Para Xian-gege

Tal vez no tenga tantos recuerdos de ese entonces… lo que no recordaba y ahora sé, fue porque me lo contó el General Fantasma…
Pero sin duda, a pesar de que solo tengo destellos de esos recuerdos, siempre tendré presente dos personas importantes en mi vida…
Una de ellas es usted, Wei-Qianbei…
Era muy pequeño para saber que estábamos en guerra, para saber que todos los del clan Wen nos volvimos enemigos sin importar si participamos activamente en el frente o nos mantuvimos alejados de la rama principal…
Ser un Wen era como ser hereje…
Ser un Wen era ser un enemigo…
Ser un Wen era ser un “perro” …
Nadie nos quería… todos nos odiaban… eso era lo que los Jin se encargaban de recordarnos…
Ahora lo entiendo mejor, pero brevemente recuerdo a Wen-pópo y al Tío cuarto diciendo y murmurando si las demás sectas estaban enteradas de lo que nos estaba pasando… y si era tanto su odio y su indiferencia como para dejar que nos trataran así a pesar
El cielo estaba negro… llovía y hacía frío… tenía mucha hambre y quería a mi mamá… A-Niang… A-Diē…
Era un niño cuando quisieron castigarme por primera y única vez con un hierro al rojo vivo… y es el primer recuerdo que tengo de usted: interponiéndose entre el hierro que Wen-pópo recibiría en lugar mío… no recuerdo más, creo que después usted se retiró… ¿o se quedó?
Lo siguiente que recuerdo son los gritos de personas fuera de la diminuta casa donde todos vivíamos, y luego a una persona entrando a la misma… me cargó en brazos y me depositó en los brazos de otra persona… nos sacaron y nos llevaron lejos, pero no eran las personas de las ropas amarillas… fue una persona de ropas negras y que llevaba una flauta tan oscura como la noche de ese momento… a pesar de que el sonido de esa flauta parecía atemorizar a la gente de ropa amarilla, de alguna manera veía que a nosotros no nos dañaba…
Luego olor y el paisaje cambiaron…
La tierra olía a humedad pero no por la lluvia… era rancio, putrefacto… el aire pesaba y el lugar a donde nos dirigíamos causaba escalofríos… no había pasto verde sino seco y ocre; los árboles no tenían cuerpo, eran solo cortezas negras y podridas, similares a si se hubieran quemado y solo de alguna forma conservara su forma…
Ah, ya recordé otra cosa, fue cuando ya teníamos casa y usted tenía su estudio en la cueva… jajaja, la Tía Qing lo regañó por ensuciar mi ropa y le dijo que usted tendría que lavarla… quién diría que un niño sería tan feliz por ser plantado entre verduras apenas comestibles, con tal de ver crecer de la tierra a nuevos amigos…
Oh, lo que si nunca le perdonaré es que me haya perdido ese día en Yiling… jaja, no es cierto, porque de esa forma pude conocer a “Rico-gege” … nunca olvidaré esa pequeña sensación de abandono, luego de seguridad cuando encontré a esa persona de ropas blancas y azules… y después de tranquilidad cuando, guiado por el alboroto, lo volví a ver a esa persona de ropas negras…
No recuerdo, pero sé que quedé huérfano poco después de que se nos trasladara al campamento de retención… y sin embargo, cada vez que estaba junto a esa persona de ropas negras, sabía que todo estaría bien, que nada me pasaría estando a su lado… y cuando esa persona de ropas blancas se unió a nosotros, sentía aún más fuerte esa misma sensación. Esa tarde en que los tres comimos juntos, fue un calor familiar muy hermoso…
Recuerdo de cómo usted insistió en invitar a comer a esa persona, sin embargo, ocurrió algo que hizo que usted saliera corriendo: me cargó en uno de sus brazos y se dispuso a salir corriendo… para luego ser detenido por la persona de ropas blancas y proponer acompañarnos para llegar más rápido…
Cómo olvidar esos juguetes que la persona de ropas blanca me compró ese día y que tristemente se perdieron durante los asedios… bueno, la mariposa la perdí cuando accidentalmente usted se sentó encima de ella y la rompió, jajaja cómo olvidar ese día en que no te dirigí la palabra y buscabas la forma de reparar esa mariposa de papel …
Recuerdo el pequeño tigre que Wen-pópo me hizo… era mi favorito junto a la rota mariposa que me dio “Rico-gege” … recuerdo todas las veces que en un intento de alejarme de tus inventos y experimentos con la energía resentida, me ofreciste tu flauta para jugar con ella… quién pensaría que un niño jugaría tranquilamente con la temible Chengqin… recuerdo la comida picante que preparaste cuando dije que quería ser como usted, recuerdo los cadáveres que convocó porque quería ser como usted y así podría llegar a serlo según dijo…
Siempre vivimos en carencias en ese entonces, pero nunca nos faltaron sentimientos, momentos alegres, sueños e ilusiones… siempre nos faltaron verduras para vender, monedas para comprar, pero creo que aún así fui un niño afortunado al tenerle como mi cuidador… aunque yo diría más que intesta ser el padre que ya no tenía… aún tenía abuela, tíos, amigos, aunque no de mi edad pero me hiciste soñar con tener amigos de mi edad…
A pesar de las circunstancias, creo que tuve infancia… al menos un poco
El banquete que disfrutamos antes de que todo lo que te habías empeñado en construir cayera, fue otros de los pocos momentos. Todos te consideramos no solo nuestro salvador… fuiste un padre, un hijo, un sobrino, un nieto, un hermano, un amigo…
Y luego vino lo peor… Solo hasta ahora sé, y por parte de Jin Ling y las historias, lo que ocurrió… pero sé que Wei-gege nunca sería una mala persona con quienes amaba…
Me dolió mucho que me gritaras ese día cuando volviste, pero ahora comprendo que es porque no querías hacerme algo y era tu manera de protegerme… tal vez por eso algunos dicen que hay persona que protegen a los otros desde la oscuridad o desde la distancia… ese día había entrado porque pensé que estabas triste y quería animarte… nunca imaginé lo que pasó…
Ahí terminan mis recuerdos, pero hay veces en que duermo y veo una imagen triste, donde todos gritan y las casas se incendian… donde alguien me toma en sus brazos y corre a lo profundo de la montaña… recuerdo que alguien me promete volver y luego todo se oscurece… huele a humo y a carne quemada, huele a madera quemada y a muerte… se oyen gritos… gritos de pelea y de miedo… aunque me encontraba muy escondido, estaba aterrado …
Supongo que fue real, pero como un sueño, alguien me abraza en sus brazos y vuelvo a respirar un aroma que hacía mucho no respiraba… pero dolía el corazón…
Finalmente, todo se borró, como si de esa forma pudiera afrontar lo que ocurrió…
Durante gran parte de mi infancia siempre tuve duda de quién se trataba, de quién era esa persona que en algún momento de mi niñez sentí…
Solo hasta ese día en la Villa Mo, aunque apenas nos hubiéramos conocido y que no recordaba bien ese sentimiento paternal, volví a sentir esa calidez… pensé que podría ser empatía sin saber que era otro sentimiento…
Luego, a pesar de que Mo XuanYu y yo tendríamos una ligera diferencia de años, usted se portaba protector y preocupado, siempre atento a Jin Ling, JingYi y a mi… más que ser un compañero, era un joven maestro al que seguir y en quien confiar… sabía que en usted y en HanGuang-Jun se podía depositar la misma confianza que un hijo tiene con su padre, principalmente con todo lo que ocurrió en el casi asedio que nuevamente quisieron encabezar las sectas
Fue entonces cuando también regresaron parte de los recuerdos que ya he plasmado, fue entonces cuando empecé a encajar las piezas de los recuerdos con las afirmaciones y reconocimientos de que la persona que siempre acompañaba a HanGuang-Jun no se trataba del joven, supuestamente enloquecido, que encontramos en la Villa Mo sino del temible y legendaria Patriarca de Yiling, Wei WuXian… mi Wei-gege… solo hasta que el descompuesto cuerpo de la abuela me nombró y reconoció fue que pude recordar quien fui y quien era ahora…
Sabía que la relación que estaban desarrollando HanGuang-Jun y usted ya no se trataba solo de una antigua camaradería… ya era algo más que me hacía sonrojar… no por vergüenza, sino por querer recordar más y finalmente tener la convicción de quienes fueron en mi pasado.
Fue un alivio cuando al final de los eventos en torno a la muerte LianFang-Zun pude contarle quién era… trece años esperamos para reencontrarnos y para poder darle las gracias por todo lo que pudo hacer por lo que quedaba de mi entonces clan y por mi, un pequeño que ni siquiera era de su sangre y que me trató como uno.
No importaron las carencias, no importaron la falta de comodidades y juguetes…
Nunca faltó el amor, nunca faltaron los juegos, sé que nuca faltó un cadáver porque ahí estaba el General Fantasma aunque no lo recuerde, nunca faltó la comida picante ni los regaños por parte de la tía Qing, nunca faltaron los momentos divertidos… y aunque por 13 años perdí a un padre, lo pude recuperar…
Usted no solo completó a HanGuang-Jun: también me completó.
Gracias por haber estado y estar aquí, Wei-QianBei… Xian-gege.






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