¹Twisted Loyalties | Kookv

Summary

Jungkook fue criado para seguir los pasos de su padre como Consigliere de la Organización de Chicago; hasta que el hombre lo abandona. Dejado para defenderse por sí mismo, Jungkook se ve obligado a luchar por un lugar en el mundo de la mafia. Como un luchador callejero despiadado, rápidamente se gana su lugar como el nuevo Ejecutor de la Camorra de Las Vegas; un hombre al que temer. Taehyung quiere construir una vida decente para él, lejos de su madre drogadicta. Pero pronto llama la atención de un hombre peligroso: Jeon Jungkook. Mantenerse alejado de los problemas y vivir una vida normal es casi imposible con un hombre como él. Taehyung sabe que necesita evitar a Jungkook, pero no es fácil deshacerse de hombres como él. Siempre obtienen lo que quieren. A Jungkook solo le importa una cosa: la Camorra. Pero su atracción por Taehyung pronto pone a prueba su lealtad inquebrantable. ¿Valdrá la pena arriesgar todo por lo que ha luchado, y finalmente su vida, por ganarse a Taehyung?

Genre
Romance/Erotica
Author
Arii
Status
Complete
Chapters
27
Rating
5.0 20 reviews
Age Rating
18+

Prólogo

Nueva York. Territorio de la Famiglia.

Juyeon había sido Capo por más de diez años, pero las cosas nunca habían estado tan jodidas como ahora. Estaba apoyado en el borde del amplio escritorio de caoba mientras escaneaba el arrugado mapa que mostraba las fronteras de sus territorios. Su Famiglia todavía controlaba toda la longitud de la costa este, desde Maine hasta Georgia. Nada había cambiado en décadas. Sin embargo, la Camorra había extendido su territorio más allá de Las Vegas hacia el este, habiendo ganado la ciudad de Kansas de los rusos recientemente. Min Yoongi estaba empezando a confiarse demasiado. Juyeon tenía la jodida corazonada de que su próximo movimiento sería un ataque a cualquiera de los territorios, ya sea de la Organización o la Famiglia. Ahora tenía que asegurarse que Min fijara su vista en las ciudades de Lee Dong y no en las suyas. La guerra entre la Famiglia y la Organización ya había matado a suficientes hombres. Otra guerra con la Camorra los destrozaría.

—Sé que no te gusta la idea —murmuró a su soldado. Dae asintió.

—No, pero no estoy en posición de decirte qué hacer. Eres El Capo. Solo puedo decirte lo que sé sobre la Camorra, y no es bueno.

—¿Y qué? —preguntó Seung, el hermano y mano derecha de Juyeon, encogiéndose de hombros, girando su cuchillo entre sus dedos—. Podemos encargarnos de ellos.

Sonó un golpe y Somi entró en la oficina que estaba en el sótano del club de Juyeon, la Esfera. Alzó sus cejas rubias con curiosidad, preguntándose por qué su marido la había llamado. Generalmente manejaba los negocios por su cuenta. Seung y Dae ya estaban dentro, y Juyeon desplegó su alto cuerpo desde donde se apoyaba contra el escritorio cuando ella entró. Somi se acercó a él y lo besó en los labios, luego preguntó:

—¿Qué pasa?

—Nada —dijo Juyeon con naturalidad. Sin embargo, algo en su rostro lucía fuera de lugar—. Pero hemos contactado con la Camorra para negociar.

Somi miró a Dae. Él había huido de Las Vegas hacía seis años, después de haber matado al Capo de la Camorra, Min Jungsu. Por lo que les había dicho, la Camorra era mucho peor que la Organización o la Famiglia. Todavía lidiaban con la esclavitud sexual y el secuestro, además del negocio habitual de las drogas, los casinos y la prostitución. Incluso en el mundo de la mafia, se les consideraba problemas serios.

—¿Lo hiciste?

—La lucha con la Organización nos está debilitando. Con la Bratva ya violando nuestro territorio, tenemos que tener cuidado. No podemos arriesgarnos a que la Organización haga un trato con la Camorra antes de tener la oportunidad. Si pelean juntos contra nosotros, estaremos en problemas.

La culpa inundó a Somi. Sus hermanas y ella fueron la razón por la que se había roto la tregua entre la Organización de Chicago y la Famiglia de Nueva York. Se suponía que su matrimonio con Juyeon debía crear un vínculo entre las dos familias, pero cuando su hermana menor Eunji huyó de Chicago para casarse con el soldado de Juyeon, Minki, el jefe de la Organización Lee Dong les declaró la guerra. No podría haber reaccionado de otra manera.

—¿Crees que incluso considerarán hablar con nosotros? —preguntó Somi. Todavía no estaba segura por qué estaba aquí en primer lugar. No tenía ninguna información útil sobre la Camorra.

Juyeon asintió.

—Enviaron a uno de los suyos para hablar con nosotros. Estará aquí pronto. — Algo en su voz, una corriente oculta de tensión y preocupación, levantó los pequeños vellos en su cuello.

—Están tomando un gran riesgo al enviar a alguien. No pueden saber si va a regresar con vida —dijo Somi sorprendida.

—Una vida no es nada para ellos —murmuró Dae—. Y el Capo no envió a uno de sus hermanos. Envió a su nuevo Ejecutor.

A Somi no le gustaba la forma en que Juyeon, Seung y Dae la estaban mirando.

—Piensan que estará a salvo —dijo Juyeon—, porque es tu hermano.

El suelo se tambaleó bajo los pies de Somi y se agarró al borde del escritorio.

—¿Kook? —susurró. No lo había visto ni hablado con él en muchos años. Desde que la guerra había sido declarada, no tenía permitido contactar a su hermano. Su padre, el Consigliere de la Organización, se había asegurado de ello. Se detuvo un momento en sus pensamientos—. ¿Qué está haciendo Kook con la Camorra? Es un miembro de la Organización. Se suponía que un día sustituiría a mi padre como Consigliere.

—Sí, se suponía que sí —dijo Juyeon, intercambiando una mirada con los otros hombres—. Pero tu padre tiene dos hijos menores con su nueva esposa y al parecer uno de ellos se convertirá en Consigliere. No sabemos qué ocurrió, pero por alguna razón, Jungkook desertó a la Camorra, y por alguna razón lo recibieron. Es difícil obtener información válida sobre el asunto.

—No puedo creerlo. Voy a ver a mi hermano otra vez. ¿Cuándo? —preguntó con entusiasmo. Era casi nueve años más joven, y ella lo había criado hasta que tuvo que casarse con Juyeon y dejar Chicago.

Dae sacudió la cabeza con el ceño fruncido. Juyeon tocó el hombro de Somi.

—Somi, tu hermano es el nuevo Ejecutor de la Camorra.

Le llevó unos segundos asimilar la información. Los ojos de Somi se dirigieron a Dae. Él todavía la asustaba con sus tatuajes y cicatrices, con la oscuridad persistiendo en sus ojos. Y ya no se asustaba fácilmente, no al estar casada con Juyeon.

Dae había sido el Ejecutor de la Camorra cuando Min Jungsu había sido Capo. Y ahora que el hijo de Min había tomado el poder, Kook se había hecho cargo del papel. Tragó con fuerza. Ejecutor. Se encargaban del trabajo sucio. El trabajo sangriento. Se aseguraban que la gente obedeciera, y si no obedecían, los Ejecutores se aseguraban que su destino fuera una advertencia para cualquiera que considerara lo mismo.

—No —dijo en voz baja—. No Kook. No es capaz de ese tipo de cosas. —Había sido un niño cariñoso y amable, siempre había intentado proteger a sus hermanas.

Seung le dirigió una mirada que le decía que estaba siendo ingenua. No le importaba. Quería ser ingenua si eso significaba mantener el recuerdo de su amado y gracioso hermanito. No quería imaginarlo como otra cosa.

—El hermano que conociste, no será el hermano que veas hoy. Será alguien más. Ese chico que conociste, está muerto. Tiene que estarlo. Ser Ejecutor no es un trabajo para los de buen corazón. Es un trabajo cruel y sucio. Y la Camorra no muestra misericordia hacia las mujeres como es hábito en Nueva York o Chicago. Dudo que eso haya cambiado. Min Yoongi es un jodido retorcido como su padre —dijo Dae con su voz ronca.

Somi miró a Juyeon, esperando que él contradijera lo que su soldado había dicho.

No lo hizo. Algo en Somi se quebró.

—No puedo creerlo. No quiero —dijo—. ¿Cómo puede haber cambiado tanto?

—Está aquí —les informó uno de los hombres de Juyeon—. Pero se niega a entregar sus armas.

Juyeon asintió.

—No importa. Lo superamos en número. Déjalo pasar. —Luego se volvió hacia Somi—. Tal vez lo descubramos hoy.

Somi se tensó cuando unos pasos se acercaron. Se abrió la puerta y entró un hombre alto. Era casi tan alto como Juyeon. No tan ancho, pero musculoso. Un tatuaje asomaba bajo sus mangas enrolladas. Su cabello rubio oscuro estaba cortado por los lados y ligeramente más largo en la parte superior, y sus ojos azules hielo… fríos, calculadores, cautelosos.

Somi no estaba segura de haberlo reconocido en la calle. Ya no era un niño; era un hombre. No solo por edad. Sus ojos se posaron en ella. La sonrisa del pasado no llegó, aunque el reconocimiento brilló en sus ojos. Dios, no quedaba nada del muchacho alegre que ella recordaba. Pero era su hermano. Siempre lo sería. Era una tontería, pero se apresuró hacia él, ignorando el gruñido de advertencia de Juyeon.

Su hermano se puso tenso cuando ella lo abrazó. Podía sentir los cuchillos atados a su espalda, las armas en la funda alrededor de su pecho. Sabía que habría más armas en su cuerpo. No le devolvió el abrazo, pero una de sus manos acunó su cuello. Somi lo miró entonces. No había esperado ver la ira en sus ojos antes de que él volviera su atención a Juyeon y a los otros hombres en la habitación.

—No hay necesidad de sacar las armas —dijo con un toque de diversión fría— No he viajado todo el camino para lastimar a mi hermana.

Su toque en su cuello parecía más una amenaza que un gesto de familiaridad.

Los dedos de Juyeon se cerraron alrededor del brazo de Somi y la apartó con fuerza. Jungkook siguió la escena con humor oscuro en sus ojos. No se movió ni un centímetro.

—Dios mío —susurró Somi con la voz espesa—. ¿Qué te pasó?

Una sonrisa de depredador curvó sus labios.

Ya no era Kook. Ese hombre frente a ella, era alguien a quien temer.

Jeon Jungkook. Ejecutor de la Camorra.