Un abrazo que sa
Hacía tiempo que mi amiga me contó sobre unos problemas que tenía, uno de ellos era que tenía que afrontar el divorcio de sus padres.
Yo la quería ayudar, pero no sabía exactamente cómo. Un día me mandó un mensaje diciendo que si quería ir con ella a la Plaza España, yo acepté ir, ya que sabía que ella más que nada necesitaba un poco de aire libre. Las dos, después de un rato llegamos a la plaza y fuimos a una tiendita a comprar un helado de agua, ella compró uno de uva y yo uno de frutilla. Mientras comíamos el helado ella me seguía contando lo que estaba pasando después de que sus padres se separaran, me dijo que tuvo un período de depresión y negación. Ella todavía no aceptaba la separación de sus padres.
Yo como su amiga la intentaba ayudar en todo lo que podía, pero no era una tarea fácil. También me contó que fue a la psicóloga y le dijo que tenía que respetar sus decisiones y talvez que para sentirse mejor que le cuente a sus papás de lo que sentía sobre su separación.
Yo sabía que ella no tenía el valor para decirle lo que sentía a sus padres, le pregunté en qué la podía ayudar, ella se quedó callada un rato sin darme ninguna respuesta sobre mi pregunta, me le quedé mirando un buen rato, pero todavía no tenía ninguna respuesta. Ella se levanta y me dice que se tenía que ir porque ya era tarde. Sale corriendo y yo me quedo mirando un rato la puesta del sol, luego de un rato me levanto y me voy para mi casa.
Pasan algunos días desde que la vi, ella no respondió mis mensajes así que me empecé a preocupar mucho. Mi mente estaba imaginando muchas cosas y una de ellas era que se había escapado.
Después de un rato me llega una llamada, era su mamá. Agarro el teléfono y le respondo con preocupación. Su mamá me dice que si Julieta, mi amiga, estaba en mi casa. Yo le dije que no, ¿por qué preguntas? Me dice que no aparece desde hace 3 días y medio.
Me quedé en estado de shock y sin saber qué le pudo haber pasado. Después escucho que su madre me dice que ella estaba en su habitación y que de la noche a la mañana desapareció.
Pensé que estaba en tu casa, ya que tú y mi hija son muy buenas amigas, me dice su mamá entre sollozos.
Mi madre ve cómo se me caía una lágrima, así que decide ir a ver qué me pasaba. Cuando se acerca, le doy un gran abrazo y le digo: "Juli desapareció".
Mi mamá, sin saber qué hacer, decide darme un abrazo y decirme que pronto la encontrarían. Pasan algunas horas y recibo una llamada de un número desconocido. Fui corriendo hacia mi mamá y puse el celular en altavoz, ya que mi madre me dijo que si un día alguien desconocido me llama, tengo que responder al lado de ella o de mi padre.
Mi madre agarra el celular y contesta la llamada de ese número:
"Hola, ¿quién es?", dice mi mamá.
"Hola, soy Julieta, necesito hablar con Milena urgentemente", dice una voz al otro lado del teléfono.
Mi mamá me mira y dice: "Es Julieta y quiere hablar contigo".
Algo confundida, agarro el celular y la voz detrás de este dice:
"Milena, seguro ya sabes que salí de casa y seguro mis padres, mi hermano y tú están muy preocupados. Pero no te preocupes, yo estoy bien. Decidí ir a la casa de mi abuela a despejar mis preocupaciones y ver si ella me ayudaba a afrontar el divorcio de mis padres".
Después de escuchar eso, le digo: "¿Y por qué no le dijiste a tu mamá al menos que te ibas a ir ahí?"
Luego de decir eso, la llamada se empieza a cortar. Julieta dice algo, pero no pude escuchar bien lo que dijo debido a la mala calidad de la llamada.
Mi mamá me mira y me dice: "¿No le deberíamos avisarle a la madre de Julieta que su hija está bien y que está en casa de su abuela?".
La miro y luego asiento con la cabeza. Mi mamá agarra el celular y empieza a llamar a la mamá de Julieta. Pasa unos segundos hasta que alguien contesta.
"Hola", dice alguien detrás del celular.
"Hola, soy Susana, la mamá de Milena".
"Oh, yo soy Lucas, el hermano de Julieta. ¿En qué puedo ayudarle?".
"Por favor, ¿podría hablar con su mamá? Necesitamos decirle dónde está Julieta".
Al oír esto, Lucas corre hacia su mamá y le pasa el teléfono.
Mi mamá le informa que sabe dónde está su hija. Ambas madres conversan durante unos minutos sobre el paradero de Julieta.
Al finalizar la llamada, la madre de Julieta se muestra muy agradecida con nosotras y dice: "No sé cómo agradecerles su inmensa ayuda. Iré a buscarla mañana".
¿Mamá, qué te digo sobre Juli? Dice Lucas con curiosidad.
¡Encontraron a Julieta! Dice emocionada la madre de Julieta.
Los dos, emocionados, se abrazan.
Pasa un día desde la llamada. Lucas, junto a sus padres, entran al auto y se dirigen hacia donde Julieta se encuentra. Al verlos llegar, Julieta se queda sorprendida al ver a sus padres vinieron a buscarla juntos. Los tres bajan del auto y corren hacia ella.
¿Por qué te fuiste de casa sin avisar, mi niña? Dice su madre mientras la abraza.
¿Es por eso que yo y tu mamá ya no estamos juntos? Dice el padre.
Sí, es que tenía miedo de que nuestra familia ya no fuera como antes, dice entre lágrimas Julieta.
Lo mismo pienso yo, siento que nuestra familia se destruyó, dice Lucas mientras se le salían las lágrimas.
Los dos padres se miraron y luego abrazan a sus hijos y les dicen: Aunque no estemos juntos, nuestra familia siempre será la misma y jamás cambiará el hecho de que siempre los amaremos.
Después de despedirse de la abuela, los cuatro se dirigen hacia la casa.
Julieta, Lucas y sus padres conversan sobre el tema y deciden acudir a terapia familiar para enfrentar las situaciones juntos.
Al cabo de un tiempo y mucha terapia, Julieta y Lucas logran aceptar la decisión de sus padres. Lucas comienza a jugar al voleibol, ya que antes no lo hacía porque prefería estar encerrado en su cuarto con su celular o su consola. Julieta, por su parte, se refugia en el dibujo, que le ayuda a aliviar su estrés. Mientras tanto, los padres se hacen muy buenos amigos y cada uno conoce a una pareja con la que se sienten más cómodos.