Un Credo de Oscuridad

All Rights Reserved ©

Summary

Una oscuridad, una asesina, una promesa y una legenda... Teas... un reino salvaje en la que humanos y criaturas míticas conviven en paz, con una maldición que jura su destrucción. Zif una asesina de otro mundo igual al nuestro, creada para la propia destrucción de los humanos, es arrastrada al reino de Teas por una legenda, una promesa con mucho poder, ¿Será que Zif es aquella legenda o es alguien que traerá mas desgracia a Teas?

Status
Ongoing
Chapters
4
Rating
n/a
Age Rating
18+

Prólogo

Aquella noche casi no había estrellas asomándose, es como si ellas supieran lo que iba a pasar y no querían ser testigos de aquel acto. Las pocas que se atrevían a ver le hacían compañía a la pequeña pelinegra que se situaba en el techo del edificio.

Apenas pude notar el frio de la noche o si quiera el aire húmedo que recorría la ciudad, todo gracias a las ropas de cuero que tenía puestas. Hechas con el propósito de parecer una sombra entre la oscuridad y creadas para soportar el frio. Aunque en su mayoría los asesinos de Haling Cove, éramos entrenados para resistir bajos climas de frio y altos climas de calor.

Concentrada en que el gancho que sostenía mi cuerda no se zafará del suelo jalé un par de veces el objeto en mis manos con la suficiente fuerza para asegurarme de su resistencia y una vez enganchada, corrí hacia la orilla del techo lanzándome sin dudar. Respire el aire fresco que pasaba por mi cara por un pequeño instante antes de acomodar mi cuerpo en un ágil movimiento causando sonido alguno más que el de la cuerda derrapando contra el metal con fuerza. La oficina principal se encontraba semi oscura, alumbrada por unas tenues luces que señalaban el escritorio que estaba a un par de metros lejos de mí. En el centro de aquel objeto plano y rectangular se encontraba mi objetivo, una simple y de última generación computadora.

Debía robar todo su contenido.

No sabía exactamente para que, solo que tenía que hacerlo. Y la verdad… nunca hacía preguntas acerca de los trabajos a los que me sometía, me daban mi objetivo y lo cumplía, siempre. Extraje el arco que reposaba en el caraj en un rápido movimiento trayendo consigo una flecha, tensando y apuntando hacia las cámaras. Parte de mi trabajo era no ser descubierta ni vista por nada ni nadie, aun sin tener identidad alguna.

Una… dos… tres… cámaras destrozadas por tres flechas, ahora era momento de darme prisa. Las cámaras faltantes alertarían a los guardias del edificio y tan solo tenía un par de minutos antes de que accedieran al piso en el que me encontraba. Tensando el arco con otra flecha, me acerque con rapidez al escritorio lista para atacar a cualquiera que estuviera pasando por ahí.

Una vez frente al computador saque un pequeño USB introduciéndolo en una de las boquillas del teclado, al darme la misión me habían explicado que el pequeño dispositivo haría todo por mí y yo solo tenía que esperar a que este robará su contenido.

Con el paso de los segundos la pantalla se ilumino y una pequeña barra de carga apareció en el centro de esta, dándome una confirmación de que los archivos se movían al USB, sabía de antemano que ese proceso tomaría un par de minutos y mi cuerpo por sí solo empezó a dar vueltas cerca del escritorio viendo un par de fotos del perteneciente del lugar, libros con algún contenido desconocido, mis dedos retiraban alguna pelusa o limpiaban alguna mota de polvo en la espera.

Mi noche se hubiera convertido en algo tranquilo de no ser porque la puerta de las escaleras de emergencia fue azotada y un par de personas salieron del interior de esta. Y con agilidad me agaché acomodándome entre la poca oscuridad de la oficina quedando a una vista perfecta de mis acompañantes y al observar con detenimiento logré ver a un grupo de cinco personas con algún estilo parecido a un equipo militar, una de las cosas más curiosas que me hacían dudar era que ninguno estaba armado y también que parecían tener la cara cubierta con un pasamontaña, mi único pensamiento era que también habían venido por lo mismo que yo.

Sin perder más tiempo lance una de las dagas que llevaba conmigo a uno de ellos alertando a los demás, un pequeña pero fácil distracción, lanzándome a otro agarrándolo por el cuello con un brazo con un intento de alzarme y patear a otro de los hombres. En una pequeña vuelta saqué otras dos dagas y con ambas manos empecé a atacar a los dos que quedaban de pie. Ambos con una gran fuerza de voluntad resistían y esquivaban los golpes que yo les proporcionaba, sin dejarme el trabajo fácil los otros dos que habían quedado sueltos se pusieron en guardia y me atacaban a su vez.

La oficina de repente se convirtió en un salón de baile lleno de movimientos de violencia que derramaban sangre. Para mi desgracia alguno que otro lograba golpearme provocando que me enfureciera. Sin embargo, aproveché esos breves instantes para mantener distancia dándome la oportunidad de destacar mis movimientos y con pasos agiles me lancé hacia uno de ellos debilitando sus piernas, mientras ambos caíamos clave la daga en su garganta en un movimiento limpio. Dos menos… rodando me acerque al otro hombre más cerca haciendo cortes en sus piernas, seguido de eso los otros dos en pie se acercaron pateando y lanzando golpes a mi espalda creando un dolor agudo en mi espina dorsal, gimiendo por culpa de aquello, uno de ellos rodeo mi estomago levantándome mientras el otro asestaba un golpe en mi estómago.

Con la fuerza de mis piernas rodee al hombre frente a mío y propicie un codazo al otro que me tenía agarrada logrando zafarme de su agarre, balanceándome golpee la cara del que me aferraba con un brazo mientras que con el otro libre alcanzaba mi última daga oculta deslizando el filo alrededor de su garganta matándolo. Lancé la daga detrás de mi atinándole al ojo del último hombre en pie matando a casi todos, agitada caminé hacia el computador descubriendo que había finalizado la transferencia de los datos.

Mientras guardaba el USB me acerque a la última persona que había dejado viva antes pero ahora con piernas inútiles, oía como sufría de dolor, se retorcía y lloraba por lo que le había hecho, por un momento sentí un atisbo de lastima, moriría torturado por su propio dolor y completamente solo, preguntándome qué tipo de persona encontraría este fracaso de vals. Mi lastima se esfumó al lograr visualizar un pequeño tatuaje que sobresalía del cuello de él, resople al ver que significaba y con enojo agarre una flecha de mi caraj y con fuerza la clave en el pecho dejando el sufrimiento atrás del hombre.

Volviendo al lugar por el que había llegado enganche mi cuerpo a la soga que colgaba desde la ventana y sin tiempo que perder volví a saltar al vació de la noche.