U N O
No más chicos estúpidos. No los necesitas. Decidido.
Desde ahora, solo mereces poder, éxito y alegría. Decidido.
No más permiso hasta las 12:00 am para salir a fiestas. Decidido.
Soy una chica semi-independiente (énfasis en semi-independiente) que sabe lo que quiere, de dónde viene y a dónde va. Una chica que no debe darle explicaciones a nadie de nada.
Escucho la puerta de mi cuarto abrirse, sacándome de mi trance.
—Camila, ya es demasiado tarde. ¿Qué haces aún en la cama?
Al abrir mis ojos, veo a mi madre con su postura autoritaria, sus manos a los costados de su cintura y su ceño levemente fruncido.
Bueno, a eso me refería con lo de semi-independiente. No debo darle explicaciones a nadie de nada, excepto tal vez a mi madre.
—¿Qué haces? —puedo ver su cara de molestia y al mismo tiempo confusión al verme de la manera en que estoy sobre mi cama.
Me encuentro sentada sobre la cama, con mi cobija arropando todo mi cuerpo, solo dejando mi cara expuesta mientras hago mi "ritual post-cumpleaños", que consiste básicamente en jurar no volver a cometer los mismos errores del año pasado.
¿Funciona dicho ritual?
Absolutamente no.
Siempre me veo envuelta en las mismas desgracias año tras año, por eso esta vez decido alterar un poco las bases de dicho ritual. Sé que jurarme a mí misma no hacer algo no me da ningún tipo de garantía de que lo cumpla. Estoy consciente de que no debo confiar en mí misma.
Este año será distinto. No voy a jurarme ni prometerme nada, solo me limitaré a tomar decisiones que crea convenientes. Así, si me traiciono a mí misma incumpliéndolas, no me sentiré tan culpable.
Es la costumbre más rara existente en el mundo. Pero una vez oí a alguien decir que podemos ser lo que queramos y creer en lo que queramos. Así que no puedo ser juzgada por tener mis propias costumbres y creencias. Raras o no, me hacen ser yo misma.
—Mamá, por favor, no —suplico, dejándome caer dramáticamente de espaldas sobre la cama.
—No aceptaré un no como respuesta —mi madre camina hacia mi ventana, abriendo sin compasión las cortinas—. Tu hermano está listo, al igual que yo, y no debemos esperar más.
La claridad del exterior entra de golpe en mi habitación y me parece ser golpeada por un potente rayo. Mis ojos se cierran huyendo de la excesiva luz y mi cabeza parece que estallará en cualquier momento.
La resaca es inminente.
Pasarme toda la noche celebrando tiene sus consecuencias. El día apenas comienza y yo solo quiero dormir. Pero no, para mi madre es más importante ir a visitar a toda nuestra familia a un pueblo al cual debemos viajar dos horas por carretera para poder llegar.
No es que no quiera a mi familia. Bueno, a algunos sí y a otros no, lo usual, ya saben. Pero apenas he dormido un par de horas y ya debo levantarme. No es justo.
Claro, justo ahora debo agradecer que sea esto y no algo peor, ya que mi madre no sabe que anoche, mientras ella dormía, me escapé para seguir mi celebración. Una reunión modesta en casa no había sido suficiente para mí.
Después de todo, no se cumplen 18 años todos los días.
—Espero no tener que volver a entrar aquí y encontrarte de la misma manera, Camila.
Camila...
Camila...
Camila...
Ha repetido tanto mi nombre en lo poco que va de la mañana que ya siento que lo aborrezco.
Con pocos ánimos y pocas ganas de vivir, abandono la comodidad de mi cama y me dirijo torpemente al baño. Su Majestad la reina Diana Sofía Castro ha dado una orden y la verdad, no se me apetece retarla.