Los venenos de Cyanide

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Summary

Embarcate en las aventuras de Cyanide y sus compañeros en un viaje por las magicas calles de Otrova llenas de misterio y confusión descubre más sobre el mundo de los miritadis

Status
Ongoing
Chapters
4
Rating
n/a
Age Rating
16+

Intrusos en Madyasar

El cianuro es un anión monovalente presente en las semillas de varias frutas cómo la manzana, el durazno,el melocotón y otros contienen cianuro.

Extraccion

El cianuro “Cyanide en inglés” se puede extraer fácilmente de varias semillas de frutas pero más grande la semilla mejor ya que este se encuentra en el hueso para su extracción sólo hay que reunir las semillas hervir en agua hasta que se evapore dejando el cianuro en su estado más puro .

Dosis mortal

Clínicamente la ingestión entre 50 y 100 mg de cianuro lleva a la inconsciencia y paro respiratorio.

Capítulo 1

La temprana luz del alba comenzaba a filtrarse a través de la vitrina de la boticaria, revelando con su brillo los numerosos frascos ordenados sobre los estantes, iluminando las etiquetas de estos indicando su contenido.La luz acarició el rostro de Cyanide despertando de su languidez casi letárgica, se levantó con la misma energía de lo usual arrastrando los pies a través de la habitación.Se preparó cómo siempre y bajó con su taza de café a abrir la boticaria. Los clientes habituales y los curiosos no se hicieron esperar asomándose y azotando con numerosas preguntas sobre los productos y sus usos, productos que muchas veces ni siquiera querían comprar.Pero entre la multitud de siempre una figura se hacía destacar, una mujer alta con el cabello negro y risado, de piel morena todo aquello combinado con sus ojos color esmeralda. Ella actuaba diferente, contrariamente a los demás clientes ella no deambulaba sin rumbo por la boticaria, tampoco se maravillaba frente a los extraños productos qué ornaban las repisas de las paredes.El tiempo pasó y la multitud que llenaba la boticaria se fue desvaneciendo lentamente, pronto sólo quedaron Cyanide y la mujer de ojos color esmeralda.Ella se acercó a él inclinándose sobre el mostrador.

-Necesito un antídoto para esto-dijo ella sacando una flor de un zurrón que llevaba colgado al hombro.

-Belladonna-Se maravilló Cyanide.-¿Se podría saber para quien necesita ese antídoto? Así se lo haré llegar personalmente, y le podré administrar la dosis correcta del antídoto al paciente.-

-De eso me puedo encargar yo-dijo la mujer tomando un tono más grave que difería completamente de su amabilidad inicial.

La boticaria se sumió en el silencio casi total lo único que se hacía oír era el tintineo de la campanilla en el viento.Cyanide se mantuvo impasible totalmente inafectado por el cambio en el tono de la mujer.

-Srta no puedo proporcionarle el antídoto si desconozco la condición de la persona a la cual se le va a suministrar. -

La mujer de ojos esmeralda no dijo nada, decidió considerar sus opciones y siguieron así por un tiempo, el mundo pareció quedarse en suspensión por un breve instante.

-No puedo darle esa información-repitió ella rompiendo el silencio establecido.

-Y yo no puedo darle ese antídoto-Dijo Cyanide reiterando su punto.

La srta de ojos esmeralda se mantuvo inflexible-Señor sé perfectamente la dosis a administrar .-

-De eso no tengo ninguna duda-contesto Cyanide.

La srta de ojos color esmeralda parecía estar en un apuro, dudo por un momento pero no pareció querer renunciar a su cometido, ella se mordió el labio inferior nerviosamente,se notaba un aire de peligro en el ambiente la tensión crecía en el aire con cada segundo qué pasaba ella tomo un suspiro y dijo:

-Para mí. El antídoto es para mí-

Esa nueva información azotó a Cyanide cómo una huracanada fresca de emoción, lo sacudió cómo una violenta borrasca, de repente comprendió la urgencia de su situación, no hizo más preguntas se levantó de su silla del mostrador por un momento y volvió repentinamente sosteniendo en la mano un frasco en el cual se podía leer fisostigmina.

-Serían treinta higías, gracias por su compra.-dijo él con una sonrisa en él rostro.-Úselo con precaución. -

La señorita de ojos esmeralda no pudo contener su emoción. Le agarró la mano y le agradeció, tomó el frasco dejando el dinero sobre el mostrador.

-Belladonna-soltó ella finalmente

-Es una linda flor-contestó Cyanide.

-Me llamó Belladona-dijo soltando una pequeña carcajada

-Como dije, es una linda flor-dijo él simplemente con una sonrisa en el rostro.

Ella se dio la vuelta y se empezó a acercar la puerta luego se detuvo un instante volteandose con una mirada de curiosidad.

-Cyanide-

-Bueno, ojalá nos volvamos a ver, Cyanide-dijo saliendo de la boticaria.

Cyanide la observó hasta donde su vista la pudo seguir, luego siguió trabajando durante unas horas, la boticaria se vació por completo, el sol ya estaba alto en el cielo y él decidió que era un buen momento para ir a buscar algo de comer, ya que no había ningún cliente por el momento . Salió de la boticaria y empezó a deambular por las calles de [Otrova].Los rayos del sol del medio día iluminaban las calles, Cyanide se paseaba por los arqueados puentes de piedra observando las góndolas que navegaban el canal de Madyasar. Se detenía frente a los edificios con sus techos azules de la cual las canaletas parecían cataratas, las observó en silencio por un momento, recordaba cuando, de pequeño él y Arsene se divertían saltando y jugando y cómo solían sentarse bajo las canaletas y sus cataratas, entre risas y juegos . Siguió caminando, reanimado por la nostalgia del pasado atravesaba calles numerosas y se detuvo un instante en el mercado central, donde compró algunas setas y otros objetos necesarios para sus cultivos de propionibacterium. Siguió andando por las calles recordando su tierna infancia cuando de repente le volvió a entrar el recuerdo de la mujer de ojos esmeralda.

Siguió andando intentando no prestarle mucha atención a la confusión de su mente,hasta finalmente detenerse en la calle [Zatrute] dónde se detuvo en una pequeña taberna dónde podía comer un almuerzo completo por solo 5 higías, se sentó y pidió su orden.El recuerdo de la mujer de ojos esmeralda seguía flotando en su mente.

-¿Por qué necesitaría un antídoto tan potente?- pensó él finalmente.

Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando la camarera, una mujer fuerte y robusta, le sirvió un estofado humeante con una sonrisa adornando su rostro.

-Lo mismo de siempre por lo que veo-dijo ella

-Sí, lo mismo de siempre-contestó Cyanide medio perdido en sus pensamientos.

La camarera se fue a atender a los demás clientes mientras, Cyanide comía lentamente su estofado.Intentando parar de pensar en el extraño encuentro qué tuvo por la mañana. ¿Por qué?, ¿Quién es? la mujer de ojos esmeralda le llenó la cabeza de preguntas incesantes y por ahora no tenía más otra guía que su nombre.

-Belladonna-murmuró, su nombre resonaba por su mente cómo el campanal de una iglesia la mujer de ojos esmeralda qué compartía el mismo nombre qué la flor para la cual necesitaba el antídoto.El detalle le pareció irónico y no pudo evitar soltar una pequeña carcajada.

-Una miritadis-lanzó.en un momento de arrebato.

La palabra captó la atención de algunos de los clientes de la taberna. En efecto ,los miritadis no eran particularmente raros de ver, pero estos de seguro no estaban muy presentes en la ciudad de Otrova y eran un tema que suscita el interés popular.

Cyanide, notando qué había llamado la atención de los comensales se disculpó educadamente y decidió seguir comiendo en silencio.Con la idea aún rondando por su cabeza. Después de comer se levantó dejando los 5 higías sobre el mostrador de la taberna.Volvió a la boticaria, encendió las luces y se sentó detrás del mostrador, incapaz de olvidar los sucesos de la mañana, preguntándose si la mujer de ojos esmeralda realmente era una miritadis. En la boticaria solo se paseaban aún los curiosos y los clientes de última hora. Las calles de otrova emitían un resplandor dorado con los últimos rayos de sol. Cyanide miraba el reloj en la pared esperando la hora de cierre. Ya era de noche cuando por fin se decidió a cerrar la boticaria. Cuando estaba por cerrar vio llegar caminando una silueta familiar se acercó a él colapsando en sus brazos.

-¡Arsene!- gritó él reconociendola

-intrusos, en Madyasar…- murmuró ella agarrandole febrilmente el brazo, antes de caer inconsciente.

-¡Arsene!-gritó Cyanide dejando escapar un grito desgarrador, lleno de preocupación y angustia.