Chapter 1
<<Algunos creen que el odio y el miedo son una espada junto a su escudo, pero no siempre es así, puede ser al revés, usar el miedo como arma, y el odio como protección, no se que caso es peor>>
Lilibeth frunció el ceño mientras leía aquella parte del libro, le gustaba pensar demasiado las frases que podía ver, buscarle otro sentido, y esta sería una nueva duda existencial, otra más a la lista. Fastidiada por el nudo en su cabeza cerró el libro suspirando, le gustaría leer otra cosa, algo menos discursivo, pero no hay nada más en la biblioteca del pequeño castillo, comparado con otros claro, el Reino Bosque era más simple en muchas cosas, un pequeño castillo de piedra en medio del bosque, con plantas invadiendo las paredes.
<<La naturaleza debe tomar lo que es suyo>>
Palabras dichas por su padre muchas veces, era su lema al perecer, el del todo el reino en realidad, en este territorio la naturaleza mandaba y guiaba lo que hacían, no solo a los brujos, los humanos también respetaban a la madre tierra de este lado del mundo, por eso deciden vivir aquí, a diferencia de nosotros, los brujos nacemos con una conexión, normalmente heredada de sus padres, así pertenecen a un reino, donde viven según su cultura y enlace.
—¿Y Artemis? —murmuró la joven mujer de pelo blanco y ondulado, buscando a su alrededor a su gran y sigilososo amigo, empezó a recorrer el camino de tierra que atravesaba el pueblo, pequeñas cabañas bien mezcladas con el bosque, saludaba con una sonrisa a cada que la saludaba, hasta que se detuvo frente al mercado, y allí estaba su mejor amigo durmiendo en el suelo, una gran pantera que desentonaba en aquel hábitat, pero al final ese era su hogar — Allí estás, ¿De nuevo te están complaciendo tus antojos?
El gran gato de pelaje negro paso su lengua sobre su hocico para saborear el pedazo de carne que se acaba de comer, haciendo que su compañera soltara una risa, el padre de Lilibeth era de aquel reino, pero su madre era del territorio vecino, el reino de la selva, por eso la extraña criatura que la acompañaba, luego de un viaje alli, conocio a esta hermosa criatura que habia quedado huerfana, y desde ese momento eran inseparables, era como un gato, grande y gruñon.
—Alteza, usted sabe que es un gusto consentir a este grandote — le aseguro la mujer que limpiaba sus manos en el delantal blanco que llevaba puesto, para así hacer una pequeña inclinación para saludar a la miembro de la familia real.
—Pero no debería darle sus productos, Señora Leah — Reprocho con una gran amabilidad la más joven, pero la mayor movió la mano para quitarle seriedad al asunto.
—Eran trozos que sobraron de la preparación para la ceremonia, así que no se preocupe — concluyó la mujer con otra reverencia para continuar trabajando, la princesa suspiró mirando a su amigo, regañandolo con la mirada, y este se levantó ignorando ese reproche y se estiró para caminar junto a ella con pereza.
La ceremonia por el fin del verano era esa misma noche, a pesar de que los colores del otoño le encantaba, en cierta parte le daba tristeza que los frondosos árboles empezaban a dejar caer sus hojas, sabia que era un ciclo, muy necesario claro, pero no le quitaba el cambio del paisaje que tanto amaba, abrazo hacia su cuerpo el libro que llevaba para así dirigirse a su hogar, cerrando unos momentos los ojos para disfrutar del calor que le brindaba el sol, a pesar de que su sonido favorito eran las aves, también amaba el ruido que causaban las personas, sus voces y cantos, era vida.
Al entrar al castillo saludo a la ama de llaves con una sonrisa, pero ella le advirtió que sus padres estaban en una junta con el embajador del reino del mar y la selva, así que lo mejor era no entrar al salon.
<< Algo malo debe pasar… >>
Pensó la mayor de las princesas Demetrialis, y no estaba del todo equivocada, del otro lado de la puerta de madera se encontraba el rey y la reina, Elijah y Sophie, junto a los embajadores, el ambiente era bastante tenso.
— Elijah, cálmate — murmuró la madre de Lilibeth acariciando la mano de su marido, y con su toque el hombre se relajó un poco y respiro para calmarse — ¿Entonces, cree que es necesario cerrar las fronteras?
— Claro, Majestad, el caos ya tomó el reino mar, y al recibir refugiados se infiltraron los rebeldes a nuestras tierras, cerrar las fronteras es la mejor opción — Aclaro un hombre de cabello oscuro, el embajador del reino selva, estaba bastante serio — Amo a mi pueblo, pero no por eso permitiré que la peste se mezcle aquí.
— Los muros que formaron los árboles han estado ahí desde siglos, resisten un ataque, no tenemos porque cerrarle el paso a otros — refutó el otro embajador, de ojos azules, haciéndole honor a su reino, el mar.
— Lo que nos preocupa no es un ataque externo, es que entren y ataquen desde aquí — Respondió entre dientes el hombre, pero un carraspeo de la reina llamó su atención, y le dio unas palmadas en la mano a su marido para que hablara.
—Mañana… Mañana empezaremos, esta será la última ceremonia de otoño normal, dejemos al pueblo disfrutar una noche más — decidió el rey, los otros dos solo asintieron, dando igual si estaban o no de acuerdo.
Cuando los embajadores salieron del salón principal, la princesa ya se disponía a subir a su cuarto, pero al ver que se iban esos hombres se detuvo para ir a ver a sus padres.
—Ma… Pa, ¿Está todo bien? — Era muy obvio que no, pero necesitaba indagar, no solían decirle mucho, y vivir en la ignorancia la estaba fastidiando.
—Si, hija mía — respondió su madre con una sonrisa pero el rey suspiró y tomó la mano de su hija, a pesar de ser la mayor el la veía aún como una pequeña.
—Solo son problemas externos, mañana te explicaremos ¿si? — Le tranquilizó su padre, pues la conocía bastante bien, era terca, como la mujer que amaba, lo heredó de ella, claro está — Ve a ayudar a tus hermanitas a estar listas para la ceremonia ¿si?
La joven pasó su mirada de su madre a su padre, algo estaba mal, era demasiado claro, pero ya que la petición de su padre sonó más a una súplica, asintió dándole un beso en la mejilla a los reyes, al salir del salón sintió su estómago doler, algo debía estar muy mal si eso tenía a sus padres tan… callados y apagados.
Al llegar al cuarto que compartían sus hermanas pequeñas, se quedó observandolas desde el umbral de la puerta, mientras ella discutía.
—¡Mi enlace es más grande y poderoso! — Chillo, la menor de las hermanas, Aria, mientras le sacaba la lengua a su hermana, algo normal en una niña de 10 años.
—Pero el mío es más bonito — Gruño la del medio, Elena, que solo era tres años mayor que ella.
—Saben que yo les gano, el mio tiene garras y se las puede comer si lo ordeno — Interrumpió Lilibeth mirando divertida a sus hermanas, le gustaba mucho asustarlas, ambas se pusieron nerviosas, ya que detrás de su hermana mayor venía el susodicho enlace con garras, Artemis.
—Pero ese gato flojo con suerte corre, y es para atrapar una mariposa, y el pierde — murmuró la hermana del medio, ganándose un gruñido del felino, a pesar de que decía la verdad, su tamaño ponía nervioso a cualquiera.
La única de cabello blanco soltó una risa y acarició la cabeza de su amigo para que se relajara, sus hermanas tenían el cabello de su madre, castaño claro, así como el chocolate con leche, en cambio, Lilibeth tenía el cabello y ojos de su padre, verde oscuro, casi como el musgo.
—¿Qué peinado les hago? — Preguntó la mayor viendo como sus hermanas seguían la discusión de antes, pero al escucharla se emocionaron, luego de varias indicaciones, que muchas no se entendían bien, Lili logró hacerles un peinado que las dejará felices, les trenzo el cabello colocando algunas flores entrelazadas, colores vivos adornaban el cabello de sus hermanas, digno para despedir el verano.
—¡Amo tus peinados! me veo hermosa — Grito de emoción Aria, mirándose en el espejo con sus mejillas rojas.
—Pues yo me veo mejor — Le saco la lengua Elena, Comenzando ahora otra discusión.
Al ver a su amigo felino levantarse con unos ojos de fastidio para poder irse, ya que el ruido excesivo le molestaba, ella decidió hacer lo mismo, llegando acompañada de su enlace a su habitación, se debe aclarar que no era muy común en este reino generar un enlace con un animal, pues la mayoría lo tenía con plantas o insectos, tal vez eso lo heredó de su madre, en el reino selva eso era más normal, había personas con leones o elefantes como enlace.
Los enlaces son una unión de brujos con la tierra, asi como la naturaleza vive, ellos también, son dos almas juntas, si una muere, la otra también, al menos la parte bruja, cuando eso sucede se funden en una sola, ser una planta no debe ser una emoción para muchos, pero a Lili le aliviaba saber que cuando muriera viviría siendo un gran gato que correría libre, soltó una risa por sus pensamientos mientras se dejaba caer en la cama, quedándose dormida en un par de segundos.
Oscuridad, lo unico que podia ver era un paisaje seco y dañado, destruido, hasta el viento se sentía sin vida, ese sueño era recurrente, lo conocía, pero no le quitaba la angustia, se sentía sofocada, como si estuviera debajo del agua, comenzó a correr sin rumbo por el miedo, huía, no sabía de qué, pero aquella escena le hacía querer huir, hasta que se detuvo en seco al escuchar a la lejanía una melodía, suave, lenta y melancólica, siempre la misma canción, aunque no sabía cual era, ya que despertaba, ahora no fue la excepción.
Se paso su mano por su cabello, estaba sudada y agitada, y la mirada de ojos verdes de su compañero le hace notar que se veía muy afectada, esos ojos la analizaba mientras se levantaba para poder arreglarse, y al ver que volvía a la normalidad, el gran gato se acomodo para dormir, de nuevo.