Capítulo 1.- El niño Roto
Un niño toca la puerta de la enfermería del colegio, la enfermera en turno se pone de pie, abre la puerta y encuentra una escena, aunque familiar, muy alarmante para cualquiera con dos gramos de sentido común.
-¿Alexis?, ¡Oh por Dios!, ¿Qué te pasó?
El niño permanecía de pie en el umbral, su rostro estaba sucio, su ropa y su cabello seguían el mismo patrón, sus rodillas y codos manchados de sangre y mugre por la abrasión, la mujer parecía preocupada: no era la primera vez que Alexis terminaba en la enfermería con indicios de agresión, como sí hubiese sido revolcado por el suelo. "Ojala que haya sido una una pelea" pensaba ella, pero sus pulcros nudillos evidenciaban que ni siquiera se había defendido. Ya no le sorprendía, pero de verdad estaba preocupada, nada de esto estaba bien.
Último año de escuela primaria, estaban a pocos meses de iniciar la secundaria y Alexis, desde preescolar, parecía no estar echo para encajar. Las niñas de vez en cuando hablaban con el, pero ninguna era su amiga, los niños se sentían incómodos con su presencia y no vacilaban en hacérselo saber.
-Estoy bien, lo mismo de siempre.- Dijo con apatía y avanzó para sentarse en la misma silla de siempre, aquella junto al escritorio, conocía la rutina, sabia que sus heridas serian limpiadas, desinfectadas, se les aplicaría algún ungüento o aerosol con olor a mentol y después serían vendadas, un rápido examen de la vista y del oído, y podría volver a tiempo para su ultima clase con una paleta en la boca: pero un fuerte dolor lo detuvo en seco, haciéndolo encobrarse ahí donde estaba, gimoteando.
La enfermera, eficiente y sin dudar, levantó su camiseta, dejando ver una enorme mancha color morado y negro que abarcaba desde las ultimas costillas hasta la parte mas baja de la cintura, y se extendía por su costado derecho, desde la mitad del abdomen hasta la mitad de la espalda: la cara de aquella mujer estaba horrorizada. No recuerda con exactitud la cantidad de que veces reportó estos eventos con el director, y aún no se hacían cargo de la situación, ni de esos niños abusivos. Ya estaba harta de esta situación y temía por la integridad del pobre pequeño. Trato de calmarse y ayudo a Alexis a sentarse para que pudiera descansar, le parecía increíble que esto pasará incluso en horario escolar, y el maestro encargado solo se molestara en mandar al pobre niño solo a enfermería.
Después de completar la rutina que Alexis había previsto, añadiendo algunas pastillas para el dolor, y dejándolo descansar en una camilla, la enfermera se dirigió a la oficina del director, teniendo la esperanza de ver a aquellos abusadores ahí mismo: pero su decepción fue grande al verlos salir entre sonrisas apenas contenidas en sus desagradables rostros mimados. Al entrar vio al director, de apenas treinta años en ese entonces, sentado en su silla, tenia los ojos puestos sobre algunos papeles, pero su mirada parecía perdida.
-Buenas tardes.- Dijo, tratando de relajar la quijada que llevaba apretando desde que salio de la enfermería. -Con su permiso, director.
-Señorita Andrea, ¿Qué se le ofrece?- Andrea tomo asiento sin invitación y suspiro profundo antes de empezar a hablar.
-Vengo a hablar sobre Alexis.
-¿Q-Que pasa con él?, ¿está bien? - Dijo aquel, en voz baja.
-¿Disculpe?, ¿Qué acaso no sabe lo que pasó?, entonces, ¿Qué hacían esos niños en su oficina?- Cuestionó, claramente indignada, Andrea los tenia identificados desde hacia un tiempo.
-Los chicos terminaban de explicarme lo que pasó con Alexis.
-¿Y qué fue lo que le dijeron?
-En síntesis, dijeron que estaban jugando antes de la siguiente clase, y que Alexis se cayó poco antes de que llegara el profesor de educación de física, fue él quien me reporto la situación.- Explico el remedo de hombre.
-Alexis llegó a la enfermería herido, apenas puede caminar, de hecho, me sorprende que pudiera llegar solo hasta allá, eso no fue por una simple caída, y esos niños se aprovechan de la posición que tienen gracias a sus padres.
-Señorita, le aseguro que los donativos que sus padres dan a esta escuela no tienen la mas mínima influencia ni en este ni en ningún otro asunto.- Aseguraba, fingiendo sentirse ofendido.
-Yo no hable de dinero.- Arguyó rápidamente, pues era de mente ágil y certera.
-Es verdad, no lo hizo.- Dijo, sabiéndose expuesto, y cambio su expresión a esa que ponen aquellos cuyo corazón se acelera tras la pena y miedo infantiles de ser descubiertos a mitad de una mentira. -¿Qué es lo que sugiere?
-Sí usted hablara con él estoy segura de que. . .
-Ya hablé con él; no negó en ningún momento que los hechos ocurrieran como sus compañeros dijeron, además, les dí a todos con una advertencia.- En este punto ni siquiera era capaz de mantener la mirada en alto.
-¿Y ya?, ¿Que represalias van a tener los niños?, ¿ya habló con sus papás?, ¿los papás de Alexis están enterados?
-Señorita Andrea. - Se quitó los lentes y los guardo en el bolsillo de su camisa, dejó los papeles sobre el escritorio y soltó un suspiro pesado antes de dirigir su mirada a la mujer. -Sé que le preocupan los estudiantes, y es admirable, pero, ¿no cree usted que sería demasiado escándalo involucrar a tantas personas siendo que solo se trata de un accidente?
-¿De qué está hablando?- Se puso de pie, y alzó su voz después de tanto contenerse. -Esos niños están abusando de él, me lo mandan más de una vez a la semana, ¡cada vez peor!, el pobre llegó con un moretón enorme en el costado y un ojo morado, eso no fue un accidente, ¿jugando?, dijeron lo mismo la semana pasada, ¿no le parece ni un poco sospechoso?, ¿en serio?, señor, ¿por qué no le han hablado a los padres de esos niños?- Dijo, sin poder callarlo más, y temiendo ser despedida en ese momento.
-Mire, claramente esta especialmente preocupada por el chico, que se quede en la enfermería el resto de día, yo hablare con sus maestros para que le hagan llegar los deberes, para que no haya más problemas.- Aquel dizque hombre, de traje y corbata, prefería evitar los confortamientos directos, obviamente, siendo que ha dejado pasar esto durante meses.
-Claro que se va a quedar en la enfermería, faltaba más, sí con esas heridas no puede ni andar el pobre. Vaya director nos tocó.- Dijo, finalmente azotando la puerta, sabiendo que no habría represalias contra nadie, ni siquiera contra ella, y que no conseguiría nada más de alguien tan cobarde.
La escuela no gozaba de un renombre particularmente importante, pero era una escuela privada al fin y al cabo, y el director, quien había recibido su puesto por herencia, tenia la responsabilidad de mantener y proteger el poco prestigio del que la institución podía jactarse, sacrificando el bienestar de algunos alumnos y a veces, algunos maestros, uno de los pocos mal aventurados fue Alexis, al principio solo eran palabras, insultos y burlas, cosas que hasta cierto punto suelen ser soportables, especialmente entre amigos, pero Alexis no tenia amigos; él notificaba a sus maestros, incluso al director en más de una ocasión, los constantes maltratos y el acoso que recibió, pero nunca hubo mayor consecuencia que una llamada de atención. Las palabras se convirtieron en amenazas y estas en golpes, pellizcos, empujones, e insultos desmoralizadores, y todo siempre terminaban de la misma manera.
-"Estábamos jugando", "Somos amigos", "¿Verdad que si, Alexis?"- Y Alexis dejó de intentar.
Pero esto ya era demasiado, y ni siquiera los padres habían sido notificados de la situación, tal vez había otra manera, o tal vez no, tal vez era mejor así, tal vez el padre de Alexis encontraría alguna manera de culparlo por todo. Aunque llegó a sentirse genuinamente culpable, y aunque dijera lo contrario, al director le preocupaba más cuidar de la rata líder del grupo de pequeños matones inservibles, y de las generosas donaciones que sus padres aportaban a la escuela, después de todo, y hasta donde el se atrevía a indagar, solo se trataba de pequeñas riñas entre estudiantes, no le era conveniente siquiera comenzar a imaginar que tan grave era la situación.
La escuela tenían muchos becados, en su mayoría jóvenes de clase media y media baja, para la buena imagen publica, pero esta se sostenía principalmente por las colegiaturas tan altas que pagaban los alumnos de clase alta y de las contribuciones adicionales de sus padres. Gracias a esto la escuela mostraba una evidente preferencia por los hijos de aquellos padres que daban grandes aportes, y los becados solían ser discriminados por los mismos alumnos y uno que otro maestro, elitismo en su máximo esplendor.
Mientras tanto, el niño que apenas comenzaba a ser un muchacho, se encontraba recostado en la camilla sobre sábanas blancas, descansando, mirando por la ventana, observando el cielo soleado y despejado, cerca de ahí volaba un ave, buscando selectivamente el lugar más apropiado para descansar, hasta que se poso en la rama mas cercana a la ventana del árbol mas próximo, juró que cruzaron miradas, y que el ave vio su dolor, y que sufría con él. Alexis deseaba ver llegar el día en que buscar un lugar para reposar fuera la mayor de sus preocupaciones, hasta que el ave salió volando.
-Cuanto te envidio.- Dijo al ave, quien no alcanzó a escucharlo.
-Alexis, ¿Cómo te sientes?- La señorita Andrea había vuelto, se detuvo por un momento a ver a ese pequeño cuya mirada parecía perdida en el horizonte, suspiró y se sentó junto a él, se miraron uno al otro y al ver el rostro de la enfermera Alexis supo que todo seguía igual.
-Lo bueno es que solo faltan unos meses para la graduación.- Dijo Alexis con una sonrisa.
-Alexis.
-¿Qué pasa?
-Tus papás...- Un momento de silencio. -¿Por que no han venido?, ¿Qué acaso no se dan cuenta del estado en el que llegas a casa?, ¿se los has dicho siquiera?- Preguntaba, con sus ojos cristalinos, intentando no llorar mientras veía con aflicción las heridas en el pequeño cuerpo. En ese momento la sonrisa de Alexis desapareció, estaba pensativo, no quería preocuparla más de lo que ya estaba, después de todo ella no tenía nada que ver con esto, y no quería ver que la pasara mal por su culpa.
-Ellos... trabajan mucho, casi no los veo. En las mañanas, siempre salen corriendo para ir a trabajar, pero me dan suficiente para que no me preocupe por la comida o por el transporte, así que esta bien.- Dijo, ingenuo y sonriente, pero lejos de tranquilizarse, esto solo la entristeció más.
Alexis no era becado, solo era un niño frágil, un niño precioso, tanto que sus compañeros solo podían describir sus rasgos faciales como afeminados, cosa que los incomodaba, y a veces, ponía curiosas a algunas niñas. En la escuela su dignidad y masculinidad eran objeto de insultos y acusaciones; puestos en duda. En casa, sus padres casi nunca estaban al mismo tiempo, su padre trabajaba demasiado, y su madre, aunque tenia más tiempo libre, prefería pasarlo fuera, y volvía hasta muy tarde; su hermana mayor cursaba la preparatoria, vivía en su propio mundo, al terminar las clases solo se encargaba de sus propios asuntos y de los asuntos de sus amigos, a Alexis le parecía tan injusto, ella si podía subir sus pies a la mesa, y pasar todo el día pegada al celular, podía pedir y algunas veces exigir y hasta darle ordenes, molestarlo e insultarlo, porque era la favorita de papá, tal vez demasiado.
Cuando lograba verlos a todos reunidos era para discutir, mientras él se encargaba de su hermano el más pequeño, que aún no tenia edad ni para hablar, quien quedaba al cuidado de una vecina que les servía como niñera hasta que Alexis volvía de la escuela. La enfermería era su único lugar seguro, donde nadie gritaba, nadie lo insultaba ni ponía en duda su capacidad, o su identidad, casi como sí se encontrara en un lugar diferente, lejos de la vida que estaba forzado a vivir.
La enfermera aun lo miraba, melancólica, y Alexis sonrió.