El Heredero

Summary

Tras la muerte de los señores Inui y al no contar con herederos para dejarles su fortuna, muchos tienen la certeza de que la fortuna pasará al hermano menor del señor Inui, sin embargo todo toma un giro inesperado al descubrir que al parecer si hay un heredero. Las cosas no saldrán tan fácil como se espera y ahora se debe buscar a este heredero perdido y comprobar que efectivamente sea él.

Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1


Muchos dirían que este día sería perfecto para salir, un día brillante con las nubes creando una agradable sombra y un clima más que indicado para no morirte en tu propio sudor. Sin duda era de esos días donde solo querías relajarte, ir a la casa de tu amigo o salir a hacer un pícnic tranquilo en los pastos verdes. Sin embargo, para algunos hacer algo tan simple como tener un día de pícnic incluía detallitos que complicaban la tarea, por esa razón Seishu de Parga y Chifuyu Matsuno esperaban pacientes su oportunidad a las afueras del rancho del viejo amargado.


— ¿Traes la canasta? — la semana pasada el idiota la dejó olvidada


— Claro que la traje — hasta la duda le ofendió, Seishu creía que él era un idiota, ja


— Que bien ya que yo no la volvería a traer…


— ¡solo se me olvidó una vez!


— Shh!! Cállate, te escuchará — y el plan se echa a perder


El plan era simple, entrar con sigilo, llegar a los establos, subirse a un caballo, de preferencia Sandy, era la preferida del rubio, y así de fácil escaparse del rancho subidos en el caballo e ir hasta el valle para hacer el mejor pícnic del mundo, fácil. Seishu entró, se le hizo fácil llegar a los establos, se notaba que ya había agarrado experiencia robando caballos.


— Rápido, nos van a atrapar —le tenía miedo al señor Héctor, dueño del rancho y viejo amargado


— ¡no me apresures Chifuyu!


— ¿Perdiste el toque? ¿Ya no puedes domarlos? — preguntó con intenciones de burla y reto, Seishu solía apresurarse más cuando sentía que lo que estaba haciendo era una clase de competencia


— Ja, dame 1 minuto y este amigo será más manso que tu papá bajo los efectos del alcohol


— ¿Qué? >:v


Se escuchó la risa de Seishu y no tardó mucho para que también se aventará a la acción, ya estaban dentro, ya tendrían el caballo, a este punto nada mal podría salir.


La puerta fue tocada varias veces hasta que una mujer de largos cabellos castaños fue abrir.


— Oh señor Héctor, je, qué sorpresa… ¿Qué lo trae por aquí? — en este lugar sin lugar a dudas no existía un señor más amargado y cascarrabias que este y ahora mismo la expresión que tenía en el rostro no hacia esfuerzo en decir lo contrario


— Señora Elena — mantenía el ceño fruncido y la cara de pasa arrugada — le traigo a estas plagas — señaló con su dedo pulgar a los dos rubios atados con una cuerda y más aparte el más pequeño iba con la canasta en la cabeza


Elena vio a su hijo y al pequeño Chifuyu, solo pudo suspirar con pesadez y darles una rápida mirada de reprimenda, era obvio que algo habían hecho, esos dos parecían un terremoto al estar juntos, era increíble la facilidad con la que se podían meter en problemas y tenía que ser justo con ese viejo


— ¿y ahora que hicieron?


— Se estaban robando mis caballos ¡¡otra vez!!


Ambos rubios estaban bien calladitos, ninguno se atrevería a negar algo que se sabía de sobra era cierto.


— Ya veo, le aseguro que…


— No, no me asegure nada, ¡si yo vuelvo a encontrar a estas pequeñas plagas de nuevo en mis establos se los daré de comer a mis cerdos! Seguro les encantará el sabor del pequeñín


— El pequeñín es Chifuyu — dijo Seishu, nomás para que quedara claro


— Silencio jovencito — sentenció la mujer, y justo a tiempo para evitar que iniciara una pelea entre ambos chicos justo en este momento — ay señor Héctor que pena con estos niños, yo les daré un castigo apropiado


El hombre mayor seguía con su cara de estreñimiento aun cuando dio media vuelta y aun cuando les hizo una señal a los niños de que estaría vigilándolos, también la tenía cuando salió del terreno de esa casa.


— ¿Están bien? ¿Él no les hizo daño? — en cuanto la figura del hombre se perdió, de inmediato ella se acercó para desatarlos.


Ambos chicos negaron y la mujer dio un suspiro de alivio, aunque casi al instante la cara le cambió al fruncir el ceño


— ¡¡los voy a dejar peor que un pollo en puesto de mercado!!


Y los vecinos escucharon el grito de ambos jóvenes acompañado de los regaños de la señora Elena, algo que ya era de lo más común en esa pequeña aldea, era el pan de cada día, los cantos de cada tarde o noche, dependía la hora en la que esos dos fueran atrapados haciendo sus travesuras.



Llegó la noche y Seishu aún seguía con dolor en las pompis y la espalda, todo por querer hacer un día de campo


— Eiker… tu hijo este día intentó robar


Seishu y Chifuyu se vieron entre sí, aunque casi de inmediato Chifuyu volteó hacia otro lado. El rubio frunció el ceño dejando mostrarse ofendido por lo chismosa que había salido su madre, no había necesidad de contarle a su papá. El hombre de cabellos castaños parecía zombie viviente viendo su programa en la televisión


—¡Eiker! — vio a su esposo sobresaltarse y bajarle volumen a la televisión casi de inmediato


— Mamá déjalo ver su programa


— Tú te callas jovencito que este incidente ya es el cuarto esta semana y apenas vamos a martes


— ¿y ahora que hizo?


— Tu hijo se quiso robar un caballo ¡otra vez!


— No lo iba a robar, solo lo iba a tomar prestado, ¡luego lo devolvería! — ¿Por qué tan poca confianza para con él? — además no fui solo yo — vio de reojo como Chifuyu se le quedó viendo con cara de pocos amigos


— ¿por qué no lo piden prestado? — Preguntó el padre. ¿No era más fácil pedirlo prestado a estarlo robando?


— Es que no le caemos bien al viejo… — comentó Chifuyu


— Normal, si se la pasan robándole sus caballos


— No es eso, es que no nos quiere :v


Seishu asintió ante las palabras de su amigo quien con toda la confianza del mundo agarró un plato de comida y se fue a sentar a la sala donde ya estaba su padre


— Ay me pregunto ¿por qué será? — Preguntó Elena con claro sarcasmo en su tono de voz. La semana pasada el señor Héctor había puesto queja de que Seishu y Chifuyu pusieron pegamento en su sombrero, otro día habían pintado la puerta de su casa con color naranja, ¡todo el mundo sabía que el señor detestaba el color naranja! Hubo otra vez dónde esos dos le escondieron la dentadura debajo de la almohada y hubo otra ocasión donde le ataron los cordones de los zapatos juntos, eso sin mencionar la infinidad de veces donde tomaban sus caballos “prestados”, oh y sin olvidar los incidentes y encuentros que el señor había tenido con la mascota de Seishu. — Ese pobre hombre desde que vino a vivir aquí, ya no vive, sobrevive a ustedes dos.


Seishu y Chifuyu solo se dedicaron una mirada cómplice y se guardaron la risa para ellos, siendo más que conscientes de las cosas que habían hecho, pero que no aceptarían.


— Bueno, habiendo resuelto esto — Eiker volvió a subir el volumen de su programa ganándose una mirada de reprimenda por parte de su esposa, pero también las sonrisas del par de bribones ya sentados juntos listos para comer y disfrutar de esa noche


— Señora Elena, ¿hay más jugo?


Elena solo se resignó a la ternura del rubio más pequeño y le señaló la jarra que estaba sobre la mesa de la cocina. Chifuyu se levantó para ir por ella en cuanto hubo corte comercial en el programa que estaban viendo.


— Este niño ya deberíamos adoptarlo, pasa más tiempo aquí que en su casa :v —comentó el señor Eiker mientras cambiaba el canal. Con ese comentario les sacó unas cuentas risas a su esposa e hijo. — no, enserio ¿a qué hora vienen por el chamaco? ya mucho es alimentar a Seishu


A Seishu le cambió la expresión al instante y Chifuyu volvió de la cocina con la jarra de jugo. El señor Eiker se acomodó mejor en el sofá cuando en eso la mala señal interrumpe su momento de paz


— ¡Ay por favor! ¿Para qué pago está porquería? >:v ¡no se ve un carajo!


— Jaja espera papá, yo lo arreglo — se acercó a la tele para darle un madrazo, de esta forma logró mejorar un poco la señal


— Ja, ¿ves mujer que a golpes si hacen caso? — sintió el zape que le dio su esposa en su cabeza.


— Yo paso pegándole a estos dos y míralos, ¡cada vez se ponen peor! — comentó la mujer


Ambos rubios de forma instintiva pusieron sus ojitos de cachorro, caritas de nenes que no rompían ni un plato. En eso la voz de un noticiero llamó la atención de ambos chicos, lo suficientemente atrayente hasta para llamar la atención de ambos padres.


“— Sí, una verdadera tragedia, Lizz. Eran aún muy jóvenes —la voz del presentador resonó en la pequeña sala de la casa—. Como acaba de mencionar mi compañera, hoy anunciamos con gran pesar el fallecimiento de dos figuras cuyo apellido ha tenido un enorme peso e importancia en el mundo empresarial, además de pertenecer a una de las familias más adineradas del país. Hoy con mucho pesar nos despedimos de Veilor Inui y Margaret Inui y queremos dar nuestro más sincero pésame a la familia que está lidiando con esta pérdida”.


— ¿familia Inui? — preguntó el más pequeño de la casa


— Una familia de rikillos más del montón — le respondió Eiker a Chifuyu


— ¿No te acuerdas Chifuyu? En clase nos hablaron sobre ellos. La pareja que perdió a su hija en un incendio hace años


— ¡Oh sí! — era malo recordando nombres — auch…


—mírenle el lado bueno, niños, ya están con su hija — volvió a recibir otro zape por parte de su esposa


— No seas insensible


— ¿Qué? Es lo mejor para ellos, ya podrán estar con su hija, además la mayoría de las muertes de los ricos se dan por irresponsables o porque se les ocurrió hacer una estupidez.


— Papá tiene razón, casi todas las historias de tragedias a los ricos que he escuchado son debido a que estaban haciendo una estupidez, como que es requisito estar pendejo para tener plata


— Ni tanto así, si ese fuera el caso, ¿Por qué ustedes tres aún no cuentan con dinero?


Los tres se le quedaron viendo a la mujer con una expresión de tremenda ofensa.


— Bueno, igual da curiosidad a quien le dejarían la fortuna


A raíz de ese comentario dado por el más pequeño, todos se dispusieron a volver a ver la televisión, pero esta se había vuelto a quedar sin señal causando más furia a Eiker que, como cada cena, nunca faltaba su pequeño espacio para quejarse de lo cara que era la factura de la luz y el cable.



El padre del pequeño rubio llegó como a eso de las 8pm para llevárselo a casa, ni siquiera vivían tan lejos de la casa de los Parga.


— Gracias Elena


— No me lo agradezcas Ren, es un placer tener a tu pequeño aquí — sí, desmadrozo y lo que quieras, pero era muy tierno


Chifuyu volvió a poner su expresión más tierna mientras con discreción se acercaba a Seishu


— Aún sigue el plan de mañana de vernos en el cerro, ¿cierto? — preguntó en voz baja


— Obvio — susurró y vio al más pequeño sonreír


Finalmente, Chifuyu y su padre se van mientras eran despedidos por Seishu y su madre.


— Ahora tú ve a dormir…


— Pero mamá, yo no tengo sueño…


— Ningún pero, agradece que no te he castigado, por ahora —únicamente porque hace dos días uno de los caballos del señor Héctor se comió uno de sus vestidos, se intoxicó y el viejo va y la culpó a ella


Inui de mala gana subió las escaleras para irse a su habitación. Esa noche al rubio le estaba costando dormir, sentía el estómago vacío, si bien se había comido su plato de cena y se comió las sobras que dejó su mamá, eso no evitó que anduviera mordiendo las cobijas por el hambre, hasta que por fin se levantó. Salió de su habitación y fue caminando con cuidado, pues ya estaban todas las luces apagadas y para más, tenía que pasar frente a la habitación de sus padres para poder bajar hasta la cocina.


Lo estaba logrando, pasando desapercibido y en total silencio para no despertar a sus padres. Por su padre no se preocupaba pues tenía el sueño tan pesado que si una bomba caía justo a su lado lo más que haría seria removerse y darse la vuelta sin llegar a despertarse realmente. El problema real era su madre quien tenía el sueño tan ligero como una pluma. Igualmente estaba haciendo su esfuerzo, sin embargo, el escuchar las voces de sus padres lo dejó como pan tieso a medio cruzar el pasillo. Quiso seguir avanzando, aprovechando que seguro estaban distraídos en su plática, sin embargo, algo que sin duda le heredó a su mamá fue lo chismoso, tal vez no le heredó nada físico, pero si el amor y la necesidad al chisme.


Seishu se recostó suavemente sobre la pared, muy cerca de la puerta de madera que no hacía mucho esfuerzo en suavizar las voces de sus padres, por lo que escuchar no suponía un problema.


¿Qué tan mal? — preguntó la mujer


El patrón aún no ha confirmado nada, sin embargo, es obvio que están en la quiebra. Con seguridad despedirán a muchos, lo más probable es que yo este incluido entre esos tantos…


— Eso quiere decir que…


El hombre asintió, despedirían a varios de los trabajadores, por no decir todos y entre ellos lamentablemente estaba incluido Eiker


— Pe..pero, has trabajado ahí por varios años, quizá no


— Aun si no despiden a todo el mundo y entre ellos estoy yo, sin duda el pago no será igual, y sabes que la deuda no se hará esperar…


Con seguridad la deuda se iba a incrementar, este no era el mejor momento para perder el trabajo, a no ser que ocurriera un milagro y Eiker lograra conseguir algo rápido. Esta noticia no le sentó nada bien a Seishu quien hasta el hambre se le escapó por los agujeros del techo. Seguiría escuchando, pero al apoyar su mano en el suelo de madera esta crujió, las voces cesaron y ahí Seishu supo que tenía que hacer retirada táctica. El rubio volvió a su habitación sintiendo un nudo en el estómago, mismo el cual se encargó de quitarle el hambre, increíble como una sola noticia que escuchaste por metiche puede quitarte por completo el sueño, ni siquiera la entrega de notas lo había dejado así.



Al día siguiente tal y como lo habían acordado, Seishu y Chifuyu se encontraron en el cerro, originalmente sería una reunión para planear de que forman le harían la vida imposible al señor Héctor, pero se convirtió en una conversación de lo que Seishu escuchó ayer en la noche.


— Y en resumen ¡papá no puede perder su trabajo!


— ¿de qué es la deuda?

— Ehh… no se


— ¿No eras tú el que estaba escuchando?


— Si, pero solo una parte… además corría riesgo de ser descubierto — y el, con las manos en la masa, no iba a ser descubierto. Miró a su amigo el cual siguió en silencio, él suspiró con pesadez volviendo a sentir ese nudo en el estómago — quisiera que ellos compartieran este tipo de información conmigo, soy desastroso, lo sé, pero por ellos sacaría dinero hasta de las piedras si me pidieran ayuda…


— ¿y si vendemos piedras?


— Mmm no creo que sea un negocio muy rentable aquí, más teniendo en cuenta que las encuentras gratis en todos lados — incluso señaló con la cabeza justo donde ambos estaban sentados, piedras


— Tienes un punto.


— No es que sea un punto, las piedras se encuentran gratis en cualquier lugar


— Si aja. ¿Qué te parece vender limonada?


— Eso solo funciona en las películas gringas, la limonada aquí no es tan popular como para sacar de una deuda…


— Pues no te veo a ti proponiendo algo — se cruzó de brazos sintiéndose ofendido al ver que sus ideas no eran apreciadas.


Seishu se quedó un rato pensando, le gustaba la idea de vender, pero simplemente no sabía que


— ¡ay no se! Sabes que yo reprobé un año, pensar no es lo mío — a veces quisiera que llegara alguien y le dijera, “te quiero regalar un millón de billetes”, ¿Era tanto pedir?


— ¿y si vendemos camisas? ¡Yo puedo diseñarlas! — los ojos se le iluminaron por pensar en sus diseños inspirados en cosas que le gustan


— ¿tu?


—¡si! Sabes que ser diseñador siempre fue mi sueño frustrado…


— El año pasado tu sueño era ser panadero, el antepasado tu sueño era ser mecánico, que ni hablar de tu sueño frustrado se querer ser una bombilla


— ¿Qué acaso no tengo derecho a cambiar de sueño? — además, lo de la bombillo en su cabeza de aquel entonces tenía sentido 


Seishu se la pensó, sentía que pedirle algo mas ya seria joder mucho, más porque no estaba haciendo nada para contribuir, pero es que aún recordaba la camisa que el niño le regaló en su cumpleaños 14 y pues si agradecía el detalle, pero no creía que alguna persona tuviera gustos tan exóticos como para querer comprar los diseños de Chifuyu. Seishu volvió a suspirar con pesadez y se recostó usando sus manos como apoyadero para su cabeza, cerró los ojos sintiendo la fresca brisa venir de todos lados, un ambiente que jamás cambiaría, aunque la sensación en su interior le estaba impidiendo poder relajarse como de costumbre, al final la idea de las camisetas seguía sonando terrible, pero con intentarlo no le harían daño a nadie. 




Continuará