Hanahaki

Summary

Tu sonrisa me ilumina los días, como el girasol yo te sigo a donde vas, después de todo, eres el sol de mi vida. Y aun así, me haces daño. Me quemas con intensidad el corazón, me desintegras en indiferencia y me matas con tu amor. Un amor que no es para mí.

Status
Complete
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
16+

Akaza

Oh, mi brillante sol.


¿Alguna vez te dije lo mucho que te amo? Creo que no, las palabras nunca son suficientes para expresarlo.


Eres maravilloso, tus técnicas de espada cuando prácticas kendo siempre me hipnotizan. Tu risa estridente me hace latir el corazón como si hubiera ganado alguna competencia de artes marciales. Tu mirada de infierno me derrite, podría atravesar los nueve círculos si al final te tengo conmigo.


Pero tú ya tienes a alguien y no soy yo.


No importa cuanto lo intente, cuanto me esfuerce, cuanto te diga, tú nunca volteas hacia mi. Siempre volteas hacia esa lluvia de ojos azules.


¿Por qué no hacía mí? ¿Acaso no lo eh intentando lo suficiente? ¿Qué hay de mis obsequios? ¿De mis palabras? ¿Enserio no te causan nada?


Me siento perdido, te amo desde hace tiempo, casi cinco años. Nunca me miraste con otros ojos que no fueran de amistad.


Dolió.


Dolió saber que en poco menos de un año vas a casarte con esos ojos azules. Con esa mirada de indiferencia qué se ilumina cuando te ve, cuando lo abrazas, cuando le das regalos, cuando le dedicas de tu tiempo. Yo quisiera ser él. Quisiera ser Giyuu, para que a mi también me des de tu tiempo.


- ¡Akaza! -tu voz resuena en mi cabeza, por favor, detente- ¿Por qué no viniste ayer a la fiesta? Estaba esperándote -callate, solo callate. Me haces daño.


- Ah, cierto. Lo olvidé, tenía mucho trabajo -no le des excusas, igual no le importa- Ahora debo irme, lo siento, adiós -no te disculpes, él no lo merece por hacerte daño.


Aun así, ¿cómo podría odiarlo? ¿Cómo podría no importarme? Es un ángel, un hermoso ángel guerrero qué atrapó mi corazón con una sola mirada.


- Espera, necesito pedirte algo -no, por favor, detente- ¿Podrías acompañarme? Es algo importante para mí, solo tú podrías hacerlo.


- Kyojuro -tu nombre sabe dulce en mi paladar, pero jamás podrías notarlo, eres ciertamente distraído- Realmente tengo que irme, ¿puede esperar para otra ocasión?


Veo tu mirada, esta desilusionada. Perdóname, por favor, lo único que puedo hacer ahora es huir. Huir muy lejos de ti, porque se que algo malo va a pasar. Siento mi garganta rasposa, mi estómago apretado y el sabor metálico de la sangre que aun no ha sido expulsada en mi paladar. Déjame, vete. No quiero verte. No quiero que lo sepas.


- Esta bien, ten cuidado Akaza, te llamaré después.


No quiero que sepas que estoy muriendo por amarte.


Te dedico una pequeña sonrisa, la más pequeña que alguna vez has visto, me estas matando. Voy a perecer, el día más feliz de tu vida podría convertirse en el más triste. Bueno, eso si logras encontrarme. Lo dudo, no eres tan apegado a mi como a Tengen o Mitsuri. Ellos son tus mejores amigos, yo solo soy un conocido. Alguien que por casualidad del mundo, llego a tocar en la puerta de tu vida, y aun así, fue duro poder quedarme.


Me doy vuelta para irme lo más rápido posible, el cuerpo me pesa, me duelen los músculos, siento que me estoy derrumbando. ¿Lo peor? Siento tu mirada clavada en mi espalda, es intensa, demasiado. ¿Acaso quieres quemarme vivo? Puedo sentirla, estas preocupado. No lo hagas, no sientas eso, no valgo la pena.


Déjame solo, como siempre lo haz hecho.


Me consumo en el trabajo para no pensar en ti, incluso mis compañeros me han dicho que descanse un poco. No puedo, si lo hago mi cabeza se llenará de tus memorias y entonces los girasoles saldrán de mí. Oh, aquí vienen.


Esta vez son dos girasoles completos. Duele. Antes solo eran los pétalos. ¿Al fin voy a morir? ¿La muerte qué tanto eh esperado me abrirá sus brazos para recibirme? Por favor, dama de negro y dedos esqueléticos, llévame lejos. Ya no quiero seguir sufriendo en este lugar. Ya no quiero verme marchito por un amor que nunca será mío.


- ¿Akaza? -vete, vete, por favor- ¡Akaza!


- Douma... Largo... -vuelvo a toser, esta vez son pétalos, todos cubiertos de sangre.


- Hanahaki... -murmura, tomándome en sus brazos para llevarme lejos- ¿Por qué no me lo dijiste? Ahora se encuentra en estado grave. ¡Podrías morir!


Me dejo llevar por mi compañero, mi uniforme esta manchado de sangre y pétalos amarillos. Es irónico. En este momento se parece mucho a tu sedoso y brillante cabello.


Douma es alguien importante en este lugar, es el jefe de cirugías graves y también atiende casos especiales, ahora yo soy uno de ellos. Me esta tomando una radiografía, ¿qué espera encontrar? ¿Había dicho hanahaki? ¿Es lo que padezco? Suena fantasioso.


Sus cejas se arrugan cuando tiene el resultado entre sus manos, luego me mira, se que quiere todos los detalles pero estoy muy cansado. Solo quiero dormir, cerrar los ojos y no despertar jamás. Caer suavemente contra los brazos de Morfeo y quedarme ahí para siempre. Quiero morir, eso es mejor que cualquier otra solución.


- Akaza, no estas bien.


- ¿Y hasta ahora te das cuenta?


- No me pongas ese tono, esto es muy grave, peor de lo que imagine.


Me acerca el resultado, mis ojos se abren un poco al ver lo que muestra la radiografía. Veo mis costilla, no tendrían nada de malo sino fuera porque están rodeadas de pétalos y largas lianas, todas parecen salir de lo que parece mi corazón. Es una imagen aterradora, en realidad, pienso que debería ya estar muerto.


- Oh, no se ve tan mal -por inercia, coloco mis manos sobre mi pecho.


- ¿Qué no se ve mal? ¡Estas loco! -el grito me asusta, parece muy preocupado- Akaza, estas muriendo, el hanahaki esta demasiado avanzado. Debes tener una cirugía de emergencia.


- No, esta bien -sonrió débil, él me mira con desconcierto.


- Akaza, ¿quién te ha hecho esto? -su mirada se vuelve fría, seguramente piensa en matar a la persona que yo amo con locura por provocarme este dolor.


- Eso no importa, estaré bien.


Vuelvo a insistir en dejar el tema de lado, aun así, Douma me retiene para explicarme más sobre el tema. Resulta que no es una enfermedad común, bueno, eso era algo que ya sabía, es decir, tú no vas por la vida vomitando flores que representan a la persona que amas pero no puedes tener.


Me explico que solo hay dos soluciones para que el hanahaki desaparezca. La primera, qué el amor sea correspondido y la segunda, una cirugía para retirar el hanahaki de mi corazón, con la única condición de llevarse con ella mis sentimientos. En otras palabras, quedar como un cascarón vacío.


Es difícil, porque yo tengo una tercera opción. Morir.


Kyojuro, mi amado sol de medio día, jamás me corresponderá. Él ya encontró a quien amar, no soy yo, jamás podré ser yo.


Y quedarme sin sentimientos no es una opción, mi maestro estaría triste, mi cuñada lloraría y mi hermano seguramente me gritaría hasta el cansancio por haber aceptado esa opción. No puedo hacerles esto. No pudo dejar de sentir y que ellos tengan que cuidarme cuando ya tienen otras preocupaciones.


Llegar a casa nunca se sintió tan triste.


Al menos puedo oler algo delicioso, seguramente Koyuki esta cocinando, puedo percibir qué hay gente en la sala. Me intriga, ¿mi maestro tendrá visitas? Si es así, debo verme presentable. Aguantar el dolor y ayudar en lo que pueda con los invitados.


- ¡Mi muchacho, llegaste! -mi maestro Keizo se acerca a abrazarme- Ya te habías tardado, pasa a saludar.


- Buenas noches -hice una pequeña reverencia, no me había fijado quienes estaban hasta que alce la mirada.


Lo sentí. La sangre queriendo salir por mi boca. La insistencia de los pétalos en derramarse por el suelo. La revelación frente a todos, lo sentía, pero no podía, no puedo.


- Akaza -callate, callate- Me alegra que llegaras, ahora puedo pedirte el favor.


Niego con mi cabeza, intentando sonreír, no puedo. No puedo soportar el dolor de mi tráquea, él también está aquí, en mi casa. Tú ni siquiera pones distancia, te dejas abrazar por ese chico de rostro delicado e indiferente. Me duele, me duele, detente. Vete. Por favor.


- Akaza, ¿estas bien? -ese es mi hermano, se acerca preocupado- Oye...


Y corro.


Corrí lejos de la sala, de hecho, salí en dirección al bosque qué hay detrás de la casa. Las lágrimas se deslizan por mis mejillas, el pecho me duele y siento que me desmayare. Me detengo un momento, sujetando mi estómago mientras los girasoles salen de mi sistema.


La sangre se escurre por mis labios, las lágrimas no dejan de salir por mis ojos, puedo sentir como esas lianas aprietan mi corazón, es una señal. Una horrible, señal. Douma me lo advirtió, me dijo que así se sentía cuando estas por morir debido al hanahaki.


Eso es bueno, voy a morir.


¡Voy a morir!


Sonreí entre el dolor, apoyándome en un árbol para seguir caminando, mi escondite esta cerca. Una casa del árbol qué yo mismo construí hace años, cuando era un niño lleno de energía y problemas. Lo único que va a quedar de mi son los problemas. Siempre son los problemas.


Ya puedo sentir en mi espalda la decepción de mi padre, la angustia de mi maestro, el enojo de mi hermano, la tristeza de mi cuñada. Incluso puedo sentir la mirada de Kyojuro, no se que expresa, ya no me importa, él será feliz.


Trepó con dificultad por la soga, sentí que caería de espaldas, pero logré llegar hasta arriba.


- Esta sucio -lo único que puedo decir es eso.


Me dejo caer sobre unas almohadas gastadas, como dije, hace años que la construí y el tiempo paso de prisa, no había vuelto desde que tenía quince. El tiempo nunca se detiene, avanza rápido y con dolor, arrasando a todos en el proceso.


Se sentía bien estar en mi lugar seguro, es un buen sitio para morir, es tranquilo y acogedor, tengo buenas memorias de este lugar. Desde que empecé a construirlo con ayuda de mi maestro hasta las pijamadas qué hacia con los animalitos de viven aquí. Mirar las estrellas desde la pequeña ventana qué había decorado con fotos de mis personas especiales.


Oh, aun deben estar por aquí.


Me arrastre hasta un pequeño mueble, sacando de ella una caja metálica, donde están las fotos de mi infancia. Las paso de una en una, notando el brillo en mis ojos, recordando los lugares que visite, las locuras que hice.


Me veía tan feliz, tan completo, tan fuerte. ¿Qué me paso?


Ah si, me enamoré.


- ¡Akaza! ¡Akaza!


¿Esas son voces? ¿De quién? No lo recuerdo.


Siento que alguien sube por la soga, no importa, ya me encuentro caminando junto a la muerte. Es dulce, no duele, me mira con calma, incluso me dice que todo está bien. Yo le creo, me siento ligero, como si volará. Se siente bien descansar al fin.


- ¡Akaza! -el rubio toma en brazos el cuerpo del chico de cabello rosa- Oye, respondeme, Akaza.


Los ojos del chico se van apagando en segundos, una pequeña sonrisa se pinta en sus labios ensangrentados, alzando su mano despacio esta colocarla en le mejilla de quien lo sostiene en brazos.


- Lo siento... No pude evitar amarte -susurra, dejándose llevar por el calor y calma qué le ofrecía la muerte.


Su mano cae. Se acabó. Lo logró.


Logró deshacerse del hanahaki, logró deshacerse del dolor debido al amor no correspondido, logró morir.


Olvido que detrás de su muerte dejaba un mar de lágrimas qué le pedían perdón por no haber sido más rápido, por no haberle aclarado desde un principio que también lo amaba, por no haberse dado cuenta de su enfermedad y ayudarlo.


Por haber inventado un cuento doloroso para intentar olvidar su amor, le causó la muerte a la única persona que realmente amaba.


Sostuvo en sus brazos el cuerpo inerte de Akaza, llorando mientras le pedía perdón y le decía cuanto lo amaba, pero él ya no estaba. Se había ido de su lado por sus malas decisiones, por sus intentos de exterminar el enamoramiento que tenía, por ser un cobarde y sufrir la misma enfermedad que él.


Aun recuerda vagamente cuando los pétalos de cerezos salieron de su boca, se había asustado, sabía a quien le pertenecían. Y quizo olvidar, quizo eliminar todo rastro de amor hacia Akaza y resultó que nunca pudo hacerlo, nunca pudo dejar de amarlo.


Y ahora se había ido, para siempre.