Chapter 1
—Eres un caos —Ayudo al mayor a meterse en el carro
—No sé qué decir —Apenas y logro pronunciar sintiendo como el dolor de cabeza le ganaba
Max rodó los ojos con una sonrisa burlona y a la vez enternecida por el estado de su pareja, ayudó al mayor a entrar al carro para luego ponerle el cinturón de seguridad —No vomites mi vida, por favor, que no tengo ninguna bolsa —Pidió casi en un ruego regalándole un suave beso en los labios.
Rodeo el auto casi a zancadas para ponerse del lado del conductor y despedirse rápidamente de los presentes que habían ayudado a Checo bajando las escaleras; apenas llegó al lugar donde su novio había pedido que lo recogiera lo pudo ver con la percepción alterada, completamente agotado y sin fuerzas ni para mantenerse de pie.
Subió y arrancó tranquilamente agradeciendo que la luna estaba a medio camino de su recorrido y no había reporteros o paparazzi cerca del lugar.
—¿Tuviste una buena fiesta? —No había estado a su lado y se sentía culpable, pero ahora que lo tenía a su lado no sabe que decirle y lo peor es que sabe que debe mantenerlo despierto
—Estuvo bien, aunque… hubiera estado mejor si hubieras estado —Habló mirándolo algo cansado —Si hubie-
—Intente terminar la reunión rápido mi vida, pero después llego Jos y me arruinó el plan —Se quejó avanzando lo poco que el tráfico dejaba —¿Qué está pasando? Esta mierda no avanza —Intento mirar sobre el carro delantero
Sergio se molestó, no entendía porque su pareja tenía que ser así de frío con él cuando ganaba. Checo siempre había intentado estar por lo menos un día tras una victoria que tuviera el neerlandés, pero ahora que era su victoria pareciera que no le importara.
—Me puedes fe-
—¿Qué mierda es esto? Pasan de las 12 y el tráfico no se mueve ni un centímetro ahora —Volvió a interrumpir golpeando el volante
—Max, te estoy intentando hablar —Se quejó mirándolo
—Perdón, ahora si dime —Lo miro con esos encantadores ojos azules que le fascinaban
—Quiero saber qué fue de ti este fin-
—¡Ay! Por fin movimiento —Avanzó nada, un metro
—¡MAX!
No entendía qué le costaba prestarle atención tres segundos, ni que hablara muy lento para que fuera complicado mantener su concentración —¡Escúchame cuando te hablo! —Golpeo con algo de fuerza el brazo del menor.
—Dime, dime, lamento no poner atención… Solo quiero llegar a casa ya —Dijo con algo de molestia sobándose el brazo
—Me quiero bajar —Se cansó —Ya no te soporto —Intento abrir la puerta
—¿Qué! No espera Checo ¡Espera! —Lo retuvo intentando evitar que se bajara, de igual forma tenía los seguros puestos
El mayor se molestó intentando soltarse del agarre sin poder lograrlo —No te soporto ¿Por qué tienes que ser tan frío conmigo? —Se quejó sintiendo como lágrimas inundaban sus ojos. Se sentía horrible, ver a todas las parejas en el yate después de un largo fin de semana y aunque ganaran o no de igual forma se divertían y mantenían juntos —Siempre estoy para ti. En cada una de tus MALDITAS victorias —Se soltó llorando ríos —Y cuándo yo obtengo algo lo único que sabes hacer es desaparecer ¿Te parece justo! —Se sintió desfallecer, no sabía que latía más rápido, si su corazón ahora fragmentado o si su cabeza por la resaca acumulada de tres días.
—¡Entiendo cómo te sientes! Creme —Reclinó la silla del mayor y se posiciono sobre él evitando que se moviera
—¡Max bájate! —Se removió
—No, escúchame —Tomo sus manos —Lamento no estar presente en tus victorias, mi amor de verdad lo lamento —Habló claramente culpable —Me impusieron una carga con la que debo cumplir y cada vez que fallo me tengo que aferrar a las consecuencias —Se abrió sintiendo su pecho oprimirse
Sergio solo giro los ojos esquivando su mirada, claro que entendía el peso que tenía sobre sus hombros, pero… ¿Quién en su trabajo no lo tenía? Todos cargaban con una expectativa, una presión por cumplir, un miedo por no dar la talla, desesperación al saber que pudiste dar más y una decepción cuando te das cuenta de que todo se sale de tus manos.
Fijo sus ojos en los del chico quien se había quedado en completo silencio, tanto literal como figurativamente todo se había detenido a su alrededor y sin entender la razón se quedaron solos en el mundo.
—Quiero que sepas que todos tenemos una carga —Relajo su rostro —Y aunque la tuya y la mía sean diferentes, recuerda siempre Max, que aquí estoy para ti —Lo tomo por las mejillas con fuerza evitando que se desviara —Como tú debes estar para mí también —Lo miro serio —Pero esto no se trata de dar y recibir, porque por eso somos una pareja, entre nosotros nos apoyamos tanto en las malas como en las buenas ¿Quedó claro? —Le regaló una mirada dulce acompañada de una enorme y hermosa sonrisa
—Creo que me gane la lotería contigo —Le sonrió igual limpiando las lágrimas que aún caían por la mejilla del mayor
Lo beso con un ferviente amor, amaba esa confianza que el tapatío le hacía sentir con las palabras correctas, profundizo un poco más ahora siendo un beso húmedo por el cual aún se podía sentir algo de alcohol extrañamente dulce.
—¿Siento algo dulce por ahí? —Pregunto travieso bajando un poco sus besos sin esperar en si respuesta
—Casa noble añejo —Hablo casi en un suspiro —Últimos shots antes de regresar —Hablo suave
Max bajaba sus besos ahora por la clavícula del mexicano, el silencio que había en el carro era particularmente abrumador que hasta los más suaves suspiros se podían escuchar.
Checo enredó sus dedos en los cabellos rubios casi cafés del menor, apretaba sintiendo como el neerlandés bajaba más hasta llegar a sus pezones los cuales comenzó a besar y chupar, aprovechando que su camisa azul de botones apenas lo cubría
Gemía su nombre suave arqueando un poco su espalda buscando inconscientemente más contacto, quería y de hecho le urgía sentir el calor de estar piel con piel. Con su zurda comenzó a sobarse a sí mismo por sobre el pantalón, sentía como este le comenzaba a quedar pequeño de aquella parte.
Max conociéndolo ya bastante bien entendió lo que el mayor quería, desabotono su propio pantalón para luego hacer lo mismo con el de Checo. Metió su mano tomando en posesión lo que ya le pertenecía y juntandolo con su propio comenzó a masturbar lento.
Sus jadeos roncos hacían un juego perfecto con los del tapatío, tenerlo debajo le generaba mayor excitación, la poca luz que se colaba por las ventanas le revelaban una vista exquisita de su amado, sus ojos lagrimosos mientras sus mejillas se pintaban más de carmín y sus labios entreabiertos dejando salir esos sonidos que lo enloquecían.
—No necesitas preparación ¿Verdad? —Pregunto aumentando la velocidad
—No… —Suspiro
—Ya no puedo aguantar más —Le dedico una mirada digna de un león
Se giró recostando su espalda en la silla y dejando a Checo sobre él, escupió en su mano y se lubricó a sí mismo para abrirse espacio entre las nubes de carne de su mexicano.
Lento apretó su cintura haciendo que el mayor lo montará a la velocidad que él quisiera, amaba cuando lo hacía lento porque así podía sentirlo mejor, como se envolvía a su alrededor para acomodarse a su tamaño. También amaba cuando lo hacía rápido y fácilmente podía tocar el punto dulce del mayor haciéndolo gemir en su oído perdido en el placer.
La necesidad jugó un papel importante al decidir que lo quería rápido y profundo. Ansiaba sentir ese placer que solo Max le sabía dar.
—Max —Gimió llamándolo
El menor apretó el agarre en su cintura y comenzó a penetrar con fuerza esa zona dulce que lo hacía ir a la luna y regresar, la velocidad hacía que el choque de sus pieles fuera fuerte haciendo que esas zonas quedarán más rojas de lo habitual.
El carro en medio del tráfico se movía con brusquedad de arriba a abajo como si saltara. Sergio se aferró al cuello de su novio con fuerza haciendo que los movimientos erráticos permitieran la fricción de su pene con la camisa blanca que Max vestía.
Unas cuantas estocadas más fueron suficientes para que Sergio se corriera entre los dos apretando su interior tan exquisitamente que hizo que Max se corriera dentro.
Aún sin salir del contrario comenzaron a regular sus respiraciones, los vidrios empañados por su calor, sus cuerpos empapados en sudor y la garganta seca de los jadeos ahogados por temor a ser escuchados.
—Otra vez —Pidió el mayor con la voz más dulce de lo normal
— ¿A si? —Acercó sus labios —Pues preparé porque está vez te voy a coger más duro —Lo beso con notable desesperación
Mientras sus lenguas peleaban para saber quién dominaba sobre el beso los carros alrededor se comenzaron a mover por fin otra vez. Una bocina los sacó de su mundo recordando donde realmente se encontraban. En medio de la calle más concurrida, atrapados en un tráfico que parecía interminable y con varias personas a su alrededor.
Asustados Sergio se bajó del neerlandés para darle espacio de regresar a su asiento, el menor actuando rápido encendió de nueva cuenta el auto y comenzó a avanzar junto a la marea de coches que había a su alrededor.
De reojo miraba a su pareja inquieto, pasó su mano por el muslo del contrario intentando calmarlo.
—No te preocupes, los vidrios están polarizados —Hablo riendo por su inocencia
—Eso no me preocupa —Se removió viendo la cara de duda de Max —Te corriste dentro y siento que se resbala —Aclaró
Max freno en el semáforo en rojo —Yo te ayudo con eso —Con fuerza lo levantó poniéndolo sobre sus piernas, bajo sus pantalones nuevamente y saco su propio miembro para volverlo a meter, recibiendo un gemido ahogado en su oído —Problema solucionado
Arrancó en verde y continuó su camino como si el mexicano no le estuviera dando el mejor placer del mundo. Por algo es uno de los campeones del mundo.