🩸 Confusión 🩸
—¡Styles!
Harry despertó de golpe, sentándose con la espalda derecha tan rápido, que su cuaderno cayó al suelo. Parpadeó algunos instantes, completamente confundido sobre qué lo había despertado de su profundo sueño.
—¡Styles!
—¡Presente! —Recordó de golpe que estaba en clases de química, con la señora Yorkersh, una mujer intimidante, culpable de la mayoría de las lágrimas de los alumnos al terminar el semestre. Era escalofriantemente cruel.
—El director te está esperando en su oficina de manera urgente.
—Sí, señora. —Harry recogió su cuaderno con dificultad y aunque escuchó algunas risas burlándose, las ignoró. Estaba acostumbrado. —Permiso, —dijo colgándose la mochila mientras se lamentaba, porque lo más probable era que reprobara esa clase.
Una vez frente a la puerta de madera oscura, con el nombre del director en letras doradas, suspiró y tomó una gran respiración. Golpeó y espero que le dieran el pase para entrar.
—Adelante, —escuchó decir.
Harry estaba cada vez más angustiado, por más que buscaba motivos en su cabeza, todo parecía estar en orden. Sentía como densas gotas de sudor bajaban por su espalda. —¿Hay algún problema?
—No realmente, —contestó el hombre fornido y muy bien vestido.
—¿Entonces?
En ese momento se escucharon dos golpes en la puerta.
—Pase, —habló con su voz más profunda aún, el director.
Cuando Harry vio a los tres hombres que entraron, se levantó e intentó salir, pero fue detenido.
—Debo irme.
—No te irás Harry.
—¿Recuerdas mi nombre? Eso sí que es conmovedor, —dijo con sarcasmo.
—¡Cuidado con tus palabras! —advirtió el hombre, tan enojado que una arruga acentuada estaba en medio de sus cejas. —Tengo que hablar contigo.
—¿Hay algo que tengamos pendiente, padre? Lo dudo, me voy.
—Gemma está enferma.
Escuchar el nombre de su hermana inevitablemente le provocó interés. No hablaban hace tiempo, pero siempre la quiso mucho. El problema es que su padre podía inventar cualquier cosa para conseguir sus propósitos y esta podría ser perfectamente otra de sus mentiras.
—¿Qué le pasa?
—Ella está en coma.
Harry estaba un poco desconcertado. Gemma siempre fue la favorita de su padre, era quien le daría herederos, nietos verdaderos, no como él que solo era un gay fracasado. Estaba seguro de que había algo más, algo oculto que no le estaba diciendo. Con el dinero que tenía, era probable que ya la hubiesen visto los mejores médicos del mundo.
—¿Y qué tengo que ver con eso? —Preguntó a la defensiva.
—Necesito una muestra de tu sangre. Los médicos piensan que puede haber algo en la sangre de Gemma, y quieren evaluar si también lo tienes, pero en caso de que no sea así, quizás podrías ser el antídoto.
Harry sintió que algo no estaba bien. Su corazón le decía que era mejor arrancar lo antes posible y a toda velocidad, pero se trataba de Gemma.
—¿Y tú? ¿Qué hay de mi mamá?
—No tenemos el gen que buscan y tampoco somos adecuados para una solución. Mira, sabes que no me gustan las explicaciones y esta es una situación delicada. Te ofrezco pagar tu carrera completa a cambio de solo una muestra de sangre.
Harry hizo rápidamente una nota mental. Trabajaba como un animal para poder pagar sus estudios, apenas le quedaba para una pequeña renta y algo para la comida. Le vendría más que bien ese dinero. Pero no terminaba de convencerse.
—Prefiero, en vez de dinero, que te comprometas a dejarme en paz de una buena vez.
—Si es lo que quieres, te lo firmo.
—Eso es extraño, ¿tengo que creerte?
—Lo único que me interesa es que me des esa prueba, y en caso necesario, que hagas una transfusión para tu hermana, y no vuelves a saber de mí. Tengo listo un contrato, entrégaselo Isao.
Harry miró al hombre, era el asistente de su padre desde hace mil años, muy reposado y tranquilo, era japonés. Abrió un maletín y sacó un papel, una sola hoja, con un contrato.
—Siempre tan precavido, —suspiró Harry leyendo.
—El señor Horan está preparado para tomar la muestra, ¿podrías firmar rápido?
—¿Aquí? Debería ir a un hospital.
—Perdón señor Styles, estoy capacitado para tomar una muestra y analizarla de inmediato, solo hace falta una gota.
Harry aún no muy convencido, firmó. Apenas había puesto el último punto, cuando la firma ya estaba siendo evaluada. El señor Horan guardó el papel, mientras sacaba un pequeño aparato.
—Parece uno de esos medidores de glucosa.
—Es algo parecido. Siéntese derecho por favor.
Un pinchazo fue suficiente para el señor Horan. Luego sacó un frasco con un líquido oscuro y mezcló algunas gotas con la sangre de Harry. Apenas 30 segundos después, sonó una alarma y la cara del señor Horan se iluminó.
—¿Entonces? —Preguntó el padre de Harry.
—Es compatible, tal y como usted lo dijo.
—Bien, espero sus noticias el fin de semana.
—Así será señor.
El señor Styles y su asistente salieron sin más despedidas. Solo se retiraron.
—¿Y ahora? —Preguntó Harry, empezando a ponerse nervioso otra vez.
—Es compatible, tenemos un contrato.
—¿Qué? Yo no tengo un contrato con usted, lo tengo con mi padre.
—Por supuesto que no.
—¿Acaso no era la firma de mi padre la que estaba en la hoja?
—No, es la firma de mi jefe, —explicó acercándose con una jeringa.
Harry entró en pánico y gritó mientras intentaba salir, pero había dos hombres gigantes cerrándole el paso, provocándole más terror.
—Señor Styles, no lo haga más difícil.
Pero Harry no podía dejar que le inyectaran esa cosa de color azulado, que quizás qué provocaba. —¡Aléjese!
El grito fue suficiente para el señor Horan, quien con un solo gesto llamó a los guardias.
—Recuerden ser amables, no deben provocarle ningún tipo de dolor ni golpe, a no ser que quieran morir, —dijo tranquilamente.
A pesar de que Harry gritaba con todas sus fuerzas, no pudo evitar que lo inyectara. Alguien alcanzó a tomarlo antes de que cayera al suelo, inconsciente.
🩸 🩸 🩸 🩸 🩸
—¿Ya está aquí?
—Así es señor, en la habitación de al lado, durmiendo.
—Quiero verlo.
—Louis, dudo que sea buena idea, —dijo Niall.
—¡Que quiero verlo!—gruñó Louis.
Niall salió dejando un suspiro, mientras Louis cerraba los ojos, intentando recuperarse. Estaba tan cansado, incluso más que cuando estuvo en la Revolución Francesa, por allá por el año 1789, y eso que fueron más de 10 años de lucha.
Abrió los ojos, que le pesaban como si fueran de acero, al escuchar la puerta. Vio entrar a Niall con un cuerpo en brazos. De inmediato tuvo mucha curiosidad, al notar delicados y suaves rizos que escapaban de la manta donde estaba envuelto.
Niall lo acostó al lado de Louis.
—¿Está bien? ¿Solo duerme?
—Lo tuve que sedar.
—¿Por qué?—Preguntó con inusitada preocupación. Los humanos nunca fueron importantes para él.
—Al parecer, no le informaron, no entendió o no sabía bien de qué se trataba esto.
—Pero firmó un contrato para ser donante.
—Pensó que era otro tipo de acuerdo, uno con su padre, no contigo. Al explicarle se resistió, no tuve alternativa.
—Entonces, él no quiere estar aquí.—Concluyó en silencio.
Estaba harto de tener que comunicarse de esa manera, por telepatía, debido a su salud tan frágil.
—Louis, es compatible, es lo único importante.
—Quiero verlo.
Niall corrió la manta, y Louis pudo admirarlo. Algo se remeció en su interior.
—Es muy bonito, —comentó Niall.
Louis gruñó. —Al primero que se atreva a ponerle un dedo encima, le corto la cabeza,—dijo mirándolo con ferocidad.
—Creo que ni siquiera tienes fuerza para matar a una hormiga, —habló casi con burla, en un gesto que muy pocos hombres se atreverían a tener. Solo todos los años de servicio y la amistad le daban esa libertad.
—Te nombro su guardián. Pon más centinelas, hay que vigilarlo, no podemos permitir que le pase algo.
—¿Guardián?
Louis empezó a reír, pero apenas dos segundos después, su cuerpo se sacudía en un ataque de tos violento.
—Déjame ayudarte. —Niall limpió los restos de sangre de la boca de Louis, y le pasó un vaso con agua. —Debes empezar ojalá ya mismo.
Y Louis sabía que Niall tenía razón, porque a cada minuto estaba más y más débil. No podía caminar, ni sentarse, ni siquiera hablar, y ya pronto, hasta mover un dedo sería demasiado esfuerzo. ¿Tendría la fuerza suficiente para usar sus colmillos?
—¿Vas a querer sangre del depósito o vas a tomar de su muñeca?
—De su muñeca.
—¿Aunque él no esté de acuerdo?
—Está obligado, lo siento pero hay un contrato.
Apenas sintió la piel de Harry bajo su lengua, se sorprendió. Era increíblemente deliciosa, para nada parecida a lo que conocía. Los humanos tenían un desagradable sabor amargo y avinagrado la mayoría del tiempo. Cuando hundió sus colmillos en la suave piel de la muñeca de Harry, entendió que jamás sintió algo parecido. La sangre era más que sabrosa, era suculenta, gruesa, densa, caliente, dulce... Como chocolate caliente con malvaviscos, algo que te reconforta hasta en tu última célula.
Sintió de inmediato cómo recuperaba su fuerza, pero sabía también, que no podía tomar demasiado, porque eso significaba poner en riesgo a Harry.
Sacó sus colmillos, y lamió con cuidado por todas partes, para sanar cualquier herida que hubiese provocado.
—Preocúpate de que coma bien, toda la comida y bebida que quiera, mucha agua, vitaminas, proteínas y alimentos ricos en hierro, —Murmuró con su voz rasposa, ya que hace mucho no podía usarla.
—Lo haré. Por ahora lo dejaré dormir, lo llevaré a su habitación.
Lo tomó en brazos y salió de la habitación de Louis, que sintió algo muy extraño al no tener a Harry cerca, como si le hubieran quitado algo muy valioso.
Unas horas después, Harry despertó completamente deshidratado, estaba muriendo de sed, sentía la boca llena de arena, ni la saliva podía pasar.
Ahogó un grito cuando intentó sentarse, y un brazo lo ayudó a impulsarse, para luego poner muchas almohadas en su espalda. Estaba más que agotado.
—Tranquilo joven Styles, estás a salvo.
—Harry... Soy Harry, —explicó con dificultad, intentando abrir los ojos y tomando plena conciencia de dónde estaba.
Cuando pudo mirar, vio un hermoso vaso lleno de jugo de naranja, tan colorido y tan fragante, acercándose a sus labios. Bebió todo casi de un solo sorbo, deleitándose, era lo mejor del universo.
—No hay apuro, —dijo una voz a su lado, alegre. —Tómate tu tiempo, hay mucho más jugo.
Harry casi se desmaya cuando reconoció al mismo hombre que le inyectó esa sustancia que lo dejó inconsciente. Miró a todas partes, pero no había a dónde escapar, ni siquiera reconocía el lugar que era maravillosamente lujoso, con perfectos pisos de madera, ¿alfombras persas? ¿Muebles Chippendales originales? ¿Del mismísimo ebanista Thomas Chippendale? ¿Tapices de la Edad Media?
—¿Todo esto es original?
—Por supuesto. Mi jefe debe haberlo comprado hace muchos años atrás.
“Mi jefe”. Esas dos palabras le recordaron a Harry el contrato, la prueba de sangre y el sedante.
—Déjame salir...
—No puedo, —contestó el señor Horan mientras servía más jugo.
—¿Por qué no puedo irme? —Preguntó angustiado.
—Firmaste un contrato.
—Me engañaron señor Horan, lo sabes.
—Dime Niall. Y puede ser como dices, pero el hecho es que hay un contrato legal, no tienes opción. Tienes que calmarte.
—¡No quiero calmarme! Por una mierda, me secuestraron...
—Esta es tu casa ahora.
Harry se levantó y corrió hacia la primera puerta que encontró, la abrió con fuerza y solo se detuvo cuando vio una gran cama, y a alguien reposando en ella.
Se quedó mirando, casi sin aliento, cuando vio esos ojos de un azul como jamás imaginó. Eran hermosos, pálidos, brillantes. No eran de este mundo.
—Harry Styles, —dijo Niall, —él es Louis Tomlinson, mi jefe.
—Hola, —saludó Harry. Le llamó la atención que solo recibiera un muy ligero movimiento de cabeza como respuesta. —¿Está bien? —Le preguntó a Niall.
—No, está muy enfermo, por eso estás aquí. Tu sangre es increíblemente compatible con la de Louis; sin ti morirá, su estado es muy grave.
Harry estaba un poco conmovido, aunque muy asustado también. Solo podía sentir la mirada de Louis sobre él.
—¿Por qué no habla?
—No puede, está muy débil.
—¿Qué tiene?
—No es fácil de explicar.
—Hazlo, es lo mínimo que merezco.
—Tiene un trastorno genético, es como si cada día su sangre envejeciera, y lo hace más y más frágil.
—¿Cuánta sangre necesita?
—Lo suficiente para no dañarte.
—Contéstame.
Louis empezó a reír, pero nuevamente fue demasiado esfuerzo, y comenzó a ahogarse. Niall corrió a ayudarlo, y Harry lo siguió. Algo tenía el hombre en la cama que lo atrapaba.
—Está realmente enfermo, —comentó preocupado.
—Jamás te mentiría en algo así.
Harry estaba en una encrucijada. Quería largarse de ahí, recuperar su vida, pero al mismo tiempo no imaginaba dejar a Louis desamparado.
—Mira, no tengo problema en compartir algo de mi sangre, pero tienes que empezar a buscar a alguien más. Tengo responsabilidades que cumplir. —Sus palabras resonaron en su cabeza, miró su reloj y se maldijo. —Necesito un teléfono, tengo que llamar a mi jefe.
—Dile que renuncias.
—¿Estás loco? No puedo, necesito trabajar.
—Vas a ser muy bien recompensado por esto, no te hará falta, —aseguró Niall después de mirar a Louis y asentir.
—No quiero tu dinero. ¿Acaso todos piensan lo mismo? ¿Que pueden comprar todo y a todos?
—¿Tú no?
—Claro que no, no es lo más importante, —dijo indignado.
—Puede que no, pero ayuda mucho, —contestó riendo.
Harry se cruzó de brazos, un poco molesto, un poco fuera de lugar. —No lo sé, no tengo dinero. —Afirmó bajando la mirada, pero volvió a levantarla cuando sintió una especie de gruñido. —¿Tienes algo que decir?
—Eso es ridículo. Conocemos a tu padre, a tu familia hace años, y él tiene realmente mucho dinero.
—Mi padre claro que lo tiene, pero yo no. ¿Crees que si lo tuviera tendría dos trabajos para intentar mantenerme y pagar mis estudios? Soy ridículamente pobre.
—Pero, es tu padre, ¿por qué no te ayuda?
—Me odia, —contestó con simpleza, pero con un profundo odio. —Es mutuo, por algo firmé ese contrato.
—¿Por qué lo hiciste? —Interrogó porque no terminaba de entender.
—Mi mal llamado padre juró dejarme en paz a cambio de que le diera una muestra de mi sangre, porque necesitaba que fuera compatible para ayudar a Gemma. —Sus ojos se abrieron de golpe. —¡Por Dios, Gemma!
—¿Quién?
—Mi hermana, él dijo que estaba enferma, que necesitaba de mi sangre.
—Nunca conocí a ninguna Gemma ni oí hablar de alguien con ese nombre.
—No puede ser, ella está involucrada en todos los negocios de mi padre.
—Prometo averiguar qué pasó con ella, —confirmó después de mirar a Louis.
—Gracias, —dijo más aliviado mientras pasaba sus manos por su pelo cada vez más largo. Le llegaba bajo los hombros, su mamá se desmayaría si lo viera. Su mamá. —¿Hay un teléfono? Tengo que llamar a mi madre, ella me puede decir qué pasa con Gemma, siempre que esté sin mi padre cerca.
—¿Tu padre se molestaría?
—Claro, no tengo autorización para llamar a esa casa.
—¿Tu madre es violentada? —Preguntó Niall furioso.
—Claro que no, eso dejaría marcas y alguien podría sospechar y dañar su excelente reputación.
Niall se río, más tranquilo. —Pude notarlo. ¿De verdad firmaste un contrato solo para dejar de verlo?
—Me comprometí a dar mi sangre si me dejaba en paz de una buena vez.
—¿Si entiendes que el contrato nunca fue entre ustedes?
Harry miró al hombre en la cama, ¿qué tenía que le provocaba entregarle todo lo que era? —Sí, lo entiendo.
—Louis está pagándole a tu padre cinco millones de euros por esa firma.
La boca de Harry cayó. —Es una broma.
—No lo es. Le pedimos ayuda para encontrar un donante a cambio de dinero.
Harry caminó unos pasos, intentó sentarse pero falló su cálculo y aterrizó en el piso. Cuando pensó que su padre no podría herirlo más, lo hacía de la peor manera. —Me vendió...
Louis escuchó el dolor palpable en la dulce voz de Harry y le carcomía el alma. Sabía que se acostumbraba a comprar donantes, pero él había exigido un contrato que dejara claro que el donante estaba dispuesto a hacerlo por su propia voluntad.
—Ayúdalo Niall,—pidió Louis, impulsándose lo mejor que pudo en la cama.
Niall se acercó, lo levantó y ayudó a sentarse. Harry parecía muy afectado.
—Dile que el contrato quedará nulo. —No podía soportar la palidez de sus mejillas, se le apretaba el pecho de angustia.
Niall lo miró casi molesto. —¿Estás loco? Lo necesitas.
—No así, habrá que encontrar a alguien más.
—Sabes que llevamos meses buscando y ahora ya no hay más tiempo.
—Solo dile.
Niall parecía querer protestar, y Louis lo adivinó, por lo que lo siguió mirando hasta hacerlo perder un poco el equilibrio.
—Harry, Louis no quiere que estés aquí.
Harry abrió la boca sorprendido y miró alternadamente a Niall y a Louis. —Él no dijo ni una palabra, tú no hablaste, tus labios no se movieron...
Louis sonrió levemente. —Dile.
—Podemos hablar telepáticamente. —Harry parecía más asombrado aún. —Tenemos un vínculo especial, hemos estado juntos mucho tiempo.
Harry se sonrojó, y miró hacia el suelo. —¿Son amantes?
Niall se carcajeó con ganas, casi cayendo al piso. Louis solo negó. Niall era casi su hermano, nunca lo miró de otra manera, es como si fuera una mujer, no podría interesarle.
—No Harry, —habló por fin Niall. —No lo somos, ni lo fuimos ni lo seremos, pero llevamos siendo amigos por un tiempo muy largo.
—Entiendo, —dijo mirando ahora a Louis. —¿Por eso no puedo oírte?
Louis asintió.
—Entonces Harry, Louis no quiere que estés aquí.
—¡No dije eso! —protestó Louis.
Vio a Harry levantarse y caminar hasta sentarse en la cama. —El problema es entre mi padre y yo, no tiene nada que ver contigo. Voy a cumplir con el contrato que firmé.
—Dile que no, me niego a tener un donante que está aquí por un engaño, en contra de su voluntad.
Niall rodó los ojos, cansado. —Es solo un humano, ofrécele más dinero, pagar sus estudios, algo así.
—Me parece que no está interesado en el dinero, Niall.
—Es solo un humano,—replicó.
—¡Suficiente! —Gritó en voz alta.
Notó su error cuando vio a Harry correr atemorizado, temblando, escondido detrás de un mueble. Para empeorar todo, ese grito acabó con su poca energía. Se desplomó en la cama, cerrando los ojos porque ya ni siquiera aguantaba la poca luz que se colaba por la ventana. Le dolía la cabeza de una manera espantosa.
—¿Louis? —Susurró Niall. —Ocupaste toda tu fuerza.
—¿Necesita sangre? —Preguntó Harry, y Louis abrió sus ojos, preocupado.
La cama se movió un poco cuando Harry se sentó y le tendió el brazo. —No sé cómo se hace, pero puedes tomar lo que necesites.
A Louis le impresionaba el sentido del honor que estaba demostrando Harry, a pesar de poder sentir el miedo en su cuerpo, estaba tratando de ser valiente.
—Pregúntale si está seguro Niall.
—Louis quiere saber si estás seguro, Harry.
Harry extrañamente se sentía emocional, resignado, incluso un poco triste y Louis podía notarlo, pero Louis no estaba acostumbrado a las emociones humanas.