Sombras y demonios El viaje de Luke parte 1

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Summary

Luke Jones siempre ha sido diferente. Desde niño, ha poseído una habilidad que la mayoría consideraría una maldición: la capacidad de ver y percibir sombras, espectros y demonios. Ángeles del Infierno han rondado su vida, influyendo en su camino de formas que apenas comienza a entender. A medida que crece, Luke intenta desesperadamente encajar en el mundo normal. Quiere ser como cualquier otro adolescente, libre de los oscuros ecos que atormentan su existencia. Pero, aunque trate de ignorar su don, las sombras no lo dejan. Persisten en los rincones de su visión, susurrando secretos prohibidos y retorcidos. Un día, la lucha por ser normal se vuelve insostenible. Luke decide enfrentar la verdad de su naturaleza. Comienza a investigar el oscuro mundo que ha tratado de evitar, descubriendo que su vida está entrelazada con fuerzas más allá de la comprensión humana. Sumérgete en un viaje donde la realidad y el infierno se entrelazan, y donde deberá descubrir su verdadero destino.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
13+

Capítulo 1: El Despertar de la Oscuridad

La Casa en la Colina

Luke Jones vivía en un pequeño pueblo a las afueras de la ciudad, un lugar donde el tiempo parecía fluir con más lentitud. Su hogar, una casa grande y antigua, había sido construida por su abuelo, piedra por piedra. El tiempo había dejado su huella en sus paredes, y aunque a primera vista podría parecer simplemente una casa vieja, para Luke siempre tuvo una atmósfera inquietante.

La casa estaba situada en lo alto de una colina, rodeada por árboles que se mecían con el viento, creando susurros que en la noche parecían voces lejanas. En la parte trasera de la casa había un callejón oscuro, flanqueado por los robustos muros de piedra y apenas iluminado por un solitario farol que emitía una luz trémula.

Luke y su madre ocupaban el último cuarto de la casa, una habitación con una gran ventana que ofrecía una vista perfecta del callejón. Desde niño, Luke siempre había sentido que algo lo observaba desde la oscuridad de ese lugar. Pero como todos los niños, solía distraerse fácilmente con juegos y aventuras, y esas sensaciones de inquietud se desvanecían. Sin embargo, una noche, todo cambió.

La Primera Visión

Era una noche oscura y tormentosa cuando la madre de Luke lo llevó a la cama. Las nubes cubrían la luna, y la lluvia golpeaba los cristales de la ventana con un ritmo insistente. Luke se acurrucó bajo las sábanas, sintiendo el calor reconfortante de su madre al acomodarlo para dormir. Pero cuando ella se giró para salir de la habitación, él vio algo que lo dejó petrificado.

A través del cristal de la ventana, una silueta negra se delineaba contra la oscuridad del callejón. Parecía un hombre, pero su cabeza no era humana; tenía la forma de un animal, similar a la de un caballo. Luke sintió que el pánico se apoderaba de su mente, su respiración se volvió rápida y superficial.

—¡Mamá! —gritó Luke, señalando hacia la ventana.

Su madre se giró rápidamente, desconcertada por el tono de su voz. Se acercó a la ventana y miró hacia afuera, sus ojos escrutando la oscuridad.

—No hay nada allí, Luke —dijo suavemente, tratando de tranquilizarlo. Pero la mirada fija de su madre y la oscuridad del callejón no podían borrar la imagen que había visto. Luke insistió, su voz temblando de miedo.

—Por favor, mamá, pon una cortina —pidió.

Su madre, tratando de calmar sus temores, accedió y colocó una cortina gruesa sobre la ventana. Esa noche no ocurrió nada más, y Luke trató de convencerse de que todo había sido un producto de su imaginación. Pero la sensación de que algo lo vigilaba desde la oscuridad no desapareció.

Sombras en la Noche

Con el paso de los días, Luke evitaba mirar hacia la ventana por la noche. Pero cada vez que caía la oscuridad, sentía una presencia, una mirada que lo atravesaba, aunque la cortina estaba cerrada. Las noches transcurrieron en una calma tensa, hasta que una noche, el hombre con la cabeza de animal volvió a aparecer.

Luke lo veía claramente a través de la cortina, su figura oscura y retorcida llamándolo en silencio. Su madre, cansada de sus insistencias nocturnas, lo acostaba y se quedaba con él hasta que se dormía. Pero antes de que eso sucediera, Luke gritaba y pataleaba, rogando que no lo dejaran solo en esa habitación.

A medida que las semanas pasaban, la presencia del hombre en el callejón se volvió constante. Luke lo veía cada noche, su forma se movía lentamente, como si flotara en el aire, siempre llamándolo, aunque no sabía cómo. La situación se volvió insoportable, hasta que una tarde, todo cambió de nuevo.

El Atardecer Sangriento

Era un día como cualquier otro, pero el cielo parecía teñido de rojo, más rojo que naranja, mientras el sol se ponía detrás de las montañas. Una brisa fría soplaba, haciendo crujir las ramas de los árboles. Luke y su madre se sentaron en los escalones de la casa, observando el atardecer. Justo cuando el sol estaba a punto de desaparecer, hubo un apagón, y el pueblo quedó sumido en la oscuridad.

Los vecinos salieron a las puertas de sus casas, formando pequeñas siluetas en la penumbra. Enfrente de la casa de Luke, un enorme olivo, antiguo y con pocas hojas, se mecía con la brisa. Luke miraba fijamente el árbol, observando cómo las ramas se movían y cómo las sombras jugaban entre ellas.

De repente, comenzó a ver sombras moverse entre las ramas. Al principio, pensó que eran solo las hojas, pero pronto se dio cuenta de que eran más que eso. Las sombras se movían de una manera extraña, casi desesperadas por ser vistas. Comenzó a escuchar una voz en su mente, un susurro que le decía “ven, acércate”.

—¿Mamá, escuchas eso? —preguntó Luke, con los ojos muy abiertos.

—Es solo la brisa, cariño —respondió ella, sonriendo para calmarlo.

Pero Luke sabía que no era solo la brisa. Las sombras parecían detenerse por un momento, observando la casa con una intensidad que lo asustaba. Cuando la noche se volvió más fría, entraron a la casa y encendieron velas. La luz tenue y parpadeante hacía que la antigua casa se viera aún más inquietante. Luke rogaba que las velas no se apagaran, temiendo que algo pudiera entrar en la oscuridad.

Finalmente, Luke y su madre se fueron a la cama, y aunque Luke estaba aterrado, el cansancio lo venció y se quedó dormido. A la mañana siguiente, la energía volvió, y el pueblo volvió a su rutina normal. Pero la mente de Luke no podía olvidar lo que había visto y oído. Comenzó a preguntarse por qué veía esas cosas, por qué solo él las escuchaba. Trataba de ignorarlas, de tragarse su miedo, pero sentía que cada vez que lo hacía, aquello que lo acechaba se hacía más fuerte.

El Eco del Infierno

Con el tiempo, Luke creció y parecía haber desconectado de esa sensación de peligro. Los incidentes se volvieron menos frecuentes, y la vida volvió a una apariencia de normalidad. Sin embargo, una noche, mientras se cubría de pies a cabeza con su sábana, comenzó a escuchar ruidos extraños debajo de su cama. No eran los típicos crujidos del suelo de madera; eran como lamentos, gemidos de dolor y sufrimiento.

Luke decidió ignorarlos, tapándose los oídos y tratando de dormir. Pero las noches siguientes, los gemidos se multiplicaron. Lo que comenzó como una sola voz se convirtió en un coro de llantos y súplicas, como una orda de almas atormentadas. Sentía que las voces lo llamaban, pero no sabía cómo responder.

Una noche, mientras intentaba ignorar los ruidos, sintió algo aún más inquietante: manos invisibles acariciaban sus piernas. No era una caricia suave; era una sensación de agarre, como si algo intentara aferrarse a él, pero no podía. Luke se sacudió, tratando de liberarse de la sensación, pero no podía deshacerse de ella.

El Encuentro con la Bruja

Desesperada, la tía de Luke decidió llevarlo a ver a una mujer que, según decían, podía ayudar. Luke no sabía que se trataba de una bruja; para él, solo era una salida con su tía. Al llegar al lugar, una sensación de miedo lo invadió, pero su tía lo empujó suavemente hacia adelante.

El interior de la casa de la bruja estaba lleno de olores fuertes: hierbas secas, ron dulce y tabaco. Imágenes y estatuillas de figuras desconocidas adornaban las paredes. Luke se sentó en una camilla, nervioso y con el corazón latiendo rápido. Su tía hablaba en voz baja con alguien, describiendo lo que Luke había estado experimentando.

Una mujer alta, con el cabello teñido de rojo y vestida de manera extraña, entró en la habitación. Llevaba una pañoleta azul en la cabeza y numerosos collares y pulseras. Se acercó a Luke y, sin necesidad de explicación, describió lo que él había estado sintiendo.

—Se te ve en las piernas —dijo la mujer, con una voz profunda y calmada—. No te dejan descansar.

Ella sacó un frasco de un estante y comenzó a preparar una mezcla. El aroma de las hierbas y el ron llenó la habitación. La bruja encendió un tabaco y comenzó a soplar el humo sobre las piernas de Luke, mientras untaba la mezcla en su piel. Luke observaba en silencio, sintiendo que algo más profundo estaba ocurriendo.

—Esto no terminará aquí —dijo la bruja finalmente, mirándolo con ojos oscuros y penetrantes—. Solo es una pausa.

Un Destino Ineludible

Esa noche, Luke durmió más tranquilo que nunca en meses. Pero sus sueños estaban llenos de figuras oscuras y susurros inquietantes. Sabía que la calma que sentía era temporal, que las sombras volverían, y que tarde o temprano tendría que enfrentarlas.

El encuentro con la bruja había despertado algo en Luke. La sensación de ser diferente, de estar conectado con un mundo oscuro y desconocido, crecía dentro de él. Sabía que no podía ignorar su don, por muy aterrador que fuera. Las sombras, los espectros y los demonios eran parte de su vida, y ya no podía escapar de ellos.

Mientras el sol se levantaba sobre el pequeño pueblo, Luke se prometió a sí mismo que descubriría la verdad. No sabía lo que el futuro le deparaba, pero estaba decidido a enfrentar su destino, por aterrador que fuera.