Filosofía Al Estilo Griego

Summary

Cuando Ciel no logra quedarse despierto durante la clase de Filosofía, Sebastian debe tomar otras medidas y enseñarle de una forma un poco...distinta. Los personajes no me pertenecen. La imagen no me pertenece. Todos los créditos a sus respectivos autores. Contenido +18⚠️⚠️ Todo esto es escrito con fines de entretenimiento.

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Capítulo único

Ciel dormía plácidamente sobre su pupitre cuando una mano golpeó su mesa despertandolo en el acto


-Ah Joven amo ¿Que haré con usted? E intentado de todo y no logra mantenerse despierto- El noble bufó mientras se frotaba un ojo


-Es filosofía..-


-Y justamente por eso es importante, dígame, ¿como puede llamarse "caballero inglés" si no es capaz de permanecer lúcido?-


-Bueno, quizás el problema eres tu, quizás tus métodos de enseñanza no son los apropiados- Sebastian levantó una ceja haciéndose el ofendido, en realidad no lo estaba, se sentía más bien extrañado


-¿Le gustaría que le enseñará filosofía como en la antiguedad?- Preguntó con un poco de duda en su voz


-¿En la antigüedad? ¿Te refieres a los griegos?-


-Si usted quisiera..- Respondió con cautela, de pronto, el mayordomo esbozo una extraña sonrisa -Aunque... nunca creí que esas cosas fueran de su estilo-


-Se sabe que fueron los pioneros de diversas ciencias, y quizás sus formas de enseñanza me agraden más que las tuyas-


-Entonces joven amo, le haré sentir todo el conocimiento hasta lo más profundo de su ser- Dijo mientras se quitaba los guantes.


Sebastian le indico al noble la posición de estudio, debía apoyar todo su pecho sobre la mesa y dejar sus piernas sueltas apenas rozando el suelo con la punta de los zapatos, todo esto mientras leía el libro de filosofía sujeto entre sus manos.


Ciel se sentía un poco... Cohibido, aunque jamás lo admitiria frente al demonio, le ponía nervioso estar tan expuesto. Aun así haría todo lo necesario por aprender esa estúpida materia.


-La única obligación que tiene es no dejar caer el libro y nunca despegar la mirada de él, ni detener la lectura-


-¿Estas seguro que esta posición es necesaria?- Preguntó mirando el libro


-¿Acaso no confía en mi?-


"No" Quizo responder el menor, sin embargo se contuvo y no respondió, solo siguió leyendo el libro


De pronto sintió sobre su espalda un peso masculino, no lo aplastaba, solo sentía el calor ajeno atravesar la ropa. No era incomodo, solo desconcertante.

Estuvo a punto de abrir la boca cuando la aterciopelada voz de Sebastian le habló al oído


-No se desconcentre Joven amo- Claro, como si no sintiera toda la virilidad del mayordomo frotando contra su trasero -Enfóquese puramente en el sabio ejemplar qué sostiene entre sus manos-


Ciel de verdad intento enfocarse en lo dicho, no pudo.

No entendia a que jugaba el demonio, solo podía pensar en como esas manos se paseaban por sus caderas, le acariciaba las piernas y suavemente apretaba sus glúteos, Ciel se sobresalto ante lo último.


-Sebastian!¿Que crees que haces?-


-Joven amo... - Se escucho un suspiro -Usted ya no es un niño... Simplemente no sea tan duro, y ponga su mirada en el ejemplar-


Ese fue el punto sin retorno, donde todo fue aún más confuso, empezó a sentir besos un poco húmedos en sus muslos, para que posteriormente sus pantalones cortos fueran arrancados de un tiron hacia abajo.

Sorprendido quiso reclamar, y nuevamente fue detenido antes de emitir sonido


-Joven amo, recién le pedí que mantenga su mirada en el libro- La voz levemente intimidante le hizo temblar de pies a cabeza, terminando por formar una ereccion entre sus piernas, avergonzado intento ocultarla de la mirada del sirviente


Tan concentrado estaba en esta última labor que solo se dio cuenta que estaba desnudo de la cintura para abajo cuando una ligera brisa de aire le erizo la piel, esta vez no pudo evitar hablar.


-¿Que? ¿Porque..?-


-Joven amo- Fue interrumpido -¿Acaso debo ser más duro con usted para que me obedezca alguna vez en la vida?- Ciel volvió su mirada al texto y lo apretó entre sus manos


Por unos segundos no escucho ningún movimiento, hasta que advirtió como sus glúteos eran separados con cuidado, para que después un par de dedos húmedos jugarán en su entrada.

Estupefacto quizo reclamar, más no pudo ya que la protesta fue opacada por un suave jadeo.


Uno de esos dedos se abría paso cuidadosamente por su entrada, sintiendo algunas pequeñas lágrimas juntarse en sus ojos, deseo gritar que por favor metiera ambos dedos a la vez, después de todo, Ciel había estado experimentando un par de cosas por ahí, sin embargo, los increíbles dedos de su mayordomo lo hacían sentir cien veces mejor.


Comenzó a inconscientemente mover su cadera con suavidad, su miembro palpitaba rogando por atención y el mismo deseaba poder tocarse. Cuando quizo volver a moverse, dos dedos más se metieron dentro de él, esta vez con menos cuidado y de una forma más ruda y rápida, jadeo ahogado en placer, levantando el culo pidiendo un ritmo más rápido.


Las lágrimas de deleite le impedían leer el libro, estaba a nada de correrse cuando los dedos detuvieron todo movimiento, una protesta emergio de sus labios inconforme por la pausa


-Joven amo, permitame llevarlo al clímax de la sabiduría- Le susurro la dulce voz del demonio -Apoye sus rodillas sobre la mesa y levante su trasero lo más posible- Ciel obedeció ignorando el leve dolor lumbar que esta posición le provocaba


Una cremallera abajo y de pronto un grosor desconocido frotando su entrada, gimió entre exitado y confundido por toda la situación, aquel miembro caliente y palpitante fue profanando su entrada necesitada. Gimió obsenamente cuando finalmente lo sintió completamente adentro, era extraño, increíblemente placentero y se sentía muy lleno, su vista estaba desenfocada mientras el libro colgaba de su mano.


La mano pálida del demonio le agarro del cabello tirando su cabeza para atrás, dejando su cuello descubierto, era sumamente incomodo para su cervical, no obstante esto quedó en el olvido cuando las embestidas comenzaron.

La otra mano estaba en su cintura, apretando y probablemente dejando marcas en su cuidada piel.


Escucho el jadeo de Sebastian en su oreja e intento girar su rostro para poder ver al mayordomo.


Unos labios impactaron con los suyos, debido a la sorpresa abre su boca qué rápidamente es invadida por la lengua del demonio, sin perder el tiempo el mayordomo chupa y muerde los labios del más joven, quien tiembla en sus brazos.


La madera del pupitre empieza a crujir bajo sus cuerpos pero no se detienen, el mayor embiste más fuerte y el joven Ciel intenta seguir el ritmo, aunque finalmente se deja guiar por el placer.


-Sebastian.. Sebastian- Repite una y otra vez entre jadeos y temblores -Espera espera- Pide intentando detener el movimiento de sus caderas -La mesa... -

No termina la oración cuando siente que es abrazado y levantado de su lugar. De forma muy incómoda logró enrollar sus piernas en la cintura del mayordomo.

Sus labios rápidamente fueron atacados, entrecerro los ojos llevándose llevar por el extasis del momento, un jadeo de sorpresa se escapó de su boca cuando su menuda espalda impacto contra la pared de aquella habitación.

El demonio lo había aprisionado contra el muro y aquello solo volvía todo más exitante.

Se separaron un poco para poder verse el rostro, los ojos rojos del demonio estremecian por completo al menor.


-Joven amo ¿Puedo desvestirlo por completo?-


-¿No te parece que es un poco tarde para preguntar eso?- Y Ciel tenía razón, ya que solo le quedaba puesta la camisa abierta hasta medio pecho, tan embriagado estaba con los besos del mayordomo qué ni cuenta se dio de cuando perdió la ropa. El noble llevó sus manos a la corbata del mayor, con premura la desarmo para luego dejarla caer, siguió desabrochando los primeros botones de la camisa dejando ver la pálida piel del demonio.


-Estoy un poco sorprendido por su buena disposición- Ciel arqueo una ceja ante lo dicho por el sirviente -Pensé que se negaría a todo esto y me abofetearía de inmediato-


-Al principio lo considere... Fuiste muy atrevido con tu amo, perro- Se dieron un par de besos húmedos más antes de continuar hablando -Sin embargo, tu mismo lo dijiste, Sebastian, ya no soy un niño- El demonio le sonrió y atacó el cuello juvenil, Ciel ladeaba la cabeza permitiendo que toda la zona sea besada -Ah Sebastian, deseo... Deseo que me marques por completo con tus besos- Expresó entre jadeos bajitos


-Entonces ¿Le gusta esto, Joven amo?- Le hablo bajito y áspero. Nuevamente penetró al noble, arremetiendo contra su cuerpo -Dígame ¿Le gusta esto?¿Le gusta sentir mi cuerpo junto al suyo? ¿Le gusta sentirme profundo y caliente, profanando su débil cuerpo humano?-  


El aristócrata se encontraba perdido en una nube ardiente de extasis, percibiendo como el miembro del demonio entraba profundamente y palpitaba caliente en su interior. Y le encantaba, le fascinaba sentir ese desvergonzado cuerpo sobre el suyo, aprisionado contra la pared,  se sentía ahogado, abrumado.


El demonio jadeaba descaradamente mientras el humano se derretía entre sus brazos y el muro, la espalda pálida del joven impactaba toscamente contra la muralla, probablemente se encontraba enrojecida y raspada, pero nada de eso importaba en ese momento, nada era mas importante que sus dos cuerpos húmedos y el constante sonido descarado de sus pieles impactando.


-Me gusta.. Sebastian, me...¡me gusta!- El noble entre balbuceos intentaba expresar lo que sentía, Ciel tomó de las solapas al mayordomo, jalandolo un poco hacia abajo para poder mirar el rostro contrario -Me gusta mucho Sebastian, ni siquiera te atrevas a parar...- El joven se estiró un poco para dejar un beso suave en los labios del sirviente, el cual se sorprendió un poco por la repentina ternura


-Honestamente joven amo, no podría parar ¿Y sabe porque?- El humano negó con la cabeza -Porque su mundano cuerpo débil me invita a enredarme con usted, una y otra vez, y no podría pensar si quiera en detenerme, porque realmente... Realmente deseo pasar el resto de mi inmortalidad a su lado, profanandolo hasta que quedes sin voz...- Ciel lo interrumpió con un beso húmedo en los labios, le mordió un poco y se separó, sonrojado hasta el cuello


-Ya entendí, entendí... Sin duda eres un descarado, demonio- Le paso los brazos por el cuello, acariciando la ancha espalda para después enterrar sus finos dedos entre las oscuras hebras del mayordomo -Ahora continua, dame más y cumple con lo que dijiste... Dejame sin voz-


Por supuesto, el fiel sirviente cumplió su promesa y se ocupo de dejar más que satisfecho a su amo, quizás mañana podrían continuar con su lección de fislofia y retomar el libro olvidado.