Prólogo
Cada vez que el cielo se oscurece y azota una terrible tormenta, es realmente inquietante, pues en esta escena en particular un joven personaje es emboscado por un grupo de hombres vestidos con ropas misteriosas que ocultan su identidad. Vestida con un manto negro, aunque pudo evitar la emboscada, fue perseguida sin piedad hacia el bosque, pensando que finalmente había escapado de este grupo, pero antes de que pudiera suspirar de alivio, apareció una sombra atrás por lo que por instinto abrazo su vientre hinchado mientras traba de salir corriendo, pero se encontró siendo rodeada estratégicamente. Son personas peligrosas, personas que trato de evitar siempre en su vida a toda costa.
Intentó a toda costa escapar de su destino, pero una de las misteriosas figuras, sin importar su posición, la agarró violentamente, provocando que la bella mujer solo dejara escapar un breve gemido.
-Son asesinos, ¿verdad? Si vienen por mí, pierden su tiempo, sé muy bien quién los mandó —la mujer trató de decirlo con el mayor tono de autoridad posible, pero se dio cuenta de una cosa muy importante que estaba sucediendo —no puede ser aún, no, no es tiempo—.
Trató de tranquilizar la situación lo mejor que pudo, pero era más que obvio que estas personas no la dejarían ir tan fácilmente en su vientre frágil, que llevaba la razón por la cual querían deshacerse de ella.
A este punto las personas ya se habían dado cuenta de la desaparición de esta mujer a unos pasos de ellos se veía claramente la luz brillante de unas antorchas gritando su nombre Pero antes que ella pudiera hacer o decir algo pudo sentir como algo atravesaba fugazmente su pecho haciendo que los sonidos que escuchaba a los lejos fueran disminuyendo y a la vez su vista fuera tornarse borrosa.
Después de un rato se recobró la conciencia por un breve periodo por lo que pudo sentir la calidez de unas manos en particular que conocía muy bien trató de pronunciar unas palabras pero su voz no salía solo veía rostro de preocupación impotencia porque tardó con todas sus fuerzas de que la sangre no brotara más.
-querido esto no es tu culpa por favor déjalo- fue lo único que alcanzó pronunciar porque sabía claramente que no tenía sentido hacer ese esfuerzo.
Todavía la hermosa mujer trató de tomar las manos de la persona que más quería Pero sintió como lentamente todo su cuerpo dejó de responderle y solamente pudo rozar significativamente su mano.
Esa escena en particular me la estaba mostrando esta vil hechicera sin saber quién eran esas personas que me estaba mostrando en escena y antes de que pudiera preguntar o decir algo fui empujada drásticamente en un abismo.
Todavía puedo sentir las gotas de lluvia cayendo sobre mi rostro. Fue un sentimiento increíble e irónicamente fue lo único que sentí en ese momento, fue tan vívido y tan fugaz. Sabía muy bien que el reino estaba en un caos absoluto, pero lo único que podía hacer era dejarme arrastrar por la ley de la gravedad, por más que quisiera no podía evitar caer cada vez más profundo. . Los ojos del Duque intentaban alcanzarme, pero ya era demasiado tarde. Su mano parecía tan lejana que solo le pedía a Dios que fuera una muerte rápida.