Capitulo I.
De pie, esperaba en la parada del bus. Pasando unos minutos Amira lo distinguió acercándose.
El autobús que llegaba era grande, nada comparado con los que ella solía utilizar, tal vez era por las distancias más largas y necesitaban que se sintieran cómodos, pero cuando veía llegar uno de semejante tamaño no podía evitar sentirse inferior.
Los primeros en salir fueron los mayores, eran pocos, después salieron las familias, las que llevaban niños, y al final los que viajaban en solitario. Ahí, Amira pudo distinguir el cabello rubio y rizado de su amigo a lo lejos, rápido caminó hasta la puerta de traspasos.
Si bien, habían pasado solo unas cuantas semanas desde la última vez que estuvieron juntos, Amira notó cierto cambio. Seguía teniendo su sonrisa, pero se veía más cansado y con algunas bolsas marcadas debajo de sus ojos, como si hubiera no hubiera dormido en varios días.
Levantó su mano para hacerle señas mientras gritaba su nombre.
El chico llegó junto a ella, dejando caer su maleta al suelo y la abrazó con fuerza.
─ ¡Aquí está mi chica!
─ Si Chester, aquí estoy.
─Te extrañaba, la vida sin ti es aburrida, todo el mundo es feliz, falta tu amargura, tu odio.
─ ¿Gracias?
Con la mochila de nuevo en su mano, ambos chicos comenzaron a caminar, Amira le había suplicado a Chester que tomaran un auto personal, todo para poder evitar las filas del subterráneo, pero no logró convencerlo excusándose que la tarifa del auto era mucho más elevada.
La verdad no tenía a donde ir, su padre no le había dado hora de llegada y para ella estar en su casa sería muy aburrido. Aunque tenía que pensar en Chester, el cargaba con su maleta y sus cosas, sería muy pesado para él.
─ Y, ¿dónde está Fine?
─ Creo que fue al trabajo, dijo algo acerca de unos problemas en el campamento y se fue desde muy temprano.
Chester presto más atención a la respuesta.
─ ¿Conoces del campamento?
─ Si, bueno, no conozco el campamento, pero papá a veces lo menciona, ¿Tú lo conoces?
─ Bueno, te recuerdo que yo conocí a Fine en el campamento, pero creí que no hablaba de trabajo cuando estaba contigo.
─ Casi no habla, cuando está conmigo o cuando vamos con el abuelo trata de evitar conversaciones referentes a su trabajo, pero a veces comenta una que otra cosa.
─ ¿Te dijo algo con el problema que tenía?
─ No.
Amira negó con la cabeza sin entender porque le preguntaba, sin embargo, ya no siguieron hablando del tema, continuaron hablando de temas al azar, desde las últimas novedades hasta lo que habían comido el día anterior. Amira realmente extrañaba pasar tiempo con su amigo, era el único que lograba hacerla reír y olvidarse de todo lo demás.
En un momento el celular de Chester comenzó a sonar, la sonrisa que tenía desapareció apenas vio el nombre en la pantalla, se disculpó con Amira y se alejó un poco.
Amira quedo resguardando la maleta, su vista se fue a donde Chester, parecía discutir con una persona al otro lado, pero estaba demasiado lejos para escuchar.
Después de varios minutos Chester regresó de nuevo, la forma agresiva y nerviosa no pasó desapercibida por Amira, quien no dudó en preguntar.
─ ¿Todo bien?
─ Si, sí. Todo bien
─ ¿Quién te marcó?
─ Nadie, oye ¿qué te parece si vamos a comprar comida? Tengo un hambre que podría comerme una vaca entera.
Chester no esperó respuesta de su amiga, tomó su maleta e hizo que caminara con rapidez. Amira intentó oponerse, pero la insistencia de ir era más fuerte, como si quisiera escapar de ese lugar.
Habían caminado alrededor de unos veinte minutos antes de llegar a la plaza más cercana, durante ese tiempo Chester no paraba de hablar, intentando despistarla.
Ricky´s era la pizzería más popular de la zona, no era raro que el lugar estuviera casi lleno.
La fachada de fuera no era para nada parecida al interior, puesto que por fuera era roja con toques amarillos, pero por dentro el color café que combinaban con las mesas, esto le daba un toque hogareño, además el olor de las pizzas recién salidas del horno.
El mesero llegó saludando, les ofreció una mesa para dos, y les entregó el menú del lugar, los chicos solicitaron una pizza grande, mitad pepperoni y mitad carne junto con un vaso de limonada para Amira, el mesero se alejó y regresó con la bebida, después se acercó a otra mesa y Amira al fin pudo preguntar.
─ ¿Quién era? La persona que te llamó.
Chester se incomodó un poco por la pregunta, fingió seguir leyendo el menú antes de responder.
─ Un compañero del trabajo, quería asegurarse de que llegara bien.
“Mentira.” Pensó Amira.
─ Chester ¿Qué haces en…
─ No.
Chester la interrumpió rápido, sabía que iba a preguntar, y sabía que debía detenerla.
─ ¿Por qué?
Miró a su amiga unos segundos antes de responder. Tuvo que contener la risa al ver las muecas de su amiga.
─ No vine hasta aquí para hablar de trabajo.
─ ¿Ni un poquito?
Chester suspiró, no le gustaba hablar de su trabajo cuando le tocaba descansar, pero la mirada de su amiga, tierna pero penetrante, le hizo darse cuenta de que si no hablaba la tendría preguntando todo el tiempo, y conocía muy bien lo que Amira era capaz de hacer para obtener algo, así que decidió compartir, aunque solo un poco.
─ Digamos que, debo mantener el orden. Solo eso.
─ ¿Orden de qué?
La insistencia de su amiga le causó un poco de gracia, sabía que era terca, pero había límites que no podía cruzar
─ No, no más información.
Amira frunció el ceño, si algo sabía de Chester es que cuando decía no, era no, y no podría sacarlo de ahí, y tal vez ella estaba siendo paranoica.
Bebió un sorbo de su limonada y procedió a levantarse ganándose una mirada confusa de Chester, le indicó con su dedo el baño y caminó hasta la puerta al fondo.
Al entrar él enorme espejo mostró su reflejo, pudo ver su cabello despeinado así que se acercó a él, quitó la liga con la que se amarraba el cabello y lo soltó.
Abrió la llave del agua, que estaba fría para el clima, pero nada que no fuera tolerable, una vez que mojo sus manos las paso por su cabello y volvió a atarlo.
Con sus manos ya secas, tomo su celular, revisando los mensajes, tal vez su padre le habría mandado alguno.
Como no fue así, se dio la vuelta para salir, sin embargo, por el rabillo del ojo pudo notar un movimiento rápido, como si algo hubiera pasado de un lado a otro.
Se giró y observó el lugar con cuidado, tratando de encontrar una respuesta lógica, tal vez lo había imaginado o tal vez solo había una mosca volando por ahí.
Fuera lo que fuera, prefirió ignorarlo.
Cuando salió, Chester estaba en la mesa con su teléfono en la mano, parecía ignorar todo a su alrededor. Su mirada estaba fija en el teléfono, y tenía una mueca molesta, como si la persona al otro lado fuera la más pesada.
Pero esa misma ignorancia fue la que preocupó a Amira, cuando una de las meseras llevaba una gran cantidad de vasos que salieron volando cuando se tropezó. Uno de ellos fue directo a Chester quien ni se alteró, con rapidez y sin despegar la vista del teléfono tomo el vaso, y después otro y otro, hasta formar una pequeña torre, los dejo en la mesa junto con su teléfono, y con cuidado ayudó a la chica a levantarse.
Amira no era la única sorprendida, la mayoría de la gente estaba incrédula aplaudiendo la habilidad de Chester, quien solo se avergonzó, no estaba acostumbrado a resaltar.
Cuando Amira volvió a sentarse, el espectáculo había terminado.
─ ¿Como hiciste eso? ─Pregunto asombrada.
─ No lo sé. – se burló Chester ─ instinto
─ ¡Es enserió! Nunca habías echo algo así ¿Dónde lo aprendiste?
Chester parecía divertido, pero en su mente sabía que había hecho mal, llamar la atención de esa manera no era lo que debía hacer.
─ En mi trabajo, tienes que estar al pendiente porque si no, puedes lastimarte. Supongo que se me quedo estar alerta.
─ Porque será que no te creo.
─ Porque nunca confías en mí.
Chester tomo el vaso con limonada de Amira y bebió un sorbo en manera de burla. Fue gracias al mesero que la conversación cambió, debido a que ya tenían su pizza.
─ De verdad extrañaba estar aquí, lástima que solo estaré unas semanas.
─ ¿Te quedarás para mi cumpleaños verdad?
─ Pero claro que sí, que clase de amigo sería si no estoy contigo, por cierto, mi mamá te manda feliz cumpleaños adelantado. Dijo que me dieras doble rebanada de pastel.
Amira rio.
─ Si claro, si hablas con ella salúdamela, hace mucho no la veo.
Siguieron comiendo y platicando entre ellos, y aunque Amira de vez en cuando hacía preguntas sutiles para engañar a Chester, este lograba cambiar los temas de conversación de una manera tan perfecta, que parecía no ser la primera vez que lo hacía.
Cuando terminaron su pizza, y después de Chester pagara la respectiva cantidad, ambos salieron hacia la parada del autobús que los llevaría de vuelta, aunque para eso tuvieron que tomar el subterráneo, muy a pesar de Amira, pero para Chester, la espera del autobús que los llevaría a casa se le hizo demasiado larga, o tal vez era el sueño que le había ocasionado la pizza y el viaje, sea lo que haya sido, estuvo pestañando mientras luchaba para no quedarse dormido.
Durante unos segundos cerró los ojos y exhaló fuertemente, lo siguiente que vio fue una imagen de un niño de no más de tres años, lo que lo sorprendió. Giro su vista para ver a su amiga sonreír.
─ Es el pequeño Santiago, el de tu tía, ¿verdad?
─ Sip, te lo enseño porque me recordó a ti. Rubio y con cara de ardilla.
Chester frunció el ceño.
─ Yo no parezco ardilla.
─ Tienes razón, no eres una ardilla, eres un ratón.
─ Ja, ja, ja, que divertida eres, ¿Cuánto más se tardará
Chester se levantó del asiento desesperado, causándole aún más risa a su compañera, el horario que habían revisado indicaba que no demoraría mucho en llegar, pero eso claramente no era cierto.
Mientras que Amira seguía en el celular, Chester parecía observar el paisaje, pese a que había casas cercanas no había mucha gente a fuera, y el silencio solo era interrumpido por sus quejas o bien por el canto de las aves, y aunque Amira intentara que se sentara, él solo la ignoraba para seguir esperando. Después de esperar lo que para él fue una eternidad, el autobús llegó, ambos subieron y terminaron en los asientos de atrás.
El viaje fue más rápido que el de la mañana. Tanto que ni siquiera pudo descansar como le hubiera gustado.
Cuando llegaron al destino, Chester volvió a ver la que consideraba su segunda casa. No era muy grande, de hecho, el espacio que abarcaba no alcanzaba para un patio, solo tenía un poco de césped por enfrente, pero eso sí, era muy bonita, la parte de afuera era blanca con una hermosa puerta negra, y dos ventanas en la parte de arriba por cada habitación.
Ambos llegaron rápido a la entrada, Chester esperaba que Amira sacara la llave para poder entrar y lanzarse a uno de los sofás, todo el día había sido muy pesado y solo quería dormir. Para su buena suerte antes de que pudieran hacer algo, la puerta termino por abrirse dejando ver a un hombre alto, de cabello castaño, quien al parecer estaba cocinando ya que en una de sus manos tenía un guante de cocina.
─ Hola chicos, ¿Por qué tardaron en llegar?
Aquel hombre habló con un tono suave, pero firme, al que ambos respondieron.
─ Hola papá. ─ Dijo Amira.
─ Hola Fine, lo siento, fuimos a comer algo antes, tenía mucha hambre.
Ambos chicos entraron dejando las maletas en una esquina, mientras que Amira fue por un vaso a la cocina, Chester no dudó en sentarse.
─ Oh está bien, estoy poniendo todo para más tarde preparar la cena, dime Chester ¿Cómo te fue en el viaje? ¿Tuviste algún problema?
─ Bien, gracias, y no, todo estuvo tranquilo, nada fuera de lo común.
Fine guardo silencio unos segundos antes de asentir y cerrar la puerta. Regresó a la cocina dejando todo en su lugar para más tarde y después acompañó a Chester a la habitación de invitados, que no era más que su estudio con una cama movible.
─ Lamento que no tengamos una casa con más cuartos, pero solo será esta noche.
─ Está bien, sabes que puedo dormir donde sea.
Chester pasó hasta llegar a la cama dejando sus maletas a un lado de la cama.
─ Si claro, prepárate para mañana, saldremos temprano, si quieres ducharte ya sabes dónde está la regadera.
Fine salió dejándolo solo donde tuvo un momento para pensar en el día siguiente.
Debían partir antes de las siete, si querían llegar temprano a su destino.
Una vibración tembló en su bolsillo interrumpiendo sus pensamientos, sacó su celular y lo encendió para ver un mensaje de su compañero.
Estaba respondiendo una de las fotos que le había tomado a Amira en la pizzería con un comentario acerca de lo linda que era su amiga, así que decidió ignorarlo y responderle, indicándole que se concentrara en su trabajo.
Volvió a guardar su teléfono y suspiró, tomo su maleta y la acercó hasta el hasta tenerla enfrente, la abrió despacio asegurándose que nadie estuviera cerca de la puerta o que Amira pudiera entrar de manera sorpresiva, como solía hacerlo siempre.
La abrió completamente, rebuscó entre todas sus cosas para encontrar lo que buscaba. Cuando lo sostuvo en sus manos volvió a suspirar, tranquilizándose a si mismo.
Volvió a cerrar la maleta y salió de la habitación con dirección a la regadera, con su toalla y ropa en manos.
Cuando termino de bañarse enredo la toalla en su cintura para comenzar a vestirse, después bajo a la cocina donde Amira y Fine platicaban, o más bien Amira interrogaba a su padre quien solo bebía de una taza.
─ ¿Es un lugar en el campo?
─ Ya te dije que es una sorpresa, viajaremos mañana temprano, nos quedaremos hasta tu cumpleaños, así que espero que lo disfrutes.
Chester rio, esa respuesta no serviría de nada pues Amira intentaría conseguir información como fuera.
─ Bueno, pero espero que no sea como la última vez.
Chester que se había acercado a ella le arrebató la caja de galletas que tenía, Amira frunció sus cejas y saco su lengua.
─ ¿Qué? No te gustó el viaje al desierto.
─ Claro que me gustó el desierto, lo que no me gustó fue que el viaje fuera interrumpido por el trabajo de papá.
Amira giro su cabeza observando a su padre, quien solo giro los ojos y continúo bebiendo.
Siguieron platicando, cambiando el tema, pasaría cerca de una hora cuando de nuevo la vibración en su pantalón lo interrumpió. Sacó con cuidado su teléfono solo para ver en la pantalla lo que él consideraba su “alerta roja”. Se levantó y se disculpó saliendo hacia la estancia, remarco el último número y espero por la respuesta.
─ Hola, ¿recibiste la alarma?
La voz del otro lado era masculina y se escuchaba alterada, como si estuviera moviéndose con mucha rapidez
─ Si, ¿Qué tienen?
─ Nada por ahora, pero la campaña uno está en posición, ¿Tú como la llevas? ¿Oye tu amiga está contigo?
Chester colgó el teléfono apenas escucho la última pregunta y lo guardó rápidamente, suspiro varias veces para tranquilizarse y tener su aspecto de siempre, y regresó de nuevo al comedor.
Esta vez la mirada de Fine estaba en su teléfono también, cuando entró los ojos de ambos se conectaron y supieron que estaban pensando lo mismo.
Amira, quién era ingenua a lo que pasaba, se levantó mencionando que subiría a terminar de arreglar sus cosas, para no olvidar nada, así que salió dejando a los dos hombres y subió las escaleras.
Su habitación era pequeña, pero tenía todo lo necesario, una cama, un armario, un escritorio con su respectivo librero y un enorme espejo y cajoneras. No necesitaba más, pero tampoco era como que cabían muchas cosas.
En su cama tenía una maleta mediana, con varias cosas adentro, pese que a que el viaje sería de tres semanas, según le había dicho su padre, le pidió que no llevara mucha carga, pues parte de su regalo sería la compra de ropa y zapatos, lo cual la había emocionado.
Ahora estaba decidiendo que libro llevaría para el viaje, así que se acercó al librero que estaba pegado a la ventana y comenzó a buscar. Estaba realmente concentrada en tomar su decisión que lo único que la hizo moverse fue ver de nuevo algo por el rabillo del ojo.
Se giró en si misma observando toda su habitación, esperando encontrar algo que pudiera ser el causante, pero al igual que en el baño de la pizzería, no encontró nada.
─ Qué raro.
Siguió leyendo los títulos de los libros para decidir, pero su mente ya no se concentró en otra cosa que no fuera lo que había visto.
Después de un rato dando la vuelta entre una cosa y otra, la voz de su padre le anunciaba que la cena estaba lista, así que dejó la maleta de lado y salió.
Cuando llego al final de las escaleras pudo escuchar las voces de Chester y de su padre, parecía que trataban de hablar en voz baja, pero cuando escuchó su nombre en la conversación se interesó un poco más.
Se acercó a la puerta para poder escuchar, debido al tono en el que ambos tenían, entendía que el tema era algo serio, y por lo que escuchaba, su padre era quien estaba llevando la conversación.
─ Tenemos que seguir el plan, no más demoras, no más problemas y con ella aquí, tendremos problemas.
─ Pero no sería mejor enviarla al sur, así tendrías camino libre para enfocarte en lo que debes.
─ Para eso te tengo a ti, tú cuidas de Amira y yo me encargo de mi trabajo.
Pudo seguir escuchando más la conversación de no ser por culpa de una de las ventanas, que de pronto se sacudió causándole un grito que no fue ignorado por los hombres.
Rápidamente salieron de la cocina, Chester fue el que se acercó a cerrar la ventana, mientras que Amira era tranquilizada por su padre.
─ ¿Amira estas bien?
─ Si, yo… ─ Amira pensó en alguna excusa para no admitir que estaba espiando, pero nada se le ocurrió. Agradeció en su mente cuando Chester hablo.
─ Comenzó el aire, el clima no mencionaba que hubiera aire.
El rostro de Fine no cambio en absoluto, pero para Chester era mas que claro que no estaba tranquilo.
─No te preocupes, entren a comer la cena se enfriará.
─ ¿Tu no cenaras? — Pregunto Chester.
─ Claro que sí, solo subiré por algo que acabo de recordar.
Fine subió por las escaleras a la par que los jóvenes entraban a la cocina, llegó a su estudio y entro directo a su escritorio, mientras estuviera ahí, necesitaba proteger a Amira de cualquier cosa, tal vez era un poco drástico por una simple ráfaga de aire, pero por la situación no podría arriesgarse a nada.
La fotografía que tenia en frente de él y Amira fue removida para mostrar una pantalla oculta, colocó la contraseña e ingreso al sistema de seguridad. Activo cada una de las alarmas además de encender las cámaras de seguridad y la alarma por movimiento, los radios en cada habitación y por último estableció la conexión de los rastreadores de cada uno.
Cuando conectó su celular con el sistema, volvió a guardar la pantalla, colocó de nuevo la fotografía y bajo a cenar, recibió un mensaje de Chester, quien se percató de los movimientos que había realizado, con él al tanto se sentía un poco más tranquilo, pero estaría alerta. Al menos hasta que partieran en la mañana.