Moonlit Rebellionᵀᵃᵉᵏᵒᵒᵏ©

Summary

En el reino místico de Kyorin, donde el sol se esconde en el horizonte, pintado el cielo con tonos dorados y la luna proyecta su resplandor plateado. Dos Casas nobles han sido enemigas juradas en silencio, esto por el bien de sus vasallos. Pero durante años han estado envueltas en una amarga lucha por el dominio del reino de Kyorin. Y de una forma inesperada, el antiguo pacto entre las dos casas, forjado bajo la luz de la luna llena, se ha roto y las consecuencias de esto son nefastas. Fantasía totalmente Omegaverse Vkook / Taekook Th:alfa/Jk:omega Mención de otros shippeos

Genre
Fantasy/Romance
Author
GAR
Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
13+

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Kim Taehyung, el encantador y enigmático heredero de la Casa Kim, siempre se ha sentido asfixiado por el peso de sus deberes reales. Anhelando libertad, a menudo se escapa del castillo para explorar el bosque místico y prohibido del reino de Kyorin.


Es asfixiante el sermón que recibe por parte de su madre, una intimidante Alfa, al igual que él, pero sin duda muy diferente en carácter. Sabe muy bien, que a sus veinticuatro años tiene deberes que cumplir, por su Casa, y por el Reino. Pero desearía con todas sus fuerzas, no tener que cumplir con un compromiso impuesto, forzado y obligado por los altos mandos y por sus padres.


El tiempo corre, y no siempre tendrás esta juventud. Son palabras que siempre recibe de su madre, padre y consejeros reales. Todos al pendiente e impacientes, por que de comienzo a su cortejo.


Un cortejo que él viene postergando desde hace años. En su decimoctavo cumpleaños fue prometido en matrimonio a una omega, de la cual desconocía totalmente su existencia, hasta ese día.


Su decimoctavo cumpleaños, fue celebrado por todo el reino, al ser su Casa una de las tres casas principales de todo Kyorin, y él, el próximo a heredar el título perteneciente a su madre. Era algo honorable la celebración, sin duda alguna.


Nunca había sido fanático de los grandes banquetes, pero ese día,  se había sentido tan especial, que le dio gracias a la diosa Luna por tan espléndido honor, que le había sido otorgado.


Pero todo se vio opacado cuando al final de la noche, sus padres y otros señores se acercaron a él, sonreían y él también lo hacía, brindaban y él se los agradecia, pero poco a poco su sonrisa se fue apagando, mientras escuchaba como todo su futuro estaba siendo estructurado por otros, ajenos a él.


Al final de aquel encuentro, se encontró siendo presentado a su futura esposa y omega, pertenecía a la casa Shin, una de las casas vasallas de la Casa Kim. Y él sabía lo que eso significaba, un pacto inquebrantable entre los suyos. Jamás se podría oponer a ello.


Con su mente nublada en acontecimientos pasados, que sin embargo tenían repercusión en el presente, se encontraba huyendo hacia el bosque místico de Kyorin, había sido su refugio durante los últimos años, un lugar prohibido y oscuro, pero irónicamente, era el único sitio en el que su mente se esclarece y su corazón descansa.


Luego de entrar en territorio libre de leyes, en ese bosque místico, se despojó de las finas telas, que cubría su piel, para ser reemplazada por pelaje gris plata. Fue bendecido por la diosa Luna, al darle su propio color.


Se echó a correr, tan liviano que parecía ser empujado por el viento, perteneciente a finales de otoño. El ocaso del atardecer estaba en su punto máximo, el pasto brillaba por el reflejo de un cielo carmesí. Y por su fosas nasales se percataba de cualquier olor presente en la naturaleza, reconociéndolos a cada uno.


Corrió tan lejos, como nunca antes lo había hecho, y se encontró así mismo en el límite del bosque. Se detuvo, no podía avanzar más, el juramento se lo prohibía. Era ilógico, ya que se encontraba en un bosque también prohibido.


A unos kilómetros más adelante daba inicio el territorio gobernado por la Casa Jeon, y peor aún, a tan solo unos metros de él, su olfato captó un aroma, diferente a cualquier otro que haya sentido jamás. Sus sentidos, se pusieron alerta ante cualquier amenaza, aunque el aroma que llegaba a él, no representaba ninguna.


Todavía hecha una bestia, sus pasos eran cautelosos mientras se acercaba al origen de aquel aroma, que con cada avance se volvía más atrayente, culpa de su lobo, quizás.


Su celo se encontraba próximo y sus instintos se volvían más agudos. Fue entonces, cuando acercándose a un sauce llorón, escuchó un leve murmullo, proveniente de este. Y detuvo su andar.


De nuevo se llenó los pulmones con ese atrayente aroma, y entonces lo supo. Era el olor de un omega.


Un omega, con aroma dulce, floral y cítrico. Su fragancia era fresca, delicada, con un toque ligero y efervescente. Se sorprendió así mismo, cuando se encontró descifrando todo lo que encerraba el aroma de aquel omega.


Avanzó más.


Y la silueta del omega, poco a poco se fue haciendo más clara a medida que se iba acercando, y bajando sus orejas mientras las hojas del sauce llorón le hacían cosquillas en estas y acariciaban su pelaje.


El omega se encontraba de espaldas a él, al parecer aún no se había percatado de su presencia, mientras murmuraba y sollozaba a la vez, lo hacía bajito era casi imperceptible. Pero él estaba tan cerca que era difícil de no saberlo.


Los hombros del omega temblaban, no podía saber si era del tiempo que estaba empezando a enfriar o eran las emociones que embargan al omega. Parecía estar limpiando las perlas salinas que derramaban sus ojos, y era cruel consigo mismo, ya que lo hacía sin cuidado alguno, lastimándose el rostro a su paso.


Fue entonces, que en un movimiento inesperado por parte del omega este se giró, asustando al lobo que tenía de frente y a el mismo.


Pero vamos, quién sería el más espantado en esta situación.


A ojos del omega era una bestia de cuatro patas, capaz de destrozarlo con solo una mordida de esas fauces. Retrocedió en sus pasos, en un intento casi inútil por escapar de tal bestia. Maldecía el momento en el que escapó de su habitación.


Nunca antes, había estado en presencia de un alfa a solas y que este estuviera en su forma animal. Era bien sabido que un alfa en su forma más pura resultaba peligroso para un omega totalmente desconocido a este.


Mientras tanto, el alfa se encontraba avergonzado de alguna manera,  por haber sido descubierto, a parte estaba en un territorio prohibido y al límite de otro todavía más prohibido, tan drástico se escuchaba, pero en resumen a si era.


Observa al omega estupefacto, efectivamente el omega había estado llorando, sus ojos eran más que la prueba, y parecía que de nuevo lo quería volver hacer, pero por otros motivos, más específicamente su presencia.


Quería transformarse y decirle que no le haría ningún daño, pero eso resultaría en él mostrando su total desnudez, de lo cual no se avergonzaba, pero eso implicaría en hacer las cosas más incómodas entre ellos, sobre todo para el omega que lo veía con terror.


Inútilmente intentó acercarse al omega, esto solo provocó que el omega retrocediera, tropezara con unas de las raíces y cayera encima de esta. Lastimándose las palmas de sus manos al sostenerse de la propia tierra.


El alfa estaba maldiciendo su error, mientras el omega maldecía su torpeza.


Cuando el cielo dejó atrás el tono carmesí, se vio acompañado por la apenas luminosidad de la diosa Luna y todo se tornó diferente, más frío, más oscuro, más…


Por ese instante el omega se olvidó, del motivo por el cual escapó de su habitación y dejó el palacio, olvidó todo por lo que había estado llorando y lamentando.


Fue cuando noto que ese lobo grande, gris y brillante como la plata, era inofensivo. Porque a pesar de tenerlo a su merced, caído y sin ningún tipo de defensa, la bestia sólo le miraba de esa forma tan profunda, entregando a él esa mirada color añil con destellos de plata.


El alfa se encontraba fascinado por el aroma de tan extraña criatura, y si sabía que era un omega, fue fácil para él percibirlo. Pero se le hacía extraña en otras dimensiones, como su mirada, había pasado del susto, al terror y ahora sólo era curiosidad y confusión.


Pero sin duda alguna, la gota que derramó el vaso, fue cuando, los ojos del omega se iluminaron con destellos de plata.


Jamás había visto algo parecido.


Estuvo decidido a transformarse para saciar su curiosidad, sobre lo que ocurría con aquel omega.


Sin embargo y ante todo pronóstico se escucharon gritos, y no fue el único al escucharlos, el omega también lo hizo y se tenso, no había duda, esos gritos o llamados, eran para el omega frente a él, lo andaban buscando.


Fue así que el alfa retrocedió más, para cerciorarse de las palabras gritadas por esas personas.


Estaba en alerta, siempre ante cualquier amenaza, la posibilidad de ser encontrado en su forma animal y con un omega, representa un quebranto al juramento, y traería sanciones, en dependencia del cual sea el origen del omega.


El omega retiró su atención del alfa, y se percató del llamado que los guardias reales le hacían. No lo podían encontrar en ese estado, fue entonces que llevó su vista de nuevo alfa, se percató de su distracción y se levantó para emprender su camino de regreso al palacio.


No caminó, corrió como si su vida dependiera de ello. Y en parte así lo era.


El alfa, al percatarse de la carrera que había emprendido el omega, estuvo a nada de seguirlo, pero se detuvo al darse cuenta de lo estúpido que había sido tan siquiera el pensamiento.


Era seguirlo a territorio prohibido para él.

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