Emociones Retorcidas

Summary

La mente es algo particular, única. Y dentro de cada mente, existe un mundo de emociones que guían nuestros pasos. Pero, ¿qué tan sana es la mente de un individuo que cae en un estado overblot? Lo averiguaremos. ... . . . . Este es un Crossover de Intensamente con Twisted Wonderland.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
13+

Antes de pintar la rosa de rojo...

«Cuando llegué, Alegría era la emoción que dominaba la mente de Riddle; hacía un gran trabajo, pero si queremos enorgullecer a mamá, había medidas que tomar…»

—¡Es el cumpleaños de Riddle! —gritaba jubilosa Alegría.

El resto de las emociones, en sus respectivos niveles de euforia, también festejaban el cumpleaños de su pequeño pelirrojo. Ocho años era un número importante para Riddle.

—¿Creen que mamá nos comprará una tarta de fresa este año? —con ilusión preguntaba Desagrado.

Las demás emociones sabían del anhelo de Riddle por probar aquel postre, y la mayoría esperaba que su madre cumpliera con aquel deseo en su cumpleaños, todos menos uno.

—¿Cómo crees, Desagrado? —negaba Furia rodando los ojos—. Riddle no necesita azúcar. Mamá de seguro compró algo útil para él.

Antes de que empezara una de las riñas de aquellas emociones, Alegría interrumpió con su usual positivismo.

—Ay, vamos, chicos, sea lo que sea, de seguro será algo rico.

—Feliz octavo cumpleaños, Riddle. El pastel de cumpleaños de este año es una receta baja en azúcar hecha con nueces y harina de soja rica en lecitina para mejorar tu función cerebral.

—¡Ja, se los dije! —victorioso se jactaba Furia.

Las demás emociones, igual que su niño, no ocultaron su decepción.

—Oh, Riddle en verdad esperaba por fin probar esa tarta, pero ahora, seguirá siendo solo un deseo incompleto —lamentaba Tristeza, comenzando a poner el tablero azul.

Antes de que la emoción dominara por completo a Riddle, Alegría tomó la mano de su amiga.

—¿Y si preguntamos?

Sonriéndose y con esperanza, ambas emociones tomaron el tablero. Furia, detrás de ellas, solo negaba, sabiendo ya la respuesta de la mayor.

—Gracias. Pero, mamá…

—Vamos, Riddle, tú puedes —animaba Alegría, dándole coraje al niño para hacer la pregunta.

—Solo una vez, me gustaría probar una de esas tartas cubiertas con fresas de color rojo brillante…

—¡Absolutamente no! Esas tartas son monstruosamente insalubres. ¡También podría alimentarte con veneno!

—¡Ay, por favor, señora!, ¡no exagere! —frustrada, Desagrado se enojaba con la mayor.

—Inclusive una sola rebanada excedería tu ingesta diaria recomendada de azúcar. Ahora, la cena de esta noche será un sauté de atún rico en…

Las emociones no se molestaron en seguirla escuchando, salvo Furia. Desde siempre, parecía ser el único de acuerdo con cada decisión de la madre de Riddle.

—Ahora que tienes ocho años, tu ingesta calórica debería ser de 600 kilocalorías por comida, así que no comas más de 100 gramos. ¿Entendido?

—Sí, mamá.

Vieron al chico comer su “pastel” en silencio.

—Supongo que así termina otro fiasco de cumpleaños —sarcástica, se retiraba Desagrado, no quería seguir viendo a su niño resignarse a las órdenes de su madre.

—Oye, espera, a ti te tocaba vigilarlo hoy para que haga su tarea —la retenía Temor.

—Nah ah, a mí me tocó ayer —se defendía la emoción.

—Yo puedo vigilarlo hoy —se ofrecía Tristeza, pero sabiendo que haría que Riddle divagara en su deseo no cumplido. Alegría la interrumpió.

—Yo lo haré, chicos, después de todo, qué mejor motivación para estudiar que un año más.

Tomando el mando, Alegría lograba que Riddle se animara y comenzara a estudiar, empezando con magia clásica, una de sus materias favoritas. Temor, Tristeza y Desagrado la dejaron a cargo, yéndose ellos a hacer otras labores.

Solo Furia se quedó a vigilar un poco más.

—Que no se te olvide que debe subrayar lo importante con rojo y lo secundario con azul.

—Sí, Furia, ya lo sé.

—Y que de cada hoja debe sacar un resumen de 5 renglones.

—Furia, yo puedo hacerlo —la sonrisa de Alegría comenzaba a ser forzada.

—A veces parece que no lo entiendes —soltó Furia, haciendo que la paciencia de Alegría fuera de sabático.

—Oye, ¿por qué siempre debemos terminar teniendo esta discusión?

—Porque no es suficiente, Alegría, Riddle debe poner más empeño, y ustedes solo lo distraen —respondía molesto Furia.

—Déjalo respirar, Riddle es un buen niño.

—Riddle no puede solo ser un buen niño, él debe de ser perfecto.

En la mente de Riddle, la furia y la alegría eran emociones que solían rivalizar: una buscaba la satisfacción, la otra la perfección.

El cuartel general en la mente de Riddle era, como su niño, un lugar pulcro y limpio, donde todos cumplían con sus funciones y seguían la rutina de forma mecánica, como si de un pequeño reloj de cuerda se tratara.

Desde las ventanas del cuartel, Furia podía ver las islas de la personalidad de Riddle. Cuando terminaba sus obligaciones, le gustaba observar si había algún cambio en ellas, pero como todos los días, las islas permanecían iguales.

La isla de la familia, con una gran estatua dedicada a su madre, resplandecía con las piedras rubíes con las que estaba construida. La isla del estudio, la más grande de todas, era como ver una universidad inglesa. La isla de los crucigramas les solía enviar cada mañana un juego diferente. Y la isla más alejada, la isla de los postres, lucía descuidada y en ruinas.

—Debían derrumbar esa cosa —pensaba Furia con desdén.

Las emociones solían empezar sus actividades antes de que Riddle despertara; sabían lo mucho que su niño se esforzaba, así que siempre procuraban ayudarlo en todo lo que podían.

—Tristeza, ¿guardaste las tarjetas con las fórmulas mágicas? —comenzaba a pasar lista Alegría.

—Sí, use la técnica de esquemas para ayudarle a memorizarlas.

—Perfecto. Desagrado, ¿borraste las distracciones?

—Un segundo, Alegría —pedía la emoción, mientras botaba al fondo de la mente de Riddle las esferas con los recuerdos no requeridos.

—Por favor, termina antes de que Riddle despierte. Temor, ¿cómo va la motivación?

—¡Todo listo, Alegría, si no estudiamos, terminaremos en la calle! —citaba su compañero.

—¡OK!… Tal vez no tan extremo.

Faltaban algunos minutos para que escucharan el ruido del despertador. Alegría miraba los pensamientos centrales cuando la emoción rojiza se acercó a ella.

—Por lo regular no estoy a favor del cambio, pero creo que este recuerdo sería útil para Riddle —explicaba Furia mostrándole un recuerdo de una canción de un comercial.

—Wow, Furia, sin duda, es divertido —celebraba Alegría, no creyendo que su compañero quisiese guardar un recuerdo así.

—Nada de eso, escuché de una nueva técnica de estudio que involucra música —contradecía el rojizo.

Alegría rodó los ojos, pero no queriendo empezar un debate desde temprano, abrió el acceso que conducía al árbol de creencias. Aquella zona era diferente al resto del cuartel. Un lugar tranquilo, como si de un jardín secreto se tratara; los pensamientos que se convertían en parte de la personalidad de Riddle eran enterrados cerca del árbol, del cual, cuando aceptaba el nuevo pensamiento, daba lugar a una nueva rama de este.

«Soy muy creativo»

Escuchar la voz de su niño era un deleite para las emociones. Alegría extendió su mano como un gesto de paz.

—Hagamos que este sea otro gran día para Riddle.

Furia no solía estar de acuerdo con la forma en que Alegría dirigía el cuartel, pero sabía que ella también quería lo mejor para su niño. Estrechó su mano en un acuerdo de paz.

El día corría con normalidad. La madre del pelirrojo había salido a trabajar, confiada en que su hijo cumpliría con sus deberes. Niño y emociones dieron un salto de susto cuando algo golpeó la ventana del cuarto de estudio.

—… ¿Alguien está tocando la ventana? —Riddle se levantaba asustado de su asiento.

—¡Whoa, nos escuchó! —un niño peliverde se asomaba del otro lado.

—¡Oye, ven a jugarrr con nosotros! —decía un niño con orejas de gato.

—¡KYAAAA, maidei, maidei! —gritaba histérico Temor.

—¿Quiénes son ellos? —veía Desagrado desconfiada a los niños, mientras abrazaba a Tristeza, que no dejaba de llorar.

—¡Invasores! —Como si fuera un grito de batalla, Furia sacaba llamas.

—¡Chicos, chicos! —calmaba Alegría a sus compañeros—. Relájense, y averigüemos qué quieren.

—¿Quién eres? —preguntaba tímido Riddle.

—Soy Che’nya, y ese es Trey. ¡Juguemos todos al croquet! ¡Oh, es MUY divertido, nya! —presentaba el chico gato.

—¿Jugar? O no, amigo, ahorita mismo te me vas —decía Furia tomando el control.

—No puedo. Se supone que debo estar haciendo un estudio independiente, y tengo mucha tarea que hacer —declaraba el pelirrojo.

—“Estudio independiente” significa que eliges qué hacerrr, ¿verdad? ¡Mi abuelo dice que el juego es una forma de estudio! —replicaba Che’nya.

—¿Qué cosa dijo? —exclamaron confundidas las emociones.

—Jugar… ¿Una forma de estudio? —Veía Tristeza a sus compañeros buscando una confirmación.

Alegría también estaba confundida, pero algo en su interior le decía que su pequeño necesitaba vivir esa experiencia.

—Chicos, creo que Riddle debería intentarlo.

—¿Perdiste la cabeza, Alegría? —la cuestionaba Furia—. Mamá nos confió estudiar.

—¡Solo juega con nosotros un poco! —insistía el pequeño peliverde.

Pero tú lo escuchaste —no se dejaba intimidar Alegría—. Además, coincide con lo que tú programaste esta mañana.

La emoción activó un botón de la consola, haciendo que una miniatura del árbol de las creencias apareciera en el cuartel.

«Soy muy creativo»

Eran las palabras de su niño; ni Furia, ni ninguna de las emociones iría en contra de su ser. Al no haber réplicas, Alegría guio a Riddle.

—… O-okay… ¡Solo un poco! —accedía el pelirrojo saltando por la ventana.

Los chicos mayores ayudaron al pequeño pelirrojo a aterrizar a salvo en el jardín. Emocionado, el niño gato comenzaba a preparar el juego.

—Oye, ¿cómo te llamas? —le preguntaba el de lentes.

—R-Riddle. Riddle Roseheart.

Las emociones siempre se sentían jubilosas cada vez que su niño lograba un nuevo objetivo, pero en esta ocasión, el logro se sentía diferente. Aquellos niños, Trey y Chenya, le estaban enseñando tantas cosas nuevas, cosas que no estaban en sus libros.

Aquella felicidad invadió a cada una de las emociones; era como ser alimentadas por luz. Incluso Furia, el más apegado a las reglas, comenzó a ceder a cada tarde de juegos.

—¿Quién diría que tantas horas de estudiar física rendirían al fin frutos? —celebraba Desagrado, viendo a su niño ganar su quinto partido de criquet.

—Yo siempre supe que lo que mamá nos enseñaba sería útil —se jactaba orgulloso Furia.

—Sí, claro, lo dice el sujeto que quería cerrarles la ventana en la cara —se burlaba Alegría, provocando la risa de las otras emociones.

—¿Quééé? ¿Nunca has probado siquiera una tarta de fresa? Están fuera de este mundo —mencionaba el niño gato.

—Sí. Mi mamá dice que el azúcar es básicamente veneno —respondía Riddle apenado.

—Eso, Riddle —felicitaba Temor—, enséñales las lecciones valiosas de mamá.

—Quiero decir, probablemente no deberías comer demasiado, pero llamarlo “veneno” es un poco… caray —Trey se rascaba la cabeza nervioso—. Ya sabes, mi familia tiene una pastelería. ¡Vamos a buscar una tarta ahora mismo!

—Olvídalo, Riddle, ¡huye! —se retractaba Temor.

Las demás emociones también se alteraron; el tema del azúcar era uno que la madre del pelirrojo había dejado muy en claro. La cuestión fue que todos vieron con asombro al árbol de la personalidad de Riddle mover las acciones del menor.

—¿En serio? Pero… No debería —el deseo y la obligación de Riddle lo hacían dudar.

—Solo una rebanada. Todo estará bien —le daba seguridad Trey.

—Una rebanada para ti, tal vez. ¡Quiero uno entero! —gritaba entusiasmado Chenya.

A pesar de la angustia de las emociones, no podían impedir las acciones de Riddle. La idea había sido aceptada en el tablero, y ni siquiera Alegría era capaz de hacer que Riddle se retractara. El terror los invadió cuando los niños atravesaron la puerta de la pastelería.

—Se acabó, ¡es el fin! —lloraba Temor a todo pulmón.

—Adiós, mundo cruel. Desagrado lucia resignada.

—¡No quiero que Riddle coma veneno! —sollozaba Tristeza.

Aunque refugiado, Furia no dejaba de ver con enojo a Alegría, quien era la única que no había dejado de apretar botones, desesperada porque Riddle no llevara la primera mordida a su boca. Solo esperaba el momento indicado para poder decirle «te lo dije».

El pelirrojo vio con temor la rebanada que su amigo había dejado frente a él. Sentía miedo, pero al mismo tiempo, tener el postre que tanto había deseado probar lo motivaba a no parar. Cerró los ojos, metiendo el pedazo de tarta con fresa a su boca.

Dentro de la mente de Riddle, todos podían jurar que un coro de ángeles había comenzado a cantar. Desde el cuartel general al estudio de los sueños, cada rincón era invadido por el dulce de aquella tarta. Era simplemente magnífica.

—¿Cómo es posible que Riddle se haya perdido de esto todo este tiempo? —Los ojos de Desagrado se habían convertido en un par de fresas.

—Dulce, con un toque de acidez. —Temor no podía dejar de reproducir el nuevo pensamiento central. Tristeza, Alegría y Furia estaban en la ventana, comprobando que la isla de los postres había sufrido un cambio total.

Ahora era grande, casi tanto como la isla del estudio; podían ver cómo chimeneas de pastelerías comenzaban a funcionar, y una enorme tarta adornaba el centro como si de un kiosko en el parque se tratara.

—Parece que Trey y Chenya llegaron a tiempo a la vida de Riddle —mencionaba la emoción Azul. Alegría y Furia coincidían con una sonrisa, sonrisa que se fue apagando cuando la palabra “tiempo” les recordó otra cosa.

—¡Mamá ya va a volver! —gritaron los dos tomando al mismo tiempo el mando.

Por más que los tres niños corrieron, no lo lograron. Cuando llegaron a la casa del pelirrojo, la señora Roseheart estaba hecha una furia.

—¿Cómo pudiste?! ¡No solo te saltaste tus estudios, sino que incluso comiste un montón entero de azúcar! —La madre del menor estaba alterada, gritaba y manoteaba en el aire. Lo peor fue cuando fueron a la pastelería; ni las disculpas de los padres del chico peliverde pudieron apaciguar su enojo.

—¿Qué hacemos? —Tristeza hacía su mayor esfuerzo por mantenerse alejada de la consola; Temor no hacía un mejor trabajo.

—No puede ser, tiene que haber algo… —Alegría ya había puesto patas arriba el cuartel, buscando un recuerdo, manual o idea que Riddle pudiera usar para defenderse de su madre.

En todo ese tiempo, Furia era el único que no se había movido, como si en silencio, y aunque Riddle no lo sintiera, él compartiera el castigo que el niño estaba recibiendo.

—Esos dos alborotadores te presionaron para que lo hicieras, ¿no? ¡No permitiré que vuelvas a pasar tiempo con niños tan malos nunca más! gritaba su ultimátum la señora Roseheart.

—¡Lo siento, madre! ¡No lo volveré a hacer! ¡Por favor, perdóname…!

Tristeza se rindió, volviendo el tablero azul. A su lado, Temor y Desagrado solo podían compadecerse del pequeño. —Esto no se puede poner peor, ¿verdad? —la emoción verde miraba a Alegría, quien por primera vez en su existencia no tenía una respuesta.

—¡Silencio! Esto se debe a que rompiste las reglas. Ahhh, nunca debí haberte dado tanto tiempo libre. Debo vigilarte aún mejor…

Apenas la mayor dijo esa frase, el tablero cambió a color naranja.

—¿Qué le pasa al tablero? —cuestionaba Alegría.

Las emociones se miraron unas a otras, notando para su sorpresa la presencia de alguien que aún no debería estar ahí. Con las manos sobre los controles, con la respiración agitada y una mirada llena de pánico, una nueva emoción tenía el control provisional.

—¿CÓMO ES POSIBLE QUE ACABO DE LLEGAR Y YA ESTOY ASÍ DE ESTRESADA?

—Wow. —Desagrado se encargaba de expresar lo que la mayoría pensaba. —Este sí que es un nuevo nivel para mamá, hizo que Ansiedad apareciera antes…

Furia finalmente estalló. Empujó a Alegría violentamente.

—Todo esto es tu culpa —señalaba acusador la emoción rojiza.

—¿Qué…? —se reponía Alegría del golpe—. Pero yo no…

—¡Si tú no nos hubieras convencido, nada de esto estaría pasando!

—¡Yo no iba a quedarme cruzada de brazos! —enojada, Alegría se defendía—. Al menos logré hacer que Riddle se divirtiera.

—¿Y eso de qué sirve?

—¡Riddle necesita respirar, y tú solo lo asfixias!

Las palabras de Alegría fueron seguidas de un incómodo silencio. Furia, lleno de una determinación, decidió que era momento de hacer cambios en el cuartel.

Sin decir nada, se fue, dejando un camino de fuego detrás de él.

Por la noche, mientras Riddle estudiaba con lágrimas en sus ojos, era ajeno al caos que pasaba en su mente. La mayoría de las emociones se preparaban para iniciar con la rutina nocturna; sin embargo, la llegada de un tumulto encabezado por Furia los puso en alerta.

—¿Qué está pasando aquí? —Alegría se ponía frente a sus compañeros.

—Alegría, tus acciones fueron dañinas para Riddle. Esto no puede seguir así —acusaba Furia. Dos policías de la mente tomaron a la emoción, comenzando a jalarla fuera del cuartel.

El resto de las emociones con algunos de los trabajadores trataban de detener a Furia y los policías; sin embargo, parecía que Furia había convencido a la mayoría de los habitantes de que él tenía razón.

Alegría fue arrojada a una celda.

—¿Qué estás haciendo? —gritó cuando se vio libre.

—Se ha determinado que ya no estás capacitada para tomar decisiones sobre Riddle. A partir de ahora, quedas relevada de tu cargo.

Sin decir más, Furia cerró la puerta.

—¡Furia!, ¡no puedes hacerme esto! —gritaba una y otra vez Alegría. Primero, sus gritos eran violentos; luego, de miedo. Cuando entendió que Furia no estaba haciendo solo una rabieta, comenzó a rogar.

—Por favor, no quiero estar aquí sola. —Sollozaba Alegría; sus golpes eran cada vez más débiles. —Por favor… ¡No lo volveré a hacer!… Haré lo que mamá quiera… pero no me dejen aquí…

Por fuera, cuando la voz de Alegría se apagó, Furia sonrió victorioso. Se dirigió al resto de las emociones, dejando en claro quién mandaba.

—A partir de ahora, las cosas se harán como deben ser —amenazaba la emoción a las demás—. Y si alguna se rebela, podrá hacerle compañía a Alegría, ¿entendieron?

Nadie se atrevió a cuestionarlo.

A partir de ese momento, la furia dominó la mente de Riddle.