondo. Así pasaron los minutos, entre giros, acercamientos y bailoteos que llegan hasta el piso.


― Dalai... ―se acerca más a mi― Dame un beso. ― se aparta y quedamos frente a frente.


Y es aquí, virgen María, en donde me harto de todo. Si bien Rai me cae super bien, no es mi... tipo para un beso. De partida, jamás le he dado un beso a un extraño, ¿Por qué sería esta la excepción si no es de mi gusto? Aunque claro, para eso vine, para despejar mi mente y ser... como Lina menciona, una verdadera zorra.


Pero hasta esto me cuesta, ni siquiera soy capaz de rechazar besos completamente, ¿O es que los hombres son tan sedientos de besos que, no se dan cuenta del rechazo? La verdad no sé, pero necesito que mi amiga se desocupe. Rai está quitándome tiempo.


Tiempo del que puedo ocupar para acechar a otros objetivos que... si son de mi placentero gusto.


― ¡Hola Dalai! ―de la nada, el animador se acerca a mi. Miro hacia el fondo, y ahí está Lina con una sonrisa de satisfacción. ― Dejé a tu amiga sola... ― este mira a Rai, dándome a entender que me está salvando― para que estés con ella.


Agradecí con una sonrisa al desconocido pero muy guapo animador, y me aparté de Rai.


― Bueno, la conquista llegó a su fin. ―camino hacia Lina.


― Espera, ―toma mi mano, deteniéndome― Al menos dame tu Instagram.


― Mmh... no lo sé.


― Por favor, ―sonríe― ¿O acaso mi compañía fue mala?


Pienso en las muchas formas de decirle que fue entretenida, pero hasta un punto nada más. Pero en fin... soy de esas personas que me cuesta demasiado rechazar, sobre todo cuando son amables.


― Bien.


Después de darle mi Instagram, me alejo lentamente hacia el fondo de la pista, donde está mi amiga Lina. Las luces parpadeantes y el bullicio de la música crean un ambiente enérgico y embriagador a mi alrededor. Observo a Lina desde la distancia, aún inmersa en su propio mundo de diversión, y sonrío al verla tan feliz.


Caminando entre la multitud, me doy cuenta de lo mucho que disfruto de estos momentos, de la libertad que siento al dejar atrás las preocupaciones y los problemas cotidianos, al menos por un rato. Me detengo un instante para admirar la escena: la gente bailando, riendo, disfrutando del momento presente.


Al acercarme a Lina, ella me recibe con un abrazo cálido y una expresión de alegría en el rostro. Nos miramos con complicidad, compartiendo el vínculo especial que solo las mejores amigas pueden tener. Sin decir una palabra, sé que hay muchas historias que discutir esta noche, muchas risas que compartir y muchos recuerdos que crear juntas.


Y mientras nos sumergimos en la noche, rodeadas de música y risas, me doy cuenta de que, a pesar de las complicaciones, siempre habrá momentos como este, momentos de conexión, de amistad, de felicidad pura. Y en esos momentos, sé que todo estará bien.




•••




― ¿Cómo que nos había invitado a un after? ―pregunté incrédula mientras cocinaba huevos revueltos. ―Necesito el contexto de esto, por favor.


―Pero Dalai, te lo conté ayer. ―Lina, a mi lado con unos pantalones cortos de tela y un peto deportivo, preparaba té. ― ¿Viste que no me prestas atención? ¿Eres mi amiga o no?


― ¡Ay, Lina! Ayer estaba demasiado borracha para comprender todo lo que decías. ―Retiré el sartén del quemador y me dirigí al comedor. ―Además, no sé si recuerdas, pero estuve intentando alejar al tipo con nombre Rai que no se iba nunca.


―De eso no me has contado. ―Lina se sentó en el comedor. ― ¿Qué tal ese Rai? Me gusta su nombre.


―Y eso es lo único que te va a gustar. ―Reí mientras tomaba una bocanada de huevo. ―No es feo, pero tampoco lindo.


―Entonces es comible. ―dijo mientras daba un sorbo a su té


―Sí, se podría decir que sí.


La verdad es que Rai no era feo; tenía su propio encanto y esos hoyuelos bonitos. Sin embargo, era demasiado insistente y... un poco confianzudo. Aunque debo admitir que eso me agradaba un poco, pero no más allá. Además, era bastante divertido, siempre tenía comentarios para todo, incluso en los mensajes de Instagram que, de vez en cuando, me digno a responder.


―Amiga, ¿te das cuenta de lo genial que somos? Tomamos como locas...


―Tomamos como "locas" ―interrumpí, haciendo gestos de comillas con los dedos― si te refieres a esos simples dos mojitos.


―Bueno, bueno. ―cerró un ojo y puso el otro en blanco. ―Aun así, nos emborrachamos y no despertamos con resaca. ―Sonrió de forma victoriosa. ―Eso no lo hace cualquiera.


Lina puede ser muy introvertida con otras personas, pero conmigo se transforma en la persona más extrovertida, confiada y divertida que he conocido. Siempre tiene una sonrisa en el rostro y una chispa en sus grandes ojos que ilumina cualquier habitación. Su sentido del humor es único, y sus comentarios chistosos me hacen reír a carcajadas. Sin duda, ella es una persona sumamente importante en mi vida, alguien que me hace sentir afortunada de conocerla. Con cada día que pasa, la quiero más y más.


Conocí a Lina en mi primer año de universidad. El destino quiso que nos colocaran juntas en un grupo de trabajo, y desde ese momento nuestras vidas se entrelazaron. A diferencia de muchas amistades que surgen de inmediato, la nuestra se desarrolló poco a poco. Al principio, apenas intercambiábamos palabras más allá de lo necesario para el proyecto, pero con el tiempo comenzamos a descubrirnos mutuamente.


Compartíamos algunas amigas en común y, aunque eventualmente nos alejamos de ellas por ciertos problemas, fue a través de ellas que Lina y yo nos acercamos.


Al principio, Lina parecía una persona bastante callada, introvertida e inocente. Esa impresión inicial me hizo subestimarla. Pero con el tiempo descubrí que, como dice el dicho, las apariencias engañan. Mi mejor amiga puede parecer inocente, pero en realidad tiene un espíritu travieso y audaz que solo muestra cuando es necesario. En contraste, yo siempre doy la impresión de ser más experimentada y segura, aunque la realidad es muy diferente. Aún así, no me haré la inocente; he tenido mis propias aventuras, pero nada comparado con la esencia que Lina oculta tras su fachada de timidez.


Lina es una morena de cuerpo esbelto, con unos grandes ojos cafés oscuros y largas pestañas negras que enmarcaban su rostro ovalado. Su cabello, lacio y sedoso, caía hasta sus caderas, dándole un aire de elegancia natural. Mi amiga es verdaderamente hermosa, y lo mejor de todo es que ella lo sabe y lo acepta con gracia.


No es fácil ser tan confiada con tu apariencia y tu cuerpo. La autoestima es un tema complicado que todos lidiamos de alguna forma, pero Lina irradia una seguridad que es verdaderamente envidiable. Su belleza no es solo superficial; es una mezcla de encanto, inteligencia y esa confianza arrolladora que la caracteriza. Su signo zodiacal es Leo, y estoy convencida de que de ahí proviene parte de su carisma y su fuerte ego. Además de su belleza y seguridad, su confianza es lo que realmente atrae a las personas, especialmente a los hombres.


―Cambiando de tema, ¿qué tal ese animador que te devoraste en plena pista de baile? ―enarqué una ceja, juguetona. ―Me imagino que hablas con esa exquisitez.


― ¡Ay, amiga! ―saltó de la silla, chillando como una loca. ―Ese hombre me tiene mal, me hizo algo, me atrapó. ―tapó su cara con ambas manos, fingiendo pudor. ―Tú misma lo viste, Dalai. Ese hombre es un bombón, ¡es muy rico!


―Me imagino ―reí mientras seguía comiendo. ―Por lo que vi, es más alto que tú, así que un punto por eso. Además, es bastante guapo, otro punto más...


― ¡¿Acaso no viste esos enormes brazos que tiene?! ―preguntó indignada.


― ¿Y esa espalda ancha? ―negué con la cabeza. ― ¡Obvio que me di cuenta de todo! Amiga, es el tremendo hombre.


―Yo creo que es el amor de mi vida. ―bufé tras su comentario.


―Veremos cuánto te dura ese "amor de mi vida" del que tanto hablas. ―sonreí recordando todo lo de ayer. ―Te juro que, a pesar de estar comiendo huevo mientras te hablo, sigo pensando en el hambre. Creo que a nosotras no nos da resaca, porque nos dan exagerados bajones de hambre que no se sacian con nada. ―miré mi sartén vacío, sorprendida de lo rápido que nos comimos cinco huevos revueltos.


―Ni que me digas, si seguimos así, llegaré a vacaciones donde mis padres rodando en vez de viajar en bus. ―resopló. ―Ahora los extraño.


―Me imagino cuánto los extrañas, Lina. ―dije con una sonrisa. ― Pero al menos tenemos nuestras locuras aquí para mantenernos ocupadas.


Ambas nos miramos con una sonrisa de cómplices, y seguimos nuestras conversaciones horas más tarde.


•••


Aquí, recostada en mi cama, con música de fondo y la televisión encendida, no dejo de pensar en la noche de ayer en Berlín. Fue maravilloso salir con mi mejor amiga, vestidas con faldas de cuero y tops provocativos. Habíamos decidido que, apenas Lina regresara de su ciudad natal ― 18 horas al norte de la mía―, saldríamos a divertirnos al club más famoso de la ciudad, el Club Berlín. Esto, antes de que en cuatro días aproximadamente comenzaran nuestras clases, tras unas cortas y agotadoras vacaciones de verano.


El verano fue especialmente duro para mí, con dificultades tanto familiares como amorosas. En cuanto a mi madre, hubo una terrible sospecha de cáncer gástrico. Sin embargo, después de exhaustivos estudios médicos, se concluyó que padecía de gastritis crónica. Pero, como mi vida siempre trae sorpresas, a esta enfermedad se le sumaron fuertes dolores en la espalda y caderas, resultado de artrosis y desgaste óseo. Fue un proceso que duró aproximadamente un mes, con mi madre hospitalizada y yo cuidando de ella y de mi abuelita de 95 años.


La noche de ayer fue una forma de desahogarme de las responsabilidades y el estrés acumulado durante el verano, un verano que supuestamente iba a disfrutar al máximo junto mi expareja y mejor amigo, Ethan Lambert.


Ethan... Ethan, Ethan, Ethan.


Ethan Lambert.


Sin duda, es un nombre perfecto para un hombre perfecto. A mis 20 años, Ethan fue mi primera y única pareja. Creí firmemente que, al aceptar esos sentimientos confusos que sentía por él, las cosas fluirían con normalidad, como en una relación común.


Pero, ¿cómo podrían fluir normalmente, siendo yo una persona tan... peculiar? Me resulta difícil entender mis sentimientos; siento que soy una caja sin fondo, que cada día puede moldear y reinterpretar mis emociones de diferentes formas.


La historia de Ethan y yo es como una montaña rusa de emociones y confusiones. Desde el principio, nuestra relación fue un torbellino de sentimientos encontrados y momentos difíciles. Él siempre estuvo allí, esperando pacientemente a que yo me abriera por completo, pero yo, terca como soy, me aferraba a mis miedos e inseguridades.


Ethan era el chico perfecto en muchos sentidos. Alto, su piel es de un tono claro y sus ojos destacaban por su intenso color verde, capaces de reflejar profundidad y comprensión. Recuerdo su sonrisa amplia y brillante, iluminando cualquier rincón de mi ser. Siempre mantenía el cabello corto y bien peinado. Poseía una figura atlética, con una espalda muy ancha que me encantaba tocar. Él tenía esa habilidad especial para hacerme reír incluso en mis días más oscuros, y su presencia me brindaba una sensación de paz y seguridad que pocas veces había experimentado.


Sin embargo, a pesar de todas sus cualidades, yo seguía sintiendo una barrera entre nosotros. Tal vez era porque nos conocíamos desde hace tanto tiempo, desde antes de que nuestras vidas se cruzaran románticamente. Tal vez era porque me costaba aceptar mis propios sentimientos hacia él, o tal vez simplemente no estaba lista para dejar atrás la comodidad de nuestra amistad y aventurarme en el desconocido territorio del amor.


Nuestra relación siempre fue un equilibrio delicado entre la amistad y el romance. Ethan estaba dispuesto a esperar todo el tiempo que fuera necesario, pero yo no podía evitar sentirme culpable por mantenerlo en la incertidumbre. Mis excusas eran interminables: la universidad, mis responsabilidades, mis propios miedos. Siempre encontraba una razón para alejarme un poco más, para mantenerme a salvo en mi zona de confort.


El problema es que, cuanto más tiempo pasaba, más me alejaba de él. Nuestras conversaciones se volvían cada vez más escasas, nuestros encuentros menos frecuentes. El amor que una vez floreció entre nosotros comenzaba a desvanecerse lentamente, como una llama que se extingue.


Los primeros días de verano marcaron un punto de inflexión en nuestra relación. Ethan ya no respondía tan rápido a mis mensajes, y cuando lo hacía, sus respuestas eran cortas y poco entusiastas. Yo lo notaba, lo sentía en el aire entre nosotros, pero no sabía cómo abordar el tema. Mis propios sentimientos de culpa y confusión me paralizaban, impidiéndome tomar una decisión clara.


Y entonces comenzaron las mentiras. Pequeñas mentiras al principio, insignificantes, pero que poco a poco minaban la confianza que habíamos construido durante años. Ethan se volvía más reservado, más distante, y yo me hundía en mi propia angustia, incapaz de encontrar una salida de esta espiral descendente.


No puedo culparlo por su reacción. Después de todo, yo fui la que lo alejó, la que lo dejó esperando en vano durante meses y meses de relación. Él solo estaba tratando de protegerse, de defenderse de un amor que se desvanecía ante sus ojos.


Y así, poco a poco, nuestra relación se desmoronó. Las palabras no dichas y los silencios incómodos llenaron el espacio entre nosotros, hasta que finalmente nos dimos cuenta de que ya no éramos lo que solíamos ser. Nos quedaba el recuerdo de lo que una vez fuimos, de los momentos felices que compartimos, pero el presente era sombrío y oscuro, y el futuro incierto.


Fue en medio de ese caos ―problemas con la salud de mi madre, mentiras y ansiedad― que Ethan y yo decidimos tomar un descanso. Una pausa en nuestra relación para poder centrarnos en nuestros propios problemas y preocupaciones.


Aunque la separación fue dolorosa, ambas partes sabíamos que era lo mejor para nosotros en ese momento. Decidimos mantener nuestra amistad intacta, prometiendo esforzarnos por reconstruir lo que una vez tuvimos. Y así, a pesar de la distancia y el dolor, encontramos consuelo en el hecho de que siempre tendríamos el apoyo del otro, incluso si nuestras vidas tomaban caminos separados tras la decisión. Una decisión que me gustaría decir que fue mutua, pero lo cierto es que, Ethan lo decidió todo en una llamada.


Me pregunto si alguna vez podré perdonarme por dejar ir al único chico que siempre estuvo ahí para mí, incluso cuando yo misma no estaba segura de lo que quería. Y mientras me sumerjo en mis pensamientos, una sensación de arrepentimiento y tristeza me invade, recordándome que a veces el amor no es suficiente para salvar lo que una vez fue.








________________________________



¡Hola a todos y todas! ¿Cómo están? No saben lo emocionado que me siento al escribir este corto capítulo. Sé que es muy breve para empezar pero... ¡No me aguanté! Todo esto, esta cuenta, esta historia, fue creada en unas horas. Estoy junto a mi Best Friends y... me entusiasmó con empezar a escribir por acá, como lo hacía antes. Pero la única diferencia es que, esta vez, ¡Soy anónimo! Jajaja (PD: Razones porque ciertas partes... de la historia... ''son vivencias''.)


Así que eso, ¡Díganme qué les parece! Les juro que esta trama tiene de toooooooodoo! (Menos fantasía jaja) Espero que les guste😊