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—Mierda!..—
Soltó en quejidos el heredero al trono, a su lado estaba su prometida, su futura esposa y madre de sus hijos, una excelente joven criada para gobernar a lado de su esposo, sin duda, una de las mejores mujeres que se pueden pedir.
—Oh... Jayson, ¿Te encuentras bien?—
Pregunto la joven de cabello rubio brilloso ante el sol, unos ojos azules como el cielo y tez blanca, tenía un lunar en la punta de la nariz. Preocupada por el amor de su vida, se acercó a él, estando sentando a su lado, acaricio el pelo rojizo de su pareja.
—Si... Es solo que, la carroza paso una piedra.. nada malo—
Dijo mientras sobaba la parte afectada, el joven tenía su cabello rojizo, ojos cafés como el chocolate y una tez blanca, completamente de cara limpia, sin pecas ni lunares, lo volvía perfecto ante las mujeres. Su mirada era cálida hacia su prometida, con delicadeza, tomo la mano contraria de su cabello, dirigiendo la a sus labios y besándola con ternura, provocando una sonrisa tímida y un color carmín en la cara de la joven.
En su poco tiempo de cercanía, la carroza se detuvo frente al palacio, dónde había una gran fiesta donde se invitaba a los pueblerinos para anunciar la gran boda real, todos se veían felices.
Al salir de la carroza, el joven heredero bajo con una pose elegante y dominante, digna de un rey, como diria su padre, con una sonrisa delicada, giró sobre sus pies y sostuvo la mano de su prometida, ayudándola a bajar con tranquilidad, ambos formaban la pareja perfecta.
Las voces de la gente pasan por sus oídos, sorpresas y sonrisas se escuchaban, no podían estar más que felices ver que la joya del reino se casaría con el joven heredero.
—En este gran día... Se nos da el orgullo y la felicidad de anunciar, que nuestro joven heredero Jayson Domanelly.. y la señorita Genevieve Sharien, van a contraer matrimonio..—
Anuncio la gran reina y madre de Jayson, tenía un cabello marrón y unos ojos grises, su piel era igual de blanca que la de su hijo, aún lado de ella, se encontraba su padre, el rey de ese reino, este tenia pelo rojizo y ojos marrones, igual que el, lo único diferente era su color de piel, era moreno, era la combinación de ambos.
Una vez dicho el anuncio, la gente comenzó a celebrar, algunas sirvientas del reino con algo de felicidad saber la noticia desde mucho antes, llevaban flores, al dar todo el anuncio, las lanzaron hacia la joven pareja recién comprometida, una que otra flor quedó atorada en el largo cabello rubio de la prometida, mientras que el joven solo tuvo una de color morado con tonos negros, eso causo una leve carcajada de parte de su prometida, provocando así ahora una pelea de cosquillas con ella.
Cerro la puerta detrás suyo, la celebración había acabado hace un rato, su semblante estaba calmado y su sonrisa se borró al entrar a su habitación, suspiro con cansancio y con su mano, acaricio sus mejillas, adoloridas por mantener por mucho tiempo su sonrisa.
Se quitó parte de su traje de gala y se dirigió a su cama, miraba al techo como si fuera lo más interesante de todo lo que hizo en el día, pensaba en todo lo que pasó, sintiéndose exhausto, intranquilo y algo triste, no estaba de acuerdo con todo, pero lo tenía que hacer.
Admiraba toda su habitación, estar ahí no le hacía bien, se sentía encerrado, su mente comenzó a recrear las tantas veces que intento salir de ahí, sin que nadie le interrumpa o que lo delaten, la primera vez solo logro lastimarse el brazo al caer, nada lindo, la segunda vez, logro bajar, pero una sirvienta lo vio y le aviso a su madre, en pleno jardín le dieron un regaño, la tercera y cuarta vez ni si quiera logro llegar al suelo, lo detuvieron antes de que logrará tocar la ventana, la quinta y última vez que lo intento, fue apenas en la mañana, minutos antes de ir con su prometida y anunciar todo sobre el matrimonio.
Volviendo en si, sintió que su claustrofobia subía, se sintió raro, pues está fobia no era muy grande en el, pero en ese momento comenzó a entrar con mas agresividad, se sintió ansioso, golpeaba la cama con algo de exceso, sus piernas se movían al son de los golpes, su habitación era grande, pero verla con tantas cosas que le afirmaba que jamas iba a ser libre, su ansiedad aumento, provocando que ahora golpeara su pierna con algo más de fuerza, se provocaba moretones, pero las sirvientas ocultaban todo con una crema.
La puerta sonó, tocaban desde el otro lado, más sin embargo, el no lo escuchaba, su vista se nublaba de tanta ansiedad, sus oídos se llenaron de un odioso sonido que lastimaba, sus golpes seguían y sus piernas sin importar el dolor, seguían moviendo se de arriba a abajo, tan sumergido estaba en su ansiedad que nunca vió a Genevieve entrar a su habitación, no tuvo tiempo de reaccionar, pues ella ya le estaba abrazando y acariciando su cabellera rojiza. Los golpes cesaron, sus piernas dejaron de moverse, su vista volvía a la normalidad y ese sonido odioso dejo de escucharse a cambio de la suave voz de la mujer que sería su esposa en un futuro.
El solo dirigió una mano al brazo que estaba a su alrededor, afirmando que ya se encontraba bien, pero aún así, no lo soltó, ella seguía protegiéndolo como si ese fuera su deber.
—Jayson... ¿Que ocurrió?—
Pregunto ella con voz delicada y suave, pero el no se dejó, con delicadeza, se separó de ella y dirigió su mirada a la ventana, tenía una mirada triste y decidida, no quería quedarse, queria huir, largarse de ahí, desaparecer ante ellos y no casarse con ella, no la amaba, y aún así debía fingir que si
—Abejita... Necesito salir de aquí, escapar de todo esto...—
La bella joven soltó un gemido ahogado, parecía sorprendía por esas palabras, cosa que le extraño al joven, se conocían desde niños, no era de extrañarse que el solo quería largar se de toda esa presión.
—No me malentiendas... Yo adoro estar aquí contigo.. pero no de esa forma...—
Sujeto sus manos, la diferencia de tamaños era notable, la mirada de la chica paso de ser sorprendida a una de tristeza, pero eso no le hizo evitar mostrar una sonrisa pequeña y cálida, entendía que no le amaba de la misma forma y que no era feliz ahí, así que solo separó sus manos de el, camino a la puerta y se detuvo
—Avisare a tu madre que estás alistándome para dormir, más te vale salir de aquí lo más pronto posible—
Comento con una voz más fuerte que la anterior, cerrando la puerta y dándole tiempo de lograr su cometido, era el momento exacto para salir de todo ese caos de la nobleza. Tan rápido como pudo, salió por la ventana y bajo rápidamente, escalando con cuidado cada parte de la pared, ya tenía memorizado dónde pisar y no caer, como la primera vez. Al estar abajo, solo logro escuchar como su madre gritaba por el, al parecer Genevieve no logro detenerla por mucho tiempo.
Solo alcanzó a escuchar a su madre gritar su nombre y diciendo le que no se moviera de dónde estaba, pero no le haría caso, era la primera vez que lograba ir más lejos de lo normal y no iba a desaprovechar lo. Corrió lo más rápido posible, escaló la pared de su jardín, quedando a la vista del muelle donde se quedaban a reposar los barcos, el más cercano que tenia era uno bastante grande.
Con rapidez, entro al bote, logrando su cometido de irse de ahí, explorar otros lugares, lastima, que no es de la manera más bonita que pensaba...