Vórtices

Summary

Seis meses después de la devastadora segunda guerra mágica, el mundo intenta recomponerse. Ginny Weasley, sumida en una lucha interna por la pérdida de su hermano y la omnipresente sombra de la fama de Harry Potter, busca un propósito en un Hogwarts apenas reconocible. En los rincones más oscuros de Hogwarts, donde los ecos de la batalla aún resuenan, se oculta un antiguo secreto guardado celosamente por generaciones de guardianes. Este misterio ancestral, ligado a conexiones entre dimensiones desconocidas, comienza a desvelarse mientras la magia se reaviva y los lazos entre el pasado y el presente se estrechan. Entre tanto caos y descubrimiento, nuevos estudiantes emergen en Hogwarts, trayendo consigo un pasado enigmático que podría ser la clave para desentrañar los secretos ocultos durante tanto tiempo. Con fuerzas oscuras al acecho y el destino del mundo mágico en juego, Ginny se encuentra atrapada en una red de intrigas y decisiones difíciles que podrían alterar su vida y el curso de la historia.

Genre
Fantasy/Romance
Author
Mila
Status
Ongoing
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
13+

Prólogo

¡Hola nuevo lector!


Estoy emocionada de compartir con ustedes esta historia que ha estado dando vueltas en mi cabeza desde el 2020. Lo que empezó como una idea sin mucho sentido ha ido tomando forma poco a poco, y hoy finalmente puedo presentarla ante ustedes.

Decidí hacer en este fanfic porque Ginny es un personaje que me gusta bastante, me encanta escribir sobre ella y crearle una historia propia.


Es importante mencionar que esta historia está basada en el mundo creado por JK Rowling, y aunque he tomado ciertas licencias creativas, la esencia de los personajes y lugares pertenece a su imaginación.

Los invito a que me acompañen en esta historia, les prometo que tengo muchas sorpresas planeadas a lo largo de la trama.


Gracias por acompañarme.


¡Bienvenidos y espero que disfruten!


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Han pasado seis meses exactos desde la batalla de Hogwarts, seis meses desde que el mundo de Ginny cambió para siempre. A los 16 años, nadie se imagina estar en lo más profundo de una guerra. No esperas que la persona que amas esté dispuesta a entregar la vida por salvarte a ti y a todos los que creen en él, y mucho menos esperas que una de las personas que te vio crecer, que siempre estuvo ahí, simplemente desaparezca de un segundo a otro.


Al principio, no lo creía, ni siquiera viendo el cuerpo frente a ella. Había visto dormido a Fred tantas veces que no aceptaba que esta vez no iba a despertar. Cuando pasó un mes, recién aterrizó en su nueva realidad; no te das cuenta de que alguien no va a regresar hasta que llega alguna fecha importante o quieres contarle algo. Eso le pasó a ella. Se dio cuenta de que su hermano no estaría para celebrar su cumpleaños, ni para escuchar sus historias sobre Quidditch. El vacío era palpable y se sentía como un peso constante en su pecho.


Para el segundo mes, nadie la había visto. Se mantuvo encerrada por al menos dos semanas; la verdad ni ella estaba segura, había perdido la noción del tiempo. Solo recordaba la voz de su madre pidiéndole que saliera, que querían verla bien. Cada llamada de su madre era un recordatorio doloroso de la realidad que intentaba evitar. Ginny se sentía atrapada en un ciclo interminable de tristeza y desesperanza. La sombra de la batalla aún pesaba sobre ella, impidiéndole ver cualquier luz al final del túnel.


Cuando llegó el tercer mes, entendió que, aunque ella estaba sufriendo, sus padres igual. No quería sumarles más dolor o preocupación de verla en ese estado. Decidió fingir que ya se estaba recuperando, aunque era imposible. Nadie se recupera de algo así en tres meses; quizá nunca lo haga. La fachada que intentaba mantener se agrietaba cada vez que alguien le preguntaba cómo se sentía. Las sonrisas forzadas y las respuestas automáticas no podían ocultar la tristeza en sus ojos. Sentía que su dolor era una carga para los demás, así que intentaba ocultarlo bajo una máscara de normalidad.


El cuarto mes dejó de fingir. Al fin y al cabo, nadie le creía; las ojeras, su extrema delgadez y el brillo perdido la delataban. Sus amigos y familiares intentaban animarla, pero sus palabras parecían vacías. La pérdida de Fred era un agujero que nada ni nadie podía llenar. Los días pasaban en una monotonía sombría, donde cada rincón de la casa tenía recuerdos que ahora eran dolorosos.


Recuerda que cuando llegó el quinto mes, se deshizo llorando en los brazos de su madre. En el fondo, ambas lo necesitaban. Esa noche, al fin sintió que algo dentro de ella se liberaba. El llanto compartido con su madre fue un momento de catarsis, un pequeño paso hacia la sanación. Sentir los brazos de Molly a su alrededor, escuchar sus palabras de consuelo, fue como un bálsamo para su alma herida.


Hoy era el sexto mes exacto, seis meses sin Fred en la casa. En el fondo, ella aun pensaba que él estaba en algunas vacaciones largas, y pronto regresaría a molestarla. Pero al cruzar la puerta solo veía a George. Ahí entendía que ella perdió a su hermano, pero George perdió la mitad de él. Verlo tan solo y abatido era un recordatorio constante de lo que que fue y ya nunca más será. Cada sonrisa, cada intento de bromear, era una sombra de lo que alguna vez existió.


Esa mañana fue particularmente especial, en parte porque Ron llegó con "noticias"  a casa, pero sobre todo porque después de meses vio a su novio, o ella suponía que lo seguía siendo.


Su relación con Harry había sido de todo menos normal; todo pasó con tanta intensidad que el corazón se le salía del pecho. Un día estaba en su casa con él, diciéndole cuánto lo amaba, y en menos de 24 horas, Harry estaba en algún lugar del mundo que ella desconocía, en una batalla de vida o muerte, sin saber si lo volvería a ver. Cuando la guerra pasó, no dudó en refugiarse en sus brazos. Harry fue su mayor apoyo durante el primer mes sin Fred, pero solo durante el primer mes. Después de esa fecha, no recuerda verlo, o al menos escuchar su voz entre las que le pedían que saliera de su encierro. Puede que su memoria le fallara por su estado emocional, pero eso no explicaba por qué en los cinco meses siguientes tampoco tuvo más noticias de él que las cartas que recibía Ron.


Se quedó de piedra al verlo; fue como la primera vez que lo vio en su cocina, eso solo le confirmaba que Harry aun tenía el poder de volcar sus emociones con su presencia. No sabía qué decir o hacer; quería saltar a sus brazos, pero también reclamarle por ser tan idiota de abandonarla nuevamente.

Quedó aún más perpleja cuando él simplemente se acercó a dejar un suave beso en sus labios y decirle un simple "Me alegra verte mejor." ¿Eso era todo? Cinco meses sin verse, sin siquiera saber si estaba bien, y eso era todo lo que recibía.


-Harry -murmuró confundida aún, volteando a verlo mientras él tomaba asiento a su lado.

-Te vas a poner muy feliz con la noticia que traemos -respondió mirándola con una media sonrisa.

Ginny no quería ninguna "noticia", quería una explicación válida de dónde había estado él por cuatro meses.


-¿Dónde estabas? -preguntó, sin entender bien qué estaba pasando. Recién se percató de la presencia de Ron y Hermione cuando llamaron a sus padres a la cocina donde ya estaban todos.


-Fuimos al tributo a los caídos -contestó él-. Hoy son seis meses.


Claro que ella sabía que eran seis meses, había contado cada maldito día. Dentro del torbellino de emociones empezó a resaltar la desesperación, sobre todo, porque su pregunta no era específicamente de hoy; a este punto, no sabía si él evitaba hablar del tema o en serio no se daba cuenta de la situación.


De pronto, una carta apareció en sus manos; conocía a la perfección ese sello, tembló al recordar la última vez que estuvo en ese lugar.


Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería


Estimada Sra. Weasley:


Nos complace informarle que el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería ha sido completamente restaurado y está listo para recibir a los estudiantes en el próximo año académico. Bajo la dirección de la honorable Directora Minerva McGonagall, Hogwarts se prepara para un nuevo capítulo de aprendizaje, descubrimiento y magia.


Después de los eventos tumultuosos que sacudieron nuestra comunidad mágica, reconocemos la necesidad de sanar y avanzar juntos. Por esta razón, extendemos una invitación especial a todos los estudiantes que deseen repetir el año perdido debido a la interrupción causada por la reciente guerra mágica. Esta oportunidad no solo permitirá fortalecer sus habilidades mágicas, sino también reconstruir el vínculo entre nuestros estudiantes y fortalecer nuestra comunidad escolar.


En nombre del cuerpo docente y del personal de Hogwarts, esperamos con ansias un año lleno de aprendizaje, crecimiento y nuevas oportunidades en nuestro amado castillo.


Atentamente,


Minerva McGonagall

Directora

Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería.


Releyó la carta tres veces para poder entenderla en su totalidad.

¿Regresar? En sus pesadillas lo había hecho. Antes, ese lugar era el escenario de sus mejores recuerdos; hoy podía decir que todos se vieron opacados por la experiencia de la última vez que estuvo ahí.


Levantó la cabeza, viendo a su hermano y amigos emocionados. ¿No les daba pánico volver a estar ahí? ¿Acaso era la única que sentía que al poner un pie en ese lugar todo iba a revivir?


-McGonagall dijo que fuimos los primeros en recibirlas -explicó Ron-. Aunque empezaremos tarde, es mejor eso a perder todo el año.

-¿Van a volver? -al fin se animó a hablar. No entendía nada, sobre todo porque se suponía que Ron, Hermione y Harry ya tenían sus puestos de aurores asegurados.-Pensé que se unirían al ministerio directamente.

-Íbamos a hacerlo -explicó Harry-, pero consideramos que es mejor tomar esta oportunidad. Necesitamos al menos un año de colegio en paz -bromeó.


¿Cuándo lo había decidido? ¿Hoy? ¿O en todo el tiempo que no se vieron?

Además, dudaba mucho poder tener paz después de lo que los muros de Hogwarts habían presenciado.


-Yo no voy -afirmó mientras se levantaba de la silla de la cocina-. No quiero volver a ese lugar.


Sin decir más, subió rumbo a su habitación. Le daba igual que su hermano y Hermione quisieran volver; era su decisión y ella no iba a meterse. Pero Harry era un tema aparte, él le hizo la promesa de que jamás iban a volver a ese lugar mientras la consolaba por una nueva pesadilla. Estaba rompiendo esa promesa ahora.


Lo peor es que no sabía si él estaba equivocándose al no cumplir lo acordado, o ella era la egoísta por sentirse dolida de que su novio solo quiera crear buenos recuerdos al menos un año.


-Ginny -su madre llamó a la puerta- querida, ¿podemos hablar?


Por más que quisiera, no podía negarle nada. Abrió la puerta, asegurándose de que nadie más estuviera fisgoneando por fuera.


-Hija -Molly le dio una mirada cargada de compresión al tomar su mano-, sé que es difícil para ti, todos esos recuerdos -Ginny cerró los ojos con fuerza tratando de eliminar las imágenes que venían a su cabeza-, pero tienes que hacerlo, todos creemos que sería lo mejor...

-No puedo, mamá -la cortó de golpe-. No puedo


Ginny miró a su madre con los ojos llenos de lágrimas. Molly Weasley no era la misma desde la tragedia que había golpeado a su familia. Su rostro, antes radiante y lleno de vida, ahora estaba marcado por las líneas del dolor y la pérdida. Pero, a pesar de todo, Molly seguía siendo una fuente inagotable de amor y fortaleza para sus hijos. Aquel amor se manifestaba en cada pequeño gesto, en cada palabra cargada de ternura y sabiduría.


-Tienes que superar esos miedos, Ginny. No puedes vivir escapando para siempre -dijo Molly, con firmeza, mientras apartaba un mechón de cabello del rostro de su hija-. Yo sé que aún eres esa niña de carácter fuerte que no le teme a nada. Llevas esa valentía en tu interior, la misma valentía que Fred llevó consigo hasta el final.


Ginny sintió un nudo en la garganta al escuchar el nombre de su hermano. Fred había sido su héroe, aunque ella rara vez lo decía, su relación con los gemelos era la más estrecha que había tenido con cualquiera de sus hermanos. Recordarlo era como abrir una herida que aún no cicatrizaba. Pero las palabras de su madre eran un bálsamo, una caricia que suavizaba el dolor.


-No quiero dejarte -confesó Ginny, con la voz quebrada. El miedo de perder a alguien más la paralizaba. La idea de regresar a Hogwarts, de enfrentarse a los fantasmas de su pasado, la aterraba.


Molly la miró con una mezcla de tristeza y determinación. Su amor por sus hijos era tan grande que estaba dispuesta a sacrificarse una y otra vez por ellos.


-Yo voy a estar bien, tus hermanos están aquí casi todo el día -dijo, esbozando una sonrisa que no llegaba a sus ojos.


Ginny sabía que su madre estaba tratando de ser fuerte por ella, pero también sabía que el vacío dejado por Fred nunca se llenaría. Aún así, Molly seguía luchando, seguía adelante, y eso le daba a Ginny una pequeña chispa de esperanza.


-Quiero que vayas -continuó Molly-. Quiero que empieces a reconstruir tu vida, que no te hundas.


Molly había visto cómo Ginny se había sumido en la tristeza durante los últimos meses. La guerra había dejado cicatrices profundas en todos ellos, pero su mayor preocupación era ver a su hija atrapada en una espiral de depresión. Lo único que deseaba era verla florecer de nuevo, aunque fuera lentamente.


-¿Segura? -preguntó Ginny, con los ojos llenos de incertidumbre y miedo.


Molly asintió, y en ese gesto Ginny encontró la seguridad que necesitaba. Se lanzó a los brazos de su madre, abrazándola con fuerza, sintiendo el calor y la protección que solo ella podía ofrecer.


-Te amo, mamá -susurró Ginny, con el rostro enterrado en el hombro de Molly.


-Y yo a ti, mi niña -respondió Molly, besando la frente de su hija.


La decisión estaba tomada. Ginny iba a regresar a Hogwarts. Pero antes, tenía una conversación pendiente con cierto chico de ojos verdes que estaba sentado en su cocina como si nada.








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Astoria miraba su reflejo en el espejo, tratando de reconocer a la persona que veía. Había esperado que el tiempo y la distancia la alejaran de sus errores, que le dieran una segunda oportunidad para redimirse. Pero no había sido así. El pasado la había alcanzado de nuevo, y ahora debía enfrentarlo.


La noticia de su regreso a Hogwarts la había dejado en shock. Pensó que jamás tendría que volver a ese lugar, que podría empezar de nuevo lejos de las sombras que la acechaban. Se había equivocado, como tantas otras veces en su vida.


No quería regresar a Hogwarts, pero en su casa ya no importaba su opinión. Había casi arruinado a su familia la única vez que tomó una decisión sobre sí misma. Su madre había sido clara: ella y su hermana regresarían al colegio con la frente en alto, ignorando todo el caos que se había desatado contra su familia.


Todo fue su culpa. La misma Astoria había arruinado el buen nombre de los Greengrass, y todo para nada. Ahora era la más grande decepción. Tantos años esforzándose en ser la niña perfecta para convertirse en lo que era hoy en día: una vergüenza.


Miró su antebrazo con asco y odio, odio hacia ella misma y asco hacia sus acciones. Ahí estaba, la marca que jamás podría borrar por más que intentara. Esa marca que hoy en día la convertía en víctima del rechazo de cualquiera que se acercara a ella.


Lo que más vergüenza le daba era la razón por la que decidió hacerlo. Es fácil, lo hizo por "amor" o lo que ella pensó que era amor. Creyó que llevando aquella señal, su amor platónico al fin la vería con orgullo, como una igual. Grave error.


Cuando Draco se enteró de lo que había hecho, en lugar de sentir amor, sintió repudio. Él estaba metido en eso por su familia, pero ella no tenía motivos, al menos no para él. Él solo creía que era una niña estúpida que quería atención. ¿Cómo decirle que estaba ahí por él? Solamente confirmaría la idea de que es una pobre idiota.


La guerra había sido un infierno. Astoria se había encontrado incapaz de matar, simplemente no pudo hacerlo cuando tuvo la oportunidad. Pero también es verdad que cuando tuvo la oportunidad de salvar la vida de alguien, tampoco lo hizo. Permaneció como una estatua, esperando que todo pasara.


El juicio fue un escándalo. La noticia de que la familia Greengrass llevaba la marca de los mortífagos se había esparcido como un reguero de pólvora. Quería gritar que no metieran a su familia, que todo fue su culpa, que ellos eran inocentes. Sin embargo, tenía órdenes estrictas de su padre de no decir una palabra.


Si estaba continuando con su vida, era gracias a él. Su padre había pagado muchísimo dinero para "hacer un trato" con los testigos que la ubicaban en las filas de Voldemort durante la guerra, o que la habían visto en las reuniones. Como no hubo nadie para probar su participación, fue absuelta.


La tomaron solo cómo lo que era: una niña tonta que no sabía lo que hacía.


Ahora tenía que darles la cara a esas personas que sí sabían que era culpable. Todos sentirían la capacidad de juzgarla, pues las únicas personas que la entenderían no iban a pararse en Hogwarts ni por Merlín.


Sobre todo Draco. No supo más de él desde que acabó el juicio de los Malfoy. Por más que le mandaba cartas bastante seguido, él jamás respondía. Nada de lo que había hecho valió la pena.


Con un suspiro pesado, Astoria se alejó del espejo y se dirigió a su habitación, donde su baúl ya estaba preparado para el regreso a Hogwarts. Cada paso hacia ese destino inevitable se sentía como una sentencia, una carga que debía llevar sola.





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¡Hola a todos los que han llegado hasta aquí!


Quiero tomar un momento para agradecerles por leer este primer capítulo y por permitirme compartirles un poco de la vida de Ginny y Astoria. Decidí narrar sus historias porque, aunque son muy diferentes, ambas están atravesando momentos similares en sus vidas. Son dos personajes fuertes y complejos que estarán en el centro de esta historia, y me encantaría desarrollar a mi manera. Conforme avancemos, conocerán a los demás personajes que completan la historia.


Espero de corazón que hayan disfrutado este comienzo tanto como yo disfruté escribiéndolo. Cada voto y comentario significa mucho para mí y me motiva a seguir adelante con esta historia. ¡Les agradezco de antemano por su apoyo y espero seguir contando con ustedes en este proyecto!


Con todo mi cariño;


M.