El cisne y el venado [Alastor]

Summary

Es 1926, tras una vida de disciplina y fracaso en Paris Sarah Moore vuelve a su natal Louisiana para vivir nuevamente con su padre. Su vida parece tomar un rumbo diferente cuando conoce a Alastor, el asistente de su padre en una estación de radio local quien oculta mucho más de lo que aparenta.

Status
Ongoing
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
18+

De vuelta en casa

–¡Alastor!– Grito el señor Moore desde su oficina.

A la brevedad un joven de no más de 23 años entró a la oficina de su jefe cargando una gran pila de papeleo y un café recién hecho que dejo en el escritorio.

—¿Ocurre algo señor?— Exclamó Alastor con una sonrisa fingida.

—A las 6 llegara un barco de Francia al puerto, necesito que vayas a recoger a alguien importante, asegurate de no cagarla.—

El señor Moore le entregó una nota con el nombre y aspecto físico de aquel "alguien importante" y rápidamente echó al asistente de su oficina.

Alastor volvió a sus actividades habituales que se basaban en limpiar las cabinas de locución, llevarle café a los locutores y presentadores y rellenar papeleo demasiado aburrido como para escribirlo. Alastor había sido el asistente del señor Moore desde ya hacía un par de años y por más que tratara rara vez su atención al detalle era reconocida. Llegadas las 5:40 de la tarde,Alastor se dirigió al puerto, con un gesto bastante apático, fingir amabilidad todo el tiempo resultaba bastante frustrante después de unas 7 horas de trabajo y de soportar la indiferencia y trato condescendiente por parte de sus superiores que aunque eran conscientes de sus capacidades y carisma ante un publico pero su orgullo y el hecho de que un chico mestizo los superara era inconcebible, o al menos eso era en lo que iba pensando Alastor en cada paso que daba hacia el puerto. Una vez allí espero pacientemente el dichoso barco que no tardo mucho en llegar y con el un mar de gente que bajaba y llegaba al puerto con una mirada curiosa, pero alguien resaltaba entre esa multitud, una chica de su edad, con la pierna derecha rota y una maleta vieja,parecía estar amargada y al igual que el y que parecía estar esperando a alguien.

–¿Sarah Moore?– Preguntó a la chica con un gesto agradable y amable, intentando analizar lo más que pudiese de ella.

–¿y tu eres?– bufo mientras miraba de reojo a Alastor de igual forma intentando analizar sus expresiones.

–Soy Alastor, trabajo en la torre de radio de la zona y estoy buscando a Sarah Moore.– Dijo nuevamente sonriendo, esperando algún tipo de reacción positiva por parte de la joven.

–¿te mando mi padre?¿verdad?– murmuró con molestia –Ni siquiera se dignó a pasar el mismo, que desperdicio.–

Ambos caminaron de vuelta a la torre de radio sin dirigirse la palabra, Alastor no dejaba de observarla de reojo buscando cualquier detalle que pudiera explicar un poco más sobre la persona que estaba escoltando, de igual forma Sarah estaba analizando detalladamente a Alastor percatandose después de un rato unas pequeñas cicatrices cerca de su cuello que tapaba con su camisa. Tras unos minutos que parecieron eternos llegaron a la estación de radio y se dirigieron a la oficina de el señor Moore quien pareció indiferente al verlos llegar, únicamente saludando a Sarah y nuevamente exigiendo a Alastor que se quedara afuera cuidando la maleta de la chica y esperará a recibir otra orden de su jefe.

En aquella pequeña oficina solo se podían escuchar gritos e insultos provenientes del interior.

–¡No puede ser que te hayan expulsado!, ¿¡sabes cuanto gaste en esa maldita escuela?!–

–¡Te recuerdo que solo se puede entrar por audiciones, yo misma me gane mi lugar ahí!¡y ahora ni siquiera te molestas en pasar tu por mi, tuvo que ir un empleado porque aparentemente eres tan poco hombre que ni siquiera te importa ir a buscar a tu hija que no haz visto en 17 años!–

De pronto la habitación se quedó en un silencio espectral que fue reemplazado por el sonido de una bofetada que había sido escuchado por Alastor y posiblemente por la mitad el personal, Sarah salió de la oficina con su mejilla enrojecida y con la clara marca de una mano suspiró y se percató de que Alastor la estaba viendo con sorpresa, ambos se quedaron viendo fijamente por unos instantes hasta que desde adentro de la oficina se escucho otro grito ordenandole a Alastor que llevará a Sarah a casa de su padre por lo que ambos salieron de la torre de radio y empezaron a caminar en sin rumbo aparentemente y aunque no dijeran nada parecían entender la situación del otro perfectamente.

La casa del señor Moore estaba cerca de el centro de la ciudad, en un vecindario tranquilo con calles pavimentadas y un pequeño patio exterior que estaba bastante descuidado con hierbas que sobresalían de las vallas y enredaderas que cubrían parte de las ventanas, Sarah de forma inesperadamente amable invito a Alastor a pasar y tomar algo ya que estaba anocheciendo y no quería ser más descortés de lo que había sido hace unas horas, dentro de la casa se sentía un ambiente un poco lúgubre y deprimente, Sarah encendió la estufa y empezó a preparar café para ambos, la luz cálida de las lámparas y el ocasional sonido del viento contra la ventana aligeraba el ambiente y generaba una sensación de calma y tranquilidad.

–¿También es un idiota contigo?– Dijo Sarah mientras servia los cafés y se sentaba en la mesa junto a Alastor.

–Iba a preguntarte los mismo querida, pero supongo que ya se la respuesta.– Ambos rieron un poco y empezaron a tomar.


Claramente las cosas se habían relajado entre ambos o al menos eso parecía ya que mientras Sarah veía en Alastor un potencial amigo o un compañero en la desgracia que era convivir con su padre, el veía en ella una potencial víctima que aparentemente podría desaparecer sin generar sospechas, estaba herida por lo que no escaparía fácilmente y por el tipo de relación que tenía con su padre parecería que ella habría decidido irse sin avisar. Era simplemente perfecta pero primero tenía que ganarse su confianza, cosa que sería difícil pero no imposible para el, después de todo, su carisma le facilitaría el trabajo y el sabia que ella no sería ni la primera ni la ultima persona que moriría en sus manos.