Desayunó
-Carajo -murmuró Artur que por reflejo se tapó los ojos al sentir el cegador reflejo de la luz del sol que se asomaba por lo alto, llegando hasta la cima del cielo.
El joven de un pelo marrón cenizo bajo la mirada, allí en su regazo yacía su amiga Bridget quien dormía profundamente como todas las mañanas.
Se enderezó apoyando más su espalda contra la fría y húmeda pared del callejón donde dormían, solían dormir allí ya que era el callejón menos antihigiénico (si eso se podía decir de algún callejón del reino), a pesar de la humedad, el frío, algunos orines y charcos de quién sabe qué, era de lo más cómodo, sin mencionar que no tenían más lugar donde quedarse que ahí.
-Bridget - susurro Artur agachando ligeramente el cuello para acercarse a ella -, despierta.
La muchacha estaba con su cabeza en su regazo, sus manos haciendo de almohada para apoyar su mejilla y sus piernas estaban enrolladas convirtiéndola en una pequeña bola junto a él. Ella solo frunció el ceño al oír su susurro y se encogió más en sus piernas ignorando su voz.
-No te acomodes - exclamó dándole un golpe en la frente con la parte del medio de sus dedos.
-No me golpees - se quejó despertandose al sentir el impacto de su choque.
-No me hagas golpearte entonces -sugirió aún con un ligero tono de voz.
Un momentáneo silencio y tranquilidad hubo hasta que Artur se dio cuenta.
-¡YA LEVÁNTATE! - exclamó impaciente.
La joven levantó perezosamente su cabeza de su regazo y para que él se levantará del frío suelo a despabilarse.
Terminando su estiramiento Artur bajó la mirada para encontrarse a Bridget que aún dormía en el suelo helado. Su cabeza está recostada en un pequeño charco de agua sucia que se encontraba en el pisó de piedra, ensuciando su hermoso aunque descuidado cabello rubio.
"Por la existencia" pensó Artur cambiando inmediatamente su cara a fastidio nada más verla.
-¡Bridget! -rechisto.
Ella abrió los ojos desorientada por el sueño que aún no la abandonaba. Confundida fue levantado lentamente su cabeza del empedrado apoyándose en su brazo para luego acomodarse y sentarse en el suelo. Se frotó con sus manos frías para quitarse la lagaña de sus ojos celestes, tan cristalinos como el estanque más puro.
Su mirada aún cansada subió hasta Artur que estaba parado frente a ella con sus manos en su cintura.
-Ya levántate - repitió resignado, su voz ya serena acompañaba de una sonrisa divertida mientras su mirada se suavizaba -. Me vas a volver loco.
Se agachó para acercarse a ella, y tras liberar un bostezo para soltar su sueño tomó su delgado brazo para ayudarla a ponerse en pié.
-Tengo hambre - comentó Bridget que en vez de caminar saltaba con energía por las calles del pueblo, que mientras más avanzaban más gente se encontraban dado a que se acercaban a las calles comerciales donde se inundaba de muchedumbre.
Las calles grandes y de losas de piedra de formas desiguales con elevaciones aquí y allá. Las casas a su alrededor eran modestas, no muy grandes una al lado de la otra, aunque podrían llegar a haber algunos alojamientos de unos dos o tres pisos.
Artur, un poco más atrás ella que se alejaba con cada saltó que daba, iba caminando con paso más ligero, con las manos en los bolsillos de su pantalón cargando aún con el cansancio de recién levantarse.
-Cómo es que ahora tienes tanta energía, cuando hace dos minutos preferias dormir en agua sucia? - cuestionó antes de taparse la boca para bostezar por una inesperada sensación de sueño.
-No lo sé - contestó aún enérgica.
Se giró hacia él frenando al mismo tiempo su paso para esperarlo a nada de donde comenzaban las cuadras comerciales, donde docenas de personas llenaban las calles.
-Como sea - dijo Artur desperezándose -, yo también tengo hambre - agregó al alcanzarla con energía renovada y juntos se adentraron en la multitud.
-¿Distraemos o tomamos y corremos? - consulto Bridget siguiéndole el paso de su piernas largas (o al menos más largas que las suyas).
-Tomamos, y solo corremos si nos ven - respondió finalizando la breve planeación para alejarse de su lado.
Se dividieron para ir a los distintos lados de la calle, Bridget para los puestos del lado izquierdo y Artur al derecho. Ambos aplicando el mismo método: aprovechar la muchedumbre, hacerse chocar con los puestos que ocupaban la vereda y con mano rápida tomar lo que se les cruzará de estos para esconderlo dentro de su ropa.
Artur caminaba pegado a los puestos, dejándose arrastrar por la muchedumbre como si fueran la corriente del mar. Sus sentidos estaban alerta, atentos a los que pudiera ocurrir de un momento a otro.
Su mente estaba concentrada en sus movimientos, su corazón latía más rápido por la adrenalina del momento, estas cosas aún lo ponían nervioso pero sabía cómo no dejarse llevar por ello mientras el momento no fuera muy desesperado.
Miraba a su alrededor, fijándose en que no lo notarán, en no ser muy brusco, sus oídos atentos a oír si alguien le gritaba mientras sus manos con dedos largos y ágiles tomaban los que atraparan.
En un descuidó chocó su hombro con una persona que iba en sentido contrario al suyo. El golpe hizo que se girará hacia "ella". Artur solo vió su llamativo pelo de un rojo intenso que le llegaba hasta la cintura.
La chica se giró hacia él, tal vez al sentir que la observaban por simple casualidad, pero sólo pensó en lo hermosa que era cuando sus miradas se cruzaron, quedando inmovil por su inesperada y deslumbrante belleza.
Su corazón se aceleró más por la vista frente a él que por el hecho de que quedó en medio de uno de sus hurtos con una de sus manos sobre un pan frente a una multitud. Pero volvió a la realidad cuando la voz de un niño frente a él lo distrajo de la vista más maravillosa que había tenido jamás.
-Ese señor está robando - notó el niño.
Inmediatamente Artur se giró hacia él al oírlo.
-¿Qué? Yo no estoy robando -lo corrigió tratando de permanecer tranquilo sin entrar en pánico por la situación, después de todo era solo un niño.
Soltó el pan para que no lo malinterprete, (aunque ya era muy tarde).
-¡Ladrón! - exclamó el niño nuevamente.
-Shh. Yo n-
-¡Eh tú! - lo interrumpió un hombre haciendo palidecer - Detente ladrón.
Su corazón volvió a latir haciéndolo reaccionar, aunque sentía que le golpeaba el pecho. Volvió a tomar el pan rápidamente guardándolo dentro de su chaqueta, pero antes de irse se acercó al niño inclinándose hacia él.
-Por soplón - dijo arrebatándole ágilmente un medallón que colgaba de su cuello.
Se endereza rápidamente con el medallón ya en sus manos para guardarlo en el bolsillo de su pantalón cuando presiente como el hombre que le gritó trata de tirarse encima suyo.
Pero Artur que aún estaba alerta a cualquier movimiento de más, a pesar de sus nervios y adrenalina actual, logró esquivarlo sin problemas tirándose hacia atrás dejándolo caer.
Se dio la vuelta para comenzar a correr, con la adrenalina como impulsó dominándolo más que su miedo, dándole inicio a su persecución.
Algunas personas seguían con sus cosas ignorando la situación mientras otros se detuvieron ante el escándalo dándole le pasó al perseguidor pero cruzándose en el camino de Artur, haciendo que su escape fuera más agitado esquivandolos y empujando a los que se cruzaban de forma inesperada.
Por más que corriera la gente retrasaba su paso cruzándose en su camino. Logró oír cómo dos hombres más le gritaban: posiblemente uniéndose a su seguimiento. Pero no se giraría a confirmar su sospecha por lo que siguió esquivando a la multitud con más desesperación que cuando solo lo perseguía un hombre.
Se sobresaltó siendo que su corazón se dispararía de su pecho al escuchar aún más gritos a su izquierda al otro lado de la calle. "Mierda, solo fue un pan" , se dijo a sí mismo "maldito mocoso". Acelerando más su paso con desesperación pero lo frenó de inmediato al ver que perseguían a una joven rápida que saltaba de un lado a otro empujando y esquivando sin problemas a la muchedumbre, "Bridget", pensó al ver su brillante pelo rubio revolotear con el viento que le pegaba de frente en la cara. Pero eso solo lo preocupó aún más.
-¡Quédate quieto muchacho!
Giro hacia la voz, y se percató de que los hombres se acercaban más rápido de lo que pensó hacia él.
-Mierda - murmuró retomando el pasó.
Dobló su dirección y de pasar a ir solo por el lado derecho de la calle se internó en el centro de la multitud, con suerte así los perdería.
Noto cómo rápidamente él y sus perseguidores bajaban la velocidad por la poca movilidad del camino rebosando de gente. Se jorobó un poco agachando la cabeza tratando de pasar desapercibido, hasta que chocó con alguien.
-¡Artur!
-¡Bridget!
-¿A ti también te persiguen? - preguntó su amiga con quien chocó.
-Si -respondió tomándola del brazo para caminar juntos, tratando de esconderse.
-Carajo - murmuró dejándose guiar por él -. Y por qué vas jorobado? -siguió preguntando al notar su posición.
El subió la mirada para ver si las personas los notaban, pero la gente a su alrededor parecía no darse cuenta que eran ellos a los que perseguían hace un momento, ya que iban con total normalidad y sin mirarlos.
-Para que no me vean - respondió volviendo a bajar la vista, aún agachado -, tú por qué no vas así?
Bridget frente en secó dirigiendo una mirada de desprecio absoluto ante su comentario. Abrió sus brazos como tratando de mostrarse más para que la note. Hizo lo que supuso que quería y la miró de arriba abajo y al notarlo no pudo contener la risa.
-Disculpa, olvide tu altura -recordó con burla.
-¡Ustedes! - lograron oír no muy lejos, cortándoles el momento y recordándoles la situación -¡No corran!
De un segundo a otro comenzaron a empujar a todos sin pensarlo, abriéndose paso para empezar a correr con todas sus fuerzas, inundados otra vez por la adrenalina y nublados por la ansiedad de huir.
Por más que corrieran ahora el número de quienes los seguían era mayor, se habían juntado los tres que perseguían a Artur, más otros tres que perseguían a Bridget, y su velocidad también aumentaba.
-Hay que separarnos - indicó Artur, su voz agitada por el movimiento mientras corría.
-Nos vemos donde siempre - agregó Bridget tras su indicación.
Ella comenzó a soprepasarlo, corriendo con más velocidad, su respiración aumentaba tratando de tomar más aire mientras se movía como una pluma guiada por el viento esquivando a la multitud. Nuevamente corrió hacia el lado izquierdo de la calle.
Los hombres se dividieron, para perseguir sus respectivos objetivos. Tres de ellos volvieron a ir por Bridget que ya a al otro lado saltó por el medio de uno de los puestos derribando algunas frutas que se le cruzaron, dejándolo atrás para desviarse por un callejón, los cuales conocían muy bien.
Los otros tres hombres restantes siguieron a Artur, que también optó por sumergirse en los callejones. Esquivo a quienes se le cruzaran, el costado ya le dolía por la carrera, su dirección fue inclinándose hasta dirigirse al medio de unas tiendas, allí se abriría paso por uno de tantos callejones. El lugar estaba más oscuro, la luz del sol apenas lo cubría, la basura que tiraban mezclada con agua sucia hacía que el lugar fuera algo asfixiante, junto a lo estrecho que era.
Oyó cómo los hombres entraron detrás de él haciendo salpicar los charcos de agua estancada que pisaban. Tomó aire y aceleró cuanto sus piernas cansadas le dejaron.
Dio la vuelta entrando en un callejón más pequeño, no podrían pasar ni dos hombres juntos, eso tal vez los retrasaría. Continuó avanzando, escucho los pasos ajenos que aterrizaban en el suelo, sentía como su pecho subía y bajaba tratando de obtener más oxígeno del que podía respirar en su desesperación. Sus pies ahora trataban de pisar con más fuerza el suelo de piedra para obtener un impulsó que lo alejará más.
Se topó con dos senderos, freno un segundo, su respiración agitada, trato de de tranquilizarlo respirando profundo, sentía su frente húmeda de sudor, trato de recordar por cual debía ir, pero volvió a oír unos paso y la ansiedad hizo que no recordara con claridad, así que solo fue por el izquierdo retomando el paso con dificultad al principio.
Con paso renovado se topó con otros caminos, fue por el derecho, sus piernas comenzaron a fallarle con pisadas erradas y ya sin aliento disminuyó la velocidad.
Apoyó su espalda sobre una fría pared que le alivió momentáneamente el calor de su cuerpo, colocó sus manos sobre sus muslos con fuerza para no desarmarse.
Respiraba entrecortado y desesperado como si se acabara el aire, las gotas de sudor recorrían sus mejillas deslizándose hasta su mentón.
A la distancia se escuchó como alguien se acercaba con paso pesado y lento. Se enderezó en la misma pared con la mano en su costado, subió la mirada en busca de mas caminó, podía seguir derecho y correr esperando que el otro hombre de rindiera, pero volteó a su izquierda donde se encontraba un muro, alto pero no lo suficiente para que el no tratara de cruzarlo. Además, su perseguidor no trataría de cruzarlo si estaba igual de cansado que él.
Se alejó, y tomando un gran impulsó saltó sobre la pared que unía con el muro, golpeando con su pierna derecha con la que a continuación se impulsaría para girar ligeramente en el salto, quedando frente al muro y alcanzar su cima con su manos y sostenerse allí. Anclo sus pies en los ladrillos de este.
"Un último esfuerzo", se dijo para alentarse a sí mismo. Y con un último esfuerzo empujó el muro con sus pies para empujar hasta la cima.
Dio un suspiro aliviado al llegar a la cima. Y cuando oyó que el hombre se acercó más, se dejó caer al otro lado, aterrizando en duro y mojado suelo casi perfectamente.
El hombre llegó.
-Mierda - se quejó el hombre al no encontrarlo. Ya estaba agotado -, se escapó.
Él sonrió aún derrumbado en el suelo. Se levantó victoriosa y con un paso lento y rendido, aunque con una actitud más aliviada camino hasta llegar al punto de encuentro con Bridget.
Que no era más que el callejón donde despertaron esta misma mañana.
-Hasta que llegaste - anunció Bridget nada más verlo, levantándose del piso -, pensé que habías muerto.
-No se en que momento perdí el toque, estoy exhausto - dijo Artur tirándose al suelo para acomodarse sobre la pared.
-Creó que nunca tuviste tal cosa.
-Sí, ajá. Burlate.
-Parece qué los 18 ya te pesan - mencionó con burla y se sentó frente a él.
-¿Me esperaste mucho?
-Mmh, solo un rato. Eran lentos dentro de todo - respondió con un tono sereno -. ¿Conseguiste algo?
Metió su mano en su chaqueta en busca de algo -Un pan y... - volvió a escarbar con sus manos pero ahora dentro del bolsillo de su pantalón -...un medallón, que espero que valga algo. Parece de oro.
-Genial - observó Bridget, sus ojos brillaron ante el medallón de oro.
-¿Y tú?
-Oh, si - metió sus manos en los bolsillos del pantalón -, estas uvas y un anillo - le informó extendiendo sus manos, con entusiasmo revelando unas uvas algo golpeadas y un anillo de plata -. Eran más uvas, pero se me cayeron -dijo desanimado.
Artur rio de su torpeza y se acercó impulsándose de la pared con su espalda, empujando con sus pocas energías para lograr apoyar su mano en su hombro.
-No te preocupes, hemos comido peor que uvas aplastadas. Y el anillo podría valer algo.
-Más le vale, se lo quite a la anciana que me delató.
-Parece que tenemos esa mala costumbre.
Ella levantó una ceja desconcertada, sin entender mientras Artur le repartía una porción del pan.
Bridget le dio la mitad de sus uvas y dieron comienzo a su pequeño desayuno.
Artur observaba a Bridget como pelaba sus uvas. No entendía porqué lo hacía, es decir, morían de hambre, ¿pero ella prefería no comer algo tan insignificante como la piel de unas uvas?.
-Por cierto - interrumpió Bridget aun concentrada en pelar sus uvas -, oí que los de la biblioteca hoy dejaron el reinó.
-Y eso me importa? - desatento.
-No lo sé, solo digo -respondió ella.
-Cuando regresan?
-Creó que no lo harán, pero mañana al mediodía llegará su hijo y él se hará cargo del negocio.
Artur subió la mirada, ahora sí más interesado en su información.
-Dices que la biblioteca quedara sola? - preguntó con cuidado.
-Supongo - contestó comiendo su última uva -.¿Por?
-Podríamos probarla esta noche -sugirió en voz baja y con entusiasmo.
-¿Que podría tener una biblioteca?
-No se, pero su casa está arriba, tal vez dejaron algo de valor allí.
-¿Por qué justo dejarían algo de valor? -lo cuestionó.
Artur la miró incrédulo y con mala cara -No logro entender cómo es que todo el tiempo eres tan estúpida, pero cuando yo sugiero algo tienes tanta razón que me dejas como un maldito ignorante.
Ella se encogió de hombros quedando tan incrédula como él mientras se llenaba la boca de pan.
-Lo que importa es que tal vez podamos conseguir algo, ojalá, tal vez un libro de valor o... a quién engaño? - se tiró hacia atrás apoyándose otra vez en la pared -. Es inútil, hasta tú sabes que no habrá nada, estoy tan desesperado, maldita pobreza -continuó con frustración en su voz.
Bridget se acercó a él, ahora ella colocó su mano en su hombro para consolarlo.
-Tal vez si encontremos algo, que perdemos con intentar? - dijo para animarlo.
-AAAH MI DEDO, MI MALDITO Y HERMOSO DEDO!!!...