Tú lo tienes, yo lo quiero
Kirk Hammett, jefe de su propia empresa que fabricaba guitarras de calidad, estaba en su oficina revisando algunos papeles con obvia relación a su trabajo. Todo hiba extremadamente bien, ya que hace un año su empresa comenzó a ser reconocida por su alta calidad y buena trata del personal al comprar ahí.
Estaba muy tranquilo, se sentía muy bien saber que por fin había progresado en su empresa que tanto soñó con hacer crecer.
Hasta que su mejor amigo y mano derecha llegó a arruinarle su momento de paz entrando sin permiso a su oficina, gritando que había nuevas noticias. Otra empresa estaba revendiendo sus instrumentos sin ningún tipo de permiso. En pocas palabras, compra y venta ilegal de sus productos.
Quería ponerle atención, pero por dios, ese chico lo volvía loco. Esa larga cabellera castaña, recogida en una simple coleta baja, su cuerpo cubrido por un hermoso traje color negro de alta calidad. Y esos ojos color verde paz que brillaban con naturaleza, sin duda esa parte era su favorita.
-¿Kirk? -Agitó sus manos, tratando de regresarlo al mundo real. Sin éxito.
Admitía que le encantaba ver como se moría por él; desde que lo conoció fue su amor a primera vista. ¿Y de quién no lo sería? Kirk es el tipo de hombre que cualquier persona quisiera en su vida. Serio en momentos adecuados, caballeroso, amable, inteligente y atractivo.
Lars se acercó a Kirk y se sentó sobre el escritorio, empujando todo lo que había en este. Posó su pierna entre las del contrario para que no se moviera su silla y lo acercó tomándolo de su corbata, quedando a poca distancia entre sus rostros, ambos sintiendo la cálida respiración del otro. En ese momento Kirk pudo regresar en sí y ver la increíble pose en la que estaban, era una locura. Lo deseaba.
Se quedaron viendo por unos cuantos segundos hasta que el castaño decidió acercarse más, listo para cortar esos pocos centímetros de distancia. Kirk se puso nervioso, pero esperó aquellos finos y rojizos labios, por fin lo que tanto quería se iba a cumplir.
Ambos entreabrieron sus labios, pero el sonido de la puerta siendo golpeada en seguida abierta interrumpió ese momento de suspenso. Se separaron con rapidez, aunque Lars no tuvo tiempo de bajarse del escritorio.
-¿Interrumpo algo? -Por suerte era James, el secretario del castaño. Pudo ver como los dos hombres se ponían rojos de la vergüenza.
Quería burlarse de ambos, pero por las noticias que llevaba tenía que ser serio. La empresa podría estar en riesgo de fraude. Y uno enorme.
-No, ¿qué necesitas? -Tomó a Lars de la muñeca y lo obligó a bajarse. El ojiverde rodó los ojos, su compañero le había frustrado su plan.
Aclaró su voz antes de hablar. -Bueno, tenemos problemas. Se lo iba a consultar primero a Lars, pero no estaba en su oficina. -Rascó su nuca, aún recordando lo que había visto hace unos segundos.
-Bueno, cuéntame sobre el problema. Toma asiento. -Recargó sus codos sobre su escritorio, poniendo demasiada atención. Los problemas no estaban permitidos en su empresa y menos que ahora comenzaban a crecer como una.
Estuvieron hablando un buen rato sobre aquel problema que resultó ser una simple confusión del sistema, en realidad todo iba bien y sin algún fallo que lamentar. Aunque lo de las ventas ilegales sí eran reales y eso podría dañarles su reputación si es que las vendían en mal estado.
El trío dió unas buenas propuestas para arreglar eso y al final la ganadora fue la de Lars, quien siempre era el encargado de lidiar ese tipo de situaciones todo el tiempo. Por algo era la mano derecha de Kirk y el castaño se sentía superior ante los demás empleados que no eran sus amigos.
Al finalizar su pequeña reunión inesperada, James caminó hasta la puerta despidiéndose de su jefe. Salió de la habitación, no sin antes gritarle a Lars, quien le había tomado la mano a Kirk para tratar de llegar a lo de antes pero al ser nuevamente interrumpido se retiró atrás de James con una cara larga. Maldijo a su amigo en todo el trayecto hasta sus oficinas.
-¿No ves que ya estaba a punto de hacerlo? -Se dirigió hasta su escritorio, tomando algunos papeles sobre la compra y venta ilegal que había dejado tirados en toda la mesita. Sabía que Kirk estaría solo y podía tomar esa excusa para verlo, no terminó como esperaba, pero al menos había avanzado.
-Sí, por eso mismo te llamé. -Se sirvió un poco de agua caliente para después ponerle una cucharada de café y leche. No le importaba que ellos fueran casi algo, es más, hasta se sentía bien al verlos juntos, pero no le gustaba que no se consiguieran un lugar más íntimo. Media empresa los había visto en medio de algo y algunos hasta se molestaban.
-Vamos, sabes que jamás me invitaría a salir. - Se sentía mal, eso era lo único malo de su querido jefe. Meses antes, en un festival, había dicho que nunca tendría una relación amorosa con nadie, fuera hombre o mujer. Su única excusa fue que debía cuidar la salud mental de los dos.
-Tal vez tengas suerte. -Le guiñó el ojo, dándole un pequeño sorbo a su café. Debía conseguirle una cita lo más pronto posible, era obvio que ambos se deseaban así que no podría ser muy difícil. Se encargaría esa misma tarde de hablar con el morocho.
-Lo dices solo para animarme. -Se cubrió el rostro con sus delgadas manos, abrumado por el simple hecho de nunca ser invitado a alguna zona más especial.
James rió suavemente, ya no debía hablar sobre el tema porque sino se distraerían y perderían el tiempo hablando de algo nada importante. Debían hacer crecer los números de la empresa, mejorar la calidad de las guitarras, entregar a tiempo, hacer citas a quienes quieran unirse y compartir nuevas actualizaciones en sus redes oficiales.
-
Pasaron las horas, Lars debía ir a ver una de las tiendas para ver si todo iba en orden, cambiar algunas cosas que no le gustaran y (mayormente se trataba del vestuario de los vendedores) hacer que el ambiente del lugar sea acogedor y agradable. James tomaría esa oportunidad para ir a hablar con su primer superior, sinceramente tenía miedo de que algo saliera mal.
-Me voy, cualquier cosa me llamas a mi celular. -Recogió las llaves de su carro de un pequeño cajón.
-Seguro, con cuidado. -Dejó de ver su computadora por unos segundos y regresó a lo suyo.
-Revisas mis citas y también quiero que hagas una reservación con Mustaine en el restaurante más caro, tiene muchas ideas que dar para las próximas guitarras limitadas. -Recibió un suave tarareo de parte del rubio.
Lars salió apurado de la gran oficina, si seguía dando instrucciones llegaría demasiado tarde y no tendría tanto tiempo para regañar empleados. Aunque no fuera conocido como un segundo superior sabían que él podía causar su despido y dejarlos con una mala reputación como para que nadie los aceptara en alguna otra empresa, y ni hablar de su carácter cuando se molestaba.
James esperó al menos unos 10 minutos, había veces en las que Lars olvidaba algo y tenía que regresar con prisa, temía que fuera sospechar un poco su ausencia, pues siempre estaba metido en su oficina.
Al terminar ese tiempo se levantó de su cómoda silla y salió de ahí. Caminó por los largos pasillos hasta llegar a la oficina de su jefe, su mano tembló al alzarse para tocar la puerta. Su propuesta sería muy atrevida de su parte y no quería que pensara mal de él.
Un suave "pase" se escuchó al otro lado de la puerta, tragó saliva, no estaba preparado para eso. Quería ayudar a Lars en su amor casi imposible, pues veces atrás el castaño le había ayudado de varias maneras, debía devolverle el favor aunque Lars jamás se lo haya pedido. Abrió la puerta con lentitud, el sonido de esta rechinando lo puso ansioso, pero no más que la vista del moreno clavada en él.
Al entrar cerró de la misma manera la puerta, realmente necesitaba tiempo para pensar en las palabras que iba a sacar. Se quedó mirando sus pies, ya no había vuelta atrás.
-¿Sí? -Al escucharlo dió un brinco, su voz se escuchaba más seria de lo normal, no como hace horas.
-Venía a hablar contigo. -Tartamudeó, de alguna manera la mirada de Kirk lo hacía estremecer de miedo, aún si no había hecho nada malo. Volteó a verlo, pero rápidamente desvió su mirada.
-¿De qué se trata?
-Sobre... -Lo pensó unos segundos más, pero ahora estaba atrapado. -Lars. -Terminó de decir, para después jugar con sus dedos, mostrando su incomodidad.
-¿Ahora qué hizo? -Masajeó sus sienes, minutos atrás había tenido una plática que lo había puesto de mal humor como para hablar de más cosas serias.
-Nada, es sobre su relación... -Sus mejillas se ruborizaron por la vergüenza mientras lo señalaba, rezaba por qué no le dijera metiche por tal comentario.
-Dime. -Notó como su aura pesada ponía incómodo a James, así que trató de hablar más agudo y agradable. Lo menos que quería era incomodar a uno de sus empleados por sus insignificantes problemas.
Lo invitó a sentarse frente a él, dispersando aquel ambiente que a cualquiera le daría miedo.
-Bueno, ¿usted podría invitar a Lars a cenar?
Kirk abrió los ojos como platos, demasiado sorprendido por la petición de su empleado. Sabía que le gustaba a Lars, pero no al grado de pedirle a su secretario sacarle una cita. ¿Acaso era un cobarde?
-No, no debió pedirte esto. -Se cruzó de brazos, un poco indignado. Nunca creyó que Lars fuera así, simplemente no lo podía tolerar.
-¡No!, esto va de mi parte. -Kirk debía creerle, pues siempre que Lars le pedía citas con él era por únicamente cuestiones de trabajo y no por temas personales, el castaño no era del tipo de combinar situaciones como esas. Lars podría ser muy fastidioso al insinuar cosas con su jefe pero jamás lo haría justo ahí.
-¿Y eso por qué? -Preguntó, ladeando su rostro. Estaba muy confundido, James era un chico muy curioso, casi nunca hablaba con él como para saber el por qué hacía eso por Lars. Supuso que tenían un fuerte lazo de amistad o algo así.
-Bueno, últimamente habla mucho de usted y se siente muy mal al saber que jamás querrá algo sentimental con él. Es por eso que le vengo a hacer esta petición algo atrevida. -Suspiró. -Lars, para mí, es un mejor amigo y me ha ayudado mucho, como cuando me recomendó para trabajar aquí. Estaba en deuda con él aunque no me lo haya pedido. -Una pequeña sonrisa se posó sobre su cara, apenado por aquella confesión.
El morocho se sintió conmovido por tales palabras, eso le hizo pensar que tal vez podría intentar algo con Lars. Sabía que no era cualquier chico, pues sobresalía de todos los que había conocido y tenía una gran belleza. Definitivamente lo haría, también por James, era increíble que le tuviera tanto respeto al castaño, una amistad así no se veía en cualquier parte. Lo respetaba.
-Está bien, igual me interesa bastante. -Sonrió ampliamente, no estaba mal probar algo que tanto había anhelado probar. Lo haría suyo en todas las formas permitidas en la tierra.
-¡Gracias!, solo no le diga que yo se lo pedí. -Jugó nuevamente con sus dedos, hasta que recibió un lindo "No te preocupes" del moreno. La felicidad inundaba aquella habitación que al principio la reinaba un aura pesada y la poca iluminación la hacía ver muy tétrica.
Los ojos de James se iluminaron, lo había logrado. Sólo tenía que esperar a que todo fluyeron con normalidad. No podía esperar por ver a ambos juntos, pues lo deseaban.