Uno
—Puedes olvidarlo —sentenció Hoseok, dándome un vistazo lateral antes de encender la luz intermitente para dirigirse a Fifth Street. El centro de la ciudad ya estaba lleno, y su Jeep se detuvo lentamente detrás del interminable resplandor rojo de luces traseras.
—¿Olvidar qué? —pregunté, desviando la mirada y pretendiendo no saber a lo que se refería mi amigo.
—Esa mirada en tu cara. —respondio con sospecha. —La que dice que estás a dos segundos de abrir esa puerta y correr por tu vida.
—No lo hago. —resoplé burlón. Aunque él tenía toda la razón. Ni siquiera habíamos llegado al dichoso club y yo ya quería volver a casa a acurrucarme entre mis frazadas.
—Que si, bobo. —insistió, dándome un pequeño apretón en la rodilla antes de regresar sus manos al volante. — Pero lo prometiste, Yoon. Y necesito esto. Solo nos graduamos de la universidad una vez, y tan pronto comienzas tu pasantía, tu vida social termina.
Soltando un suspiro, observé por la ventana el nublado cielo que era perpetuo en Westport, Washington. Casi odiaba que Hoseok me conociera tan bien, pero más que eso, odiaba haberlo dejado que me convenciera de salir esta noche. Preferiría haberme quedado en casa, maratoneando en Netflix y celebrando solo. Pero no. Esta noche no estaría solo, no a dónde íbamos. Tiré de la manga de la costosa camisa de diseñador que Hoseok me había obligado a utilizar e intenté de recordarme a mí mismo que solo eran unas pocas horas, y que no había nada que no haría por mi mejor amigo.
—Deja de inquietarte. Nos delatarás.. —dijo, y sus labios se curvaron en una sonrisa burlona. —No lo pienses demasiado. Esto se supone que es divertido. ¿Y cuándo te he decepcionado tratandose de diversión?
—Eso es lo que me preocupa. —musite, conteniendo un suspiro conocedor.
—Creo que lo que querías decir es "Eso es lo que me emociona, Hobi. Voy a gozar al maximo esta noche, gracias por sacar mi célibe trasero de casa"
—No seas idiota.. —fue mi turno de empujarlo con cuidado de no ser muy brusco. Lo último que necesitaba es que chocase por mi culpa. —Dije que iría, tonto. Nunca me comprometí a participar en ninguna clase de actividad dudosa. —me crucé de brazos.
—¿Dónde diablos está la diversión en eso? —redujo la velocidad hasta detenerse frente a un edificio sin señales, y puso el auto en el estacionamiento cuando apareció un valet. —Unas copas y dejarás que alguien te masturbe. Estás demasiado tenso, Yoon. —me dió un par de palmadas de 'ánimo' en el hombro y luego salió del auto conmigo siguiéndolo de mala gana.
Mientras caminábamos hacia la angosta puerta de entrada, pude sentir resurgiendo los nervios que antes había logrado suprimir. Hobi no me había dicho mucho sobre a dónde nos dirigíamos esta noche, excepto que podía y debía esperar eventos alocados. Y cuando se trataba de mi excéntrico amigo, eso podía significar cualquier cosa.
Nos abrió la puerta un gigante que tenía la cabeza rapada, una expresión severa, y estaba vestido con un traje prístino que parecía que costaba más que mi alquiler mensual. Aunque aquello no era tan difícil, considerando que el lugar al que llamaba 'casa' era un pequeño estudio en uno de los barrios menos agradables de la cuidad. En contraste con este vecindario en particular.
Una vez que estuvimos dentro, la puerta se cerró firmemente detrás de nosotros, y Hoseok, el gigantesco guardia y yo quedamos encerrados en un apretada área del vestíbulo; donde un segundo hombre se mantenía de pie detrás de un escritorio. Me dije a mí mismo que no debía tirar del cuello de mi camisa en nerviosismo, pero la claustrofobia repentina que me alcanzó tenía un sentimiento de inquietud retorciendome las tripas. Yo era un tipo cauteloso por naturaleza. Pero en aquel momento, estar encerrado en esos estrechos confines con dos desconocidos que podrían limpiar el piso conmigo si llegasen a considerar que no valía su tiempo, me puso ligeramente... incómodo.
—¿Cómo dijiste que se llamaba este lugar? —pregunté en voz baja a Hobi, mirando con cautela todo a mi alrededor.
—La Guarida de Wolfe Park.
Ese nombre tan misterioso no ayudó a aminorar mis nervios crecientes. —¿La Guarida de Wolfe Park?—repetí, tragando en seco. Algo muy en mi interior me decía que saliese de ahí, que corriera y volviera a casa. Que claramente, esto no podría salir bien.
—Correcto. —afirmó él, con una sonrisa cada vez más ansiosa. Caminó hacia la recepción como si con decirme el nombre de aquel lugar hubiese resuelto todas mis dudas.
Antes de él pudiese llegar demasiado lejos, lo agarré de la muñeca y lo detuve. Cuando me miró por encima de su hombro con una ceja levantada, me acerqué discretamente, intentando no hacer una escena enfrente del personal.
—Este lugar es.. —dudé por un momento. —Ya sabes.. 'confiable', ¿Cierto?. ¿Respetable?
La astuta curva de sus labios me dejó saber que si eso era lo que estaba buscando, definitivamente había llegado al lugar incorrecto. —Es... ambas cosas. Pero probablemente no de la manera que esperas.
¿Qué demonios significaba eso? Estaba a punto de preguntarle cuando él se giró, acercándose al escritorio. Sin decir una palabra, sacó una pila de billetes.
<Mierda, ¿Eran esos billetes de cien>
El hombre los contó, y una vez que el número llegó a diez, no pude soportar mirar más. Me tapé los ojos de la mortificación. Eso era más de lo que yo había ganado en un año limpiando derrames de café y migas de panini en Lava Java. Y aunque había conocido a Hoseok el tiempo suficiente para no dejarme sorprender por su riqueza, todavía no podía superar la forma en este despilfarraba sin preocupaciones.
El personal del escritorio asintió, aparentemente satisfecho con la cantidad que le había entregado mi compañero. Luego, colocó una pequeña caja cuadrada sobre la superficie plana. No dijo nada, pero mi amigo parecía saber lo que eso significaba porque sacó una larga llave de bronce de aspecto antiguo de su bolsillo y la insertó en la cerradura. Cuando la giró, se escuchó un clic y la caja pareció brillar con color púrpura desde adentro.
Inmediatamente después, los hombres del personal nos rodearon. Yo retrocedí de la sorpresa, mirando a Hobi en busca de respuestas.
—Relájate, Yoon. Está todo bien. —sonrió al ver mi mirada pasmada en un gesto de consternación. —Solo tenemos que entregar algunas cosas antes de que podamos entrar. —aseguró.
—¿Algunas cosas como cuales? —cuestione con sospecha.
En cuanto sentí el tacto del guardia de seguridad sobre mi cuerpo me tense de inmediato, tratando de mantener mi postura. Sacó mi teléfono y mi billetera de mi bolsillo.
—Oye, espera…—intente protestar.
—Los recuperarás. —continuó su búsqueda, acariciando mis pantalones y revisándome los tobillos. Cuando estuvo satisfecho de que yo no llevaba un arma o algo por el estilo, se puso de pie y guardó mis pertenencias en una caja fuerte. Agarró mi mano y colocó mi dedo índice sobre un escáner de huellas digitales en la parte superior, hasta que éste brilló violeta.
—Solo tú puedes acceder a esta caja. —sentenció, dejando caer mi mano. —Mientras sigas las reglas.
¿Reglas? Ni siquiera sabía dónde coños estábamos, y mucho menos cuáles eran las 'reglas'. Pero Hoseok no parecía preocupado, y después de cerrar con llave su propia caja con su huella dactilar, la puerta se abrió y una hermosa mujer con labios del color de una cereza madura nos sonrió.
—Caballeros.. —saludó ella. —Bienvenidos a la Guarida de Wolfe.
Algo en la manera en que dijo aquel nombre, hizo que un escalofrío recorriera mi espalda. Seguí a mi amigo por la puerta, y lo que vi a continuación casi me hizo correr en dirección opuesta.
Era el lugar más elaborado en el que había estado alguna vez. Paredes de terciopelo morado nos rodeaban por todos lados, elegantes arañas brillaban en los techos sobre nosotros. Una mezcla de personas de todas las edades y razas se mezclaban encima de sofás de cuero negro, la pequeña pista de baile, el bar que ocupaba una pared de aquella habitación.
Me incliné para susurrar al oído de Hoseok. —No pertenezco aquí, Hobi.
Él respondió lanzando un brazo sobre mis hombros y arrastrándome más adentro. —Seguro que lo haces, Gigi. Todos están aquí por la misma razón.
Retrocedí poco convencido, mirándolo con recelo. —¿Y cuál sería dicha razón? —cuestioné, barriendo mis ojos por todo lo que me rodeaba, mi semblante era incómodo e inseguro.
Sus ojos brillaron.
—Para pasar un muy, muy buen momento. Ahora, vamos a relajarnos. —despeinó mis hebras onduladas, antes de guiarme en rápidas zancadas hacia la barra.
Mientras nos ordenaba un par de cervezas, dejé que mis ojos recorrieran nuevamente la excéntrica habitación. Tan lujosa como se viera, no podía imaginar el por qué Hoseok querría gastar tal cantidad de dinero para entrar aquí. Cuando me entregó el vaso de líquido ámbar, le comenté lo que pasaba por mi mente y él sólo se rió.
—Bien, Gigi. Ahora que ya pasaste el control de seguridad, creo que te contaré un pequeño secreto. —susurró, cubriéndose la boca parcialmente con la palma de la mano y acercándose más a mi oído. —Bajaremos a otro nivel.
—¿Bajaremos? ¿Nivel? —medio susurré, medio grité. —¿De qué rayos hablas, Hobi?
El solo me guiñó un ojo y tomó un sorbo de su bebida. —Mira, es como una cita. En este momento estamos en la etapa de conocerlos. Una bebida o dos. Inspecciona la escena y atrapa la mirada de alguien. Luego bajas un nivel, y ahí es donde comienza la diversión. Tal vez te dejen tocar bajo sus camisas. Demonios, tal vez se quiten la camisa. —dijo con cada vez más entusiasmo.
Mis ojos se agrandaron, casi saliéndose de sus cuencas.
—¿A qué tipo de lugar me trajiste, Jung Hoseok? —le di un zape en la nuca, abultando mis labios en creciente molestia. Pero él solo se rió a carcajadas al ver mi expresion.
—Un lugar donde las fantasías se hacen realidad, mi querido amigo. —me rodeó el hombro de nuevo y me acerco más a su lado. — Cualquier fantasía que quieras, Jimin Wolfe Park puede hacer que suceda.
— ¿Quién es ese?—arqueé una ceja con desconfianza. Aquel nombre no me sonaba de nada.
—Maldito infierno, creo que todo lo que estudiaste destruyó tu vida social. Jimin Wolfe Park es el hombre más asquerosamente rico de la puta ciudad. Hablo poderoso, poderoso, Gigi. Diablos, él posee la mitad de todo lo que pisamos. Y maldición, el hombre está más bueno que el pan. Tan caliente que pagaría otros miles por chupársela.
Mire a nuestro alrededor para ver si alguien lo había escuchado las urgidas declaraciones de mi querido colega.
—¿No quieres un megáfono? No creo que el otro lado de la habitación te haya escuchado. —dije con sarcasmo.
Hoseok resopló.
—Espero que me hayan escuchado. Es por eso que estamos aquí, Yoongi. Tú y yo. Solo siéntate y disfruta del viaje.
—Espera... ¿Estás diciendo que este es un... club de sexo? —tragué, echando otro vistazo alarmado a mi alrededor.
—Bueno, no es un estudio de la Biblia. —me guiñó un ojo, y luego tomó el resto de su bebida.
Lo observé detenidamente por unos cinco segundos antes de hacer el amago de huir, pero él fue más rápido y me agarró del brazo.
—¡Yoongi, vamos! —me lanzó una mirada suplicante. —Mira, sé que este no es tu tipo de lugar..pero no tienes que hacer nada que no desees. Nadie te presionará o te forzará a nada. Park dirige todo con mano firme y es por eso que es un lugar tan exclusivo. —afirmó, intentando reconfortarme. —Tenemos la libertad de hacer cualquier cosa mineras sea consensuada. Y quiero decir cualquier cosa. Pero si solo quieres mirar, eso está más que perfecto.
Traté de procesar lo que me estaba diciendo, y fue entonces cuando me di cuenta de que esas personas en los sofás no solo estaban hablando, y los que se encontraban sobre la pista de baile hacían mucho más que bailar. Las manos vagaban por debajo de la ropa, y una por una, noté que la gente se dirigía hacia una salida de la esquina que parecía descender a otro piso.
Jodida mierda. ¡¿Cómo terminé en un lugar así?!
Me pasé una mano por la cara y luego capté mi reflejo en la pared espejada detrás de la barra. El chico mirándome en el reflejo lucía completamente ingenuo, pero por fuera no se veía muy diferente del resto de la gente en el bar o en la habitación. ¿Puedo hacer algo tan atrevido como esto? ¿Puedo desactivar mis inseguridades por unas horas y dejarme llevar?
—Conozco esa mirada.. —aseguró mi amigo, atrapando mis ojos en el espejo mientras me inspeccionaba. —Estás intrigado, Yoongi. Puedo verlo, así que no te molestes en negarlo.
Viendo mi reflejo, me desafié a intentarlo. Luego me terminé el resto de la cerveza de un trago, mientras una lenta sonrisa se deslizaba por la boca de mi acompañante.
—De acuerdo. —accedí, mientras el alcohol se abría paso por mis venas. —Muéstrame el camino. —extendí mi mano y él la tomó arrastrándome en dirección a aquella puerta.
***
—¿Cuántos esperamos esta noche? —miré a través de mi escritorio hacia Trinity, la gerente de mi club. Ella estaba vestida con pantalones de cuero y un corsé negro a juego con un sujetapapeles en la mano. Acababan de dar las diez y las puertas de la guarida se habían abierto para la noche de novatos. O como me gustaba pensar, la noche en que todos los cachorritos venían a jugar a la Guarida de Jimin Wolfe Park.
—Tenemos veinticinco caras nuevas para vigilar, más el elenco habitual de personajes. —informó, con una sonrisa confiable.
Me recliné en mi silla y me incliné para acariciar la cabeza de Faolán, mi perro lobo y compañero leal.
—Básicamente, tenemos veinticinco cuerpos nuevos para corromper o aterrorizar, es lo que estás diciendo… —permiti que la comisura de mis labios se elevara, cruzándome de brazos y poniéndome cómodo.
Trinity resopló con diversión antes de acercarse unos pasos y arrojar el portapapeles sobre la superficie de mi escritorio. —Si estamos haciendo bien nuestro trabajo, entonces sí. Wolfe. —afirmó.
Miré más allá de ella a la pared curva hecha de vidrio a sus espaldas, y pude observar como un cliente tras otro entraba en el piso principal de la guarida. Mi gerente y yo nos encontrábamos en mi oficina, la cual ocupaba un espacio circular ubicado directamente detrás del bar. Mis invitados no eran conscientes de aquello. Y así me gustaba. Mientras ellos pensaban que estaban observando una pared de espejos, me miraban sin saberlo.
Trinity se dió vuelta para mirar en la misma dirección que yo, y cuando una risa salió de su boca, me puse en pie con interés.
—¿Algo divertido? —pregunté, rodeando mi escritorio con pasos certeros.
—Estaba pensando cómo esta noche es mi favorita todos los meses.
Me acerqué hasta pararme detrás suyo. — ¿Ah, si? —fue mi turno de sonreír.
Me miró por encima del hombro. Mi estructura de un metro ochenta y cinco empequeñecía incluso su estatura de un metro ochenta. Ella era más alta que la mujer promedio. Se quitó un mechón de corto pelo negro azabache de sus labios escarlata mientras sonreía levemente maniática.
—Por supuesto, Park. No me digas que no disfrutas la vista de todas estas criaturas dulces llegando a tu guarida. —se giró hacia mí, acariciándome el rostro con un deje de diversión. —Otros podrían comprartelo, pero yo te conozco demasiado bien.
—Sí, pero la diferencia es que yo no toco. —afirmé, apartando su mano.
—Sí. Sí, lo sé. —se encogió de hombros, dándome espacio y parándose a mi lado. —Otro motivo por el cuál esta noche es mi favorita. Las probabilidades están a mi favor contigo fuera de la imagen. —regresó su mirada hacia el vidrio y señaló la puerta principal con una inclinación de su barbilla. —Puedo ver a Jade dejando entrar a más de ellos, así que será mejor que baje al segundo piso. ¿Harás una aparición esta noche?
Metí las manos en los bolsillos de mi pantalón, aún indeciso al respecto.
—Quizás. Tengo algunas llamadas telefónicas pendientes por hacer. Después de eso, veré cómo está mi humor.
Trinity me guiñó un ojo, para luego dirigirse a la puerta trasera escondida y salir del lugar. Aquella puerta conducía por una escalera privada que daba acceso a todos los pisos del club. Nadie además de nosotros podía utilizarla. Lo que significaba que podíamos ir y venir a dónde quisiéramos sin previo aviso. Justo como me gustaba. En control.
A mi lado, Faolán se encontraba inquieto y alerta. Sus ojos grises/azulados se enfocaban en los tipos al otro lado del bar. Después de marcar un número y presionar el botón del altavoz, me incliné para acariciar su cabeza.
—No, no.. —murmuré hacia mi mascota. Mi mirada se permitió inspeccionar una vez más las caras frescas y ansiosas tomando bebidas en el bar. —No vamos a cazar esta noche, amigo.
La línea había comenzado a sonar para mi enlace en Australia cuando mi perro dejó escapar un gemido agudo, trotando hacia el cristal.
—¿Qué pasa, muchacho? —le pregunté, mientras él se paseaba de un lado a otro y continuaba aullando. Finalicé la llamada antes de que se conectara y me levanté de la silla, yendo a ver qué es lo qué había provocado su agitación. Me puse de cuclillas a su lado, frotando debajo de su barbilla mientras él me dirigía una mirada ansiosa.
¿Ves algo que te guste? —sonreí divertido, a lo que dejó escapar un ruido y miró por el cristal.
Seguí su mirada hacia dos jóvenes que acababan de llegar al bar, uno de cabeza plateada con una arrogancia altanera que solo el dinero podía proporcionar. Y el otro…
Contuve el aliento y me puse de pie cuando mis ojos se posaron en él. Altura decente y agraciada. Delgado. Piel extremadamente pálida y un cabello negro que caía sobre su rostro en ondas atrayentes y sutiles. No lucía del todo cómodo con la ropa de tres mil dólares que llevaba puesta.
El joven que había llamado la atención de Faolán tenía el rostro de un ángel. Si bien muchas de las nuevas caras que cruzaban por las puertas en noches como esta eran jóvenes e inexpertas, el que estaba ahora a solo unos metros de mí era diferente de alguna manera. Fue la inocencia detrás de sus ojos castaños y cristalinos y la curiosidad en su expresión, lo que llamó más mi atención. Esta no se veía ansiosa y lista porque la noche se desarrollara, sino más bien, sorprendida y cautelosa. Como si no supiera cómo había terminado aquí.
Di un paso adelante, más cerca de la ventana, más cerca del chico, y lentamente incliné la cabeza hacia un lado mientras continuaba examinándolo. No podía evitar el hambre que sentí por ver cada rasgo de su impecable rostro, desde sus altos pómulos hasta sus rosados labios. Y mientras permanecía allí en el silencio de mi oficina insonorizada, era más que consciente de que mi fascinación por él iba más allá de la superficie. Sí, era exquisito de una manera discreta. Pero era la sorprendente semejanza que tenía con alguien que conocí hacía mucho tiempo lo que me tuvo ansioso por acercarme.
Me quedé quieto en aquel sitio, y no fue hasta que Faolán aulló de nuevo y me dio un topetazo en el puño que me di cuenta de que había apretujado las manos. Mi tensión debió estar irradiando de mí, y cuando el chico junto a la barra se apartó de su amigo y miró directamente a los espejos que estaban detrás, pensé que mis rodillas se rendirían.
Fue increíble. Como mirar a un fantasma. Y mientras daba un paso atrás, lejos de la tentación que estaba a solo unos pasos de mí, él se volvió hacia su amigo, dijo algo.
Y luego comenzaron a alejarse.
Mientras los veía desaparecer entre la multitud, me dije que debía quedarme quieto. Nada bueno vendría de mí si salía allá. Nada bueno vendría de mí si me presentaba ante él... si me acercaba a él.
Pero mientras mis propias palabras jugaban en mi cabeza, caminaba hacia la puerta oculta con mi mascota pegado a mis talones, decidido a conseguir una mirada más del joven que parecía haber resucitado de los muertos.