El baile de las mariposas. (Minsung)

Summary

Jisung es el prometido de Amanda, la hija de el presidente ( o mejor dicho dictador) que ha gobernado el país durante años. Minho recién ha entrado al gabinete presidencial, gracias a su dedicación, patriotismo y sin querer su inocencia de querer un país libre. Aunque algunas cosas cambian una noche de mayo, en donde ambos hombres se conocen y sus destinos cambian para siempre.

Genre
Romance/Drama
Author
Wildi
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

UNO

Jisung no se sentía listo aún, en lo absoluto.


Digo, el puesto que su suegro le ofrecía era muy bueno, el dinero que recibía por parte de tan grandioso trabajo era excelente, la casa que recién había comprado era espaciosa, su familia ahora contaba con ingresos sustentables; era un gran abogado, sin duda y todo por ser el gran amor de Amanda, la preciosa hija del presidente de la nación.


Lo único que debía hacer esa misma noche, era pedirle matrimonio.


"Querida Amanda, ¿Deseas pasar el resto de tu vida conmigo?", eso sonaba a mucho tiempo, sonaba como algo que no pronunciaría siquiera, " Amanda, puedes por favor acabar con esta agonía y aceptar ser mi esposa", eso era demasiado romántico, demasiado patético, algo que solamente diría alguien sin honor alguno, "Amanda, ¿Puedo ser tu esposo?", eso sonaba correcto, pero era obvio que no podría decirlo siquiera, su suegro le cortaría la garganta por dejar a su hija en vergüenzas y la gente le cuestionaría su mando en la relación, aunque bueno, realmente él no tenía ningún mando, Amanda y él eran casi como hermanos; aunque solo decir "Amanda, ¿Quieres ser mi esposa?", sonaba a que él le daría el privilegio a ella, cuando claramente, el que se sentía privilegiado era él.


Amanda siempre había sido su compañera en cada uno de sus pasos, desde que eran críos y se conocieron en la plaza principal, sin saber que era la pequeña hija de don John Castle. Aquel día fue una cosa que seguro, ambos le contarían a sus hijos en un futuro, el cómo un pequeño niño lloraba porque se había lastimado la rodilla por correr por toda la plaza en búsqueda de su hermano mayor, y cuando el ardor de la herida le estaba haciendo soltar alaridos, vió como una niña de vestido pomposo bajaba corriendo de un árbol y a toda velocidad fue a su lado, Jisung con ojos llorosos vió a la chica por primera vez, una linda pelirroja que formaría parte de todo su presente y futuro.


Amanda era amable, caritativa, divertida, entregada, inteligente y hermosa, ¿Acaso él no era el privilegiado?, claro que sí. Gracias a ella, él pudo estudiar la universidad, pues ella había convencido a su padre de pagarle la escuela de derecho durante el primer año antes de que él consiguiera la beca por su cuenta, y el hombre, al querer cumplir todos los caprichos que su niña le pedía, le pagó la magnífica escuela sin rechistar siquiera, a pesar de que no estuviera convencido de esa relación y es que Jisung nunca fue de su agrado. Aparte él no contaba con una familia de renombre, ni siquiera con buena economía, pero para el presidente John Castle, eso no le importaba en esta ocasión, solo le importaba tener a su hija contenta, la más pequeña de sus hijos, la única mujer; Jisung estaba eternamente agradecido con Amanda, la amaba eternamente, su cálido corazón se lo decía.


La amaba, con sus lindos cabellos rojos y sus hermosos ojos verdes como las esmeraldas, le gustaba lo tímida que era su voz algunas veces y la forma tan pequeña de sus manos, era como tener una muñeca; bonita, pequeña y tan delicada como la porcelana, Amanda era una entera belleza y eso era algo que a Jisung le gustaba, Amanda le gustaba por completo, pero lo que más le gustaba de ella, era cuando en los ratos en los que no tenían que fingir nada uno en frente de otro, ella seguía siendo la niña que conoció, una mujer libre, a Jisung le gusta una Amanda libre.


Esta misma mañana, John lo había citado en su oficina justo a las nueve de la mañana, en el bufete no le dijeron absolutamente nada por faltar, ¿Quién se atrevería si quiera a decirle algo al abogado Han? Nadie, absolutamente nadie.


Después de que el hombre canoso le ofreció a regañadientes el desayuno y pedirle/obligarle a que lo comieran juntos, le soltó la noticia y no sabía que era peor, si pasar el día junto a él, sus comentarios o lo que le pedía.


—Esta noche le pedirás matrimonio a Amanda, ya organicé una cena para que sea el momento indicado, el tiempo está pasando y ustedes no avanzan, no quiero que vean a mi hija como una tonta y a ti como un aprovechado, así que esta misma noche darán el siguiente paso, no quiero gente hablando de mi hija y menos por tu culpa, aparte de que ya necesito un nieto que sí sea mi nieto y no como los de mis hijos, solo sepa Dios si son hijos de mis hijos y no de alguien más.


Jisung quedo en blanco, no sabía que le desagradaba más de todo ese discurso, por poco y sus expresiones le fallaban soltando una enorme expresión de sorpresa, enfado y desconformidad, pero se contuvo, moviendo cualquier pensamiento intrusivo a un lado, asintió simplemente a las palabras de aquel hombre. Casarse, ¡Por Dios!, si solo tenían 22, bueno... eso ya era mucho tiempo, su suegro tenía razón, pero Amanda solo tenía 20, sabía que si se cansaban, ella tenía que renunciar a esa libertad y era algo que él no podía permitirse.


El anillo, un hermoso anillo con un rubí en el centro, lo tenía desde hace mucho casi desde que entro a estudiar la universidad, pero con eso de adelantar materias, esforzarse en ser el mejor promedio y así mantener la beca que tanto le constó obtener, para que Don John no pagará más por él, su trabajo de medio tiempo que nadie sabía que tuvo en el bar de las ciudades bajas, y en fin, por muchas cosas que pasaron, por eso él no le había propuesto matrimonio, pero ahora él tenía un trabajo estable, estaba por ascender en el mejor bufete de abogados del país, todo apuntaba que era momento, que estaba perdiendo tiempo, debía proponerle matrimonio a su amada.


Respiro pesadamente, ¿Por qué era tan difícil?, !¡joder!, la amaba ¿no?, entonces ¿Por qué se comía tanto la mente?; no, en definitiva no se sentía preparado, algo le hacía dudar, quién diría que esta misma noche, su maravilloso suegro (nótese el sarcasmo) había ofrecido una galante cena/baile para que él le propusiera matrimonio a su hija, todo estaba organizado, todo, y ciertamente, el pobre pelinegro se sentía asfixiado, sin voz, ni voto.


Eran solo cuarto para las ocho, solo quince minutos para que todo el teatro comenzará, no le quedaba nada más que aceptarlo, no debía dudar ni un poco, se regañó mentalmente por cinco minutos más y luego se encaminó al lugar del evento, la casa de los Castle, pronto, su familia.


Entro queriendo pasar desapercibido, la gente puntual ya estaba ahí, joder, todos los veían y saludaban como "Abogado Han", todo el maldito mundo lo conocía como Han, Han era casi como una máscara y estaba bien con eso, solo Amanda lo conocía como Jisung, y era la única que lo nombraba así, era casi especial el nombre.


Amanda al verlo entrar sonrió con alegría, verlo era maravilloso para ella, los ojos se le iluminaron, Jisung al verla le hacía sentir cálido el corazón, le sonrió de la misma forma y fue a su lado.


—Te ves hermosa—- ella se sonrojó, sus amigas oprimieron un gritito agudo, para todas ellas, Jisung era como un príncipe, atento, caballeroso y muy guapo.


- Jisung, esta noche es divina ¿No?- él asintió sonriente sin decir nada más, decir que estaba pensando en demasía está de más, la cabeza del pobre joven estaba hecha lío, le tomó la mano a la pelirroja y juntos se dirigieron al comedor donde la cena se serviría pronto.


Después de cenar, una cena que para el pobre pelinegro fue muy incómoda, ostentosa, ruidosa y todos los adjetivos negativos que terminen en osa, sabía que era el momento, se levantó de su asiento, se acomodó el saco, espero que todos los presentes prestaran atención cuando hizo sonar su tenedor en la copa, captó la atención de todos, paso saliva disimuladamente, estaba jodidamente nervioso, aun así sonrió.


—Señores y señoras aquí presentes, me da alegría ver a todos reunidos esta noche, y mucho más al saber que serán testigos de mis intenciones—- fue a dónde estaba ella, tomó la mano de Amanda quien lo miraba sonriente, nerviosa, casi inocente, como si no hubiera sido ella la que dió la orden a su padre-- Amanda, esta misma noche, con Dios siendo testigo de cuanto te amo, y con todas estas personas pendientes de mi amor por ti-- se inclinó en una rodilla, Amanda estaba extasiada—- ¿Quieres ser mi esposa?


—-Sí—-dijo sin dudar, Amanda comenzó a llorar de felicidad, el amor de su vida le había propuesto matrimonio, ¿Acaso no era el día más perfecto de su vida?, solo fue cuestión de que metiera un poco de presión, eso era todo, sabía que a Jisung era mejor presionarlo para que hiciera las cosas, si no de otra forma, él no se atrevería a hacer nada.


Después de ese momento, que para ella fue mágico y para él bochornoso, el ostentoso baile comenzó, con la pareja bailando como los protagonistas esta noche, era su noche sin duda, por fin estaban comprometidos, un paso más a su vida, un poco más y estarían completos, con sus metas claras en la vida, sin saber que sí, esa noche absolutamente todo cambiará, aunque no forzosamente como se lo imaginaron.


Ƹ̵̡⁠Ӝ̵̨̄⁠ƷƸ̵̡⁠Ӝ̵̨̄⁠ƷƸ̵̡⁠Ӝ̵̨̄⁠ƷƸ̵̡⁠Ӝ̵̨̄⁠Ʒ






Los Lee estaban preparándose para el evento esa noche, ser amigos del presidente era lo que los mantenía en ese mundo, Minho les prometió que iría después de terminar unos informes, sus padres asintieron y luego sin decir nada más se marcharon.


Lee MinHo tenía solo 24 años, y en la vida lo ha tenido todo: fortuna, tiempo, amor, todo... Minho lo tenía todo, pero se sentía impotente, impotente por ver a su País tan decadente, pero ¿Qué podía hacer?, se había preguntado muchas veces siendo más joven; él podía hacer mucho, tenía una posición económica favorable, había estudiado algo que le gustaba y lo metía directo a la política, así poder desbancar a toda esa corrupción de un tajo, él podía ahora hacer algo por su país desde lo más interno, que mejor que trabajar en el gabinete presidencial.


Continuó con su informe durante una hora más, para cuando él vio su reloj, ya se le hacía muy tarde para ese estúpida cena de corruptos, ¡joder! no sabía cuanto odiaba él ese asunto, hombres poderosos y ricos lamiendo las botas del maldito viejo que había estado más del tiempo que merecía en el mando, que impotencia le daba siquiera verlo, pero tenía que ser inteligente y si quería terminar con todo ellos, tendría que empezar desde acabar a la abeja reina, o sea el viejo tirano que gobernaba a su antojo el país.


Aunque le alegraba saber que no solo él quería derribar del mando a ese viejo, otros seis jóvenes deseaban lo mismo, tres jóvenes de familias también importantes y otros tres que tenían ganas de libertad, Seungmin, Hyunjin y Chan eran los jóvenes de familia prestigiosa y adinerada, Félix, Jeongin y Changbin eran todo lo contrario a los primeros, ellos venían de ciudades bajas, aun así eran parte del mismo pensamiento que tenía Minho. Los seis lo impulsaron a meterse al gabinete presidencial y ahora que estaba dentro, solo queda que lo tomarán como parte del grupo, que se mezclará con esa bola y para él no era difícil; Sabía que hacerlo no solo era traicionar al mandatario del país, sino también a su familia, y eso le dolía más, su familia era importante también, pero sabía de ante mano que era parte de esa corrupción, su padre era parte de esa corrupción de cierto modo, apoyando a ese estúpido viejo en cada una de sus acciones, le dolía, pero todos esos buscadores de libertad, buscaban un mejor futuro y nada los detendría.


Tomó el saco del perchero y se subió al auto que él sólo conducía, manejo no más de doce minutos, hasta llegar a esa maldita mansión, ¡duh!, cuánto odiaba eso de mezclarse con esa gente, gente con la que él había crecido rodeado, suspiro ruidosamente antes de ingresar a la casa con el auto, unos mozos atendieron rápidamente, le abrieron la puerta y le indicaron el camino con mucha cortesía.


Camino que él estaba dispuesto a seguir con la cara seria de siempre, y lo hubiera logrado si no fuera por el hombre que chocó con él en cuanto abrió la puerta principal, aquel hombre pelinegro iba de forma distraída, como si estuviera cansado, solo alzó la vista un poco para pedir disculpas y con esa simple acción, Minho tuvo suficiente para que aquel chico se le grabará en la mente, su corazón se exaltó con solo eso, solo con una mirada, como si lo conociera de alguna parte, estaba convencido de irse al salón principal, convencido de ir a la tonta cena, sonreír falsamente y enterarse cual era el honor de esta, pero es que no podía siquiera pensar en dejar solo a ese pelinegro que salió desorientado ¿Y si algo le pasaba?, no sentía el corazón suficiente para dejar que la noche lo absorbiera, así que lo siguió.


El castaño nunca supo por qué lo siguió, solo lo vió caminar por un costado de la casa, escondiéndose entre plantas, pero cuando pasó por las flores que había en el jardín de la entrada giró con dirección detrás de la casa ¿Dónde iba? Minho no lo sabía, pero lo siguió a una distancia prudente, el chico se paró en el patio trasero, había un pequeño estanque ahí, se miraba... abatido, cansado, casi tan despistado, y el mayor no pudo evitarlo, admitía que aquel hombre era demasiado bonito, su perfil por lo menos le indicaba que era bonito, se acercó sigiloso, como si fuera un gato buscando su presa.


—- La luna está muy grande hoy ¿no?—- ni siquiera supo por qué dijo eso, fue lo primero que se le ocurrió, digamos que Minho no siempre soltaba cosas tan cuerdas, podía ser un estratega excelente, pero en temas de romance era un idiota.


El pelinegro dió un brinquito por el susto que le ocasionó esa voz, ¡Genial!, su momento de tranquilidad se vió afectado por un desconocido, ¿Qué el hombre no era consciente de lo abrumado que se sentía? ¡Por Dios se iba a casar! Y no estaba procesando bien esa idea.


-—Es que es luna llena—- algo dentro del castaño se removió al escucharlo hablar, se acercó al otro hombre y se sentó a la orilla del estanque bordeado por piedra con hermosas decoraciones, era un estanque francés, Amanda amaba ese estanque donde alguna vez existieron peces hermosos, Jisung también amaba el estanque, era el lugar que lo mantenía seguro.


-—Entonces esta noche salen los hombres lobo-— el pelinegro no pudo aguantar la risa que le dió el tan tonto comentario, para Minho fue el sonido más dulce que pudo escuchar, algo dentro de él se sentía extraño, se limpió la mano sudorosa en el pantalón y la extendió al chico pelinegro-— Soy Lee Minho.


— Y yo soy Ha~... Jisung, dime Jisung -- y justo él no sabía por qué no se había presentado como siempre lo hacía, había algo en ese extraño, se giró a verlo lentamente y que su corazón saltará no le hizo ninguna gracia, pues por Jisung solo lo conocían muy pocos, y era un más extraño lo que esos ojitos bonitos le hicieron sentir.


Le había pedido que lo llamara por su nombre, gracias a que estaba cansado del tan estúpido "felicitaciones, Señor Han" "prosperidad Abogado Han" tan cansado de ser Han esa noche, que simplemente al ver alguien no conocido a lado suyo, fue suficiente para el gramo de confianza, le estrecho la mano con una sonrisa.


- — Adivino, ¿estás extasiado con tan esplendorosa cena, que has decidido seguirla aquí afuera?, tu cara se nota la alegría en su estado más puro- ironizó el castaño con el tono que siempre usaba fuera del área de trabajo.


-— El sarcasmo está de más joven Lee-— alejó su vista del castaño y se concentró en la luna, Minho se volteó a mirarlo, no solo su perfil era bonito, si no toda su cara era bonita, con mejillas redondas, labios finos, nariz recta, los ojos eran como el de un ciervo asustadizo, pero estos mismos se notaban agotados.


—¿Todo bien, Jisung?—- Jisung, decirlo incluso le daba la oportunidad de saborear la palabra en su boca, hasta su nombre era bonito-— no cualquiera está aquí con tan magnífico evento dentro.


-— Todo está bien aquí, joven Lee, solo salí a fumar un cigarrillo, ya sabe, el estrés social.  ¿Usted qué hace aquí? Si se puede saber, claro.


—- Llámame por mi nombre— le sugirió— es solo una noche fuera con la linda luna observándonos, yo solo soy Minho, tú solo eres Jisung, ¿Hay algo malo en ello?


— Para nada, joven, solo preguntaba porque es raro ver gente a fuera con tan explendida cena— le respondió el castaño, dándole una calada más a su cigarro.


— Y dime Jisung ¿Por qué tan cansado? Ah, por cierto...¿Te molesta si te llamo por tu nombre? — Jisung negó. Casi agradeció.


— me molesta ser conocido de otra forma, pero bueno, es una cena de hipócritas, de idiotas y de corazones abandonados, tan cansado estoy por eso. Un respiro me hace bien.


— si no quieres ser Jisung puedes ser quien tú quieras, como un juego de nombres ¿A oído de eso?— Jisung negó, absorto en las palabras cautivadoras del chico.—¿Quieres llamarte de otra forma?, bien, pues esta noche puedes llamarte hasta Elvis si así lo deseas, ya sabes, como Elvis Presley, o algo así.


El menor lo miró de frente por primera vez, y decir que el aliento se le fue, es poco, ver a un castaño de tez blanca, ojos redondos y curiosos, ver la sonrisa casi traviesa, con dos dientes apenas asomándose como un conejito, ver a un hombre tan... fresco, que desconocía de su existencia hasta hace poco, le había hecho sentir extraño, tan extraño que le temblaron las piernas.


— ¿De dónde saca este juego, señor Lee?


— me haces sentir tan viejo, Jisung. Dime Minho, mejor.— Jisung asintió, serio.— el juego está en todo, señor. Los escritores se nombraban con otros nombres para cubrir sus identidades de sus oscuros secretos, George Sand, por ejemplo. Todos tenemos secretos y todos tenemos ganas de ser otra persona ¿No?


— Para alivianar las cargas ¿No?


— Las físicas y las de conciencia también. Es eso o salvarnos la vida, esto de la moralidad y el patriotismo no nos hace tener libre expresión.


— ¿Eres escritor crítico del gobierno?— Minho negó.


— Para escribir soy muy malo, pero eso de ser criticón es lo mío, sin embargo criticar al gobierno es criticarme a mi mismo.


—¿Por qué?— Jisung estaba curioso.


— Esta noche no quiero hablar de eso, quiero ser libre de mi cargo.


— igual yo— susurró Jisung, soltó un suspiro u recordando las palabras del chico, le sonrió— Si yo soy Elvis, entonces usted, será... Alvin, no es justo que solo yo cambie de nombre—- le sonrió mientras buscaba en su saco un cigarro más, lo sacó y le ofreció uno a Minho quien negó, Jisung prendió el cigarro, el chico de a lado lo hacía sentir extraño.


-— Yo me encuentro bien con llamarme Minho, pero tienes toda la razón Elvis, ¿Está mal decir que me recuerda a Presley? Digo, es igual de atractivo que él, es justo tener que cambiar de nombre, pero es que Alvin suena horrible.


-— Entonces Frank suena más bonito ¿no?-— el castaño asintió furtivamente, sonriendo, Frank le recordaba a Frank Sinatra— ¿Quién es Presley? ¿Por qué lo menciona tanto?


Minho lo miró con sorpresa, bien, era muy idiota por no recordar que él era de los pocos privilegiados que conocía el exterior, él sabía quién era Presley, quienes eran esos cantantes de moda, pero esta burbuja, eso no estaba permitido, los extranjeros no eran bien recibidos, menos sus productos.


— un cantante— Jisung asintió. Se sonrojo furtivamente, pues recordó que aquel chico le llamó atractivo ¿Lo era? Es que solamente Amanda le había llamado de esa forma, que alguien más le recordara que era bonito era simplemente... Diferente, más aún viniendo de un hombre a su persona.


Ambos se mantuvieron callados, Jisung solo miró el suelo, metido en sus pensamientos, los ojos curiosos de Minho recorrieron el enorme patio, lleno de flores, plantas, un arco formado con árboles entrelazados de cerezas, un camino de piedras alumbrado con velas , las velas y las tenues luces anaranjadas iluminaban aquella parte del patio, era un patio ostentoso, digno de la casa presidencial, la música llegó a sus oídos, solo Minho sabía cúanto le gustaba el sonido de la música, y es que para él no había algo mejor que escuchar música y complementarla con baile, en su viaje al extranjero el gozo mucho de esta arte, pero también gozaba de los vals, él había enseñado a bailar a Changbin en una de sus tantas reuniones, Minho gozaba de eso que en esta sociedad se llama "femenino".


-— El vals que está sonando es muy bueno Elvis, y yo no me puedo quedar sin bailarlo-— Algo dentro del pelinegro lo hizo sentir desmotivado ¿ya se iba?, ¿tan rápido?, ¿su presencia lo había aburrido? ¿Realmente era tan aburrido? Minho tal vez y pudo notar sus dudas, el chiste es que se quedó frente a él.


-— Entonces que le vaya bien allá adentro joven Minho—- susurró dando la última calada a su cigarrillo, Minho le sonrió, ¿Sería muy atrevido lo que haría? Probablemente.


- Joven Elvis, no me dará tiempo para entrar y bailarlo, así que por favor, sea usted tan amable de aceptar a este astuto joven como compañero de baile.— la bomba estaba lanzada.


La cara de Jisung cambió de ser seria a una en completo shock, ¿había escuchado bien?, es que eso no era posible, eso no podía ser, ambos eran hombres, los hombres no bailaban entre si, eso todo mundo lo sabía; para su desgracia, ambos eran importantes en todo ese medio, uno como rebelde encubierto y otro como preso del futuro, ambos con un peso que aún no sabían que tendrían.


-— Somos hombres Minho, no podemos bailar como una pareja.— no sabía cómo bailar con él, con Amanda estaba todo bien escrito, ella le tomaba el hombro y él la cintura de ella, se balanceaban y listo. Pero ¿Con Minho?


— No te estoy pidiendo nada más que un baile, esta noche— algo ya de por si arriesgado, si alguien los veía eran personas muertas, más Han—  no somos nosotros ¿lo recuerdas?, Somos escritores con seudónimos para guardar nuestra identidad de nuestros secretos, y este es un secreto inofensivo. A demás, no somos escritores,solo dos tontos humanos, uno que disfruta el baile y otro que disfruta de la compañía, esta noche las decisiones las toma Elvis y Frank, es justo ¿No? Los acabamos de crear.


Jisung se lo pensó, aquel muchacho que lo veía con inocencia y le extendía la mano tenía razón, él también era un buen bailarín, adoraba el sonido de las canciones, además nadie los estaba viendo, si se olvidaba un poco de quien era Han Jisung, y esa noche solamente era Elvis, un recién creado para mantener secretos, el chico que quería bailar con el divertido chico que tenía enfrente, no era nadie más que eso; estiró su mano dudoso, su mirada fue a ese punto de conexión entre ambos, las manos de Frank eran más grandes que las suya, cálidas, no perdía nada bailando con este extraño que tal vez no volvería a ver nunca más ¿no?, por lo menos así lo esperaba.


-— Todo es mejor si no piensas demasiado— con las manos entrelazadas, algo que cualquiera vería como un delito, caminaron hacia más adentro del jardín, detrás del árbol de cerezas, donde la luz era aún más tenue y los grillos cantaban, la mano de Frank (ahora llamarlo por su verdadero nombre le daba vergüenza) le tomó de la cintura haciendo que él pegara un brinco, era tan extraño que alguien lo tocara de esa forma, el pelinegro sin saber que hacer, puso su otra mano en el hombre de este, justo como Amanda lo hacía con él cuando bailaban juntos, la ropa del chico era suave y se notaba fina, lo contemplo, iba de negro, la camisa era blanca, casi no se notaba, sus hombros, esos mismos que él tocaba, eran anchos; se contuvo, pero mientras se balanceaban de un lado a otro tímidos y torpes, Jisung quiso delinear esos hombros con los dedos, subió la vista con valentía, encontrándose con el rostro sonriente del mayor, recorrió su cara, sus belfos eran bonitos y un poco gruesos, su nariz era recta igual a la suya, gracias a los centímetros que el mayor le llevaba, lo miro de forma más detallada, su piel lucía suave, se notaba que esa misma mañana se había rasurado, cuando llego a los ojos castaños, el tiempo se le congeló, eran cafés y derrochaban vida, no vió jamás ojos tan hermosos como los de su compañero baile esa noche.


Minho por su parte, se sintió atraído, hipnotizado, mirar a los ojos al pelinegro lo hacía sentir casi volando, no podía apartar siquiera la mirada, le dió una vuelta que tomó desprevenido al menor, quien le sonrió de forma cómoda, estaban tan ajenos bailando que cuenta no se dieron que la música había cambiado desde hace un rato, ambos sonreían como si tuviera tiempo en que no lo hacían, conocerse fue un respiro, una ráfaga de viento que te da en la cara después un bochornoso encierro, conocerse para ellos fue como encontrar bálsamo para el dolor que creías que jamás pararía.


El primero en darse cuenta de que la cercanía de ambos era peligrosa fue Jisung, quien rápidamente rompió el contacto visual, se aclaró la garganta y le sonrió tímidamente.


-— Creo que debo irme- dijo simplemente, después se inclinó como despedida, dándole las gracias por presentarle otra cara, la prohibida, la secreta, la que más se disfrutaba, la que le hacía sentir libre, antes de separar las manos del cuerpo ajeno, le miró a los ojos de nuevo y supo que realmente no debía quedarse un minuto más por su propia bien, no debía quedarse, su corazón tambaleaba de un hilo y a penas si le conocía de un momento; Minho era peligroso, Han sabía que debía alejarse cuanto antes.


Los secretos podían tener seudónimos, pero los errores también.