Piso 10
Por las calles de New York
- Aun no entiendo porque tenemos que hacer esto – Lauren Jauregui caminaba las calles de New York cruzada de brazos y con una postura que decía a gritos “AL PRIMERO QUE CRUCE POR MI CAMINO LE TOCAN TODOS LOS NÚMERO PARA LA RIFA DE LA MEJOR PATADA EN EL TRASERO DEL UNIVERSO”.
- Ya te lo he explicado millones de veces Lolo, mi padre cree que es mejor mantener el perfil bajo por unos meses y tiene razón – Le explicaba pacientemente su mejor amiga. A contrario de Camz, Yoko Lertprasert, caminaba las calles de New York sin necesidad de atropellar a nadie. La tailandesa sabía que tenía a esta ciudad en la palma de su mano y que no falta ningún esfuerzo para mantenerlo así. Tan solo con la más insignificante de sus miradas, podía hacer que el señor que vende panchos en esa esquina perdiera su empleo. O la mujer que ahora limpiaba los vidrios de su pequeña tienda de cupcakes mientras tarareaba una insulsa canción de Taylor… ¿cómo era el apellido de esa cantante? ¿El mismo que compartía con la marca de Hamburguesas? En fin, con un solo llamado, Yoko Lertprasert podía hacer que antes de que esa mujer terminara de tararear esa canción, su negocio pasará de dueño sin darle oportunidad alguna. No podía evitarlo, tenía un don para los negocios y lo sabía.
- Pues para tu padre es fácil decirlo porque él vive en una mansión en Los Ángeles llena de gente para servirlo, con una pileta en su enorme jardín y llenó de comodidades para relajar su viejo trasero mientras tu madre se hace su quinto masaje del día con esos chongos musculosos que le gusta que la manoseen – siguió quejándose - En cambio nosotras llevamos toda la mañana perdida tratando de buscar un insulso departamento para vivir – agregó.
- Lolo… - Yoko iba a intentar calmarla de nuevo.
- Lolo nada – la interrumpió frenándose en la calle para enfrentar a su amiga – Somos millonarias Yoko – Dijo con furia – Que digo millonarias, somos multimillonarias – lo dijo con más furia aún – Si quisiéramos podríamos comprarnos un edificio para cada una en la más lujosa de estas calles – revoleaba los brazos señalando cualquier cosa con tal de que le sirviera para apoyar su punto.
- Si hiciéramos eso, tendríamos la prensa en nuestros talones antes de que alcanzaras a tener sexo con Camila en cada rincón de ese edificio Lolo, alertaríamos a la competencia, todos nuestros negocios se irían a la Mierda… a la Mier… da. Todo el esfuerzo, toda la investigación que hicimos y todo lo invertido hasta el momento se echaría a perder también – respondió Yoko sin perder la calma – Además… - Siguió antes de que su amiga la interrumpiera - Si no me equivoco fue idea tuya que nos mudáramos a esta ciudad para ganar nuevos mercados y si eso es lo que quieres, es mejor hacerle caso a mi papá y buscar un departamento en el cual pareciera que no viven las dos dueñas multimillonarias de NineStar Inversiones – le dijo nombrando a su compañía para luego seguir su caminata dando por finalizada esa conversación.
Lauren se quedó pensando con el ceño fruncido y apenas se dio cuenta de que Yoko había avanzado demasiado apresuró el paso para seguirla - ¿Al menos podemos tener Jacuzzi? – preguntó habiendo recapacitado
– Una vez que consigamos el departamento puedes hacer lo que se te plazca – le dijo la empresaria – Pero recuerda que es una situación de pocos meses – puntualizó – Una vez que sepan que estamos ganando terreno en esta ciudad, adiós pobreza – dijo – Tú te puedes ir a vivir con Camila o con quien quieras y yo con Folk – definió.
- Claro si tu novio se decide venir a vivir contigo – retruco la latina riendo maliciosamente – Tu sabes cómo le cuesta a Folk dejar las prostitutas de Los Ángeles – agregó esperando despertar la ira de Yoko Lertprasert, después de todo alguien tenía que pagar por lo que ella estaba viviendo.
La tailandesa no contestó y eso le dio pie a Lauren para seguir atacando al hombre – O peor imagínate cuando le digas que lo piensas poner a trabajar en la oficina haciendo que se le reduzcan las horas que tiene para rascarse sus partes intimas… ¡SE MUERE!... Todavía seguimos debatiendo con Camila y los demás de que color debe tener sus bolas, dudo que después de tanto rascadera tengan el mismo color que…
Yoko no había tenido que decir nada, simplemente había girado y había enfrentado la cara de su amiga, había localizado sus ojos con los de la otra y con solo ese gesto había logrado el temor en Lauren Jauregui. Después de todo ella era Yoko Lertprasert, dar miedo era su especialidad. No era que no supiera de la obsesión de su novio por las prostitutas, ni tampoco que era un vago, tan solo prefería ignorarlo y con Lauren y el resto de sus amigos puntualizándolo a cada rato eso no era posible. Estar con Folk y aguantar su estupidez era mucho más sencillo que buscar a alguien más para que esté a su lado. El chico era carilindo, se vestía bien y sabía desarrollarse socialmente, el resto estaba sobrevaluado.
Después de eso caminaron en silencio una al lado de la otra. De vez en cuando Lauren soltaba un insulto a alguien que se le atrevía a siquiera preguntarle la hora o venderle algo, más allá de eso el silencio cruzado con la ruidosa ciudad era lo que prevalecía.
- Señorita Jauregui, Señorita Lertprasert – la Agente inmobiliaria con la cual habían quedado en encontrarse en un cierto punto de la ciudad las saludaba con temor.
- Señora Jauregui Cabello para usted – la corrigió de mala forma Lauren – Si no hubiera tanta gente inútil para bailar, mi esposa no tendría que enseñarles a hacerlo y estaría aquí a mi lado para elegir este estúpido departamento y estaría evitando de alguna forma que usted me mirara los pechos de la forma que lo está haciendo – le dijo sin vergüenza.
La mujer sacó los ojos de esa parte del cuerpo de la latina y sonrojada volvió a hablar – Lo siento mu…
- Deje las disculpas para otro momento – la interrumpió Yoko sin mirarla. Al contrario, Yoko se estaba dedicando a analizar el edificio que tenía enfrente. Siendo tan intuitiva, de alguna forma u otra ya había adivinado que en ese edificio estaba el departamento que la descarada agente les quería mostrar – Lauren sabe cuáles son sus armas – habló nuevamente Yoko – Ella ya sabía que usted le iba a mirar las tetas desde el primer momento que salió del hotel con ese vestido – explicó Yoko que mientras pasaba su dedo por la puerta de la entrada de el lugar, no se dio cuenta como la agente inmobiliaria estaba siendo acechada por Lauren. – Además si Lauren ya estuviera casada con Camila, a mi novio ya le hubiera crecido su pene un par de centímetros más, que mal no le vendrían – aportó un desagradable comentario – Lolo es tan cobarde que va a llegar el apocalipsis, antes de que ella reconozca que está enamorada de Camila – siguió hundiendo a su amiga.
Mientras Yoko explicaba el comportamiento de su amiga, la latina, con una sonrisa traviesa en su rostro y sin importarle ninguna de las palabras que Yoko había dicho, eligió cerrar la distancia que la separaba de la vendedora y ahora le respiraba cerca de sus oídos – Tal vez si nos consigues un buen trato por la baratija de departamento que nos estás por enseñar – le dijo al oído poniendo nerviosa a la mujer – te dejo mirar mis tetas por un rato más – agregó apoyando sus pechos en la espalda de la misma – Y si tienes suerte puede que… puede que te deje tocarlas – finalizó rozando la oreja de la mujer con la punta de su lengua.
Yoko giró los ojos y decidió interrumpir el jueguito de Lauren abriendo la puerta del edificio – Déjate de tonterías Jauregui – le dijo avanzando más en el interior del lugar – Si es posible, quiero terminar con esta estupidez hoy mismo – agregó evaluando el estado de los ascensores – Si sigues así, vamos a tener que esperar a que está… - La tailandesa miró a la agente inmobiliaria de arriba abajo, la cual apenas se había percatado de las palabras de Yoko y se había apresurado a seguir sus pasos hacia el interior del edificio – que está… desesperada mujer se vaya a cambiar su arruinada ropa interior – lo dijo de la forma más desagradable posible – Usted debería empezar a hacer su trabajo - terminó de decir mientras se subía al ascensor.
– No puedo evitarlo – le dijo Lauren sin cuidado alguno – Me encanta ver como las mujeres pierden las bombachas por mi – agregó mirando a la tercera mujer que subía al ascensor sin una gota de dignidad de reserva.
– ¿Va a apretar el botón del piso o eso también lo tengo que adivinar? – presionó Yoko mirando directamente a la vendedora. Lauren reía mientras se observaba y arreglaba en los espejos del transportador.
Ni lerda ni perezosa, la tercera mujer apretó varias veces el botón número 9 que las iba a llevar al departamento y soltó un enorme suspiro. Su jefe ya le había advertido con que clase de gente estaba tratando, al igual que le había resaltado la jugosa comisión que iba a ganar si conseguía este trato y estaba dispuesta a aguantar lo que sea con tal de ganársela.
- Bueno por empezar – apenas bajaron del ascensor, la vendedora, ansiosa de terminar con esta tarea, empezó a hacer su trabajo y mientras sacaba de su bolsillo la llave para abrir el departamento que pensaba alquilar, les hablaba del objeto en interés - déjenme decirles que este departamento cuenta con un diseño post modernista, con toques de inspiraciones renacentistas y… ¿Señorita Lertprasert? – La mujer se había dado cuenta que solo había una de sus clientas prestándole atención, y eso si se puede decir que prestar atención y mirarle la cola a la vendedora era lo mismo - ¿A dónde va? – le preguntó la mujer a Lauren mientras ambas veían como Yoko subía las escaleras hacia el último piso
- ¿Quién sabe? – respondió la latina girando los ojos mientras se disponía a dejar de mirarle la cola a la vendedora para seguir a su compañera de negocios
Apenas llegaron al siguiente y último piso del edificio se encontraron a Yoko inspeccionando la puerta con detalle.
- Señorita Lertprasert – la vendedora llegaba a su lado agitada – Este no es el departamento que tengo para ofrecerle – insistía señalando el piso de abajo.
- Quiero que me muestre este – le dijo secamente la tailandesa - Eso no es posible – afirmó la mujer.
Lauren hizo una mueca de desesperación y espero a lo inevitable. Conocía demasiado bien a su amiga como para saber que lo que quiere lo consigue. Y la postura que tenía Yoko ese momento le decía que iba a ir por ello sea como sea.
- Tenía entendido que su agencia manejaba todas las rentas de este edificio ¿no es así? – preguntó ya sabiendo la respuesta.
- Si eso es cierto pero…
- Tenía entendido que su jefe sabía con quienes estaba tratando – agregó sin pestañear - Si pero…- Y si no me equivoco, la decisión que Lauren y yo tomemos, le va a dar una comisión tan grande que usted – daba un paso hacia la mujer – estaría dispuesta a tener sexo con mi amiga – ni se molestó en prestarle atención a la risa de Lauren – en el mismísimo cuarto de limpieza del conserje – finalizó con un susurró - ¿Estoy en lo cierto? – volvió a preguntar.
Sin vergüenza y sin palabras la mujer movió su cabeza afirmativamente
- Entonces… - Yoko iba a terminar con lo que quedaba de la pobre mujer – dígame porque, en vez de estar abriendo el departamento para mostrármelo, está diciéndome que es imposible y arriesgándose a perder su empleo – seguía presionando pero ahora miraba nuevamente a la puerta.
La mujer tragó saliva y con manos temblorosas agarró su celular – De… deme un momento por favor – se alejó de ambas con pasos rápidos para hacer la llamada que como Yoko había predicho iba destinada a su jefe.
- ¿El cuarto de limpieza del conserje Yoo? – Le preguntó Lauren que nuevamente tenía sus ojos en el trasero de la vendedora - ¿en serio? Si la agarró no llega a entrar ni al edificio.
Irritada por la pérdida de tiempo y con su vista en su propio celular Yoko contestó – No vale la pena. He visto mejores – contestó.
Antes de que la latina pudiera seguir replicando la mujer volvía hacia ellas un poco más calmada - No va a haber problemas con que les muestre este departamento – dijo segura de sí misma mientras revolvía en su cartera en busca de las llaves que le dieran la tan famosa comisión – La actual inquilina lleva tiempo buscando alguien para compartirlo y…
- ¿QUE? ¿QUE? ¿ACTUAL INQUILINA? NO NO NO Y NO – Lauren había escuchado bien – Yoko… - Giró en busca de su amiga pero se dio cuenta que tanto ella como la desesperada mujer ya se habían adentrado al departamento.
- Este departamento cuenta con cuatro habitaciones, me temo que dos de las cuales ya están ocupadas por…
-¡YOKO! ¿Cuál DEMONIOS ES TU PROBLEMA? – la frenó del brazo interrumpiendo a la agente – YA ES DEMASIADO CON QUE TENGO QUE VIVIR EN ESTA COCHINA POCILGA, SOPORTAR QUE ME HAGAS AGUANTAR A GENTE QUE PROBABLEMENTE SEA TAN DESAGRADABLE COMO EL FALSO ROLEX DE ORO QUE USA ESTA MUJER – No podía probar su punto sin humillar a la otra mujer.
Lejos de frenarse a pensar en las protestas de su amiga Yoko se quitó el brazo que la sostenía y siguió inspeccionando el lugar. El departamento tenía una amplia sala de estar que carecía de todo tipo de decoración, lo único que se llamaba la atención era la máquina para hacer pectorales rodeada de varias pesas extras a su alrededor, que se ubicaban en la esquina de la sala justo al lado de la gran ventana que dejaba ver la hermosa ciudad donde estaban ubicadas. En la esquina opuesta estaba la humilde y sencilla cocina mientras que en un largo pasillo dejaba ver las cuatro puertas que como la vendedora había dicho eran las habitaciones. Una de estas tenía una enorme señal de “NO ENTRAR” en el medio. Demás esta decir, que esa fue la primera puerta que Yoko trató de abrir sin tener éxito alguno. Por último en el fondo del pasillo estaba el baño que muy a pesar de Lauren era el único del lugar - NO, NO… - Lauren se interponía en la inspección de Yoko – BORRA ESA ESTÚPIDA SONRISA DE LA CARA – le dijo duramente – NO VAMOS A VIVIR AQUÍ – insistió
- No solo que la vista es hermosa – la vendedora seguía haciendo su trabajo – sino que tam…
- ¡CALLESE! – la frenó Lauren haciendo que la mujer mirara al piso y rezara por una pronta finalización de este día – Yoko… Yoo… amiga – iba a probar de otra forma – No podemos vivir aquí, aquí ya vive alguien – le dijo – Alguien… - miró el desorden que había en el lugar – alguien desagradable y que no conocemos – puntualizó – Estoy segura que ni siquiera Camila va a querer vivir aquí – de hecho no estaba segura pero eso no importaba ahora - ¿Por qué no vemos el departamento de abajo? Estoy segura que a esta mira tetas no le va a importar ¿Cierto? – le preguntó a la vendedora que se apuró a asentir rápidamente.
- Pero este es el piso diez – dijo Yoko como si estuviera dando la explicación más razonable del mundo Lauren giró los ojos – No empieces con la estupidez de tu estúpido número de la suerte Yoko -
- No es una estupidez – la corrigió inspeccionando las películas que estaban cerca del televisor – Además este es el último piso – le dijo – Sabes bien que me gusta estar arriba de todo – terminó.
- Ya lograste que la oficina lo estuviera, Yoko – le dijo la latina recordando cómo su tailandesa amiga había hecho uso y abuso de sus habilidades, de sus contactos y de cualquier cosa que estuviera a su mano para quedarse con ese el último piso del edificio que iba a ser el domicilio oficial de su empresa – No puedes darle un descanso a tus obsesiones?– le dijo irritada – ¡Por Dios! ¡Mira! – Lauren había agarrado uno de los DVD - ¡Forest Gump! ¿Quién diablos mira hoy en día esta película? – ya decía cualquier cosa con tal de que su amiga desistiera de esa endemoniada idea.
- ¿Tengo que recordarte como lloras cada vez que Bubba se muere en la guerra? – Atacó Yoko – Además, no tienes de que preocuparte Lolo– le dijo con tranquilidad - ¿Cuánto crees que tardaré en sacar a esta persona de NUESTRO departamento? – le preguntó - ¿Acaso no me conoces? – agregó sabiendo perfectamente la respuesta.
Cuando Yoko vio que su amiga se había quedado sin pregunta o palabra alguna miró a la vendedora – Mañana mismo nos mudamos – Aseguró sin una pizca de duda en su tono al mismo tiempo que la puerta de entrada se abría
- ¿Quién se va a mudar a mi departamento? – la actual inquilina hacía acto de presencia.