Conmigo misma
Una de las cosas más impactantes y descabelladas que me han ocurrido en la vida, fue el hecho de haber tenido una conversación conmigo misma. No me refiero con esto, que haya hablado con mi reflejo en el espejo del baño o que hubiese mantenido una conversación interna, mientras conducía por el auto expreso. Si no, a que realmente tuve la oportunidad única de hablar cara a cara, con lo que parecía ser mi otra yo.
Toda esta situación insólita ocurrió a medianos de verano. En ese periodo en donde, si aún tienes la dicha de ser estudiante, las vacaciones comienzan a parecerte eternas, aburrida e insufrible. Las agujas del reloj habían marcado las tres de la tarde, cuando por fin me dispuse a abandonar mi cama, para dar una vuelta por el barrio. Mientras caminaba sin rumbo, mis pensamientos comenzaban a perder el camino al igual que yo. Pensaba en que me depara el futuro. En agosto comenzaría mi segundo año de universidad. Sin embargo, aún no sabía si quería cambiarme de concentración o simplemente darme de baja. Acaso ¿Realmente vale la pena estudiar? Hoy en día puedes simplemente ganar dinero subiendo videos cuestionables a internet. Realmente sirve de algo quemarme las pestañas estudiando, para más adelante ganar un poco de dinero, el cual estará destinado para pagar los estudios que adquirí para “obtener dinero”. Mientras más lo pienso, menos lógica le encuentro.
De repente, un fenómeno extraño interrumpió mis agobiantes pensamientos. A lo lejos pude observar mi silueta sentada en un banco, con la mirada perdida en las nubes. Era un escenario inusual, porque yo era “yo” y esa chica sentada a la distancia no podía ser “yo” por más que se pareciera a mí. Me comencé a imaginar un sinfín de escenarios en busca de una explicación, desde tener una hermana gemela hasta que acababa de encontrarme con mi propio “clon”. Estaba atónita e insegura de que hacer en esta situación. Por un momento creí que era una especie de ilusión, así que cerré los ojos con la esperanza de que cuando los volviera abril, mi imagen hubiese desaparecido. No obstante, al abrirlos, seguí viéndome en el mismo lugar. Por lo tato, luego de dudar por un momento, decidí que lo mejor que podía hacer para salir de dudas era ir a hablar con mi otra yo.
Me dirigí hasta el banco en donde “me encontraba” sentada, sentía mi corazón latir con fuerza, el miedo que había tenido hasta hace poco se convirtió en una especie éxtasis que me motivaba a seguir adelante. Fue así como termine plantándome al frente de mi otra yo. Ambas no miramos fijamente. Ella se veía conmocionada, intento decir algo, pero se atragantó con sus palabras. Entonces, decidí que sería, la primera en comenzar la conversación, para mi sorpresa ella logró conseguir las palabras que buscaba. Por lo que terminamos haciéndonos la misma pregunta al unísono:
—¿Cómo te llamas?— preguntamos ambas con un tono de curiosidad y nerviosismo. Como si fuéramos dos niñas de elemental.
—Solianis — respondimos a la vez y nos quedamos pasmadas. Sabía que ella pensaba lo mismo que yo, que ella era “Yo”. Me senté en el banco, junto a lado de mi otro “Yo” a esta no pareció molestarle.
— ¿Qué hay de tu madre? ¿Cómo se llama ella?— Esta era una pregunta definitiva, sería a muy raro, llamarnos iguales, ser idénticas y que para colmo, nuestras progenitoras compartan el mismo nombre.
— Luisa — contestó mientras me observaba. En busca de algún gesto de sorpresa, el cual logro encontrar.
— Luisa también es el nombre de mi madre.— Le dije, estupefacta.
— Eso significa que “Yo” soy “Tú” y “Tú” eres “Yo”, pero eso no tiene sentido cómo puedo estar hablando contigo, digo conmigo.— Su conversación comenzó a sonar como una especie de traba lengua.
Nos quedamos sentadas en el banco, mirando a lo lejos mientras charlábamos. Nos dimos cuenta de que nuestra familia se conformaban de las mismas personas. Que vivíamos en el mismo lugar, que íbamos a la misma universidad y estudiábamos en la misma facultad. Sin embargo, existían pequeñas diferencia, en mi opinión eran mínimas, como que su casa es color amarillo y la mía es azul o que toma la clase de humanidades en el último salón del segundo piso, mientras yo la tomo en el primer piso. Después de haber estado hablando por un largo rato de nuestras vidas, comenzamos a tratar de teorizar como era posible que tuviésemos esta conversación:
—Tengo la teoría de que tú eres mi yo de un universo paralelo.— Hablo con total confianza.
—Imposible por qué yo creo que tú eres mi yo de otra dimensión.— Le dije con un tono juguetón.
— ¿No es la misma cosa, dimensiones y universo alterno?— Pregunto confusa.
— Sabes en mi opinión las dimensiones se encuentran en un mismo universo y son las capas que compone a este. Por ejemplo, imagínate tener un pastel de varios pisos. El pastel representa el universo y sus diferentes pisos, las dimensiones. A hora bien, la mezcla con la que se hizo el pastel es la misma, pero los moldes son de diferente tamaño. Eso da como resultados a varios pasteles diferentes, pero con la misma masa que se ensamblarán en un pastel único. Por lo tanto, un universo está conformada de varias dimensiones que se compone de lo mismo, pero no son iguales.
—Sabes cuál es mi opinión de tu alegoría— dijo con total seriedad.
—¿Cuál?—Pregunte.
—Que si todos los pasteles se componen de los mismos materiales básicos y cada pastel representa un universo. Eso significa que todos los universos tiene el mismo ideal, no obstante se componen de forma diferente, lo que hace posible que yo sea tú “Yo” de otro universo.— Lo que dijo tenía sentido, los pasteles puede tener forma y sabores distintos; aun así, al final siguen siendo pasteles.
— En conclusión, todos somos harina.— Comenté.
— No, trigo— confirmó.
— Sabes que creo que existe la posibilidad de que en realidad tú no estés aquí y me hagan endrogado de camino a mi casa.— Las dos no reímos con un pequeño toque de nerviosismo, por qué quizás era verdad.
Entre charlas el tiempo paso y comenzó a obscurecer, mi otra yo se paró, para despedirse de mí, pero había una pregunta que me atormentaba, necesitaba sacármela del pecho porque nunca iba a tener de nuevo esta oportunidad:
—¿Qué piensa de nosotras?, ¿Qué piensa de mí?, ¿Qué piensas del “Yo”? Sabía la respuesta, pero necesita oírla de mí misma.
—¿Por qué pregunta eso?— Grito con lágrimas en los ojos.
—Solo dilo, siempre has querido decirlo, solo hazlo, no volverás a tener la oportunidad de hacerlo.— Sabía lo que venía, sabía lo que diría, así que tome un suspiro y espere.
—Te odio, siempre te he odiado desde que tengo memoria. Eres una persona egoísta que solo piensas en ti. No solo eso, eres una cobarde que no se atreve a hacer nada con su vida, siempre andas con miedos irreales. No hay momento en el que no estés pensando en algo que tienes pendiente. Siempre andas huyendo de tú responsabilidades. Permites que los demás te pisoteen y no hace nada para impedirlo. Te descuida demasiado, Tienes mala autoestima, puedo seguir toda la tarde en estos. La verdad es que te aborrezco. Sin tan solo estuvieses … —La interrumpí antes que dijera una de las cosas que más pienso a diario.
—No sigas, ya lo sé— mis lágrimas bajaban por mis mejillas y las de ella también —¿Sabe qué pienso yo de ti?, pienso que eres unas de las personas más valientes que existe. Todos los días, te levantas de la cama a pesar de que a veces simplemente no quieres y sigue hacia delante. Nunca te he visto rendirte en nada de lo que hace. Siempre estás dispuesta a ayudar a los demás. Eres amable, honesta, tienes mucho potencial— Al oír esta palabra su llanto incremento más.
—Perdóname— balbuceo con su cara roja llena de gotas brillantes — Por favor perdóname — repitió.
—Solo sí, tú me perdonas a m.— dije mientras la abrazaba. Es una de las sensaciones más extrañas que he experimentado.
— Te perdono.—Sus palabras me hicieron sentir un gran alivio en mi corazón, sentí cómo perdí un gran peso.
— Yo también te perdono.
Después de ese día volví al parque a ver si volvía a ver mi otro “yo” pero, yo no volví a aparecerme ante mí de nuevo. Supongo que el universo volvió a poner todo en orden. Lo que sí sé, es que después de ese asombroso encuentro, No volví a despreciarme más y comencé, ha apreciarme. No puedo creer que al final yo me salve a mí misma de mí. Después de todo, solo tú tienes el poder para cambiar.









