Prólogo
¡Pase lo que pase, siempre te amaré!.
Esas palabras retumbaban en las paredes de mi cabeza como una manada de búfalos a tropel desenfrenado. La habitación me daba vueltas, como cuando te hechas un porro de los buenos, los ojos rojos de tanto llorar, sufría de paranoias y crisis de ansiedad.
¡Esto lo hago por ti!.
Por mí!. Si fuera por mí nunca te hubieras ido. Yo la amo con todo mi corazón, más que a mi mismo, no me importaba nada. Mi vida daba vueltas alrededor de Ana, como lo hace la tierra sobre su eje imaginario. Viví pendiente de sus intereses, sus caprichos, su felicidad.
Aunque si lo pienso, jamás pidió nada, sólo ofreció. El egoísmo no era una cualidad suya, al contrario, si podía me dejaba su corazón en mis manos. Ella me ama. Al menos se sintió real.
Pero entonces, ¿qué pasó realmente?. Puede que no fuera suficiente amarla. O simplemente no estamos destinados. Yo di todo, eso me consta. Era un amor imposible, no tenía el apoyo de su familia, la distancia era un castigo.
¡Esto es para siempre!.
Me mata recordar nuestras promesas, fue bonito mientras duró. Le regalé flores, dulces, le dediqué canciones, que ahora no puedo escuchar, le hice poesías, fue la mejor musa que pude tener. Cuando la pena late en tu pecho y respiras bocanadas de angustia, es mejor arrancarte la pasión y rellenar de oprobio el vacío que quedó. De repente ya no vale madres. Ya te sabe amargo el cariño, te parese corta la nostalgia y aparente la decepción. No hay sedante que alivie una vida de soledad
¡Te amo!
Si no sufrí un infarto, fue lo más parecido.
Las ilusiones existen para darnos cuenta que nada es eterno, nada es fácil y los para siempre, pueden terminar en un adiós. Nada es perfecto. Sólo el tiempo de Dios. Como dijo Cancerbero, no olvides cuidarla, por si mañana en vez de verla te toca imaginarla.
¿En qué me equivoqué?. Es una tormenta de murmullos lo que yace de mi mente, una bola de nieve que crece cada que pienso en ella, lo que nos faltó, y lo que una vez fue.
La amo. No lo dudo.
La amo. Es mi todo.
La amo. Los demás no importan.
La amo. Aunque esté lejos y no vuelva.
La amo. Pase lo que pase, la amo.
Siempre la amaré.
El cielo abrió su negro capote y dejó caer su penoso llanto. Con él, me susurró con hastío, y dolorosa aflicción, que es tiempo de olvidarla. Grité con enfado:
"No quiero". No creo poder. No tengo ganas de perderla. No puedo perderla. Moriré por ella. Mataré por ella. No me importa manchar mis manos, son las suyas las que importan.
Redobló la tormenta, relámpagos avisaban la fuerza con que golpeaba y se esmeraba en su labor.
"Ya te lo dije, no lo haré, seguiré aquí, rompiéndome y no harás que cambie de opinión. Si de verdad existes, muéstrame cómo se puede vivir con tanta mierda por dentro. Dime,¿qué esperas de mi?.
Preso de la locura, ansiando la soledad, escondido en mis inseguridades. Así me encontraba, pero por si me quedaban dudas, la tormenta simplemente cesó su violencia. Algo por dentro de mí se removió. ¿Sería acaso la respuesta que estaba esperando?.
Salí fuera, noté que las nubes negras seguían ahí. Cubrían casi todo el cielo. Casi. Fui caminando, hacia ninguna parte, sin esperar encontrarme nada, sin pensar en nada. Llegué hacia el lugar dónde únicamente llegaba el sol. Qué raro, no es lo que hubiera imaginado. Un área con césped, árboles de sombra, farolas antiguas, un columpio. Estaba en un parque para niños.