El Inocente Novio [ChanBaek]

Summary

El Sultán Chanyeol tenía tres reglas: — No acostarse nunca con un virgen — No acostarse nunca con un empleado — No casarse jamás Baekhyun Byun no era más que un sirviente, pero el sexy Sultán no pudo resistirse a sus encantos y no tardaron en acabar en la cama juntos. Baekhyun era inocente, pobre…, y ahora se había quedado embarazado de un Rey. Su honor lo obligaba a convertirlo en su esposo…

Status
Complete
Chapters
11
Rating
5.0 3 reviews
Age Rating
18+

Uno

Su majestad el Sultán Chanyeol Park llegó a su preciosa propiedad coreana poco antes de las ocho de la mañana. 

Como de costumbre, todo estaba preparado y arreglado para su llegada con el lujo y el detalle a los que tenía derecho por nacimiento. 

Una limusina de cristales ahumados lo había recogido en su aeropuerto privado donde poco antes había aterrizado su avión. 

Nadie se había acercado a él en ningún momento, pues de eso se cuidaba mucho 

su personal, ya que a Chanyeol le gustaba mantener su privacidad y era un hombre muy 

reservado. 

Tras hacerle unas cuantas preguntas al encargado de su propiedad coreana, Jiwol 

Cho, que lo acompañaba en la limusina, ambos se habían sumido en un cómodo silencio. 

El único camino que llevaba hasta el Castillo Seoraksan era de tierra y serpenteaba durante unos veinte kilómetros a través de praderas verdes rodeadas de montañas azuladas. 

El abrumador y majestuoso silencio de aquel paisaje y su maravilloso cielo azul 

recordaban a Chanyeol el desierto, que amaba con la misma pasión que aquel lugar. 

Chanyeol siempre buscaba el resguardo y la fuerza de la naturaleza tras haberse visto 

sumergido en la frenética vida de la ciudad. 

La limusina comenzó a descender hacia el frondoso valle donde estaba situada su propiedad cuando un rebaño de ovejas obligó a detenerse al vehículo. Junto a él también 

había esperando un doncel mayor de pelo blanco en bicicleta. 

Al llegar a su lado, Chanyeol giró la cabeza y se dio cuenta de que no se trataba de un doncel, mayor sino de un chico muy joven de pelo rubio platino y no blanco. Se trataba de un joven delgado y gracioso de enormes e inteligentes ojos y boca pequeña y atractivo. 

A pesar de que no llevaba ropa elegante, nada podía ocultar que tenía un cuerpo tan puro y bello como el de aquel ángel que Chanyeol había visto una vez en un manuscrito. 

Sin embargo, no hubo nada de angélico en la instantánea descarga de deseo que Chanyeol sintió por esa criatura y que fue tan intensa, que lo sorprendió, ya que hacía mucho tiempo que no se sentía atraído tan fuertemente por un chico. 

—¿Quién es ese niño? —le preguntó al encargado del castillo, que estaba sentado 

frente a él. 

—Baekhyun Byun, majestad —contestó Jiwol—. Me parece que está contratado como 

sirviente de limpieza en el castillo —añadió al ver que el Sultán no se daba por satisfecho. 

A Chanyeol jamás se le ocurriría acostarse con un empleado y enterarse de que trabajaba para él de criado lo molestó sobremanera, pues era un hombre muy exigente en sus gustos. 

—No lo había visto nunca —comentó. 

—A Baekhyun Byun no le gusta llamar la atención —contestó Jiwol. 

—Pero supongo que estará acostumbrado a llamarlo, teniendo en cuenta lo bello que 

es —comentó Chanyeol. 

—No creo porque, por lo visto, su padre es un tipo muy religioso con fama de ser muy rígido en casa —le explicó haciendo una mueca de disgusto. 

 

Al darse cuenta de que lo estaba mirando fijamente, Chanyeol apartó la mirada justo 

en el momento en que el vehículo iniciaba la marcha de nuevo. 

Lo que el encargado del castillo le acababa de comentar lo había sorprendido y Chanyeol se preguntó dónde terminaba la devoción religiosa y empezaba el fanatismo. 

La vida de Seoraksan giraba en torno a las actividades de la iglesia y las gentes que allí vivían tenían un código de valores diferente al que reinaba en el ambiente más liberal de la alta sociedad. 

Por allí, la gente era muy conservadora, lo que sorprendía a los que llegaban de fuera, y Chanyeol suponía que aquello se debía a que aquel lugar había quedado aislado del mundo durante mucho tiempo. 

Se encontraba muy a gusto allí, mucho más a gusto que inmerso en una cultura más laxa, ya que en Dhemen, el reino de Oriente Medio donde había nacido, la disciplina también era estricta y él estaba acostumbrado y le gustaba. 

Allí, era muy fácil diferenciar el bien del mal, y el bien común siempre estaba por encima del bien individual. Poca gente se atrevía a saltarse esas normas tan claras, y los que lo hacían tenían que sufrir el rechazo social. 

De igual manera, Chanyeol aceptaba las limitaciones que el destino le había impuesto 

y sabía que cada vez que se acostaba con una persona no conseguía más que sustituir durante unas horas a el doncel al que  realmente amaba, un doncel con el que jamás podría estar. 

A sus treinta y tres años así era su vida aunque no le gustara. 

Su familia se esforzaba en presentarle muchachitos para ver si alguno le gustaba y decidía casarse. A lo mejor, eso era exactamente lo que tenía que hacer, escoger a una persona y dar el paso. 

Chanyeol era consciente de que había muchos muchachos que estarían encantados de casarse con él porque a cambio tendrían hijos, riquezas y el prestigio de tener una maravillosa posición social. 

En esa ecuación no había lugar para el amor y así debía ser. 

En su mundo, el matrimonio estaba regido por el pragmatismo, los contactos familiares y, sobre todo, la idea de tener un heredero. 

De momento, su padre respetaba profundamente su deseo de permanecer soltero, pero Chanyeol era consciente de que era el siguiente en la línea de sucesión y de que, tarde o temprano, él también tendría que casarse y dar un heredero al reino. 

Para él, el hecho de no poseer ni un solo átomo de romanticismo en su cuerpo era 

una gran satisfacción, pues le había permitido mantener su temperamento apasionado a 

raya. 

Era un hombre que siempre se enfrentaba a la verdad por muy difícil que fuera, jamás cometía estúpidos errores y era consciente de la familia en la que había nacido y de las responsabilidades que aquello entrañaba, así que sería mucho más inteligente por su parte aceptar la necesidad de encontrar esposa o esposo en lugar de perder el tiempo admirando a un hermoso pero completamente inaceptable muchachito que no era nada más que un sirviente... 

 

 






**✿❀ ❀✿**





—No sabes lo que dices —le dijo Jeonji Jeol a Baekhyun sentándose en el desgastado banco de madera y encendiéndose un cigarrillo a pesar de que estaba prohibido fumar en el castillo—. Tu padre jamás te dejará ir a la universidad. 

Baekhyun siguió limpiando una delicada salsera de porcelana de Sevres. 

—Yo creo que ahora que se ha casado con Mahook lo tengo más fácil. 

 

—Desde luego, a pesar de todos los rezos y las plegarias, no dudó en cortejar a otro doncel muy poco después de que tu madre muriera. La gente dice que le gusta que le tengan bien atendido en la casa —rió el pelirrojo—. Menudo doble rasero. ¡El puede hacer lo que quiera, pero a ti no te va a consentir que te vayas de casa porque trabajas y llevas tu sueldo y todos por aquí sabemos lo avaro que es Chaehun Byun! 

Baekhyun tuvo que hacer un gran esfuerzo para no hacer una mueca de disgusto al 

enterarse de que la austeridad de su padre era de dominio público. 

Las francas opiniones de Jeonji y su poco tacto eran causa habitual de fricción con otros miembros del servicio, pero Baekhyun se lo perdonaba porque sabía que en el fondo 

tenía buen corazón. 

—Jeonji... 

—Sabes que tengo razón. Me he enterado de un par de cosas de tu casa y la verdad es que me parece terrible. 

—Yo nunca hablo de mi vida familiar —objetó Baekhyun. 

Jeonji puso los ojos en blanco. 

—Apuesto el cuello a que tú cocinas y limpias la casa, y así es imposible que Mahook quiera que te vayas. Baekhyun, tienes veintidós años y ya es hora de que comprendas que la única manera de librarte de todo eso y de tener una vida propia es que salgas corriendo de aquí a toda velocidad. 

—Ya lo veremos —contestó Baekhyun. 

Baekhyun era consciente de que necesitaría mucho dinero para poder independizarse, y huir de casa de su padre le parecía una cobardía. Además, hacerlo sólo lo llevaría a la 

pobreza más terrible y él quería alquilar una casa decente y tener un buen futuro. 

Baekhyun se dijo por enésima vez que lo que tenía que hacer era tener paciencia. 

Hacía solamente un mes y medio que había comenzado a trabajar y, dado que su padre 

se quedaba con la mayor parte de su sueldo para mantenerlo, iba a tardar todavía unos 

meses en poder ahorrar algo para irse. 

Tenía que aguantar. Su trabajo, aunque era muy humilde, era muy preciado para él. A Baekhyun le encantaba trabajar rodeado del esplendor medieval del castillo, cuyos 

magníficos alrededores eran una fuente de fascinación sin fin para él. 

Ir a su lugar de trabajo todas las mañanas en bicicleta le daba un sentimiento de libertad que hacía mucho tiempo que le había sido negado y el poder mezclarse con otras personas también le agradaba sobremanera, pero también era consciente de que no quería pasarse toda la vida limpiando, y de que para poder acceder a algo mejor necesitaba cualificación y estudios. 

Sin embargo, la idea de tener que enfrentarse abiertamente a las rígidas normas de su padre le daba miedo, ya que desde pequeño había sido educado en la obediencia más ciega hacia él, que era un hombre frío y distante, de carácter violento e intimidatorio. 

Naehyun Byun había enfermado cuando él tenía trece años y Baekhyun lo había cuidado 

desde entonces porque su padre había dicho que aquello eran «cosas de donceles››. 

Baekhyun se había visto a tan tierna edad con una gran responsabilidad. Aunque tenía un hermano, Bekhoon, cuidar de su madre había sido sólo tarea de él porque él ya tenía bastante con ocuparse de la granja en la que vivían. 

Así había sido cómo Baekhyun, que siempre había sido el mejor estudiante de su clase, había comenzado a faltar y sus notas habían comenzado a empeorar paulatinamente. 

Su hermano había terminado por discutir con su padre por la falta de libertad que imponía en su hogar y, al final, se había ido de casa.  

    

Así, en cuanto le había sido legalmenteposible, Chaehun Byun había hecho que su hijo dejara de estudiar y lo había recluido en casa para cuidar a su madre y hacerse cargo de los quehaceres domésticos. 

Durante cinco años, Baekhyun no había salido de casa más que para ir a la iglesia y hacer la compra semanal. A su padre no le hacía ninguna gracia que acudiera a ningún evento social y tampoco le permitía las visitas. 

Exactamente un año después de la muerte de su madre, su padre se había casado con Mahook, un doncel de muy mal carácter cuyo principal pasatiempo era hablar mal de los demás. 

En cualquier caso, Baekhyun le estaba agradecido porque él había convencido a su 

padre para que lo dejara trabajar diciéndole que así habría más dinero en casa. 

—A ver si por lo menos esta semana, que está aquí el Sultán, lo ves y te alegras un poco la vida —comentó Jeonji riéndose. 

—Para que lo sepas, esta mañana he visto su limusina —sonrió Baekhyun. 

—La limusina no es nada comparada con él. Yo solamente lo he visto en un par de ocasiones y, de lejos, pero te puedo asegurar que es el hombre más guapo que he visto 

en mi vida —contestó Jeonji, apagando el cigarrillo y escondiendo el cenicero—. Es de 

esos hombres por los que cometería más de un pecado. 

—Tendré cuidado entonces para no cruzarme en su camino porque no quiero perder mi trabajo. 

Cuando lo habían contratado, le habían advertido que debía trabajar en el más absoluto silencio y que, si alguna vez se encontraba con el Sultán en un pasillo, debía irse a toda velocidad, así que Baekhyun no creía muy probable que pudiera verlo de cerca. 

—Si yo tuviera tu cuerpo y tu cara, haría todo lo que estuviera en mi mano para tropezarme con él —bromeó Jeonji—. Si le gustaras, podría apartarte de todo este mundo y ponerte una casa para ti. ¡Te solucionaría la vida! —exclamó—. Imagínate la ropa que podrías tener, y las joyas, y, además... ¡Un hombre impresionante en tu cama! Baekhyun, eres un niño realmente hermoso. Si hay alguien que pueda encandilar al Sultán Chanyeol, ése eres tú. 

Baekhyun lo miró sorprendido y se sonrojó. 

—Yo no soy así... 

—Pues te iría mucho mejor si lo fueras —insistió el pelirrojo—. La vida es para 

disfrutarla y para divertirse. ¡Como no tengas cuidado, al final tu padre va a terminar 

convirtiéndote en un solterón! 

Tras terminar de lavar la vajilla de Sevres, Baekhyun la secó con cuidado a pesar de 

que sus pensamientos estaban a años luz de allí. 

Se sentía muy diferente a Jeonji porque a él lo habían educado en una casa en la que la única referencia que se hacía sobre el sexo la hacía su padre y siempre diciendo que era «el pecado de la fornicación». 

Lo único que le estaba permitido leer era la Biblia y otros textos sagrados y ahora que había tenido acceso a otro tipo de publicaciones, periódicos y revistas, en los que se hablaba de otras cosas completamente diferentes Baekhyun se sentía secretamente atraído por la ropa y los lugares exóticos que había visto en ellas. 

Ojala su padre fuera un hombre más razonable. Ojala le permitiera salir y conocer a gente, como hacían otros chicos de su edad. 

Baekhyun razonaba que, al fin y al cabo, él tenía que haber salido con su madre antes de 

casarse y que aquello no podía ser malo, ¿no? 

A medida que había ido pasando el tiempo, su padre se había ido haciendo cada vez más irrazonable; hasta el punto de que había discutido con los parroquianos en la 

iglesia y había decidido dejar de ir, prohibiéndoles a Baekhyun y a Mahook que lo hicieran.  

   

A Baekhyun le encantaba la música y uno de los pocos placeres que tenía en la vida era escuchar la radio, pero su padre se lo había roto cuando Mahook se había quejado de 

que el chico pasaba demasiado tiempo escuchándolo y tardaba mucho en preparar el desayuno. 

Baekhyun todavía recordaba la cara de horror de su madrastra al ver la airada reacción de su marido. 

Esa tarde, después de comer, otro compañero le dio una revista que él ya había terminado de leer y Baekhyun la aceptó con la cabeza baja. 

Mientras se iba, escuchó cómo sus compañeros comentaban que era una pena cómo lo había educado su padre y, palabras textuales del que le había regalado la revista: «A ese pobre niño le da miedo hasta su propia sombra». 

«No es cierto», se dijo Baekhyun mientras pedaleaba rumbo a casa. 

No tenía tanto miedo, pero tampoco estaba tan loco como para buscar un enfrentamiento abierto con su padre antes de disponer de los medios necesarios para irse. 

La belleza de aquel día de principios de verano pronto apaciguó su ánimo y lo llenó de vitalidad. 

Era viernes, su día favorito de la semana porque terminaba pronto de trabajar y solía tener la casa entera para él durante la tarde porque su padre y Mahook estaban haciendo la compra semanal. 

Baekhyun decidió sacar a pasear al perro y leer la revista y, media hora después, salía de casa de su padre y atravesaba la pradera verde en dirección al bosque. Una vez allí, 

entre los árboles, se quitó los zapatos, se desabrochó un par de botones de la camisa y se soltó el pelo para tumbarse al sol. 

Moongryeon, un perrillo paticorto al que Baekhyun adoraba, se tumbó exhausto a su lado y no advirtió, pues hacía tiempo que había perdido el oído, el ruido de un motor que se acercaba. 

Baekhyun comenzó a devorar la revista y pronto estuvo completamente inmerso en el 

mundo de las celebridades, de la moda y del chisme. 

De repente, el atronador ruido de una moto lo sacó de sus ensoñaciones y, al girar la cabeza, comprobó con horror que iban a atropellar a Moongryeon. 

Rápidamente, se puso en pie y consiguió sacar al perro de debajo de las ruedas de la motocicleta, cuyo conductor perdió el equilibrio ante la repentina frenada y cayó al suelo. 

Baekhyun ahogó un grito de horror, pero pronto comprobó que al conductor no le había sucedido nada, pues se ponía en pie tan tranquilo. 

—¿Qué hace usted aquí? —gritó al ver que el hombre se acercaba a él. 

Chanyeol estaba furioso por haberse encontrado a un niño sentado en mitad del 

camino, como si estuviera esperando a que alguien se lo llevara por delante 

Y, para colmo, le estaba gritando. 

Nadie le había gritado jamás. 

Sin embargo, la belleza de esa criatura nubló su enfado. Lucia una impresionante melena rubia que le llegaba a la cintura y tenía unos maravillosos ojos verdes que parecían esmeraldas. 

Chanyeol se sintió atrapado por su belleza. 

—¿Cómo se atreve a entrar en esta propiedad? Es delito —insistió Baekhyun. 

—Le aseguro que no soy ningún delincuente —contestó el motociclista con el casco puesto. 

   

—¿Ah, no? ¿Y qué es la persona que entra en una propiedad que no es suya? —contestó Baekhyun enojado porque todavía no le había pedido perdón por el incidente—. ¿No se ha dado usted cuenta de que iba muy rápido? 

—Sé perfectamente la velocidad a la que iba —contestó Chanyeol. 

Baekhyun se dio cuenta de que aquel hombre no hablaba como un gamberro, aunque se comportara como uno de ellos. Era imposible no advertir su acento de clase alta, pero a Baekhyun le dio igual. 

Se estaba comportando fatal y eso era lo único que importaba, así que levantó el mentón y lo miró en actitud desafiante. 

—¡Nos ha dado un susto de muerte a mi perro y a mí! —exclamó dejando a Moongryeon 

en el suelo. 

Moongryeon se acercó a Chanyeol, movió el rabo, se hizo un ovillo a su lado y descansó al 

sol. 

—Por lo menos, él no me grita —comentó Chanyeol. 

—Yo no estoy gritando —se defendió Baekhyun—. ¡Lo único que quiero que comprenda es que podría haberme usted matado o haberse matado usted! 

Chanyeol se levantó la visera del casco y Baekhyun se quedó de piedra. 

Lo primero que se le pasó por la cabeza al ver sus ojos fue la imagen de un halcón de los que tenían en el castillo. Aquel hombre poseía una mirada penetrante y dura, pero también un espectacular brillo dorado en los ojos y unas pestañas negrísimas. 

Baekhyun sintió que el corazón le daba un vuelco y comenzaba a latirle aceleradamente. 

—No sea usted exagerado —aulló Chanyeol. 

—Iba usted demasiado deprisa... —insistió Baekhyun. 

Chanyeol no pudo evitar quedarse mirando el reflejo cegador del pelo de esa criatura bajo el resplandor del sol y por primera vez en su vida olvidó qué iba a decir. 

—¿De verdad? —preguntó quitándose el casco y revolviéndose el pelo. 

Baekhyun sintió que la boca se le secaba. 

Aquel hombre era tan increíblemente guapo, que no pudo evitar quedarse mirándolo fijamente. 

Tenía un rostro imposible de olvidar, una estructura ósea fantástica con unos maravillosos y altos pómulos, una nariz fuerte y masculina y cejas oscuras. Su complexión morena y su pelo oscuro sugerían unos ancestros de otras tierras. 

Aquel hombre la sedujo rápidamente y Baekhyun sintió que se mareaba como si 

hubiera estado dando vueltas sobre sí mismo y, de repente, sintió en la pelvis algo que jamás había sentido antes. 

—¿Cómo? —murmuró confuso. 

Chanyeol sonrió y Baekhyun se sintió embrujado por esa sonrisa. 

—Es cierto que conduzco muy deprisa, pero le aseguro que soy muy buen conductor —apuntó Chanyeol. 

—Pero a esa velocidad es imposible ver el camino —insistió Baekhyun. 

—Desde luego, lo que uno no espera ni a esa velocidad ni a ninguna otra es encontrarse con un niño y un perro sentados en mitad del camino. 

—En cualquier caso, esto es propiedad privada... 

—Ya lo sé y sé perfectamente que no hay ganado suelto por aquí porque esta tierra 

es mía —contestó Chanyeol. 

—No, esta tierra no es suya. Da la casualidad de que yo vivo allí, bajando la colina, y sé perfectamente a quién pertenece esta tierra, así que no me puede usted engañar —

sonrió Baekhyun. 

Chanyeol se dio cuenta de que esa criaturita no lo había reconocido. 

   

—Así que no es la primera vez que entra en estas tierras, ¿eh? —comentó Baekhyun 

recordando las huellas que había visto cerca de casa de su padre—. Para que lo sepa, ha 

estropeado usted el camino de la colina. 

—Le aseguro que yo no he sido —contestó Chanyeol ofendido. 

—¿Ah, no? ¿Cuántos motoristas como usted hay por aquí? 

—Señorito, le agradecería que, teniendo en cuenta que no tiene usted pruebas, no me acuse de algo que yo no he hecho —se defendió Chanyeol—, Es una gran ofensa —añadió en tono frío y distante. 

Baekhyun palideció. 

—A mí lo que me parece una gran ofensa es que todavía no me haya usted pedido perdón por haberme dado el susto de mi vida — contestó ofendido. 

Chanyeol se sonrojó, pues siempre se había tenido por un hombre extremadamente cortés. 

—Por supuesto, le pido perdón por asustarlo. 

—Bueno, yo también le pido perdón por haber dicho que había sido usted el que había entrado en las tierras de mi padre con la motocicleta y las había estropeado —contestó Baekhyun. 

—¿Estaba usted leyendo? —preguntó Chanyeol recogiendo la revista de Baekhyun del suelo.

—Sí, gracias —contestó Baekhyun aceptándolo y sonrojándose al ver que Chanyeol lo miraba intensamente. 

Chanyeol tuvo que hacer un gran esfuerzo para controlar su deseo pues los labios de 

esa doncel y sus preciosos pequeños pechos le hacían desearlo con tanta intensidad, 

que estaba atónito. 

—¿Le habrá pasado algo a la moto? —preguntó Baekhyun, nervioso, pues se había dado cuenta de que entre ellos se había instalado una extraña tensión cuyo origen no acertaba a vislumbrar. 

—No creo —contestó Chanyeol. 

Había conseguido controlarse, sí, pero estaba enfadado consigo mismo porque no entendía cómo se sentía atraído por ese doncel. Por muy bello que fuera, él estaba acostumbrado a donceles increíblemente hermosos, así que no era esa la razón. 

—¿Va usted muy lejos? —quiso saber Baekhyun. 

En otra circunstancia, jamás se hubiera atrevido a preguntar algo así a un desconocido, pero lo cierto era que sabía que aquel hombre se iba a ir y no quería que se fuera. 

—No, voy al castillo —contestó Chanyeol, levantando la motocicleta del suelo. 

Podría haberle dicho quién era, pero decidió que no había motivo para hacerle pasar tal vergüenza porque lo más probable era que jamás volvieran a verse. 

Baekhyun supuso que el motociclista estaba pasando una temporada invitado en el castillo en el que él trabajaba y rezó para que no diera un mal informe de él a nadie porque, de ser así, perdería el trabajo y su padre se enfadaría. 

Chanyeol se puso el casco, puso la motocicleta en marcha, se montó y se alejó sin siquiera mirarlo, pero pensando en él, en sus maravillosos ojos verdes y en que parecía asustado e infeliz, lo que lo llevó a preguntarse qué tipo de vida llevaría con aquel padre fanático del que le había hablado el encargado del castillo. 

De repente, se encontró preguntándose si Baekhyun Byun estaría dispuesto a 

convertirse en su amante. 

Chanyeol se enfureció consigo mismo por semejante pensamiento pues tener un 

amante implicaba una relación y él prefería saltar de cama en cama sin comprometerse 

con ningún doncel. 

No estaba dispuesto a perder su libertad por nadie y, además, Baekhyun Byun era un empleado. 

¿Qué demonios le estaba sucediendo? 

¡En menos de veinticuatro horas, se le había pasado por la cabeza que tenía que encontrar esposo y ahora estaba pensando en tener un amante! 

Tras hacer un agujero bajo los árboles y enterrar la revista, Baekhyun corrió a casa 

seguida de cerca por Moongryeon. 

Al llegar, entró por la puerta de atrás y, para su desgracia, se encontró con su padre. 

—Vaya, no sabía que ibas a volver tan pronto... ¿ha ocurrido algo? —preguntó nervioso al percibir la tensión en el ambiente. 

—La madre de Mahook se ha puesto enfermo y se va quedar a pasar la noche con él —contestó Chaehun Byun—. ¿Dónde has estado? 

—He salido a dar un paseo —contestó Baekhyun—. Perdón... 

—Si yo hubiera estado en casa, no habrías estado holgazaneando por ahí. ¿Qué has 

estado haciendo? 

Baekhyun se quedó de piedra. 

—Nada. 

—Espero que así sea —gruñó su padre acercándose a él y agarrándolo del brazo con 

fuerza—. Prepárame la cena ahora mismo. Después de cenar, leeremos la Biblia y 

rezaremos para que no vuelvas a caer en el pecado de la holgazanería —añadió saliendo 

de la cocina. 

Una vez a solas, Baekhyun se frotó el brazo con el ceño fruncido y se dijo que no debía preocuparse, ya que su padre tenía mal genio, pero jamás le había levantado la mano. 

Sin embargo, tenía la penosa sospecha de que aquello estaba a punto de cambiar.