My First Love, OS Larry Stylinson

Summary

Harry se enamoró de Louis apenas lo conoció, y nunca tuvo problemas para gritarlo a los cuatro vientos; sin embargo, Louis no entiende esa manera tan demostrativa y solo se deja querer, hasta que se da cuenta de lo que significa Harry en su vida. OS corto, light, friends to lovers, HB/LT, sin smut.

Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Caí primero, pero tú caíste más fuerte...


Era un día normal, un día como cualquiera, un día cálido y soleado en la hermosa ciudad de Bournemouth, en el sur de Inglaterra. A lo lejos podía escucharse el amable ruido de las olas del mar, meciéndose y conversando con la brisa, sin tiempo ni apuro.

Estaba comenzando un nuevo año escolar, el último para el grupo de amigos sentados en la mesa del fondo, lugar que habían ocupado los últimos tres años.

Zayn, Liam, Harry y Niall, esperaban a un amigo de Zayn que llegaría al curso, porque sus padres se habían mudado hace poco.

Por mientras conversaban y se quejaban de lo cortas que fueron las vacaciones, y lo difícil que sería dejar la escuela para entrar a la universidad.

—No quería levantarme, ayer dormí hasta las tres de la tarde... —gruñó Niall.

—Nosotros nos hemos levantado temprano para poder vernos más tiempo, ¿cierto bebé? —Contó Liam, mirando a su novio Zayn.

—Sí, ha valido completamente la pena, —contestó el aludido dejando un beso en la mejilla de Liam.

—Aww, son tan lindos. Yo no sé cómo se aguantan, son excesivamente cursis, —dijo Harry, quien era conocido por ser el más frío y un poco amargado en temas del amor, todo por sus malas experiencias, a pesar de sus cortos 17 años.

—Puedo apostar que cuando te enamores, serás el más posesivo y tóxico, —aseguró Niall, riendo y contagiando a todos.

—¡Ahí viene Louis! —Exclamó Zayn, levantándose. —Qué bueno verte amigo... —saludó en un largo abrazo. —Te presento, Liam, mi novio; Niall, es irlandés y Harry... ¿Harry?

Harry estaba debajo de la mesa, porque se le había caído la mochila abierta, y sus lápices se desparramaron. Asomó la cabeza y nadie pudo culparlo cuando se golpeó en el borde, al ver a Louis.

—Auch, —se quejó sobando su frente. —Hola, soy Harry, —expresó con su mejor sonrisa, toda hoyuelos y dientes hermosos.

—Hola a todos, soy Louis.

—Siéntate, pedimos unos sándwiches. ¿Cómo estuvo el viaje?

—Bien, aunque agotador. Fueron casi seis horas en bus desde Durham y llegamos casi a medianoche, apenas y a dormir sobre un colchón inflable. Hoy en cuanto terminen las clases tengo que correr a ayudar a organizar, las gemelas necesitan su lugar lo antes posible.

—¿Tienes hermanas? —Preguntó Niall, emocionado.

—Sí, —contestó sonriendo y Harry casi no podía cerrar la boca. —Tienen dos meses recién, y son lo más precioso de este mundo. —Dijo un poco cohibido.

—Eres hermoso, —habló Harry casi suspirando, provocando que Louis se sonrojara, pero al mismo tiempo, se incomodara.

—Harry, no seas así, —pidió Liam.

—Lo siento, pero es verdad. ¿Quieres ir por un helado mañana?

—No puedo, tengo mucho que organizar esta semana.

—¿Y la próxima?

—No lo sé, veamos...

Niall, Liam y Zayn se miraban sin entender. Comieron y luego se fueron a sus primeras clases.

Las siguientes semanas Harry fue muy poco discreto en sus demostraciones hacia Louis, le llevaba una flor, le cantaba alguna canción, le hacía invitaciones, y no dejaba de admirarlo.

Y Louis... Louis solo se dejaba querer. Le llamaba la atención lo demostrativo de Harry, pero en pocos días logró conocerlo bien, mejor que a los demás. No estaba acostumbrado a tanto interés, y realmente no sabía cómo comportarse. Es más, la mayoría de las veces terminaba arrancando, literalmente, cuando Harry intentaba acercarse demasiado.

Los demás ya se habían acostumbrado, y si bien, intentaron hablarlo con Harry, pronto desistieron al notar que realmente estaba interesado, que no era un juego ni algo tonto, se estaba enamorando, así de rápido y con un total sinsentido.

Era tal esta obsesión, que incluso en sus deberes escolares, Harry hacía notar su interés en Louis.

Sus cuadernos ahora estaban llenos del nombre de su afecto, en diferentes colores con hermosa caligrafía. En cualquier ejercicio matemático, o narrativa de letras, aparecía Louis.

Si alguien le preguntaba a Harry, ¿con quién viajarías a la luna?, la respuesta solo era una.

Si alguien invitaba a salir a Harry, la respuesta era solo una: No puedo, porque algún día Louis me invitará.

Increíblemente, pasaron dos años en esa dinámica, con Harry casi acosando a Louis, y Louis, sin detenerlo, sin hablar claro, solo aceptando.

Pero, el error de Louis, fue creer que Harry estaría para siempre buscándolo.

Las vacaciones de navidad, todavía encontraron a Harry ensimismado con Louis. Le dio un regalo doble, por la fecha festiva y porque además, Louis había estado de cumpleaños. Le preparó una canasta con muchas cosas, desde cervezas importadas, sus dulces favoritos, galletas que él mismo preparó, un vinilo de “The Stone Roses” y una polera de su equipo de fútbol de edición limitada por ser del aniversario número 100.

Louis estaba impresionado, pero una vez más, solo sonrió, agradeció y compartió una conversación agradable.

Esa noche, antes de año nuevo, Zayn, Liam y Louis compartían en la casa del primero unas pizzas.

—Amor, ¿viste el regalo que le dio Harry a Louis? —Preguntó Zayn a Liam.

—No lo vi, pero Niall me mostró una foto. ¿Y? ¿Alguna vez le vas a hacer caso?

—Claro que no, es decir, no lo sé... Es que, no sé cómo actuar, me siento agobiado con toda su energía, con su claridad, con lo seguro que está de quererme.

—Lo puedo entender, pero hasta donde yo sé, ni siquiera le has dicho eso, tampoco te alejas. Y creo que te gusta y no te atreves a decirlo, —afirmó Liam.

—Pienso igual, si no, dime ¿por qué has rechazado todas las citas que te han pedido estos años? No te faltan invitaciones, pero no has aceptado ni una sola.

—Ni siquiera le aceptaste una cerveza al capitán del equipo de fútbol, a pesar de que dedicó el único gol del partido.

Louis se sonrojó. —No lo sé, como les digo, no sé cómo hacerlo...

—¿Me vas a decir que nunca...? ¿No? ¿Nada? ¿Ni un beso?

—¡Es una jodida broma! ¿Es verdad?

Louis casi enterraba su cabeza en la tierra, mientras Liam y Zayn no podían cerrar la boca.

—Explícame, —exigió Zayn.

—No hay nada que explicar, no sé cómo hacerlo, no sé coquetear, no sé cómo comportarme en una cita, no sé besar, menos tengo idea de... lo demás...

—¿O sea que ni siquiera sabes si eres el pasivo de la relación? —Preguntó Liam, con más risa que seriedad.

—¡Amor! —gritó Zayn, dándole un golpe en el brazo. —No le hagas caso...

—Pero es verdad, ¿se supone que debería saberlo? ¿Cómo lo supieron?

—Una vez vi porno, por culpa de mi tío, y lo único que podía pensar es que yo quería ser al que le daban, —contó Liam con toda naturalidad, provocando la risa de sus amigos.

—Pero, ¿y si los dos queremos ser activos?

—Me pasó una vez, —dijo Zayn, haciendo enojar a su novio por los celos. —Llegamos al acuerdo de ser versátiles. Una vez él, la próxima yo, y así. Todo es conversable, nada es tan terrible ni tan definitivo.

La conversación siguió en ese curso, con Louis preguntando todo lo que jamás se atrevió, anotando mentalmente todos los datos que le daban sus amigos. El primero de enero, cuando se vieran en la casa de Niall, quizás se atrevería a invitar a Harry a tomar un café.

La noche de año nuevo, cada uno la pasó con sus familias. Harry estaba solo con su mamá, porque sus dos hermanos mayores estaban en Canadá por negocios. Prepararon una ligera cena y compartieron secretos y anécdotas. Lo más bonito para Harry, y que cambiaría el curso de su vida, fue una muy clara conversación que tuvieron, respecto a Louis.

—Sé y entiendo lo que sientes por Louis, pero creo que has mal entendido algunas cosas. Amar es un sentimiento hermoso, pero si en el camino esa persona no te entrega lo mismo que tú le das, es momento de dar un paso al lado. Quizás, es incluso posible que él no sepa decirte que no, o que tal vez ya esté enamorado de otra persona. Lo malo de esta dinámica que has establecido, es que estás dejando de amarte a ti, te estás perdiendo experiencias por esperar a alguien que puede no llegar.

Después, cuando ya estaba en su cama listo para dormir, Harry decidió que era tiempo de dejar atrás su acoso. Sabía que no iba a dejar de amar a Louis, pero ya no lo buscaría. Si Louis quería algo con él, tendría que esforzarse.

EL primero de enero, ya estaban en casa de Niall, Louis, Zayn y Liam.

—¿Y Harry? —Preguntó Zayn.

—¿No les avisó? No va a venir, salió no sé a dónde.

—¿Y con quién?

Tres pares de ojos se clavaron en Louis, al notar su voz molesta y casi, casi, herida.

—No me dijo, —contestó Niall, encogiéndose de hombros.

—Voy al baño, —dijo Louis, saliendo rápidamente.

Apenas estuvo en el pasillo, le mandó un mensaje a Harry.

“¿Por qué no viniste? Quería preguntarte algo importante”.

No tuvo contestación, hasta tres horas después, lo que lo enojó profundamente. Al día siguiente, cuando volvieran a clases, hablaría seriamente con él.

Sin embargo, nada lo preparó para lo que sucedió. Apenas puso un pie en el patio de la universidad, vio a Harry con una rosa en la mano, muy sonriente con Mathew, compañero de Liam en Terapia Ocupacional, y que siempre gustó de Harry.

Hablaban como si no existiera más gente en el mundo. Era claro a kilómetros que Harry estaba coqueteando, todo sonrisas y movimiento de pestañas.

Algo pasó en el pecho de Louis, algo que no podía identificar, algo nuevo, algo feo, algo horrible. Le dolía el corazón, le faltaba la respiración, le quemaba cada gota de sangre que circulaba por su cuerpo al mismo tiempo que una furia loca y desquiciada quería llevarlo a lanzarse sobre Mathew y matarlo a golpes. ¿Cómo se atrevía a insinuarle algo a su Harry?

Y cuando su cerebro registró esas palabras, fue que entendió todo, fue que por fin vio todo claro, fue que se odió, fue que supo que había sido el idiota más grande de la tierra.

Respiró profundo y caminó seriamente, con los celos pintados en su rostro y en su actitud, y sin decir una sola palabra, tomó de la mano a Harry y lo sacó de ahí.

—Hola Louis, ¿cómo estás? Yo muy bien, gracias por preguntar. Me encantaría saber a dónde me llevas y qué es lo que pasa, porque la verdad es que no entiendo y no me gusta esto de la incertidumbre. Te agradecería alguna luz sobre las tinieblas que me nublan en este momento en medio de este día tan soleado...

—Ya basta, —pidió, una vez que estaban dentro de una sala de clases.

—Uy, pero qué genio. ¿Me vas a decir qué pasa? —Preguntó con su dulzura característica.

—¿Qué hacías con el idiota de Mathew?

—Conversaba, ¿algún problema?

—¿No te das cuenta de que te quiere seducir?

—Claro que lo sé, me lo ha dicho muchas veces, no tiene miedo de lo que siente, —contestó cruzándose de brazos.

Fue demasiado para Louis. —No me gusta verte con él... así es que espero que te mantengas lejos.

—Claro que sí.

—Bien, vamos a clases. ¿Quieres que te acompañe?

—Por supuesto.

Louis estaba muy contento, pensaba que todo estaba saliendo de maravillas. Dejó a Harry en su salón y se fue muy contento al suyo, donde tendrían una evaluación.

A la hora de almuerzo, estaban en la cafetería Louis, Liam, Zayn y Niall, porque todos tenían clases hasta las seis.

—¿Y Harry? —Preguntó Louis.

—Mathew lo invitó a almorzar.

—¿Qué dijiste?

—Que Mathew lo invitó a almorzar, —repitió Niall.

—Le dije que no lo hiciera, ¿sabes a dónde fueron? —preguntó poniéndose de pie.

Los demás se miraron extrañados.

—Siéntate y explícanos, —pidió Liam.

—Cuando llegué en la mañana los vi muy juntitos coqueteándose, y saqué a Harry de ahí y le pedí que no lo hiciera más. Me dijo que sí, luego lo dejé en su salón y pensé que estaba todo bien.

—¿Por qué le pediste algo así?

—Porque me di cuenta de que... —Hizo una pausa para suspirar. —Estoy enamorado de Harry, hace mucho y estúpidamente tuve miedo todo este tiempo... —Sus mejillas se habían puesto de un hermoso rosa.

—Ya estaba bueno, —dijo Zayn. —Me alegro mucho de que te dieras cuenta, pero creo que es muy tarde.

—¿Por qué lo dices?

—Parece que no lo has notado. Harry es un chico muy atractivo, siempre lo están invitando, dándole regalos, y nunca los aceptó. En cambio ahora, solo esta mañana aceptó tantas invitaciones a almorzar, que no lo veremos fácil en dos semanas. Sin contar con todos los que se ofrecieron a llevarlo a su casa al terminar la jornada.

—¿Qué? Me estás diciendo qué... ¿perdí mi oportunidad? Pero, no puede ser...

Se veía realmente mal. Se levantó y tomó su mochila, salió. Necesitaba fumar. En el pasillo vio a Harry y a Mathew, y sus miradas se cruzaron. El corazón de Harry se quebró al ver esa mirada tan triste, pero no iba a dejarlo así. Se disculpó con Mat y se fue detrás de Louis.

—¿Qué te pasa? ¿Estás triste?

—No, sí... Soy un tonto... No te preocupes, estaré bien.

—¿No confías en mí? Pensé que éramos amigos.

Y nunca le habían dolido tanto esas palabras, porque ya no quería serlo, quería ser algo más, mucho más.

—Lo hag, creo que solo necesito un poco de tiempo.

—¿Quieres que me quede contigo?

—¿Lo harías?

—Sabes que sí, —contestó sonriendo.

—¿Te dije alguna vez que me encanta tu sonrisa?

—No, nunca... —respondió nervioso.

—Ahora lo sabes, me encanta, me encanta verte sonreír.

—Casi nunca fumas, ¿por qué lo estás haciendo? —preguntó cambiando el tema.

— La primera vez fue cuando mi mamá estuvo enferma, hace unos años. Estaba muy nervioso, estábamos solos... Tuve que vivir un par de semanas en el hospital y a veces no aguantaba. Comencé a fumar, luego lo dejé. A veces me dan ganas, pero desde que nacieron mis hermanas lo evito al máximo... Hoy estaba muy triste, por eso vine a fumar.

—¿Me vas a contar?

—No todavía, —dijo acariciando el pelo de Harry y mirándolo como nunca lo había hecho. —¿Tienes algo con ese idiota? ¿Te gusta? —Preguntó muy despacio. —¿Por qué me mentiste?

—Mathew es muy lindo conmigo, me escucha, se preocupa de mí. Me invitó a almorzar hoy y mañana, y creo que sí, me gusta... No puedes haber tomado en serio lo que dije Louis, —habló cambiando el tono. —No puedes decirme qué hacer ni con quién, no tienes derecho, espero que lo entiendas.

—Te va a herir...

—Puede ser, pero yo no tengo miedo, tal vez deba arriesgarme. Nos vemos.

Louis lo vio alejarse, mientras una muy pequeña y vergonzosa lágrima caía por su mejilla. Se dio cuenta de que no bastaba con que él se hubiese dado cuenta, que de alguna manera, con su silencio, había herido a Harry, y se sentía como una gran roca de cien toneladas en su espalda. Jamás debería provocarle nada malo a Harry, solo cosas hermosas, porque ahora lo veía. Harry era perfecto, el único a quien ha visto desde que lo conoció, el único que merece su esfuerzo, el único que tendrá su amor.

Harry caminó con un conflicto entre sus manos. Notó lo distinto que Louis lo miraba, y su corazón había explotado de emoción. Siempre supo que no le era indiferente, pero ahora era casi una certeza. Estuvo a punto de derretirse cuando lo vio triste, tuvo ganas de abrazarlo, de dejar todo atrás y empezar algo nuevo, algo que los uniera para siempre. Pero no lo haría, no era justo para él. Si Louis lo quería de verdad, tendría que demostrarlo. Por mientras, iba a seguir dejándose querer por Mathew, y no, no lo estaba engañando. Le había repetido hasta el cansancio que estaba enamorado de Louis, que no hay opción de ni siquiera un beso entre ellos, y Mathew insistía en que no le importa, que igual pueden pasar tiempo juntos y conocerse más. La verdad es que no perdía la esperanza de que Harry cambie de opinión.

Esa misma noche, Louis apareció en casa de Harry.

—Hola, —saludó muy nervioso.

—¿Qué haces aquí? —Preguntó un sorprendido Harry.

—Te traje esto, pero puedes verlo después, es un pequeño regalo.

—Gracias, no te hubieras molestado, —dijo por fuera, pero por dentro estaba gritando de la emoción.

—Sé que estás con muchos compromisos, pero ¿crees que tengas tiempo esta semana para ir a cenar?

—Creo que el viernes.... A no... No, ya me invitaron... Creo que para cenar no, en la semana no acepto esas invitaciones, pero...

—¿El sábado en la tarde? Te invito un café, un helado...

—¿A qué hora?

—¿A las cuatro?

—Está bien.

La sonrisa de Louis era tan bonita, pensaba Harry casi desmayado en ese momento.

—Nos vemos mañana en la universidad, que descanses.

—También tú, sueña bonito, —se despidió Harry.

Louis solo sonrió y se fue.

—¿Y eso? —Preguntó la mamá de Harry. —Parece que hay novedades.

—Parece que sí, mamá. Me trajo esto.

—Ábrelo, ¡qué emoción!

Era un teclado personalizado. Para alguien que estudiaba informática, era muy especial y más porque tenía suaves luces azules.

—Es hermoso... —dijo Harry muy conmovido.

—Lo es, debe haberle costado un ojo...

—Es tan lindo...

—Estás tan enamorado hijo, pero me encanta. Espero que ahora sí Louis te dé tu lugar, tiene un tesoro maravilloso al que hacer feliz.

—Creo que seremos muy felices mamá...

—Lo serán amor, lo serán.

Al día siguiente, la rutina fue casi la misma. Excepto que Liam, Niall y Zayn, se habían puesto de acuerdo para alejar a cualquiera del lado de Harry.

Podría pensarse que no tenían derecho, porque como fueran las cosas, Harry era lo suficientemente adulto para tomar decisiones. El gran detalle, es que el mismo Harry se los había pedido. Estaba enamorado de Louis, y sabía que era correspondido, pero también sabía, que Louis podría sufrir en su intento de conquista y él no quería eso.

Por eso, esos días en que estaba sentado en la cafetería con alguno de sus admiradores y Louis solo podía mirarlo triste, alguno de los demás se encargaba de inventar alguna excusa para sacarlo de ahí.

Esa fue la tónica de la semana, hasta que llegó el sábado.

Diez para las cuatro de la tarde, estaba Louis afuera de la casa de Harry, muy bien vestido, y con una bonita rana de peluche que tenía una pantalla que decía: “Mi dirección IP está en tu corazón”.

Tocó el timbre y jamás esperó ver a Harry tan bonito. Había trenzado su pelo y era casi un ángel, todo hermoso en una sencilla polera blanca y ajustados jeans negros.

—Te ves increíble, —saludó Louis. —Es para ti.

—Santo Dios, es lo más cursi que vi nunca... Y lo amo... —dijo abrazando al peluche. —¿Tiene nombre?

Y Louis rio. —Había pensado en Cookie...

—¿De verdad? ¡Me encanta! Hola Cookie, bienvenido, vas a ser muy feliz en esta casa...

—¿A dónde quieres ir? ¿Un café? ¿Un helado, o al cine?

—Me gustaría ir por un café helado.

—Sé dónde preparan el más rico, vamos, —y su sonrisa iluminaba al mismo sol.

Caminaron sin prisa hacia el paradero de taxis, y tuvieron un viaje de veinte minutos. El lugar era muy bonito y Harry estaba encantado.

—Yo voy a pedir un batido de chocolate con crema y salsa de chocolate, ¿y tú?

—Louis, —llamó despacio, tapándose con la carta, —es un poco costoso, ¿está bien?

—Está perfecto.

—Entonces quiero un café helado con crema batida, chips de chocolate y galletas.

Se sorprendió un poco al notar lo rápido que los atendieron.

—Por eso el precio es más alto que en otros lugares, y por lo mismo, no viene tanta gente.

—Entiendo... y... esto... está... delicioso... —dijo, haciendo pausas para saborear su gran copa.

—Me encanta que te guste... Harry, yo quería decirte algo...

—¿Sí? ¿Qué pasa?

—Siempre fuiste sincero y genuino con lo que sentías hacia mí, y yo siempre me alejé, porque no sabía cómo reaccionar a tus gestos tan demostrativos, pero ahora... Aprendí de la peor manera lo que son los celos y me di cuenta de que soy horriblemente celoso, y de que siento tantas cosas lindas por ti... Sé que no tengo derecho a pedirte que me creas, solo quiero que sepas que si aún sientes algo por mí, voy a hacer todo lo posible por demostrarte que te merezco, lo voy a intentar cada día hasta que no tengas dudas de que interesarte en mí no fue un error...

—Sé que siempre has sido sincero, sé que tal vez he sido muy molesto, y aunque nunca me correspondieras, amarte nunca sería un error...

—¿Puedo intentar conquistarte?

—¿Qué significa eso?

—Que solo yo puedo acercarme, que no dejarás a otros hombres mirarte ni...

—Louis...

—No sé hacer esto Harry, no lo sé, por más que lo intento lo único que veo es a ti con alguien más y no lo soporto.

El rostro de Harry se ensombreció. —¿Sabes? Si tú, en algún momento de estos años, hubieses conocido a alguien, yo, a pesar de morir de dolor, hubiera estado muy feliz por ti, porque habrías encontrado a quien amar. El amor no debería ser egoísta, y solo me demuestra que solamente me quieres tener para ti, pero no por mí, si no que por los demás...

—Enséñame a amarte, enséñame, yo jamás he hecho esto, ni siquiera algo parecido, nunca quise a alguien más que a mi mamá y mis hermanas...

—¿De verdad quieres hacerlo? ¿De verdad lo que sientes es suficiente?

—Quiero hacerlo...

—No Louis, así no... Si algún día te aclaras tal vez podríamos intentarlo, pero creo que somos muy diferentes y que vemos las cosas distintas. ¿Me puedes llevar a mi casa?

Y Louis se sentía muy afligido. Sabía que no lograba conectar sus pensamientos y emociones con las palabras que salían de su boca, y ahora había quedado frente a Harry como el mayor idiota del mundo. Era humillante sentir ganas de llorar y de que Harry lo consolara, pero de verdad solo necesitaba un abrazo y no lo tendría.

—Vamos.

No es imperativo explicar que la vuelta fue en completo e incómodo silencio.

Louis lo dejó en la puerta y luego se fue.

Harry cerró la puerta y suspiró.

—Mmmm, esa no es la actitud de alguien que ha tenido una cita con el amor de su vida.

—No fue como lo pensé...

—¿Quieres contarme? Vamos a la cocina por un jugo.

Harry le contó lo que sucedió y la cara de su mamá era de incredulidad.

—¿Puedo darte mi opinión? En realidad te la daré igual. Louis te lo está diciendo claramente, no sabe hacer nada de esto, nada de conquistas, nada de coqueteo, de invitar a salir y te está pidiendo ayuda... Harry, él puede amarte con la misma intensidad que tú a él, pero de una manera distinta. No sabes si está siendo posesivo solo porque está inseguro, porque sabe que llamas la atención y tiene miedo de perderte, pero quizás eso cambie si logra entender que solo tienes ojos para él. Yo fui la tóxica en la relación con tu papá, por lo mismo y dejé de serlo cuando entendí que era la única, pero no fue fácil, él me tuvo mucha paciencia... Si no puedes tenerla, entonces da un paso al lado.

Harry se quedó esa noche reflexionando en todas esas palabras que giraban sin cesar en su cabeza, y cuando llegó el día lunes, tenía pánico de pensar que Louis se hubiese sentido demasiado mal y ya no quisiera intentarlo.

Nunca imaginó que estaría esperándolo con un delicioso croissant y un vaso de café.

—Pensé que ya no querrías verme...

—Te dije que iba a intentarlo, pero si no quieres que insista... lo entenderé y no te molestaré más...

—No me molesta, —dijo sonriendo Harry. —De hecho, quería preguntarte algo...

—¿Qué cosa?

—¿De verdad quieres que te enseñe? Me siento ridículo, porque tampoco entiendo muy bien qué significa, no sé cómo enseñarte a amarme... Es extraño, pero quiero que lo hagas, quiero que lo intentemos...

—¿Estás seguro? Harry... —dijo emocionado, —voy a hacerlo, voy a intentarlo... ¿puedo acompañarte a tu salón?

—Sí... gracias...

—Dame tu mochila, para que puedas comer tranquilo. ¿Te gusta el croissant? El café tiene dos de azúcar, fue lo que dijiste el otro día que te gustaba...

—Amo todo lo que sean masas, y los croissants, mmm, son de mis favoritos, sobre todo cuando le ponen esta especie de almíbar. El café está perfecto... ¿Nos vemos al almuerzo?

—Sí, que tengas una linda mañana, —dijo Louis besando suavemente la mejilla de Harry que rápidamente se cubrió de encarnado.

La hora de almorzar llegó muy rápido, y se reunieron los amigos, excepto Louis.

—¿Alguno sabe dónde está Louis? —Preguntó Harry, preocupado.

—No va a poder venir a almorzar, está en la dirección... Yo creo que lo van a suspender...

—¿Qué hizo?

—Se agarró a golpes con Mathew...

—Dime que es una broma... —se lamentó Harry.

—No, yo estaba con él, —contó Liam. —Debo decir que me sorprendió actitud de Mathew, dijo que ya estabas a punto de caer como una puta barata, y Louis no permitió que te nombrara.

Harry se sintió mal, pero al mismo tiempo un poco orgulloso. —Voy a buscarlo, —dijo poniéndose de pie.

Lo encontró en el pasillo, hablando con su mamá por teléfono.

—Mamá, ya está hecho, son solo dos días... Está bien, nos vemos ahora...

Harry escuchó esa última parte de la conversación.

—Hola, —saludó. —¿Qué pasó?

—Nada, no te preocupes... Solo que me suspendieron por dos días por pegarle a Mathew...

—¿Por qué lo hiciste?

—Te trató de puta, Harry, ¿te das cuenta? Ese imbécil va a pensarlo dos veces cuando quiera nombrarte.

—¿Y a él no lo suspendieron?

—Sí, una semana.

—Eso me sorprende... Gracias por defenderme, —dijo bajando la mirada, y apoyando su espalda en la pared.

Y Louis no pudo soportar tanto. Se acercó y lo acorraló, sus mochilas cayeron juntas al mismo tiempo al igual que sus alientos se encontraban. Louis cerró los ojos y frotó su nariz por sobre la nariz de Harry, sonriendo, y disfrutando de la sensación.

Para Harry, era un sueño hecho realidad estar así de cerca con su amor, con el dueño de sus pensamientos... Era un momento íntimo, muy bonito, muy suave, excesivamente tierno, y así como lo imaginó tantas veces, pudo sentir el brazo de Louis tomándolo por su cintura y la mano que le quedaba libre, presionando su nunca y su pelo, para acercarlo y terminar con la distancia.

Sus labios por fin se unieron, conocieron la suavidad y la tersura en la boca del otro, y aprendieron que en medio de ese terciopelo esponjoso también existía una fuerza e intensidad que los enloqueció. Era un primer beso increíble, uno que superó con creces sus expectativas y que no querían terminar, pero que los desesperaba porque su naturaleza los llamaba a seguir explorando al otro, con sus bocas, sus manos y toda su piel.

—¿Cómo me perdí de esto tanto tiempo...? —susurró Louis, mirando fijamente a los ojos de Harry, que estaban húmedos.

—Se acaba de cumplir uno de mis sueños... y fue, ha sido lo mejor de mi vida...

Louis lo abrazó con tanta ternura que Harry creyó que iba a derretirse ahí mismo.

—¿Qué más había en esos sueños? —murmuró en el oído de Harry.

Un silencio que no era incómodo se instaló, mientras Harry dudaba de decirlo. —Tú y yo... en mi cama... o en la tuya, o en el suelo, o en una escalera... Tú y yo juntos y desnudos...

Louis se separó solo un poco para poder mirarlo. —No sé hacerlo, y tengo miedo de arruinarlo.

—Es lo de menos... Tampoco sabíamos besar y mira qué bien nos salió, —dijo con su mejor y más bella sonrisa.

—Eres precioso, y cuando sonríes me quitas la respiración...

Volvieron a fundirse en un beso, y ahora Louis sí que fue un poco más brusco, aplastándolo con su cuerpo y tomándolo de las caderas, sorprendiendo a Harry que estaba más que excitado con este Louis tan intenso. Entendió que la posesividad era algo que bien enfocado, amaba sentir en su cuerpo.

—Lou... Louis... Tengo clases...

—Cierto, —habló deteniéndose, y retomando su tranquilidad. —Te acompaño, y luego me voy.

Louis lo tomó de la mano y así caminaron por la universidad, cuál de los dos más feliz.

—¿Tu mamá se enojó?

—No, al contrario. Pero no te preocupes, vengo por ti a las cuatro, —dijo besándolo frente a todo el que quisiera verlos.

Louis fue a su casa, habló con su mamá y luego salió. A las cuatro en punto estaba esperando a Harry. Sin embargo, no le gustó el gesto que vio en su cara.

—¿Pasa algo? ¿Por qué estás así?

—Sé que no debo hacer caso, pero he recibido tantos comentarios de que estás conmigo solo porque soy una especie de trofeo para ti...

—¿Trofeo?

—Sí, que solo me quieres para ti porque tu ego es tan grande que no aceptas que otro me tenga...

—Parece que estás dudando...

Harry no pudo evitarlo, no pudo evitar la sombra en su mirada. —Lo siento.

—Está bien, no te preocupes, yo... Tengo que irme, adiós.

—Louis, no, espera, espera... Perdóname, no es fácil... Lo siento, lo siento mucho.

Louis se detuvo y respiró, él también dudaría. —Está bien, creo que es normal. Ven acá, —pidió abrazándolo una vez más.

Y Harry se dejó llevar, aunque todos le aseguraran que era una mentira, él sabía que lo que sentía envuelto en esos brazos, era lo más sincero que alguna vez conoció.

—No sé cómo manejar esto, no sé qué decir ni cómo defenderte...

—Harry, no tienes que hacerlo, no tienes que defenderme, ni defender esto... Solo tienes que creer y confiar en que esto que siento es real y verdadero.

—No sé qué es lo que sientes...

—Tienes razón, —dijo riendo, —soy un tonto. Pero es que, yo quería hacerlo especial y al parecer no es lo mejor...

—Tú no entiendes que aunque fuera en un cementerio, en un baño, o en medio de un terremoto siempre será especial porque eres tú Louis... Tú hablando de lo que sientes por mí... ¿lo entiendes? ¿sabes cuánto soñé con siquiera gustarte un poco?

—Te amo Harry, te amo, no sé bien cuándo pasó ni por qué, pero te amo. Amo cada cosa de ti, amo que no te hayas dado por vencido, que me demostraras siempre cuánto querías estar conmigo. Amo tu sonrisa, tu voz, la manera tan especial de mirar cuando algo te llama la atención, lo ingeniosas de tus respuestas, y lo dulce que eres. Podría hablar por días de tu belleza, de cómo le dedicas tiempo a tus amigos, de cómo eres amable con los demás... de cómo me haces sentir cada vez que te veo, de las ganas locas de tomarte de la mano y no soltarte más, de abrazarte siempre y poder besarte por cada espacio de tu piel... de cómo estoy muerto de miedo por hacerlo mal, pero que al mismo tiempo estoy tan loco por ti que de alguna manera lo haré... Harry, te amo...

Y Harry... lloraba de emoción. Era una declaración mucho más honesta y profunda de la que estaba en su mente, y lo mejor era que Louis jamás dejó de mirarlo, dejándolo vulnerable y frágil.

—No dejes de abrazarme nunca, por favor...

—No lo haré... Es decir, sí, debo irme, ¿te veo en tu casa en media hora? ¿Sí? ¡Te amo! —gritó mientras salía corriendo, dejando a Harry perplejamente feliz.

Una vez en su casa, Harry se duchó y se cambió, quizás podría salir con Louis a pasear. Se encontró con su mamá en la cocina.

—Bebé, ¿cómo estás? Te veo contento.

—Nos besamos mamá, se me declaró... Yo, estoy tan feliz...

—¿Y cuándo va a venir a hablar conmigo?

—¿Por qué lo haría?

—Porque necesito asegurarme de que te quiere en serio y que tiene un poco de respeto por mí.

—Mamá, ¿es broma?

—No, Harry, lo digo muy en serio. Sé que son jóvenes, que esperan ciertas cosas, y que piensen que es tonto lo que digo, pero para mí no lo es.

Harry quedó cabizbajo, mientras su mamá le servía una porción de pastel de manzanas. En ese momento tocaron a la puerta.

Harry abrió, más preocupado que otra cosa, y no pudo evitar su gran sonrisa al ver a Louis de pie, con un bonito ramo de rosas blancas y un ramo de tulipanes, perfectamente envuelto en un sedoso papel de arroz.

—Hola, —saludó Louis. Se le notaban los nervios.

—Hola, ¿quieres pasar?

—¿Está tu mamá?

—Sí, en la cocina.

—Quisiera hablar con ella.

—¿Sobre qué?

—Sobre nosotros.

—¿En serio? Ella también quería hablar contigo y yo no entiendo por qué tienen que hacerlo.

—Tú tranquilo, yo nervioso, —dijo después de dejar un suave beso en los labios de Harry.

—Pasa.

—Ah, toma... espero que te gusten...

—Amo con mi vida los tulipanes, son tan bonitos, gracias.

—Me alegra no haberme equivocado, aunque jamás serían tan bonitos como tú...

—Hola Louis, —saludó Jackie. —¿Cómo estás? ¿Podríamos hablar?

—Hola, claro, pero antes toma.

—Oh por Dios... me encantan, están preciosas, —dijo acariciando las preciosas rosas. —Sígueme, por favor. Hijo, ¿podrías por mientras preparar un poco de té?

Harry nunca supo qué fue lo que se habló en esa reunión, solo se dio cuenta de que los dos involucrados salieron muy felices y sonrientes.

—Te quedas en tu casa Louis, por favor cuídalo mucho. Yo volveré cerca de la medianoche, porque voy al teatro con un compañero de trabajo y luego me invitó a comer. Dame un beso, —le pidió a Harry, y luego tomó su cartera y su chaqueta y salió.

—¿De que hablaron?

—De muchas cosas. De ti, de mí, de nosotros, pero no tienes de qué preocuparte, te lo juro.

—Está bien. ¿Quieres pastel de manzana?

—Se ve delicioso, sí quiero.

Estuvieron conversando cerca de una hora de distintos temas, hasta que se acabaron toda la tarta y todo el jugo de frambuesas.

—¿Quieres que lave? —Preguntó Louis.

—Yo lavo y tú secas.

—Bien, me gusta.

Dejaron todo limpio y luego el ambiente cambió.

—Me encantaría conocer tu habitación, ¿me la muestras?

—Claro, vamos, es al fondo a la izquierda. No te rías, pero me encantan las cosas cursis, aunque ya lo sabes...

Había una repisa muy grande, llena de peluches. Louis los miró con detenimiento, y le dio un poco de pena no ver a Cookie.

—No lo busques ahí, él duerme conmigo, —explicó mostrando a la bonita rana sentada en su almohada.

—Me había asustado... ¿Qué te gusta de los peluches?

—Son lindos, suaves, y casi siempre van de la mano con algún momento hermoso.

—Tienes razón... —dijo soltando por fin su mochila, anotando mentalmente algunos peluches que deberían acompañar a los demás.

—¿Te pasa algo? Te siento nervioso...

—Lo estoy... —dijo sonriendo, mientras se acercaba para tranquilizarse entre los brazos de Harry.

—¿Quieres que nos acostemos a ver una película, o a escuchar música, y conversamos?

—Me encantaría escuchar música... ¿Puedo sacarme las zapatillas?

—Sácate lo que quieras...

Louis vio la agitación en el pecho de Harry, y su bochorno cuando se quitó la polera enfrente de sus ojos, y más aún, cuando desabrochó sus jeans.

—Ven, —llamó a Harry, extendiendo su mano, —ven acá.

Harry rápidamente se deshizo de sus zapatillas y se subió a la cama, acostándose con su cabeza apoyada en el pecho de Louis, y acariciando los vellos castaños, tirándolos suavemente y jugueteando con ellos.

—Me gusta tu olor, tu piel huele muy rica... —dijo enterrando su nariz, provocando la risa de Louis y al mismo tiempo su excitación.

No demoraron en aparecer los besos necesitados y hambrientos, tampoco la desesperación y la sensación de urgencia, se deseaban sin lugar a dudas.

De manera torpe se acariciaban, apretando de más y de menos, sin notar qué le gustaba al otro, completamente idos en sus propias sensaciones. Empezaban a descubrirse, lentamente fueron haciéndolo, entendiendo la importancia de conocerse bien antes de dar un paso más. Querían pasar de inmediato la noche juntos, pero al mismo tiempo solo deseaban tenerse cerca, ya habría tiempo de amarse y por mientras disfrutaron de esas pequeñas pero profundas muestras de amor. Se permitieron besos nuevos, muchos, muchos besos, muchas caricias tiernas y miradas cómplices.

El día lunes, estaba temprano Louis esperando a Harry, con otro tulipán en su mano, y Harry, que pensó que jamás podría amar más de lo que su corazón sentía, empezaba a notar cómo podía expandirse todo lo que tenía en su interior.

Caminaron de la mano hasta llegar a la universidad, donde más de alguno hizo un comentario sarcástico, pero no fueron escuchados. En su nube solo estaban ellos, enamorados.

—Amor, yo, quería hacerte una pregunta... ¿Tú estás seguro de esto? —Preguntó Louis, sorprendiendo a Harry.

—¿Por qué lo estás dudando?

—Estuve dos años comportándome frío contigo, y siento que ahora, desde que yo me di cuenta de mis sentimientos ha sido todo muy rápido... Me pregunto si te hubiese gustado que me esforzara más o que quizás por eso te pones un poco inseguro de lo que siento.

—Al principio, cuando noté tu cambio, me prometí que no cedería tan rápido, pero cuando veía tus ojitos tristes, también supe que yo no te haría sufrir. Tengo claro ahora, que te costó darte cuenta, pero que sentías lo mismo que yo y si los dos nos amamos, ¿por qué esperar más? ¿Por qué hacerme de rogar? No tiene sentido, no en mi corazón.

—¿Sabes qué? Te amo Harry, mucho, nunca será demasiado... Y cosas como esas me enamoraron de ti, que siempre eres tan real, tan fácil de leer, no tienes secretos, no ocultas lo que sientes... Eres como un sol, es imposible no verte, es imposible no necesitarte, es imposible no dejarse envolver en tu calor...

En la pared al lado de la cafetería, se volvieron a besar, con la promesa intrínseca de que querían que fuera para siempre.

Sería para siempre.