El Comienzo de un Sueño
El despertador sonó con un pitido estridente, marcando el inicio de un día que había esperado durante mucho tiempo. Me senté en la cama, apartando las mantas con una emoción que apenas podía contener. Hoy era el día en que finalmente comenzaría en la UA, la escuela de héroes más prestigiosa de todo Japón. Aún no podía creer que había pasado el examen de ingreso, a pesar del esfuerzo que había puesto para ello.
Mi habitación estaba iluminada por la suave luz de la mañana, y mientras me preparaba, el reflejo en el espejo me devolvió la mirada de una joven con el cabello largo y rojo como el fuego. Suspiré mientras me colocaba las lentillas verdes, un pequeño secreto que guardaba para mí misma. Mis ojos siempre me habían parecido demasiado llamativos, demasiado parecidos a los de mi padre. Así que había optado por las lentillas, para sentirme un poco más... yo.
Bajé las escaleras corriendo, casi tropezando con mi mochila. Mi madre estaba en la cocina, preparándome el desayuno como todos los días. Su sonrisa, normalmente cálida y reconfortante, me pareció insegura y nerviosa hoy. La ignoré, concentrada en mantener mi propia fachada de calma.
—¿Lista para tu primer día, Junko? —preguntó, su voz llena de emoción y un toque de preocupación.
Asentí sin decir nada, tomando el desayuno rápidamente sin mirarla a los ojos. Sentía su mirada sobre mí, pero no quería ceder. No después de lo que me había revelado.
Después de un desayuno apresurado y una última revisión para asegurarme de que llevaba todo, salí de casa. El trayecto en tren fue una mezcla de emoción y ansiedad. Miraba por la ventana, viendo cómo la ciudad pasaba rápidamente, mis pensamientos divididos entre el pasado y el futuro.
Cuando llegué a la UA, el impresionante edificio me dejó sin aliento. Eran aún más imponentes en persona sus torres altas y el ambiente lleno de energía. Los estudiantes iban y venían, todos con un propósito y una chispa en los ojos. Respiré hondo, tratando de calmar mi corazón acelerado.
—Vamos, Junko, tú puedes —me dije a mí misma, entrando con determinación.
Llegué al salón de la clase 1A y, al cruzar la puerta, me encontré con un grupo de jóvenes que, al igual que yo, estaban destinados a ser héroes. Algunos estaban hablando animadamente, otros parecían igual de nerviosos que yo. Reconocí a algunos de los estudiantes por los rumores y las historias que se escucharon por los pasillos. Katsuki Bakugo, con su cabello rubio y actitud intimidante se había dado a notar, e Izuku Midoriya, que parecía mucho más tranquilo pero con una mirada decidida que había conseguido entrar con el primer lugar.
Me senté en un pupitre vacío, tratando de no llamar la atención. Observé a mis compañeros, cada uno único a su manera. Había una chica con cabello rosa brillante que charlaba animadamente con una chica de cabello verde, y un chico alto y robusto que parecía tener motores en las piernas. Era un grupo diverso, y la energía en el aula era palpable.
Mientras esperaba que comenzara la clase, me di cuenta de que no estaba sola en mis nervios. Todos estábamos aquí para aprender, para crecer, para convertirnos en héroes. Y aunque el camino sería duro, no podía esperar para ver lo que el futuro nos deparaba.
—Hola, soy Junko—dije en voz baja, presentándome a la persona sentada a mi lado. Una chica de cabello castaño con una expresión amable.
—¡Hola! Soy Ochaco Uraraka. ¡Encantada de conocerte! —respondió con una sonrisa que hizo que mis nervios se disiparan un poco.
Tal vez, solo tal vez, este sería el comienzo de algo increíble. Mientras tanto, mis pensamientos volvían una y otra vez a la razón por la que había decidido venir a la UA. La revelación de mi madre había cambiado todo, y aquí, en esta escuela, esperaba encontrar respuestas y conocer esa parte de mi familia que siempre había estado fuera de mi alcance.
Pero eso, por ahora, tendría que esperar.








