En tacones rojos por París [KatsuDeku]

Summary

En las hermosas calles de París camina siempre a la misma hora un hermoso chico de cabello verde con rizos suaves, pecas en sus mejillas como una hermosa constelación y una sonrisa que solía deslumbrar y sonrojar a cualquiera que volteara a verlo. Sus pasos siempre iban acompañados por los golpeteos de aquellos tacones rojos que no tenía miedo de usar con cada prenda de ropa que solía colocarse para ir a trabajar o para salir a pasear antes de regresar a su pequeño apartamento donde solía disfrutar de la hermosa vista que su balcón le entregaba hacia la torre Eiffel. Frente a aquel apartamento vivía un rubio cenizo de ojos rubíes que secretamente disfrutaba de observar a su hermoso vecino de en frente desde su propio balcón, acompañándolo indirectamente cada mañana hasta que llegaba la hora de verse directamente en el trabajo del pecoso donde solía comprarle flores que le dijeran indirectamente sobre sus ganas de salir con él, pero pronto se dio cuenta que tratar de manera indirecta no le funcionaba, así que tendría que hacerlo muy directamente.

Genre
Romance
Author
Double A
Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo 1

Lunes – 05:00 


El reloj despertador de Izuku comenzaba a sonar desde temprano como cada día, su brazo izquierdo era el primero estirarse para poder apagar el molesto ruido antes de comenzar a bostezar y dejar que sus ojos se abrieran para mostrar las dos hermosas esmeraldas que su madre le había heredado, solía estirar su cuerpo luego del bostezo, escuchando sus huesos tronar al ser re-acomodados y una vez que terminaba de estirarse, se levantaba con mucho ánimo hacia la ventana de su habitación para abrir las cortinas antes de dirigirse hacia el baño con una toalla y su pequeña, pero fiel, radio en manos.


Como siempre, la dejó apoyada a un lado del lavamanos y la encendió en la misma estación que tenía sintonizada para todas sus mañanas antes de despojarse el pijama y dejar la ropa en el cesto y la toalla junto al radio, metiéndose a la ducha para abrir la regadera con el agua totalmente regulada, gimiendo de puro gusto en cuanto el agua chocaba con su piel, tomó la esponja y el jabón líquido para comenzar a enjabonarse el cuerpo mientras en su mente repasaba el horario de lo que haría ese día, esperando que fuese tan o más productivo que el día anterior.


—Desayunar antes de salir.


Se recordó rápidamente, solía olvidarse de hacerlo y su compañero de trabajo solía reprochárselo antes de invitarle el desayuno, no quería que su pelirrojo compañero siguiera gastando su dinero en comida para él por su preocupación, sabía que Eijiro tenía que ahorrar para pagar la mensualidad de su carrera en la universidad de Artes, así que definitivamente se recordaba más seguido que debía comer sí o sí. Aunque era más fácil decírselo que hacerlo, era tan despistado que a veces olvidaba sus propios horarios y terminaba haciendo cualquier otra cosa muy diferente a lo que había planeado con anterioridad, recordándose que su madre se encontraba muy lejos como para que ésta le recordara de mejor forma sus planes y horarios.


Treinta y siete minutos después salía de la ducha como todos los días, enrollándose la toalla desde debajo de sus axilas, sacudiendo levemente sus rizos antes de sacar el secador y pasárselo junto al cepillo, asegurándose de no dañar su cabello como antes había hecho, por suerte su peluquero, Aoyama, le había señalado su mal cuidado y el maltrato que le hacía a su cabello a tiempo para corregir su cuidado y desde entonces sus rizos eran más suaves y manejables, tanto que solía rebotar cuando caminaba o corría, aunque lo último pocas veces lo hacía puesto que no le gustaba que sus pies y dedos tuvieran ampollas por culpa de sus hermosos tacones rojos. Al terminar de acomodar su cabello caminaba hacia su armario, pasando por la ventaba que anteriormente le había abierto las cortinas y se metía a la habitación para secarse el cuerpo antes de comenzar a vestirse, tarareando con la canción que sonaba de fondo en su radio aún encendida.


Ese día se le apetecía utilizar un suéter de lana cuello alto blanco con unos shorts que llegaban dos dedos más abajo desde donde comenzaba su trasero y se pegaba como una segunda piel a su cuerpo, acomodándose los rizos que salieron disparados a todos lados por culpa del suéter antes de salir del armario e ir hacia la cocina para comenzar a preparar sus desayuno que era algo simple, un par de sándwiches de jamón de pavo y queso amarillo junto a una taza de café latte vainilla, llevó todo hacia la mesa que había en el balcón de la sala, acomodándose en la silla para disfrutar de su desayuno mientras su mirada se dirigía a aquella hermosa torre que no se cansaba de observar.


Se sentía fascinado y afortunado por haber conseguido aquel apartamento que le permitía tener una vista hacia la torre Eiffel, por suerte el precio del mismo no había sido tan elevado a pesar de que se encontraba en una de las calles de clase media de París, así que cada día agradecía por seguir vivo y además, viviendo en aquel hermoso apartamento. Tomó la taza amarilla con ambas manos, llevándose la orilla de la misma hacia sus labios, mirando de reojo hacia el edificio de al frente, más específicamente, el apartamento que estaba al mismo nivel que el suyo de donde un rubio cenizo salía para regar sus plantas con un ceño fruncido marcando sus facciones y riendo por lo bajo para sí mismo, terminó de desayunar para soltar un suspiro hondo de tranquilidad antes de levantarse y llevar todo al fregadero para lavarlo antes de secarse las manos e ir a apagar la radio para recoger sus cosas y luego ir a cerrar las puertas del balcón, dirigiéndose a la puerta principal para calzarse sus tacones rojos con cuidado y salir del apartamento luego de apagar las luces.


Cerró muy bien con llave y se dirigió hacia el ascensor para ir a la planta bajo, pasándole un mensaje a Eijiro para avisarle que iba de salida hacia la floristería, solía quedar con el pelirrojo para encontrarse en una cuadra antes para que éste le ayudara a abrir el negocio, mismo que había conseguido luego de trabajar arduamente para una empresa que terminó quebrando años antes, allí fue donde conoció a su simpático y alegre compañero de trabajo, desde entonces han estado juntos, atendiendo a sus clientes que siempre iban a pedir flores de temporada e incluso aquellos que sólo iban por ellos dos.


Ya que: "Siempre es agradable ver dos chicos jóvenes guapos, alegra la vista de muchos de nosotros, las personas comunes y corrientes."


Era lo que solían decir las personas mayores y siempre les sacaban una risa avergonzada antes de negar aquello, entregando el ramo de flores que el cliente le había pedido minutos antes. Salió del ascensor y saludó al guardia del edificio antes de salir del mismo, deteniéndose en la acera para sonreír por los rayos del sol que golpeaban su rostro en esos momentos, suspiró suavemente el aire fresco con toques a petricor, aquello le indicaba que las personas a cargo de las flores que estaban en toda esa calle ya se habían encargado de regarlas, así que estando mucho más animado que antes, comenzó a caminar por la acera, saludando a algunas personas con las que se topaba todos los días y que sólo conocía de vista ya que nunca se había sentado con ellos a tomar siquiera un café.


El sonido de los tacos de sus tacones resonaba con elegancia sobre el cemento de la acera, yendo al compás del contoneo de sus caderas mientras se mantenía seguro de sí mismo sin dejar de sonreír. Su mirada paraba de vez en cuando en los negocios que ya se encontraban abiertos con clientes y en los otros que apenas iban abriendo, se conocía todos aquellos negocios de memoria ya que había estado en todos ellos, admite que algunos son mucho mejores que otros, pero ninguno era lo suficientemente malo como para criticarlo de manera horrible, después de todo, ninguno ha cerrado hasta esos momentos.


Llegando a la quinta esquina de la segunda calle pudo ver a su compañero pelirrojo que se hallaba recostado en el farol de la calle con la mirada en el celular, de seguro viendo sus redes sociales, el chico era demasiado social y, aunque él mismo también lo era, también era demasiado tímido como para iniciar una conversación con un nuevo extraño y sus redes sociales sólo los tenían las personas más allegadas a su círculo de confianza.


—Eiji, buenos días —Saludó con ánimo.


—¡Buenos días, Izuku! —Saludó Eijiro de regreso con una sonrisa que mostraban sus puntiagudos dientes. —Veo que hoy también traes tus tacones, es bueno ver que puedes volver a llevarlos.


—Mis tacones son parte de mi cuerpo, Eiji, es complicado quitármelos así como así —Bromeó Izuku con una risa leve mientras se sostenía del brazo que el otro le extendía para comenzar a caminar hacia la tienda. —Igual eso pasó hace una semana, no me verás por lo pronto con mis botas —Aseguró.


—Oh, créeme que no lo pongo en duda de que sean parte de ti, Frozen —Se burló Eijiro con una carcajada, comparándolo con aquella película animada que amaba el pecoso. —No puedes asegurar eso, aquí afuera sigue habiendo gente que no ve por dónde camina y alcantarillas que casi nunca están cerradas porque algún adolescente quiere accidentar a las personas, o algún trabajador que no recuerda poner el aviso.


Izuku le pellizcó el abdomen luego de escuchar la burla, haciendo pucheros antes de darle la razón, para su mala suerte, allí en París y en cualquier parte del mundo, las alcantarillas siempre andaban destapadas y si las personas no se fijaban bien en el suelo, de seguro terminaría yéndose hacia abajo y terminaría con el cuello roto como máximo. Ambos llegaron a la puerta de la tienda e Izuku sacó las llaves para comenzar a sacar los candados y comenzar a abrir el local, hacía un perfecto día para colocar algunas de las macetas con las flores de temporada afuera y se lo hizo saber a su compañero pelirrojo.


—Sacaré las macetas y las acomodaré para que hoy se pase más gente a la tienda —Aseguró Eijiro con entusiasmo.


—Esperemos lleguen clientes nuevos —Comentó Izuku emocionado con la idea de ver nuevas caras.


—Quizás y sí podamos ver caras nuevas —Respondió Eijiro ganándose la atención ajena y decidió proseguir para explicarle. —Es temporada de vacaciones en los países vecinos, así que he escuchado que la embajada ha preparado a su gente para comenzar a hacer tours por las calles más hermosas y famosas de aquí. ¿Y adivina qué calle visitarán durante el tour por ser una de las más hermosas?


—Esta —Murmuró Izuku ilusionado mientras sus ojos adquirían un brillo emocionado que hizo reír al pelirrojo.


—Así es, tendremos clientes nuevos, eso es lo más seguro. Así que demos lo mejor de nosotros para decorar la tienda y dejarla mucho más hermosa —Propuso Eijiro con convicción.


Izuku asintió rápidamente a la idea propuesta por su compañero y no tardó en entrar para pasar hacia la parte trasera de la barra y luego hacia el pequeño jardín que había detrás para dejar su bolso dentro del casillero sin candado antes de salir y ayudar a Eijiro a acomodar las macetas afuera antes de acomodar de mejor manera las enredaderas, colocándoles por su cuenta algunas flores a las que les cortó un poco de su tallo para que entraran entre estas y se alejó de ellas para observar de mejor manera su idea, decidiendo que había quedado bonitas las flores entre las ramas de las enredaderas antes de voltear hacia su compañero y lo encontró agachado frente a una de las masetas con una pequeña tijera en manos.


—¿De nuevo un problema con los insectos? —Cuestionó Izuku acercándose a la espalda ajena con una mueca.


—Por suerte no, sólo estoy recortando un poco las hojas sobresalientes para que las flores no se vean sobrecargadas y se pueda apreciar mejor de esa manera —Respondió Eijiro tranquilizando a su compañero y jefe, alejándose un poco para poder observar de mejor manera si le había faltado algún lugar que cortar. —Creo que así está bien, haré lo mismo con las otras antes de que llegue algún cliente —Avisó.


—Oh, está bien, menos mal que no es de nuevo un problema de insectos —Comentó Izuku con una sonrisa leve sobre sus labios. —Me encargaré entonces de regar el jardín y preparar las que ya están listas para sacarlas a la vista del público.


—Sí claro, ve con calma, yo estoy pendiente si llega algún cliente —Ofreció Eijiro con la mirada en la siguiente maceta que se hallaba arreglando.


Izuku asintió rápidamente con una sonrisa y sin dilatar más la ida hacia el jardín, se puso rápidamente en marcha, aunque se detuvo cerca de la barra para poder observar hacia el reloj sin borrar su sonrisa, faltaba al menos una hora para que el mejor amigo de su compañero llegara y misma persona que siempre pasaba por allí a la misma hora, diez en punto de la mañana por un ramo de flores; usualmente el hombre pasaba comprando girasoles y gardenias, a veces las compraba juntas en dos ramos diferentes antes de ver hacia Eijiro con expresión deprimida o quizá molesta, no estaba realmente seguro puesto que el cenizo siempre llevaba el ceño fruncido.


Sí, el cliente era el mismo hombre que observaba de reojo en el apartamento frente al suyo y mismo que regaba sus plantas con el ceño fruncido.


Le causaba risa el hecho de que una acción tan tranquila la realizara con el ceño fruncido, caminó por fin hacia el jardín trasero para encargarse de las flores, debía cuidarlas muy bien para que ninguna muriera y pudiera seguir teniendo su local para poder ver a ese cliente en especial llegar. Aunque sabía que no pasaría nunca nada porque una de las flores que el hombre agarraba tenía significado de «Amor secreto» y si lo se confiaba de la mirada escarlata que se dirigía hacia su compañero, podría hasta decir que era él la persona que amaba en secreto y, aunque eso le había comenzado a disgustar desde hace un tiempo, aun así no decía nada para seguir atendiendo al hombre.


Un suspiro se dejó escapar de sus labios mientras se encargaba de sacar las flores que ya estaban listas hacia una maceta, acomodándolas de manera que no se dañara al pasarlas, su concentración terminó siendo tanta que ni siquiera se dio cuenta cuando la hora pasó casi volando mientras acomodaba con cuidado las raíces dentro de la tierra, pasándose la mano de vez en cuando para alejar su cabello sin darse cuenta que se manchaba con la tierra mientras era observado por dos pares de ojos rubíes, aunque uno de ellos era más escarlatas que rubíes, aun así ambos hombres estaban observando la concentración que el pecoso tenía para con los tulipanes mientras lo escuchaban murmurar, suponían que le hablaba a las flores porque a veces sonreía de manera adorable.


—Estoy jodido —Murmuró Katsuki de brazos cruzados al lado del idiota que consideraba mejor amigo.


—Creí que eso ya lo sabías desde la primera vez que viste a Izuku —Se burló Eijiro mientras avanzaba hacia la maceta para arrebatársela al pecoso y antes de que se quejara o lo regañara, dijo: —Katsuki ya se encuentra en la tienda, deberías limpiarte la cara y las manos, Izu.


El nombrado entreabrió la boca y sus ojos buscaron rápidamente al nombrado, sonrojándose cuando confirmó que efectivamente estaba allí, tartamudeó cosas ininteligibles antes de correr hacia la parte de atrás para lavarse las manos y las mejillas, librándose de tener tierra y un poco de estiércol, se colocó incluso un poco del aceite aromatizante que Eijiro solía comprar para que ninguno saliera oliendo mal de la tienda o para esos mismo casos, para no atender a los clientes oliendo a estiércol. Salió de regreso mientras se veía las uñas para asegurarse que no las tenía sucias y una vez que lo confirmó se detuvo detrás de la barra, subiendo el rostro con una sonrisa amplia en sus labios.


—Buenos días, bienvenidos a la tienda —Pronunció al darse cuenta que el cenizo no era el único cliente. —Hoy tenemos flores de temporada, los ramos se harán con un nuevo papel con decoraciones que se adecuarán a la ocasión por la que estén llevándose el ramo, también pueden escoger el mismo papel sin decoraciones de siempre, por favor paséense con confianza por la tienda y siéntanse libres de escoger las flores que necesiten.


—¿Qué flor necesito para invitarte a salir, nerd? —Cuestionó Katsuki de manera directa luego de que los otros dos clientes se dispersaron.


—¿A-Ah? —Cuestionó Izuku sintiendo su rostro explotar en un color rojo que lo sonrojaba desde el inicio de su cuello hasta las raíces de su cabello, negando levemente, quizá había escuchado mal. —Cre-Creo que para invitar a salir a Eiji no es necesario flores, pero puedes usar un ramo con freesias y margaritas —Comentó en una risa fingida aunque no se le notara, viendo llegar a uno de los clientes con sus flores escogidas. —Oh mi, ¿Su esposa sigue mal en el hospital?


—Así es pequeño, ella te manda saludos, espera recuperarse rápido para venir ella misma por sus flores y por esa salida que tienen pendiente —Respondió el hombre con una sonrisa cansada en el rostro que apretó un poco el corazón de Izuku.


—Lléveselas de mi parte, no tiene que pagar —Comentó Izuku con una sonrisa triste antes de pronunciar. —Dígale que la estaré esperando con nuestra mesa rodeada de flores como siempre, que dejaré que se lleve por fin aquellas orquídeas que tanto ha querido.


El hombre asintió con una sonrisa triste de regreso, ambos sabían que aquellos planes sólo eran para tratar de levantarse el ánimo puesto que la mujer ya estaba en su última etapa del cáncer y faltaba poco para que la enfermedad se la llevara, Izuku realmente esperaba que algún milagro sucediera para poder tener la visita de la señora. Se despidió del cliente con un movimiento suave de su mano sin dejar que su sonrisa flaqueara, al menos hasta que vio al hombre desaparecer de su vista y fue cuando su sonrisa se torció, sus ojos se aguaron y prontamente las lágrimas comenzaron a caer por sus mejillas, preocupando no solo a Katsuki, si no que también al cliente que salió en búsqueda del pelirrojo.


—Lo... Lo siento —Murmuró Izuku tapándose el rostro con ambas manos mientras se encorvaba un poco sobre la barra.


—¿Por qué demonios te estás disculpando? —Cuestionó Katsuki acercándose a la barra con cautela y preocupación.


—¿P-Por llorar? —Cuestionó Izuku no muy seguro mientras trataba de limpiar sus ojos de las lágrimas, pero estas no dejaban de caer.


—Qué idiota, no tienes que pedirle disculpas a nadie por estar expresando tus sentimientos, nerd —Respondió Katsuki bufando mientras cruzaba la puerta de la barra para acercarse a detenerle las manos. —Te vas a hacer daño, tonto, mira cómo te pusiste los ojos —Regañó mientras lo revisaba, cuidando que no se haya hecho verdadero daño. —Al menos tus ojos siguen tan bonitos como siempre, rojos, pero bonitos.


Izuku se sonrojó de vuelta por dos razones, el acercamiento ajeno y las bonitas palabras que le dedicaba en esos momentos, provocando que desviara la mirada a otro lado y murmurara ininteligiblemente, provocando que el ceño del cenizo se frunciera aún más.


—¿Disculpa? —Cuestionó Katsuki sin entender una mierda de lo que le decía.


—No deberías decir cosas tan bonitas a otros para intentar evitar el dolor de ser rechazado por tu mejor amigo —Murmuró Izuku de nuevo, sólo que esta vez había modulado mejor sus palabras para que el otro lo escuchara.


—¿El dolor del rechazo de mi mejor amigo? —Repitió Katsuki como un loro al no haber entendido las palabras ajenas, al menos no hasta que cayó en cuenta en que definitivamente el pecoso nunca entendió sus indirectas. —¿Piensas que me gusta Ei?


Izuku asintió en silencio, sobresaltándose al escuchar una carcajada sin pizca de gracia.


»—Eso sí que es un buen chiste —Comentó soltándole las manos para apoyarse en la barra y verlo de manera directa antes de chasquear la lengua. —Definitivamente ese tonto tenía razón, tendré que dejar las indirectas con esas estúpidas flores —Murmuró soltando un suspiro, aunque más que soltarlo, fue que se le escapó por el pisotón en su pie.


—Sal de mi florería —Ordenó Izuku con su sonrisa borrada y el ceño fruncido.


—¿Pero qué demonios te pasa ahora? —Cuestionó Katsuki quejándose mientras lo veía, no estaba molesto, estaba sorprendido por ver aquel chico tan tierno completamente molesto de la nada.


—¿Estúpidas mis flores? ¡Estúpido tú! ¡Sal de mi tienda, idiota! —Exclamó Izuku totalmente molesto mientras empujaba al cenizo hacia la puerta, deteniéndose en el umbral de la misma completamente serio. —¡No te quiero volver a ver aquí y menos cerca de mis flores!


Fue lo que sentenció antes de entrar molesto de regreso a la barra para sacar papel y envolver las flores del cliente que había ido a buscar a Eijiro, aunque el pelirrojo al escuchar que su mejor amigo estaba hablando con Izuku lo entretuvo un poco más, aunque debió saber que el cenizo en cualquier momento soltaría algo inapropiado que molestaría a Izuku y el cliente, no queriendo molestar aún más al pecoso, pagó y salió rápidamente de allí, despidiéndose de los tres presentes.


Izuku le devolvió la despedida antes de ver serio hacia el cenizo y volver a su jardín para seguir con su trabajo acomodando sus flores y regándolas, al menos las que necesitaban ser regadas y se encargó de pasar las que estaban listas y bonitas a las macetas, eran contadas las personas que le compraban una maceta completa, pero éstas siempre escogían aquellas que se veían más llamativas y no les importaba en absoluto el significado detrás de ellas, eso lo emocionaba mucho.


Luego de que su molestia se había pasado por completo, su mente comenzó a trabajar en las palabras que el cenizo le había dicho antes del insulto a sus flores, el hombre de verdad había estado queriendo invitarlo a salir y todos esos dos años ha estado lanzándole indirectas con las flores que escogía, todo ese tiempo creyó que eran para Eijiro y le molestaba que el pelirrojo aún a sabiendas de que le había hablado del tema por debajito, éste nunca le haya dicho de manera directa que no era con él  las indirectas que el cenizo estaba lanzando. Su ceño se frunció y sin querer pagó la molestia con una de las flores la cual cortó de tallo, vio lo que hizo y terminó dando un grito de espanto al ver caer la hermosa flor al suelo junto con algunos de los pétalos sueltos y lloriqueó por ella mientras la tomaba con cuidado.


—¡Izuku! ¿Qué sucedió? —Cuestionó Eijiro llegando al jardín y detrás de él iba Katsuki que se había negado a marcharse sin antes arreglar las cosas con el pecoso.


—Eiji —Murmuró Izuku entre sollozos, volteando hacia su compañero teniendo entre sus manos la flor cortada. —La corté sin querer por culpa de tu estúpido mejor amigo —Se soltó a llorar.


—¡¿Hah?! ¿Yo qué culpa tengo si ni cerca estaba? —Exigió saber Katsuki con el ceño fruncido y cruzado de brazos.


—Katsubro no pelees con Izu, todas estas flores significan mucho más que su propia vida —Comentó Eijiro con un suspiro hondo antes de acercarse a Izuku, agachándose frente a él para extender las manos. —Vamos a enmarcarla como las otras. ¿Está bien?


—Tsk no puede ser que voy a tener que compartirlo con unas flores —Chasqueó la lengua Katsuki rodando los ojos antes de ver el actuar de los otros dos. —¿De qué demonios hablan ustedes dos?


—Katsubro —Advirtió Eijiro viéndolo de manera reprochable y se levantó junto a Izuku. —Vamos Izu, enseñémosle lo que se le hace a las flores que terminan así.


Izuku asintió y se levantó con suavidad del suelo, sorbiéndose la nariz mientras seguía a los otros dos, el cenizo iba siendo empujado por el pelirrojo mientras el primero iba soltándole groserías por lo bajo a diestra y siniestra mientras Eijiro sólo se reía por todas aquella groserías, estaba tan acostumbrado a ellas que simplemente las ignoraba por completo. Izuku simplemente iba en silencio, limpiándose las lágrimas de las mejillas luego de haberse quitado los guantes, mismos que dejó sobre la barra para ver hacia su compañero momentáneamente antes de ir hasta el estante de la esquina para sacar un cuadro dorado con cristal transparente y una hoja azul cielo pastel en medio se este y la tapa del cuadro, llevándoselo a Eijiro para abrir la tapa negra de atrás, sacando la hoja junto a unos pequeños alfileres que casi no se notaban.


—¿Van a apuñalar a la flor? —Cuestionó Katsuki guardándose las ganas de ofrecerse para hacerlo él mismo.


—No, vamos a colocarla como si fuera un retrato —Respondió Eijiro al ver la mirada seria de Izuku, sinceramente no creía que aquello iba a terminar de esa manera entre los dos, considerando que ambos se atraían. —Es una forma de disecarlas y mantenerlas con nosotros —Contó mientras acomodaba la flor sobre la hoja y siguió hablando. —Usualmente Izuku es quien se lleva los cuadros, pero también tengo algunos en casa y tú los has visto, incluso me robaste uno, no creas que no me di cuenta.


—No sé de qué me hablas, yo no te robé nada —Respondió Katsuki para defenderse de la acusación ajena que era completamente cierta.


Izuku rió por lo bajo al escuchar la discusión en la que ambos se aventuraron, aun así veía con atención que su compañero no dañara los pétalos ni la flor misma mientras se hallaba discutiendo, lamentablemente terminó tensándose cuando casi un pétalo se rompía y se acercó rápidamente a taparle la boca al cenizo sin quitarle la mirada al cuadro.


—Observa lo que haces, estabas por romper un pétalo, Eijiro —Regañó Izuku al pelirrojo con seriedad.


—Lo siento.


Luego de aquella respuesta, Eijiro no tardó en terminar de enmarcar la flor mientras Katsuki se mantenía quieto con la mano de Izuku aún cubriendo su boca y notando de esa manera el olor a tierra con un toque a vainilla, de seguro debía ser algún aceite o jabón que usaba el pecoso, extrañamente no le molestó ser tocado y mucho menos el aroma, aunque sí se le era incómodo estar un poco encorvado, no era mucha la altura considerando que Izuku utilizaba tacones, pero aún así no llegaba completamente a su metro ochenta y siete. Izuku por su parte seguía manteniendo la atención en lo que Eijiro hacía, sin recordar que tenía su mano en la boca del cenizo.


—¿Listo? —Cuestionó Izuku al ver el marco cerrado.


—Listo —Confirmó Eijiro con una sonrisa amplia.


Izuku echó las manos hacia arriba para celebrar, soltando así de esa manera al cenizo quien quedó con expresión seria por quedarse tan pronto sin el toque ajeno y decidiendo no tomarle demasiada atención, fijó su mirada al marco y vio la flor blanca con el centro amarillo.


—Es bonita —Aceptó Katsuki con tranquilidad.


—Hump por supuesto que lo es —Aceptó Izuku tomando el marco entre sus manos con cuidado y llevando una sonrisa leve sobre sus labios mientras la admiraba, recordando brevemente lo que esta significaba, así que sonrojándose levemente, extendió el marco hacia el cenizo. —Cuídala, aprende con ella que las flores no son estúpidas, sólo tú lo eres.


Luego de que el cenizo tomara el cuadro con el ceño fruncido, Izuku volvió al jardín para seguir con su trabajo, escuchando la carcajada que su compañero lanzaba y se quejó por lo bajo por lo escandaloso que era, sabía que el pelirrojo había aprendido sí o sí los significados de todas las flores y que cuando no las recordaba se lo preguntaba o veía el papelito que estaba en cada cesta donde colocaban dichas flores para vender, así que fácilmente sabía ya lo que trataba el significado de los jazmines.


Lunes - 15:11


La mañana pasó realmente rápido y parte de la tarde también, tanto que ninguno de los chicos se dio cuenta de ello hasta que el dueño del restaurante de la esquina ingresó a la tienda con un par de envases de aluminio, los cuales dejó sobre la barra mientras los veía serio.


—Buenas tardes señor Yamada —Saludó Izuku con intriga por los envases. —¿Por qué tan serio?


—¿Han visto la hora que es? —Cuestionó Hizashi sin dejar su seriedad de lado, antes de ver negar a los dos más jóvenes. —Son las tres de la tarde y no han salido a buscar la comida, las chicas me avisaron y vine a traerles el almuerzo, y me los encuentro como siempre, metidos de lleno en el trabajo.


—¿Tan tarde? —Cuestionó Eijiro viendo la hora en su celular luego de limpiarse las manos, viendo hacia Izuku y asintiéndole para confirmar que era cierto. —Lo sentimos, señor Yamada, sabe que una vez que nos entretenemos por las nuevas flores de temporada nos olvidamos de las horas.


—Eso ya lo sabía, pero les he dicho que no deben saltarse la hora de la comida, ninguna de las tres —Respondió Hizashi cruzado de brazos, recordando que tenía una bolsa colgando en su muñeca. —Oh, también traje jugo y postre —Avisó y los señaló severamente. —No acepto negación de su parte y el pago de la comida de hoy corre por mi cuenta.


Ambos quisieron quejarse por ello, pero el rubio ya se encontraba saliendo del local, avisando que se llevaba consigo un par de jazmines, ninguno dijo nada puesto que sabían que dichas flores eran para su compañero y socio, no les molestaba que se llevara un par todos los días, incluso lo animaban y apoyaban en silencio para que tuviera suerte con el hombre serio que tenía de socio, mismo que parecía un vagabundo, pero eso sólo lo comentaban entre ellos para no molestar a nadie más.


Ambos decidieron darse un descanso, lavándose las manos para quitar todo rastro de tierra y estiércol para irse a sentar a almorzar, hacía un par de horas que Katsuki se había marchado para su trabajo, al parecer estaba yendo tarde, pero aun así parecía no importarle realmente puesto estaba a gusto en aquel local y más aún luego de que Eijiro le contara lo que la flor en el marco significaba, pero luego de que Izuku se metiera al jardín no volvió a salir hasta que el cenizo se marchó, todo por la vergüenza que sentía.


—¿A qué hora cerraremos hoy? —Cuestionó Eijiro tomando uno de los envases para abrirlo junto a los cubiertos.


—Cerremos a las cuatro, tengo que hacer las compras del mes para mi alacena que se está quedando vacía —Respondió Izuku mientras tomaba el otro envase y cubiertos para abrirlo. —Quizá sí debí traer las botas, bueno, no hay vuelta atrás.


—Y no te vas primero a tu apartamento porque luego te va a dar flojera ¿No es así? —Cuestionó Eijiro con una risa divertida mientras veía al contrario asentir.


—Igual no voy a comprar tanto, sólo lo necesario —Comentó Izuku alzando los hombros levemente.


Eijiro rió mientras asentía con levedad y ambos comenzaron a comer, agradecían que el dueño del restaurante fuera tan atento con ellos cuando de comida se trataba y para algunas otras cosas también era atento, pero más cuando se trataba de la comida. Además de que estaban contentos de tener postre y bebidas para ese día, no siempre podían tener los postres puesto que eran los que más rápido se terminaban, eran realmente exquisitos y los más famosos en esa calle. Al igual que su tienda que también era famosa por las flores en temporada, pero no alardeaban de eso con nadie.