Toda una vida (TRILOGÍA DESTINO #3) (2014)

All Rights Reserved ©

Summary

La amistad de la infancia entre Nerea y Dan era una promesa, un vínculo tan fuerte que parecía imposible de romper. Pero los vicios de Dan no sólo lo destrozan, sino que le roban a Nerea la seguridad de un hogar, obligándola a dejar todo atrás. Cuando sus caminos se cruzan de nuevo, ya no son los niños que se lo daban todo, sino dos extraños marcados por el dolor. Él ha luchado para dejar atrás su pasado y ella no ha tenido un camino fácil. Este no es un reencuentro, es una lucha por el perdón. A medida que el pasado los envuelve de nuevo, la amistad que creyeron perdida se revela como un amor silencioso y eterno ¿Podrán ambos dejar atrás las heridas del pasado para sanar juntos y construir un futuro?

Status
Complete
Chapters
30
Rating
4.0 1 review
Age Rating
18+

CAPÍTULO 1

—Os declaro marido y mujer—dijo el sacerdote.

Todos estaban muy contentos por fin, tras años de haberlo pasado realmente mal, Andrea había encontrado al hombre de su vida y finalmente, acababan de casarse.

—Quita esa cara hombre, por fin tienes un padre ¿Es que no estás contento?—preguntó la niña a su amigo.

—Sabes que no me gusta. Nunca me gustó, pero nadie me hace caso, tú eres demasiado pequeña para darte cuenta.

—¿Pequeña yo?—la cría le propinó un codazo a su amigo—Sólo eres un año mayor que yo, tengo siete años, ya soy mayor.

—Y yo ocho y se más de la vida que tú—le sacó la lengua, pero no le dio tiempo a nada más, la niña lo tiró al suelo clavándole su fría mirada.

—¿Ves? Sabes que yo siempre gano Dan, siempre—se dio media vuelta y se fue, pero su madre que lo vio todo la interceptó.

—¿Por qué lo has empujado, Nerea?—Lucía miraba a su hija muy enfadada.

—Se lo merecía mamá, de verdad que sí—la niña estaba al borde del llanto.

—No importa lo que haya pasado, ve y pídele perdón—al ver que no se movía la empujó con la mirada, finalmente se puso en marcha.

—Dan—él no quería ni verla, siempre estaba igual, cuando algo no le gustaba se limitaba a pelear. Pero él jamás le pegaría a una niña, eso no estaba bien—Mírame, que vengo a pedirte perdón. Se que estás enfadado con todo lo del marido de tu madre, lo siento, no debería haberte empujado—se quedó esperando respuesta y viendo que su amigo no le decía nada se fue hacía su padre, llorando a lágrima viva.

—Espera Nené…—dijo el niño—Vale te perdono.

—¿De verdad?—Dan asintió—Gracias… Por eso eres mi mejor amigo y te quiero mucho—ella se fue acercando hasta él, eso sólo podía significar una cosa.

—¡No Nené, besos no, que no me gustan!—fue inútil el esfuerzo, ella lo hizo igualmente.

—Podemos ir a jugar ya. Jugaremos al escondite—decidió Nené.

—¡Pero yo quiero jugar al fútbol!—se quejó Dan

—Y yo al escondite, voy a ir a buscar a Angy y Julia, tú sabrás lo que haces.

—Vale—dijo el niño resignado—Jugaremos al escondite.

Angy y Julia, eran las hijas de Clara y Dani, tenían seis y cuatro años respectivamente.

Ariadna y Aitor se habían convertido ya en un par de adolescentes. Ari acababa de cumplir los dieciocho y estaba en la universidad. Para no perder el linaje de la familia decidió estudiar medicina. Era idéntica a su madre cuando era joven, tenía cara angelical y era bastante menuda, parecía que si se caía se iba a romper. Aitor era un mar de hormonas de catorce años, bastante rebelde y contestón, pero tenía un corazón de oro. Se estaba convirtiendo en un chico muy guapo con su pelo rudo y desordenado y sus ojos negros tan penetrantes. Ambos estaban de acuerdo con que su madre rehiciera su vida, sobre todo Ari.

En cambio, a su hermano costó que quisiera conocer a Miguel, pero cuando lo hizo se dio cuenta de que amaba a su madre. Con el benjamín de la familia fue difícil, nunca lo aceptó y ahora que quería ser como un padre para él, lo odiaba.

Todos pensaron que era por celos, siempre había sido muy mimado por su madre y era normal que el niño se mostrara reacio, pensaron que ya se le pasaría.

Lucía y Álex sólo tenían a su pequeña Nené, intentaron en varias ocasiones darle un hermanito, pero no hubo suerte. Habían pasado casi ocho años y su amor seguía como el primer día, intacto.

Dan y Nerea eran amigos desde que tenían memoria, a ratos se peleaban y a ratos estaban juntos. La pequeña Nené era muy pasional tanto para pelear, como para ser cariñosa. Era una niña hermosa, tenía los mismos ojos de Lucía y el carácter de su prima Clara. Su pelo era negro, como el su tía fallecida. Era una mezcla de todas las mujeres de su familia, y a todos los traía por la calle de la amargura. Era un trasto.

Dan sin embargo ya no era la viva imagen de su tío, se parecían mucho pero ya no era igual que cuando era pequeño. Su pelo era rubio claro, como el sol y sus ojos del color del cielo, era un buenazo, siempre se dejaba manipular por Nené y a menudo pagaba por culpas que no eran suyas. Pero cuando no estaban juntos, la echaba de menos, ya que sus hermanos no le hacían mucho caso y su madre casi que tampoco, sólo tenía ojos para su ya esposo y su hija.

—Dan, ven aquí—Andrea llamó a su hijo para que se hicieran una foto todos juntos, incluyendo a la insoportable de Bárbara, la hija de Miguel.

—No quiero hacerme fotos, me quiero ir a casa ¡Ahora!

—Pensaba que ya no eras un bebé Dan, hemos hablado de esto, tienes que aceptarlo.

—No soy un bebé, no me gusta esto y no me gusta él—dijo señalando a Miguel—Me voy a casa de Nené.

Andrea no pudo hacer nada, le dolía mucho que su hijo pensara que no lo quería, que lo había sustituido. Había hablado con él muchas veces, pero el niño no entraba en razón, incluso insinuó que se iría a vivir con su padre, al cual ni conocía.


Siete años después…

—¡Déjame en paz! Tú no eres nadie para decirme lo que debo hacer, no eres mi padre—Dan estaba furioso con Miguel.

—¡Cállate ya Daniel!—gritó Andrea, odiaba aquellos enfrentamientos—¿Te pones así por un simple consejo?

—No es un consejo. Cree que manda en mí y se equivoca, la única que tiene derecho a decirme algo eres tú y no lo haces—le dio una calada a su cigarro.

—Yo sólo te he dicho que eres demasiado joven como para hacerte daño con esa porquería, no tenías que ponerte así—Miguel intentaba que se calmara sin éxito.

—Eres un estúpido Dan—dijo Bárbara, le encantaba meter cizaña—Papá tiene razón.

—Cállate Barbie loca, que tú precisamente no eres una santa ¿Le has contado ya a tu papaíto con quién te revolcaste el sábado pasado?—Bárbara se puso blanca—Todo el instituto lo sabe, pero tu padre piensa que eres una blanca palomita.

—¡Eso no es cierto! Papá no le hagas caso, todo es mentira—le dijo lloriqueando, sabía que sólo así la escucharía.

Todos empezaron a hablar al mismo tiempo. Dan odiaba a Miguel y Bárbara, desde que ellos llegaron, empezó su desgracia. Finalmente se hartó y salió de casa.

Nerea estaba en la biblioteca haciendo un trabajo que se suponía que tenía que hacer con Dan, pero como siempre, no apareció. Él había repetido curso así que ese año estaban en la misma clase, a la hora de hacer trabajos, supuestamente lo hacían juntos, pero normalmente le tocaba a ella hacerlo y él sólo ponía su nombre.

Era su mejor amigo y quería ayudarlo. Lo dejaba copiar sus deberes y sus exámenes para que no perdiera otro curso, pero en cualquier momento metería la pata, ella lo sabía. Estaba tan concentrada que no vio quién acababa de llegar.

—Sabía que estabas aquí—dijo burlón—Mi dulce cerebrito—la besó en la mejilla—¿Cómo va nuestro trabajo?—se sentó enfrente de ella.

—Hola—se quitó las gafas que usaba para estudiar—Pensaba que no ibas a venir ¿Vas a ayudarme a hacer esto o sólo vienes de paseo?

—Venía de paseo y para hablar un rato contigo ¿De qué es el trabajo?—preguntó quitándole un libro gordo.

—¿Te suena la Guerra de Sucesión?—él negó con la cabeza—Ya sabes el tratado de Utrecht y todo eso…

—Mmm no, no me suena ¿Para cuándo es?—preguntó ojeando el libro.

—Para mañana, ya casi está, supongo que esta noche lo terminaré ¿Quieres saber más o menos lo que llevo?

—No, me fio de ti cerebrito, tú sólo dime donde firmo—sacó su sonrisita burlona.

—¿Sabes qué?—recogió los libros—Empiezo a pensar que todos tienen razón, soy una estúpida que siempre te saco las castañas del fuego y ya me estoy hartando.

—Pensaba que yo tenía más crédito que todos—su sonrisita se esfumó de repente—Eres mi amiga se supone que tienes que ayudarme. Quienquiera que te haya dicho eso, no tiene ni idea.

—Mi padre sabe por qué lo dice. Últimamente no das ni un palo al agua, te comportas muy extraño y a él…—hizo una pausa para respirar hondo—No le hace ninguna gracia que sigamos siendo amigos. Mis padres te conocen, te adoran y saben que antes eras un buen chico, pero en el último año has cambiado mucho Dan y tienen miedo a que me deje llevar por ti.

—No sabía que me tenían en ese concepto…—le dolieron aquellas palabras y más viniendo de ellos—Jamás te arrastraría, nunca. Que yo haga ciertas cosas no significa que tenga que arrastrarte conmigo. Supongo que Álex tiene razón, no te convengo…

El joven salió de la biblioteca más afectado de lo que creía. Su mundo se estaba desmoronando, pero ella siempre estaba a su lado. Tenía razón, en los últimos meses se estaba portando fatal en casa, había empezado a fumar y a beber, entre otras cosas que creía que todo el mundo ignoraba. En el instituto no aprobaría nada de no ser por Nerea, era a la última persona que le haría daño.

Se habían apoyado mutuamente en sus peores momentos, pero sabía que se estaba aprovechando de ella, debería disculparse. Cuando se dio la vuelta y dobló la esquina se chocó con alguien y empezó a maldecir hasta que se dio cuenta de quién era.

—¡Deberías mirar por dónde vas pedazo de melón!—gritó la chica mientras se levantaba del suelo.

—Lo siento Nené no sabía que eras tú. Venía a decirte que tienes razón en todo lo que me has dicho, soy un desastre, te ayudaré a terminar el trabajo de la guerra de Selección.

—Sucesión—le golpeó el brazo en señal de que estaba perdonado—No eres un desastre es sólo que no estás atravesando por un buen momento. Cuéntame que ha pasado ahora.

—Por eso te quiero, no hace falta que te diga nada para que sepas que me pasa algo—le revolvió el pelo.

—No seas pelota—le sonrió—Te va a tocar terminar el trabajo en mi casa. Por cierto, yo también te quiero…Te quiero matar quiero decir.

Él le contó su enésima pelea con Miguel mientras Nerea intentaba tranquilizarlo y convencerlo de que no era tan malo. La suerte que tenía era que solía hacerle caso, por alguna extraña razón aquella bruja, como él le decía, sabía por dónde llevarlo.


Meses después…

Andrea estaba desesperada, llevaba más de dos días intentando localizar a su hijo sin éxito. Después de otra bronca salió de casa y no regresó. En los últimos meses las cosas habían empeorado mucho. Dan había abandonado el instituto, casi todos los días llegaba hasta arriba de todo. No le importaba nada, lo único que quería era disfrutar de la vida.

Por otra parte, Nerea se iba a estudiar a Londres, ya sabía que pasaría, pero no tan pronto. Ella no quería irse, no quería dejar a su familia, y quería hablar con su mejor amigo antes de hacerlo. Junto a Andrea, también lo buscó por todos lados, pero no tuvo éxito, lo llamaba todo el día, pero él o colgaba o tenía el móvil apagado. Le daba mucha tristeza que Dan estuviera así de mal, lo conocía y era un pedazo de pan, no entendía porque quería destruirse así, quiso ayudarlo, pero después de aquel día no volvió a verlo.

—¡Dios! ¿Cómo vienes a estas horas a mi casa y en ese estado?—Nerea estaba asomada al balcón de su habitación, eran las tres de la madrugada y Dan estaba totalmente irreconocible.

—Venía a buscarte ¿Vamos a dar una vuelta?—apenas se le entendía lo que hablaba.

Ella bajó a hurtadillas para que sus padres no la escucharan, pero no se cambió de ropa ya que no tenía intención de ir a ninguna parte.

—¿No crees que es hora que vuelvas a casa? Tu madre debe está muy preocupada.

El chico se echó a reír exageradamente, Nerea tuvo que taparle la boca porque a punto estuvo de despertar a su padre que era de sueño ligero.

—Ya soy mayorcito como para tener que darle cuentas a mi madre ¿No? ¡Vamos Nené no seas aburrida! Ven conmigo—dijo tirando de ella.

—¡No pienso ir contigo a ninguna parte!—se paró en seco al notar que estaba levantando la voz demasiado—Creo que ha llegado el momento de darte un ultimátum… O paras con toda esta mierda o vas a perder tu vida tal y como la conoces, incluyéndome a mí.

—¿Me estás amenazando?—empezó a reír de nuevo—La verdad jamás esperé algo así de ti, pero no me sorprendo. Últimamente te has vuelto muy sosa y aburrida, siempre la hija perfecta, la alumna perfecta. Eso es un rollo, te limitas a vivir la vida y punto, sólo complaces a todo el mundo sin quejarte y olvidas de qué es lo que quieres tú.

—Sí, soy todo eso y no creo que sea algo malo. Si es lo que quieres, hasta aquí hemos llegado—tenía los ojos llenos de lágrimas, aunque entre las sombras pensó que no lo notaría, pero se equivocaba—Adiós Dan, espero que reacciones pronto y te des cuenta que vas mal—se alejó a toda prisa.

Él la llamaba a gritos, pero ella no se volvió, el chico a pesar de que su mente estaba confusa se dio cuenta que había metido la pata, pero ya hablaría con ella cuando estuviera más tranquila y él más lúcido.


Lo llamó por enésima vez, esta vez daba señal, un pitido, dos pitidos…

—¿Qué quieres?—gruñó una voz.

—Quiero que me digas dónde estás—suspiró profundamente—Tengo que hablar contigo.

—Lo dejaste todo muy claro la otra noche y…—recordó lo patán que había sido, pero no le importó—Está bien, te diré dónde nos vemos, pero pobre de ti si se lo dices a alguien.

—De acuerdo, sólo dime dónde y voy.

A Nerea aquel lugar le pareció horrible. Estaba en las afueras de la ciudad, era un edificio abandonado y oscuro, estaba muy sucio y casi todos estaban allí tirados mirando a la nada. «Están todos drogados» Se dijo a sí misma. Tenía miedo, pero por fin encontró a su amigo…y no estaba solo.

Ella estaba roja como un tomate, apenas le salía la voz del cuerpo, así que carraspeó.

—Así que al final has venido—se quitó de encima a la amiguita que estaba con él.

—Sí… ¿No crees que has llegado demasiado lejos?—algunos de los muchachos que estaban allí se le acercaban de forma totalmente intimidatoria.

—Mira, si has venido a echarme la charla, te puedes ir por dónde has venido—se sentó de nuevo el en viejo sillón—Es más—le dio un largo trago a una botella—Vete, no me interesa lo que me vayas a decir—el chico se percató de que sus compañeros de juerga querían algo de ella, tenía que sacarla de allí, a pesar de todo no quería que le pasara nada malo.

—Pero yo…—empezó a tartamudear—Te tengo que decir que…

—¡Estás sorda o es que eres estúpida! ¡Lárgate de aquí!—se levantó del sillón, arrojando la botella contra el suelo y la llevó él mismo hasta la calle.

—Me voy, pero antes tengo que decirte algo—estaba rabiosa y soltó todo lo que le vino a la boca—Eres un idiota, estás en este sitio horrible, solo, destruyéndote, has acabado con todo lo bueno que tenías en tu vida, tu familia, tus amigos. Y dime ¿Para qué? ¿De verdad crees que te compensa? Yo creo que no, pero bueno tú sabrás. Ojalá vuelva mi amigo, al que yo quería… Este no eres tú… Estás a tiempo de cambiar, pero tranquilo, no te voy a echar la charla como tú dices. Ojalá no te cruces más en mi camino, no quiero ver el monstruo en el que te has convertido…

Esta vez sí salió corriendo de allí, sabía que había sido muy dura con él, pero quería ayudarlo antes de marcharse, cosa que finalmente, no le dijo. Esperaba que con el paso del tiempo aquel monstruo volviera a ser su mejor amigo tal y como lo conocía.


Años después…

—Sí mamá, acabo de aterrizar—Nerea hablaba casi a gritos por teléfono, había mucho ruido en el aeropuerto—Sí, me voy directa a casa, te prometo que mañana a primera hora voy para la tuya—hizo una breve pausa—Sí, sí, no te preocupes, sólo necesito descansar bien—mientras hablaba paró un taxi y el conductor muy amablemente metió su equipaje en el maletero—Te dejo que ya estoy en el taxi, adiós mamá, dile a papá que mañana nos vemos. Besos para los dos.

Finalmente colgó. Desde que se fue hacía casi doce años, no había vuelto a pisar España. Su estancia en Londres fue de lo más placentera, aunque al principio de estar allí lo odiaba. Pero era una cría cuando todo eso pasó, ahora se alegraba mucho de la decisión que sus padres tomaron alejándola de todo.

Había sido una alumna sobresaliente y consiguió lo que quería, ser periodista, la mejor de su promoción. Estaba trabajando en uno de los mejores diarios de Londres y estaba feliz, pero un desafortunado incidente la alejó de allí. Ahora volvía a España a cubrir una baja temporal, sólo serían un par de meses, tres como mucho, después volvería a Londres y seguiría buscando.

El taxi llegó hasta la puerta de su edificio, era el mismo donde vivió su padre cuando se quedó viudo y conoció a su madre, incluso ella estuvo unos meses viviendo allí, hasta que se mudaron a unas casas adosadas en un barrio acomodado. Álex se la regaló a su hija cuando cumplió los dieciocho. A ella le encantaba la historia que encerraban aquellas paredes y pensaba que allí había magia.

Abrió la puerta y nada más entrar, sintió un escalofrío en su cuerpo, se preguntó que había sido eso, pero debía ser cosa de su propio subconsciente. La verdad es que estaba todo impecable, no parecía una casa cerrada, tenía las persianas a medio subir y no sentía el frío típico de un lugar deshabitado.

Decidió instalarse en la habitación principal, aunque los muebles no eran los mismos que tuvo su padre años atrás, tenía la sensación de que allí había una presencia masculina muy definida.

No le apetecía nada ponerse a deshacer maletas en ese momento así que lo dejaría para el día siguiente, solo sacó lo justo para darse una ducha y despejarse. Por allí encontró una radio portátil bastante vieja y para su sorpresa aún funcionaba, la metió en el baño y la puso a todo volumen. Mientras ella canturreaba, se dio la ducha que tanto necesitaba.


Estaba cansado, lo único que quería era llegar a casa y tumbarse sin hacer nada durante toda la noche. Aquel trabajo era agotador, pero era mejor que nada, de alguna manera tendría que ganarse la vida, no era fácil contando con que su pasado no era precisamente ejemplar.

Abrió la puerta del piso y se sintió extraño, parecía que no estuviera solo «Tonterías» pensó. Pero al adentrarse un poco más, escuchaba música y a alguien canturrear, muy mal, por cierto. De repente la música y el horroroso canto cesaron. Parecía que venía del baño, pero ¿Quién iba a estar allí? «Definitivamente te estás volviendo loco»


Alguien había entrado, de eso estaba segura, escuchó cerrarse la puerta «¿Y si vienen a robar? Cómo lleva mucho tiempo cerrada, es una posibilidad» Salió rápidamente de la ducha, aún con espuma en su cuerpo y en su pelo, apagó la radio «¿Y ahora qué?» Registró el baño y lo único de utilidad que encontró fueron unas tijeras. Despacio abrió la puerta del baño con las tijeras alzadas en alto.

En efecto, había alguien más allí, cuando vio de quién se trataba la sorpresa fue tremenda…para los dos.

—¿Qué haces tú aquí?—gritaron al unísono.