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El cielo estaba tapizado de grises y densas nubes que no permitían el paso de ni un solo rayo de sol y lo que comenzó con unas cuántas gotas de lluvia que humedecían la ciudad durante la madrugada, con el pasar de los minutos fue evolucionando hasta convertirse en una tormenta.
Un clima poco amigable que no detuvo a Manjiro Sano de aventurarse a salir de la comodidad de su hogar sin paraguas, sin celular y sin la más remota idea de a dónde se dirigía.
Tal vez no había sido la decisión más sabia pero con tantas cosas en la cabeza necesitaba desconectarse de todos y todo.
Manjiro Sano, también apodado Mikey.
Hombre joven de cabello cortado a la altura del mentón color negro, ojos igualmente negros y bastante habilidoso en su profesión.
Solo que al ser piloto de motociclismo profesional tenía tanto a la prensa como a personas en las redes sociales criticando cada una de sus victorias así como cada uno de sus tropiezos.
Y no ayudaba el hecho de que Shinichiro, su hermano y una de las personas más cercanas a el, había dejado de actuar como familia y había empezado actuar como manager 24/7.
Para el era frustrante, es decir a causa del trabajo Shinichiro era una de las personas con las que más convivía durante el año, pero cuando no era manager—trabajando día y noche para conseguirle patrocinadores y negociando con el equipo—se la pasaba regañándolo o coqueteando con uno de sus mecánicos.
Oh de seguro Shinichiro creía que era sutil pero Mikey había notado que su hermano iba tras aquel hombre de cabellos bicolores cada que podía y no estaría sorprendido de saber que alguien más de su lado del garaje lo hubiera notado también.
Pero volviendo al presente, ¿que tenía de diferente ese día en específico como para orillarlo a hacer algo así?
Bueno, sumándole al hecho de que los sentimientos resultantes de todo esto se habían estado acumulando desde hace un par de años ya, también estaba que ese preciso día se acababa de enterar por una página de internet de chismes de que su novio Sanzu lo engañaba.
Porque si. Mikey tiene pareja o mejor dicho ¿tenía?
Respiró hondo dejando que el olor a tierra mojada se impregara en sus fosas nasales.
Tendría que lidiar con eso algún día.
Pero no ese día.
Ese día lo usaría para procesar y meditar las cosas. Había algo extraño en sus propios sentimientos acerca de lo de Sanzu que no lo habían dejado en paz.
Detuvo sus pasos cuando un escalofrío recorrió su cuerpo.
Al parecer estar, tanto tiempo bajo la lluvia le estaba dando frío.
Miró a su alrededor buscando algún sitio que lo pudiera ayudar a refugiarse pero no había ninguno a la vista. Todo negocio cercano estaba cerrado.
Avanzó un poco más, hasta que al doblar en una esquina vio un cafe y al ver el letrero de “abierto” colgando de la puerta no pensó dos veces en entrar.
Por dentro, era pequeño pero la luz cálida junto con los grandes ventanales y los grandes sofás repartidos por todo el lugar, hacían que se sintiera acogedor.
Se quedó inmóvil en la entrada, dudando en si sería buena idea ir a sentarse a alguno de los sofás estando empapado de la cabeza a los pies.
— Adelante, tome asiento.
No se sentó hasta que aquella voz desconocida se lo permitió. Paseó la vista en busca del dueño de la voz y se encontró con un hombre que parecía ser de edad similar a la suya de complexión delgada, altura promedio, cabellera rizada azabache además de unos grandes ojos azules.
El hombre se acercó a dónde estaba sentado con una sonrisa en los labios.
— ¿Puedo tomar su orden?—preguntó.
Mikey se vio dudoso al escuchar la pregunta.
Aunque sonaba bien pedir algo calientito para combatir su frío, no podía hacerlo ya que también había dejado su billetera en casa.
Abrió y cerró la boca un par de veces pero sin emitir ningún sonido mientras pensaba que responder. Hasta que finalmente habló.
— No, así estoy bien.
El contrario abrió los ojos con sorpresa.
— ¿P-puedo ofrecerte un café?
— No me gusta el café—verdad.
— ¿E-entonces un té?
— Tampoco me gusta el té—verdad, aunque no era como que pudiera pagarlo en ese momento ni aunque le gustara.
— Bueno, si cambias de opinión estaré detrás del mostrador.
El oji-azul soltó un suspiro y se marchó. Se veía un tanto decepcionado y Mikey no pudo evitar sentirse un poco mal por eso.
Nada pasaba y el silencio envolvió el ambiente por unos minutos hasta que Mikey sintió algo cubrir su espalda y hombros.
— ¿Qué haces?—preguntó al ver cómo el tipo del café terminaba de colocar una manta sobre el.
— Creí que podías tener frío.
— Ah, entonces gracias.
El sujeto solo sonrió y se marchó de nuevo.
Mikey instintivamente tomó las orillas de la manta y se abrazó a si mismo. La manta era suave y cálida.
Pocos minutos después el sujeto volvió. Se sentó en el sofá frente a Mikey y colocó dos tazas con algo humeante sobre la mesa.
Mikey le miró confundido pero el contrario solo le dedicó una cálida sonrisa.
— Es chocolate caliente—habló el oji-azul—es para ti.
— ¿Para mí? Pero yo no lo pedí.
— ¿Tampoco te gusta el chocolate caliente?—preguntó decepcionado.
— Si me gusta pero-...
— ¡Entonces sin peros!—sonrió—yo invito.
Mikey tomó la taza y con cuidado le dio un pequeño sorbo. Era dulce y la temperatura estaba perfecta, no tan caliente como para quemarle la lengua pero si lo suficiente como para ayudar a calentarlo.
— Está rico—el oji-negro dio su veredicto final.
El oji-azul sonrió mientras fijaba la mirada en el gran ventanal de la pared y después habló.
— No parece que vaya a parar pronto...
Sin decir nada, Mikey se unió a su acompañante a admirar las gruesas gotas de lluvia que resbalaban por el ventanal.
— Por cierto, ¿te encuentras bien?
La pregunta tomó por sorpresa al Sano.
— ¿Por qué preguntas?
— No lo se, puede ser porque decidiste salir en medio de una tormenta sin nada para cubrirte o que no te veías muy bien cuando entraste.
— ¿Qué me dices de ti? también decidiste salir en medio de una tormenta.
— En primer lugar yo sí traje paraguas—respondió—y en segundo yo estoy aquí por trabajo.
— ¿Te hicieron trabajar en un día así de lluvioso? Que jefe tan idiota tienes.
Si, como piloto de Moto GP tuvo que correr varias veces con lluvia—claro, con sus respectivos protocolos de seguridad—pero eso no quitaba que más de una vez llegó a pensar que los altos mandos de su categoría eran idiotas.
— Nadie me obligó a venir—el oji-azul soltó una risita. ¿Acaso ese extraño estaba preocupado por sus condiciones laborales?—y este cafe es mio así que técnicamente me acabas de llamar idiota.
— ¿Eh? ¿Entonces que haces aquí?—en su lugar, Mikey habría preferido quedarse en casa y dejar el local cerrado.
— ¿Trabajar?
El Sano entrecerró los ojos, juzgando a su acompañante con la mirada quien simplemente se soltó riendo.
— Pero dime, ¿te encuentras bien?—el oji-azul aún no había olvidado que su pregunta no había sido contestada pero el silencio y la duda por parte del contrario le hicieron pensar que tal vez lo estaba incomodando—p-pensandolo bien n-no tienes que responder, s-solo soy un desconocido al que no le tienes que decir nada si no quieres-...
— Extraño a mi hermano—interrumpió Mikey. Si esto iba para largo mejor hacerlo menos incómodo ¿no?
— Oh... t-tu hermano, el-...
— Está vivo—un poco tarde se dio cuenta de que la manera en que lo había dicho se podía malinterpretar y el suspiro de alivio de su acompañante se lo confirmó—pero ya no me habla de cosas que no sean relacionadas al trabajo y tampoco hacemos cosas divertidas.
— ¿Has intentado hablar de esto con el?—sonrió—tal vez suene estúpido pero podría funcionar.
— Mmm...—parecía que en verdad estaba considerando aquella opción—tal vez lo intente.
El silencio invadió el ambiente de nuevo, pero no por mucho.
— Oh, también mi novio me engañó—soltó Mikey sin mas.
— Eso-... Eso es terrible... Lo siento mucho...
— No te preocupes, está bien.
— ¡¿Q-que quieres decir con “está bien” ?!
— Ni siquiera estoy seguro de que sea verdad pero aunque no lo fuera siento que hay algo mal conmigo.
— ¿Huh?
— Cuando me enteré no me sentí molesto o triste, ni siquiera sentí celos...—suspiró—no sentí nada y es raro porque se que debería de sentir mínimo alguna de esas... Llevamos juntos cinco años ¿Por qué no sentí nada?
Si era sincero, ni si quiera estaba seguro de saber como se sentían los celos.
— Uhm...—por otro lado, el oji-azul no sabía que decir. Para empezar, ¿tenía que decir algo?—cr-creo que no soy la mejor persona para hablar de esto.
Su carente vida amorosa no le había brindado la suficiente experiencia como para aconsejar a un desconocido acerca de un asunto tan delicado.
— Hah... solo ignórame...
Mikey jaló la manta con ambas manos para poder cubrirse la cabeza y después se recostó en el sofá.
Nada como recostarse y hacerse bolita para ayudarle a lidiar con una crisis.
— Dime...—era la voz del dueño del café—¿lo amas?
— Es atractivo y mucha gente dice que nos vemos bien juntos...
— Eso no fue lo que te pregunté—la voz del hombre era suave y comprensiva.
— No lo sé...
— ¿Han tenido muchos problemas?
— Yo-... nosotros-... no realmente...
— ¿En serio?—preguntó incrédulo.
— ¿Es tan raro?
— Y-yo no dije eso—habló nervioso.
No creía estar en la posición de andar dando conclusiones u opiniones de una relación que no conocía. Ni siquiera conocía al hombre frente a él.
Pero eso tampoco significaba que no iba a intentar ayudarle a aclarar sus idea o aunque sea ayudarle a desahogarse.
— Mi ex-novia y yo solíamos discutir mucho durante cierto punto de nuestra relación—explicó el oji-azul—ella no estaba de acuerdo con que yo abriera este lugar, yo solía defender mi sueño a toda costa y eso siempre era tema de discusión entre nosotros... la situación escaló a tal punto que nuestros amigos tuvieron que interferir...
»Al final resultó que a ella solo le preocupaba todo el esfuerzo y dinero que había estado invirtiendo en esto...—sonrió—¿no te parece un poco tonto que no pudiéramos decirnos lo que sentíamos directamente desde el principio?
Mikey no sabía por qué de repente el hombre había decidido compartirle aquella información pero ahora tenía curiosidad. Así que lentamente fue bajando la manta dejando su rostro de nuevo al descubierto y después, habló.
— ¿Por qué terminaron?
— ¿Qué?—preguntó confundido.
— Dijiste ex-novia ¿no? ¿por qué terminaron?
— ¡Ah!... e-eso-...—suspiró—llegamos a un punto extraño en el que estar juntos se sentía como parte de una rutina y estábamos emocionalmente distantes uno del otro todo el tiempo... era como si no estuviéramos en la misma sintonía y después de hablar las cosas llegamos a la conclusión de que era mejor terminar las cosas ahí...
»¡ah y no me malentiendas! no fue por falta de amor es solo que...—detuvo sus palabras un momento para respirar hondo. Después se encogió de hombros y continuó—es solo que nos dimos cuenta de que el tipo de amor y cariño que sentíamos no era el de una pareja ¡pero ahora somos muy buenos amigos!
Mikey procesaba la información que acababa de recibir con cuidado e incluso abrió la boca para hacer otra pregunta pero antes de que pudiera hacerlo el oji-azul se levantó.
— Terminemos el chocolate y vayámonos de aquí—sonrió.
— Pero sigue lloviendo muy fuerte...—Mikey no tenía muchas ganas de irse pues ya se estaba empezando a sentir cómodo.
— Si bueno, tampoco parece que vaya a parar pronto, ¿quieres llamarle a alguien para que venga por tí? porque puedo prestarte mi teléfono si no traes el tuyo.
— No me sé ningún teléfono de memoria.
— En ese caso tal vez no te pueda prestar mi paraguas pero si lo podemos compartir.
Mikey quería seguir buscando excusas—no tan excusas—para quedarse un poco más pero al final desistió. No sabía si fue por la dulce sonrisa del contrario o por algún impulso misterioso pero al final aceptó la oferta de compartir.
Compartir el paraguas sonaba como buena idea hasta que Mikey se dió cuenta de que no tenía ni idea de dónde se encontraba. Y el no saber los nombres de las calles era un poco problemático.
Avergonzado, tuvo que confesar aquello al oji-azul quien solo soltó una risita y le dijo que no se preocupara, que le ayudaría a volver a casa a toda costa.
Así fue como emprendieron su camino. Mikey daba referencias de lugares que recordaba que había cerca de su destino mientras su acompañante trataba descifrar la ruta a tomar uniendo cada pieza de información que el contrario le daba.
Y la caminata tampoco fue incómoda.
Hablaron de cosas como sus hobbies, gustos y soltaron una que otra anécdota entre risas y carcajadas hasta que llegaron a una zona de la ciudad que estaba repleta de grandes edificios y lo que parecían ser viejos almacenes.
De pronto, Mikey detuvo su andar en seco.
Su acompañante hizo lo mismo cuidando que el paraguas siguiera protegiéndolos a ambos de la lluvia.
Frente a ellos había un hombre mayor que ellos de ojos y cabellos azabaches con una expresión de preocupación en el rostro. Sostenía un paraguas con una mano, un teléfono con la otra y Mikey estaba seguro de que si tuviera un tercer brazo lo usaría para sostener un cigarrillo.
— Shin...
El hombre llevó la mirada hacia ellos.
Sus ojos se abrieron con sorpresa.
Guardó el teléfono y se apresuró a abrazar a Mikey.
— ¿Por qué de saliste así? ¿en que estabas pensando?—preguntó rompiendo el abrazo.
— ¿Estabas preocupado?
— ¡Por supuesto que sí! ¿por qué no lo estaría después de que desaparecieras sin decir nada?
— No desaparecí, solo me fuí—explicó Mikey con una sutil sonrisa en los labios—tu eres el paranoico.
— ¡Entonces a la próxima podrías al menos llevarte tu celular y así no estaría tan paranoico! mírate... ¿no tienes frío?
El oji-azul observaba la escena conmovido, pero al mismo sentía que ya no debería estar ahí.
— Uhm... creo que lo mejor será que me vaya—anunció.
— Oh, ¿y tu quien eres?—preguntó el mayor dándose cuenta de la presencia del desconocido.
— No soy nadie importante—sonrió—sólo lo ayudé a llegar hasta aquí.
— Te lo agradezco mucho, en verdad estaba preocupado por mi hermanito y-...
— Shin, ¿puedes dejarnos a solas un momento?—interrumpió Mikey. La posibilidad de que lo que sea que inició entre ambos en el cafe pudiera terminar ahí mismo en cuanto cada uno siguiera su camino le había dejado un amargo sabor de boca.
— Claro, estacioné el auto cerca... iré por el.
Una vez solos, Mikey no dejaba de mirar intensamente al contrario al punto de que éste se comenzó sentir algo incómodo.
— Así que el es tu hermano—sonrió nervioso, optó por iniciar una conversación en un intento por aligerar el ambiente y dejar la incomodidad de lado—creo que si hablas con el las cosas entre ustedes pueden mejorar.
— ¿Cómo te llamas?—ignoró totalmente lo dicho por el oji-azul, quien abrió los ojos con sorpresa ante la pregunta pero que aún así respondió con una cálida y dulce sonrisa en los labios.
— ¡Takemichi Hanagaki!
— Takemicchi.
— D-de hecho es Takemichi—corrigió nervioso.
—Takemicchi.
— M-mis amigos también me llaman Take...
— Takemicchi...
— Supongo que no tengo problemas con que llames así—después de un suspiro, se resignó a que a partir de ese momento tendría un nuevo apodo.
Mikey sonrió ampliamente al escuchar eso.
— Llámame Mikey y a partir de ahora seremos amigos, Takemicchi.
— ¿Eh?—no era que le molestara ser su amigo pero eso definitivamente había sonado como una orden.
— ¡Si! Como escuchaste, ahora eres mi amigo.
Mikey, con una sonrisa juguetona en los labios, salió corriendo en dirección a un auto que estaba aparcado en la acera contraria.
Desde donde estaba parado, Takemichi pudo distinguir al hermano de su aparentemente nuevo amigo en el interior y por un momento creyó que ese sería el adiós—o “hasta luego”, dependiendo de lo que les deparara en futuro—, incluso había comenzado a caminar de regreso a casa...
— ¡Takemicchi!
Al voltear en dirección a donde provenía el llamado, pudo ver a un muy sonriente Mikey corriendo hacia el. Y aunque el oji-azul se había quedado de pie simplemente esperando, eso no detuvo al Sano de saltar sobre el, como si se fuera a desaparecer si no lo tacleaba a tiempo.
El Hanagaki cayó al suelo con Mikey sobre él. La lluvia se había aligerado pero seguía cayendo sobre ellos, mojándolos poco a poco y haciendo que todo el empeño que el oji-azul había puesto en cuidarlos a ambos de la lluvia durante el camino fuera inútil.
Pero todo aquello dejó de importar.
Incluso el dolor en la espalda de Takemichi a causa de la caída dejó de importarle cuando una melodiosa carcajada salió de los labios de Mikey, la cual lo terminó contagiando también
— ¿A dónde ibas Takemicchi?
— Creí que te ibas a ir—explicó—y ¿puedes levantarte por favor?
— ¡Tontomicchi! ¿en serio crees que me iría sin despedirme?—respondió a la vez que se ponía de pie seguido del oji-azul.
— Al menos ahora sé que no es así...
— ¡Bien! Entonces escribe tu numero de teléfono aquí—dijo dándole un celular que el contrario tomó sin pensarlo dos veces.
Después de darle su número, Takemichi le devolvió el teléfono, Mikey lo tomó y se despidió de su nuevo amigo para después alejarse corriendo en dirección al auto de su hermano dando saltitos.
El oji-azul esperó a que el auto arrancara para después comenzar a caminar de vuelta a casa.
Si bien la semana había sido difícil estaba feliz de haber conseguido aunque sea una brisa de aire fresco dentro de todo el caos.
Mientras caminaba no podía dejar de pensar en aquel azabache.
“Su sonrisa era linda...”
— ¡Shin! ¡Tengo el número de Takemicchi!—anunció Mikey mientras entraba en el auto.
— ¿Esa era la cosa urgente para la que necesitabas que te preste mi teléfono?—preguntó al tiempo que ponía el auto en marcha.
— ¡Si!... Por cierto, ¿por qué me viniste a buscar aquí?
— Te busqué por todas partes antes de venir—explicó—incluso fui a buscarte al dojo del abuelo pero cuando tampoco te encontré se me ocurrió que podías estar en mi viejo taller... no tienes idea de lo mucho que me preocupé cuando vi que tampoco estabas aquí... estaba a punto de llamar a Draken para preguntarle si no habías vuelto a casa antes de que me hablaras.
— Ya veo...—aunque no lo dijera, parte de el se sentía feliz de saber que aún era importante para una de las personas que más admiraba y apreciaba en el mundo.
— Cambiando de tema, ¿tu amigo vive cerca de aquí?
— Uhh... No lo sé.
— ¿Es decir que ni siquiera le preguntaste si quería que lo lleváramos a su casa?
— No...—menos de un día de amistad con Takemicchi y ya se sentía mal amigo.
El Sano mayor suspiró.
— Así que, en resumen abandonaste a tu nuevo amigo bajo la lluvia y dejaste que se fuera caminando solo después de que te acompañó hasta aquí mientras tú te ibas en auto...
— ¡Si, ya entendí! no tenías que hacerme sentir como la peor escoria del universo, es solo que estaba emocionado y lo olvidé.
— Y estabas taaan emocionado que hasta se te olvidó llevar el paraguas cuando decidiste saltar sobre aquel pobre chico...—la sonrisa que había mantenido hasta el momento se borró y fue reemplazada por una expresión de preocupación—espero que no te enfermes, tienes una carrera pronto en Gran Bretaña y mañana mismo tenemos que estar temprano en el aeropuerto para ir.
Y justo cuando había logrado recuperar el ánimo.
Justo cuando se estaba sintiendo bien otra vez con ESE tema familiar.
Tenía que abrir la boca el idiota de su hermano mayor y arruinarlo todo.
Todo rastro de la felicidad que emanaba hacía unos momentos atrás se esfumó en un parpadeo.
Llevó la mirada a la ventana y respiró hondo. Había llegado el momento de intentar hablar así como le había aconsejado Takemicchi.
— ¿Sabes, Shin? en la carrera de Francia de hace un año después de mi accidente, lo primero que me dijiste fue “espero que esto no cause problemas para negociar el próximo contrato”
El mayor no recordaba haber dicho algo así.
— Y este año cuando me fue mal al inicio de la temporada y empezaron a salir artículos estúpidos que solo hablaban mal de mi, solo dijiste “espero que no perdamos patrocinadores”—suspiró—y no han sido las únicas veces ¡Incluso hace un momento dijiste algo parecido!... eres buen manager Shin, pero extraño a mi hermano.
Ahora se sentía como el peor hermano del mundo.
— Yo-... Lo siento mucho Manjiro, no me di cuenta en qué momento empecé a descuidarte tanto... no quería decepcionarte como manager y tampoco quería que tú carrera se llegara a arruinar por mi culpa pero aún así mi prioridad siempre debió haber sido apoyarte como hermano... En verdad lo siento.
Mikey nunca había escuchado a Shinichiro tan arrepentido y tal vez le tocaba al tiempo decidir lo demás pero por ahora estaba satisfecho.
— Acepto la disculpa y ahora lo único que quiero es hacer cosas divertidas con mi hermano de nuevo.
— ¿Que te gustaría hacer primero?
— Mmm... ¿crees que haya un cafe abierto cerca de aquí?
— Podemos buscar alguno... espera, ¿por qué quieres ir a un cafe?—tal vez no había sido el mejor hermano pero aún recordaba que Mikey no era fan del café.
— Quiero chocolate caliente—una sonrisa juguetona se dibujó en sus labios—además podemos hablar y tal vez me puedas contar más de tu relación con ese mecánico... ¿Wakasa era?
— ¿D-de qué hablas? ¿c-cuál r-relación? n-no hay nada de eso a-aún...
Shinichiro no era buen mentiroso y sus risas nerviosas lo delataban aún más.
— ¿“Aún”? ¿entonces si quieres llegar a algo con él?—mientras que Mikey encontraba la situación verdaderamente entretenida.
— Yo no-... yo-...
— Shin ya estás viejo, no tienes por qué avergonzarte por que te interesa alguien—habló Mikey entre risas.
— ¡Bien, lo admito! ¡tu mecánico me gusta! ¡Wakasa me gusta!
— No fue tan difícil admitirlo ¿o sí?—el menor sonrió satisfecho.
Después de unos minutos, lograron encontrar un cafe abierto en el que Mikey le pudo contar a su hermano mayor alguno de sus problemas mientras tomaba su segunda taza de chocolate caliente del día. Shinichiro, por su parte escuchaba atentamente a su hermanito dándole consejo de vez en cuando y también le terminó contando la odisea que fue el poder reunir valor para comenzar a acercarse poco a poco al mecánico...
En general, había sido un buen día para Mikey. Muchas cosas habían pasado, y sí, aún tenía un par de asuntos por resolver pero al final podía decir que se sentía genuinamente feliz en ese momento.
Además, no podía dejar de pensar en el hombre que apenas había conocido unas horas atrás, aquel que le había brindado un poco de calidez en medio de un caótico día lluvioso. Ansiaba llegar a casa para poder enviarle un mensaje.
Ese día había tomado dos tazas de chocolate caliente pero podía decir con seguridad que la primera le había dejado un sabor más dulce.