Prólogo
Seungmin corría entre los callejones para escapar de aquellos matones que lo perseguían después de la pelea, sus piernas respondían en automático pero si no se detenía pronto seguro dejarían de funcionar y estaría en graves problemas.
El era un buen chico, un buen chico con una pésima reputación entre las personas de su barrio, toda la gente pensaba que era el adolescente más problemático que habían conocido y nadie entendía por qué aun no lo habían echado aún de la escuela. No era su culpa, él de verdad no comprendía por qué siempre terminaba involucrado en situaciones que hacían que la gente pensara así de él. Esta vez iba pasando de camino a casa luego de estar un rato con sus amigos cuando se detuvo al escuchar insultos provenientes de un callejón, al asomarse pudo distinguir a cinco tipos de distintos tamaños un poco mayores rodeando a un par de chicos de su edad, ambos estaban ya bastante golpeados pero se mantenían firmes, dispuestos a defenderse de sus ataques. Cuando los matones comenzaron a golpear de nuevo a los chicos no pudo evitar interponerse, él no se caracterizaba precisamente por ser un sujeto grande y fuerte, pero era bastante ágil, así que después de tirar algunos golpes y recibir también un par, encontró el momento perfecto para salir corriendo de ahí junto a los chicos que defendía.
Los tres chicos fueron perseguidos por varias calles hasta que uno de ellos sugirió separarse para perderlos más fácil, o al menos, si los alcanzaban, fueran menos golpes porque se habrían separado para alcanzarlos.
Seungmin tomó camino entre unas calles cerca de su casa, eran un montón de callejones que conocía a la perfección y que si tenía éxito podría llegar a su edificio antes de que lo encuentren.
Se detuvo en secó cuando giró al último callejón antes de llegar a su edificio, había un chico recargado en la pared, parecía estar distraído en su burbuja hasta que Seungmin llegó, lo vio reprimir un grito de sorpresa y dirigirle una mirada entre asustada y avergonzada, parecía un conejito con sus manos a la altura del pecho sin saber qué hacer o decir. Nunca había visto a ese chico, lo recordaría, tenía cabello largo y alborotado, usaba unos lentes blancos que resaltaban en su piel morena y un lindo par de dientes que lo hacían lucir adorable mientras se asomaba entre el espacio entre sus labios, sin duda un chico memorable.
—Yo... —Seungmin iba a disculparse por asustarlo pero logró escuchar un par de gritos a lo lejos, eran los matones que lo seguían. Así que no pensó dos veces su siguiente acto —¡Ven conmigo!
Apenas terminó de decirlo cuando ya se encontraba corriendo mientras tomaba de la mano al chico y lo arrastraba con él. Entraron juntos a su edificio y no se detuvieron hasta estar lo suficientemente ocultos en caso de que se les ocurriera pasar por ahí, no podrían verlos.
Seungmin asomaba la cabeza desde las escaleras, cuando por fin vio pasar a tres de los matones alejándose de su edificio volvió a respirar con calma, soltó un suspiro de alivio y giró su rostro hacia el chico que había secuestrado minutos atrás.
No pudo evitar soltar una risa al verlo, el chico tenía el cabello un poco más alborotado que cuando lo encontró, tenía la sudadera bajada de un lado por el movimiento que hizo al correr, había sudado un poco y lo miraba con unos enormes ojos y esa expresión confundida y asustada que tenía cuando lo encontró.
—Lo siento —dijo Seungmin aún sonriendo.
El chico lo miraba como tratando de averiguar qué era lo que debía responder, después de un profundo análisis del rostro de Seungmin dejó salir un suspiro y por fin dijo algo.
—Está bien, pero... ¿Puedo saber por qué me secuestraste de repente? —Seungmin estaba a punto de responder cuando el chico le interrumpió —¡No!, primero dime quién eres.
—En verdad eres adorable —Aquel comentario tomó por sorpresa al chico, bañando su rostro en un notable sonrojo que hizo sonreír más al pelinegro —Soy Oh Seungmin, lo siento si te asusté y te arrastré conmigo, me estaban persiguiendo unos tipos y temí que si te dejaba ahí podrían hacerte algo pensando que estabas conmigo.
—¿Son los mismos que te hicieron ese moretón? —preguntó señalando su mejilla y Seungmin asintió —En ese caso, te lo agradezco.
Hubo unos segundos de silencio entre ambos chicos mientras se miraban con algo de timidez, hasta que Seungmin volvió a decir algo.
—Y... ¿Puedo saber el nombre de la persona a quién rapté?
—Oh, claro, son Han Hyeong Jun.
De una manera sorpresiva para todos, ambos chicos se volvieron muy cercanos, Seungmin no perdió tiempo en conseguir el número de aquel adorable chico ni de invitarlo a salir cada que podía. Por supuesto, a pesar de que su tiempo juntos era como una cómoda tarde de primavera, no todo fuera de su burbuja era perfecta, entre más tiempo pasaban juntos, más chismes hacía la gente, era normal que murmuraran al verlo pasar, pero al ver que comenzaba a pasar tiempo con aquel chico de buena familia no se detuvieron al difundir pánico, "¿Qué hace ese criminal con el menor de los Han?", "Alguien tiene que avisar a sus padres con quién se está juntando ese muchacho, solo le va a traer problemas", "¿Qué tanto es lo que haran
harán juntos? Seguro ya lo metió en malos pasos, pobre de los Han"
Pero mientras las señoras mayores decían todas esas cosas, Seungmin lo único que hacía todas las noche era pensar en algo nuevo que hacer con Jun, pensaba en si era buena idea llevarlo al cine o mejor dar un paseo por el parque en bicicletas.
—¡Ya se! —dijo emocionado para si mismo, sentándose en su cama —El zoológico, lo llevaré ahí mañana.
Siempre era así, él pelinegro acostado viendo al techo pensando en lo que haría en su próxima salida con el castaño hasta que tuviera una idea que lo hiciera saltar de emoción.
En todo el tiempo que Hyeong Jun salió con Seungmin, este no se metió en ningún malentendido, quizá era suerte que no ocurriera ninguna situación injusta en esos días o simplemente el universo conspiraba en su favor para que no las encontrara y así mantener seguro al chico de adorable sonrisa.
Cuando se volvieron novios todo se volvió más grande, más amor, más cariños, más felicidad, y sobre todo, más rumores, rumores que comenzaron entre los estudiantes de las escuelas de cada uno y que fueron escalando hasta la gente mayor.
Seungmin recuerda la mirada asustada de Hyeong Jun cuando este le dijo que quería contarle a su madre sobre su relación. Temía que su madre no lo aceptara como era, tenía miedo de que si le contaba que estaba saliendo con otro chico pudiera echarlo de su casa o dejar de considerarlo como un hijo, pero para su sorpresa, la mujer no se molesto, estaba incómoda con esa situación, es verdad, pero estaba más preocupada pod haber confirmado que el chico con quien había estado pasando tiempo en verdad fuera aquel chico criminal del que tanto hablaba la gente.
La mujer se volvió más estricta cada vez, le prohibía a Hyeong Jun salir después de cierta hora, visitar el barrio de Seungmin, tampoco los dejaba verse más de dos veces por semana, aún sin saber que Seungmin lo recogía todos los días afuera de la escuela y le compraba un helado de camino a casa.
Seungmin no sabía que la mujer le había pedido a Hyeong Jun terminar su relación varias veces, el moreno se lo ocultó para no herir sus sentimientos, pero aquello no evitó que se enterara, pues la mujer consiguió la manera de contactarlo y un día mientras Hyeong Jun salía con su hermano, aprovechó para citarlo en una cafetería.
—Hola, señora Han —saludó Seungmin alegre apenas estuvo frente a ella, estaba nervioso pues desde que Jun lo había presentado como su novio frente a su familia no se habían vuelto a ver y ahora de repente lo llamaba para verlo —¿A qué debo el placer?
—Seré clara —dijo con tono hostil, haciendo que Seungmin borre su sonrisa y se ponga aún más nervioso —Ya lo hablé muchas veces con Jun y no me hace caso, así que te lo diré a ti. No me gusta su relación, no me gusta que mi hijo salga contigo y como él no hará lo que le pido quiero que tú termines con él, ¿Entendiste?
Seungmin la miraba estupefacto, no tenía idea qué decir o cómo reaccionar, aquellas palabras lo habían tomado por sorpresa.
—¿No vas a decir nada? —preguntó la mujer impaciente por el silencio del muchacho frente a ella.
—Lo siento —dijo por fin —Yo... Si es porque ambos somos hombres, señora, no tiene que preocuparse, los tiempos han cambiado, nuestro amor no tiene nada de malo, es solo amor, como el que usted y su esposo tienen, nosotros-
—No —interrumpió la mujer —No tiene nada que ver, si bien me incomoda un poco, no soy quién para prohibirle que sea cómo es. Mi problema eres tú, ¿crees que no sé que es lo que dicen de ti? Eres malo para mi hijo, él es de los mejores de su clase, es un buen muchacho y tú lo vas a arruinar, no te quiero cerca suyo y espero que hagas lo que te pedí lo más pronto posible.
Seungmin vio a la mujer levantarse y antes de que se girara para irse se levantó también.
—¡Lo siento! —dijo Seungmin fuerte haciendo una reverencia en dirección a la mujer —No puedo dejar a Jun, yo de verdad amo a su hijo, se qué es lo que dicen pero le pido darme una oportunidad para conocerme de verdad. Para que entienda que no soy malo para Jun.
La mujer no dijo nada antes de retirarse, pero por un tiempo dejó de insistir.
Un par de semanas después de aquella reunión, Seungmin nuevamente se metió en problemas, como siempre, él solo iba pasando, esa vez incluso no intentó meterse en la pelea, lo arrastraron a ella. Cuando iba pasando un chico que intentó huir se tropezó con él, los demas involucrados creyeron que estaba con él y lo golpearon también, cuando llegó la policía no tuvo tiempo de huir y lo arrastraron hasta la comisaría. Estuvo horas explicando lo sucedido y cómo él era una víctima hasta que su madre llegó para que pudiera irse.
Los chismes de que el famoso Oh Seungmin había pasado "la noche entera" en la comisaría por iniciar un pleito a mitad de la calle con más de 5 personas no se hicieron esperar, cada rumor estaba más distorsionado de la realidad que el anterior.
No había podido ver a Jun desde aquel día, cuando salió de la comisaría trató de contactarse con él para saber si había llegado a casa de sus abuelos como le había dicho pero el chico nunca respondió, los días siguientes fueron igual, la preocupación recorría cada uno de sus huesos y entonces sucedió, recibió una llamada.
Era un número que conocía, lo había registrado hacia unas semanas, la voz tardó en salir y cuando lo hizo sonaba apagada.
—Mi hijo, murió en un accidente de camino a Ulsan para visitar a sus abuelos —Escuchaba como la mujer se forzaba a detener el llanto —Lo siento, Seungmin, pero nosotros nos iremos a Seúl hoy, no podemos estar más aquí.
Seungmin no pudo responder antes de que la mujer colgara la llamada, estaba inmóvil, sentía su sangre helada recorrer por sus venas.
"No puede ser verdad" esas palabras se repetían en bucle en su cabeza.
Después de un rato se levantó y salió de su departamento, no atendió a los llamados preocupados de su madre antes de salir, tampoco a las llamadas que hizo mas tarde. Corrió tan rápido como le permitieron sus piernas hasta llegar a la casa de los Han, casi tira la puerta por tantos golpes que daba hasta que un vecino salió a decirle que se habían ido todos y no planeaban regresar, le dijo que se fuera y dejara de hacer escándalo antes de que llamara a la policía.
Caminó sin rumbo hasta que el sol se ocultó, en aquel callejón donde vio por primera vez esos ojitos adorables y esa linda piel morena. Su celular vibraba una y otra vez en la bolsa de su pantalón pero el simplemente pensaba en sus momentos con Jun, desde el primero hasta el último cuando se despidieron aquella tarde antes de terminar en la comisaría.
Fue su tío Jeongin quien lo encontró en aquel frío callejón con la mirada completamente perdida. Lo hizo volver a la realidad sacudiendolo por los hombros. El hombre lo miraba con los ojos llenos de preocupación preguntándole qué era lo que hacía ahí solo y por qué no respondía las llamadas.
Lo único que Seungmin pudo hacer fue llorar, lloró sin parar mientras su tío lo abrazaba y él se aferraba a su suéter con todas sus fuerzas.
Lloró hasta quedar sin fuerzas, tal que Jeongin tuvo que llevarlo en su espalda hasta su departamento y cuando llegaron ya estaba completamente dormido, lo único que le quedaba era un pequeño quejido cuando trataba de respirar después tanto llorar.