Rompope para uno
Mañana sería 25 de diciembre, Jungkook estaba consciente de que esta sería la primera navidad que pasaría solo.
Cómo lo merecía.
La gente solía decir que diciembre eran las fechas de paz, las fechas donde se le daba el perdón a las personas que nos lastimaron, pero él podía asegurar que eso no era verdad.
No cuando él jamás podría perdonarse.
Habían pasado ya 7 meses desde que estaba soltero, no era algo que le alegrara, de hecho era algo que lo hacía sentir miserable y no sabía si eso se debía a qué extrañaba a su ex pareja o el simple hecho de que no le gustaba la soledad.
Estaba sentado en su sala que era bastante grande para él solo.
La casa contaba con grandes adornos de navidad, el árbol estaba en una esquina alumbrado por las luces que estaban alrededor de él, la chimenea encendida proporcionándole un calor que no llegaba a su corazón.
Que no llegaba a su alma.
Había preparado rompope, como años anteriores lo había hecho, pero siendo consciente que esta vez lo bebería solo.
Cansado de escuchar los villancicos que sonaban en la radio, apagó el aparato y mantuvo su vista perdida en algún punto de la casa.
¿Cuál había sido el propósito de adornar? Al final del día nadie iría a visitarlo, nadie llegaría por obra de arte a desearle una feliz navidad.
No tenía a sus padres con vida, no tenía hermanos, no tenía a su ex pareja y no tenía amigos, ¿Entonces porque había puesto tanto esmero adornando y preparando una cena de navidad que nadie comería más que él?
Su corazón se llenó de ese sentimiento al que se había acostumbrado en ese tiempo; culpa.
Llevó sus manos a sus ojos notando como de ellos caían lágrimas de las que no había sido consciente.
Se las limpió con rapidez. No merecía llorar.
Se levantó y dejó la taza con rompope en la mesita de la sala, se fue a su habitación.
Se colocó un abrigo y decidió que sería una buena idea salir un rato, posiblemente eso sólo daría un golpe más fuerte a sus emociones, pero creía que podría encontrar algo de distracción en las calles adornadas de felicidad y con suerte, algo de consuelo.
Camino sin rumbo fijo, notando cada esquina cubierta por un detalle navideño en las calles, las esferas enormes y los árboles adornados con regalos en el suelo.
Su corazón golpeó con fuerza al recordar los regalos que había comprado y que estaban guardados en su armario. Se sintió patético. ¿Por qué había comprado regalos si no tenía a nadie a quién dárselos? Era como si su subconsciente decidiera burlarse de él, jugando con su mente, confundiéndolo.
Se detuvo cuando visualizó en el kiosko a un grupo de personas cantando villancicos. Escucharlos en persona era más relajante que escucharlos por la radio en su hogar, dónde se hundía en su miseria en compañía de su soledad.
Estuvo de pie observando un buen rato, aplaudiendo entre cada interludio y volviendo a guardar sus manos en su abrigo. El frío golpeaba fuerte en esas fechas, pero a él lo golpeaba día tras día.
Pudo notar el momento en dónde una familia se ponía de pie y dejaban libre una banca cerca de donde él estaba. Sin pensarlo mucho se dirigió allí y tomó asiento.
De alguna manera, ver a las personas siendo amorosas le regresaba un poco de calidez a su corazón, entre el recuerdo de lo que tuvo y perdió. Ver a las familias unidas no lo lastimó tanto como creyó.
—¿Puedo sentarme aquí?
La pregunta lo hizo salir de su trance de tranquilidad para voltear a ver al hombre que ya estaba a unos centímetros de él.
Asintió con una sonrisa débil. Una de esas que solo salían de sus labios en pequeñas ocasiones.
—¿Vienes solo?
Jungkook no tenía muchas ganas de hablar, pero tal vez no debía desechar la oportunidad de intercambiar palabras con un desconocido, por lo menos para reducir ese sentimiento de soledad excesivo.
—¿Tú también?
—¿Nunca te dijeron que es de mala educación contestar una pregunta con otra? —El hombre lo vió con una sonrisa burlona en su rostro.
—Lo siento, tienes razón —Jungkook suspiro—. Sí, vengo solo.
—Yo también.
Ambos volvieron a guardar silencio, enfocando su vista en el espectáculo frente a ellos.
Tal vez era la soledad que había experimentado en esos meses, pero sentir que alguien estaba al lado de él, lo hizo sentir un poco menos sofocado. Aún si el hombre solo estaba sentado a centímetros de él.
—¿Y por qué vienes solo?
La pregunta del hombre lo trajo a la realidad, aquella que le dolía recordar todas las mañanas y con la que se castigaba diariamente.
Tal vez el extraño lo notó, porque solo hizo una mueca de pena con su boca.
—A mí me dejaron hace un año —El hombre habló—. Mi novio dijo que estaba harto de mí, me fue infiel y no solo eso, robo mis ahorros y huyó, ¿No crees que es un hijo de puta?
Jungkook se mordió el labio con fuerza. La historia sonando un poco familiar a su realidad.
—Lo es —Y lo soltó sinceramente, también recordándose a él mismo lo que era.
—¿Quieres hablar de lo que te atormenta?
La pregunta lo deslocó por unos instantes, la sensación de estar siendo asfixiado iba en incremento, pero al voltear a ver al tipo a su lado, lo vio tranquilo, como si estuviera dispuesto a escuchar cualquier pecado que hubiese cometido.
—Engañe a mi pareja —Soltó sintiendo como la garganta le ardía, igual que el pecho—. No estábamos bien, bebí de más y bueno, rompí todo lo que habíamos construido.
Jungkook esperaba que el hombre se levantara y le escupiera insultos, pues a él le habían hecho lo mismo. Después de todo, era lo que merecía.
Merecía la peor de las suertes.
Sin embargo, el hombre a su lado apoyó su mano en su hombro y le dió un apretón reconfortante.
—Lo siento.
Negó de inmediato —Está bien, yo mismo lo provoque.
Se quedaron ambos callados y el extraño quitó su mano de su hombro.
—¿Puedo preguntar el porqué?
Jungkook se quedó callado, no sabía qué responder. Los recuerdos los tenía frescos, recordaba muy bien como su novio lo había encontrado desnudo junto a su amante.
Recordaba muy bien esa mirada rota en alguien que solo le había entregado amor durante años.
Solo una respuesta correcta a esa pregunta se le vino a la mente. La única que creía, tenía la verdad.
—Porque soy un hijo de puta, como tu ex.
Volteo a ver al hombre quien lo miraba con pena —¿También robaste sus ahorros?
Sin quererlo, esa pregunta le robó una sonrisa. Negó lentamente, siendo consciente que eso solo había sido una pequeña broma de parte de su acompañante en esa navidad para hacerlo sentir un poco mejor.
—Nunca entenderé porque la gente es infiel —El hombre habló—. Pero estoy seguro que jamás veré a alguien tan arrepentido por su falla. Por lo menos no tan arrepentido como te veo a ti.
Jungkook se quedó callado, las ganas de llorar se hicieron presentes, así que tuvo que parpadear hasta que la sensación desapareció.
—Es lo que me queda, aceptar mi error y vivir con la culpa.
El extraño nuevamente hizo una mueca, no parecía muy conforme con su respuesta.
—No creo que debas vivir martirizandote toda la vida, es decir, sí, fallaste, pero eso no quiere decir que debas vivir un infierno para que sientas que serás redimido.
Jungkook asintió entendiendo, pero sabiendo que para llegar a ese punto aún faltaría tiempo, si es que llegaba a perdonarse. Todavía se despertaba por las noches recordando el llanto de su ex pareja, las palabras que le soltó y como él no pudo decir nada porque su ex tenía razón.
Él era una mierda y merecía quedarse solo para siempre.
—Lamento lo que pasaste —Soltó con un nudo en la garganta—. Nadie merece que le fallen de esa forma.
—Ni que roben tus ahorros.
—No, mucho menos eso —Sonrió débil.
El hombre le regaló una sonrisa —¿Te gusta la navidad?
Jungkook asintió y es que era de sus festividades favoritas. A pesar de que justo en esa ocasión, esa fecha le dolía con el alma.
—¿Y a ti? —Se atrevió a preguntar—. ¿Te gusta?
—En realidad hace mucho no festejo navidad —El hombre a su lado se encogió de hombros—. A mi ex no le gustaba mucho, así que sin querer, deje de festejar con mucho empeño.
Jungkook entendió todo lo que abarcaba esas simples frases.
—¿Cómo te llamas?
—Jungkook, Jeon Jungkook —Dijo.
—Bien, Jungkook, no pareces ser una mala persona, creo que deberías perdonarte y seguir con tu vida.
Se quedó callado, sintió una duda implantarse en su corazón —¿No crees que soy una mala persona?
El hombre a su lado le sonrió, pudo ver cómo sus comisuras se elevaban y sus ojos se hacían medias lunas. Una sonrisa única y muy linda a sus ojos.
—No creo que una mala persona sienta arrepentimiento por sus errores, o que sienta culpa —Lo vió encogerse de hombros—. Yo creo que todos merecemos una segunda oportunidad, una nueva oportunidad para ser mejores personas de lo que somos.
Las palabras del extraño por fin le dieron una paz que no había experimentado en mucho tiempo.
Entendiendo que nadie borraría su error, que debía vivir con él y que, tal vez, merecía otra oportunidad para hacer las cosas bien. Para hacer las cosas mejor.
Los villancicos finalizaron, ambos escucharon la campana repicar entendiendo lo que estaba sucediendo.
—¡Feliz navidad!
Se escuchó a las personas comenzar a gritar, abrazando a sus seres queridos y regalando sonrisas a quién pasara cerca de ellos.
Por fin, era 25 de diciembre y no había pasado solo esa horas.
Sonrió ligeramente y volteo a su lado, viendo que el hombre también lo observaba. Sintiéndose tímido de pronto pero no lo suficiente como para no decir lo que su corazón quería sacar.
—Feliz navidad.
El hombre a su lado sonrió de nuevo en medias lunas, Jungkook juraba que su nariz roja por el frío, solo aumentaba su aspecto tierno, haciéndolo ver adorable.
—Feliz navidad, Jungkook.
Ambos se vieron por unos segundos, ninguno se movió de lugar ni hicieron el intento por hacerlo. Solo se quedaron allí, contemplando al contrario en esa fría noche de diciembre.
—¿Pediste tu milagro de navidad?
—¿Cómo? —Jungkook se extrañó, no recordaba que existiera algo así.
—Mi madre solía decir que debemos pedir un milagro de navidad justo a la media noche. Decía que si deseábamos en ese momento que algo bueno pasara para nosotros, se cumpliría.
Abrió su boca en sorpresa, él no lo había hecho.
—¿Tú lo hiciste?
—Sí, justo ahora —El hombre por fin apartó su vista de él—. Lo hice.
Ambos se quedaron nuevamente callados, Jungkook viendo a su alrededor, se dió cuenta que la gente poco a poco se dispersaba. Era momento de irse a su fría y solitaria casa.
Sin embargo, cuando volvió a ver a su acompañante, lo observó ponerse de pie y regalarle una sonrisa.
—Creo que no te lo dije, pero soy Park Jimin —Soltó con sus manos en sus bolsillos—. Espero que tus demonios te dejen en paz pronto, mereces vivir tu segunda oportunidad. Cuídate mucho y feliz navidad, Jungkook.
El hombre se giró y comenzó a caminar a paso lento, alejándose de la banca que no hace mucho, habían compartido.
Él se quedó un momento estático, hasta que reaccionó y sin pensarlo mucho se puso de pie, llamando al extraño por el nombre recién dado.
—¿Jimin?
El nombrado se volteó y lo observó con intriga —¿Sí?
Jungkook no sabía si eso era correcto, no sabía si tenía el derecho de pedirlo y tal vez debía resignarse a quedarse solo en esas fechas, tal como sería desde el principio.
Pero no podía mentir y fingir que la compañía del hombre no le había agradado. Si ambos estaban solos, no podía ser una idea tan mala.
—¿Te gusta el rompope?
Sintió una alegría inexplicable invadir su cuerpo, cuando Jimin sonrió y asintió ante su pregunta.
Tal vez, ese era su milagro de navidad, uno que no pidió, pero que le llegó de las estrellas.
Una segunda oportunidad.