Noche de discoteque
El licor era su mejor aliado en esos momentos, sabía que no era correcto pero era lo único que parecía entenderlo y acompañarlo fielmente en su dolor.
Esa discoteca que no dejaba de frecuentar desde hace un mes se había vuelto su refugio, la salida a sus pensamientos si es que se podía considerar eso, pues solo iba allí a hundirse más.
La ruptura de su relación era la razón principal de que estuviera buscando un poco de consuelo tras la bebida. El dolor de no entender que había hecho mal o en que había fallado lo hacía perder el sueño muchas noches.
La falta de entendimiento o de una razón suficiente para saber el porqué ahora debía soportar ese dolor quemándole el pecho lo hacía empaparse de duda. Solo quería una respuesta, algo que le dijera que todo había sido su culpa.
Los días solían ser más soportables, pero las noches solían dolerle hasta sentir como se desgarraba su corazón. Justo como esa, que en vez de estar descansando de la semana tan pesada que tuvo en el trabajo, estaba en un bar bebiéndose sus sentimientos, sus problemas.
—Buenas noches, ¿Lo de siempre?
Asintió hacia el mesero que ya lo conocía por la frecuencia con la que iba a ese lugar.
Su bebida no tardó en llegar y mucho menos lo hicieron sus recuerdos, que quemaban en su mente y corazón, palpitando de dolor.
Esa noche en especial, se sentía más inquieto, como si su corazón estuviera advirtiéndole que no era buena idea estar allí. Pero lo ignoró por completo, centrándose en su bebida a medio vaso.
Suspiro tratando de relajarse y distraerse viendo a la gente bailar en la pista, encontrando varias miradas curiosas en su persona, pero no podía importarle menos.
No cuando su corazón seguía latiendo por alguien que ya no lo quería. Alguien que ya no lo amaba.
Sin querer, desvío la mirada a la entrada de la discoteca y quiso llorar por la mala suerte que parecía tener.
El dueño de sus insomnios y de las miles de dudas en su corazón, venía entrando al lugar.
Por un momento pensó que era obra de su mente jugándole una broma, haciendo que lo viera en todas partes como durante todas esas semanas dónde tenía que mirar dos veces para comprobar que no era su ex.
Pero está vez sí que era él.
Quería quitar la vista de él, sabía que debía hacerlo, pero no pudo. Mucho menos cuando parecía caminar en su dirección.
Apreció su vestimenta, llevaba esa camisa negra que solo había usado en el pasado para él y conforme se acercaba, pudo percibir el perfume que él le había regalado en su aniversario, aquel que nunca quiso usar con la excusa de que no quería terminarlo.
Su corazón dolió cuando sus miradas se encontraron y observó como la sonrisa tan brillante que su ex pareja portaba, se desvanecía al verlo.
Tenía que pasar enfrente de su mesa, así que al parecer, no le quedó otro remedio que saludarlo.
—Jungkook —La voz salió tan fría que nuevamente su corazón se rompió. Más al notar que ni siquiera hizo el intento por decir algo más.
—Jimin.
Fue lo único que pudo decir, pues el chico no parecía querer hablar con él y mucho menos se le veían intenciones de querer saber cómo le había ido en ese mes después de su ruptura.
Observó al rubio desaparecer entre las personas, pero sin tardar en encontrarlo con la mirada después de un rato.
Podía verlo bailar en medio de la pista, soltándose como tantas veces lo hizo con él pero ahora bailando solo para él mismo.
Juraba que podía ver el sudor que caía de su frente y lo seductor que se veía.
Le dolió.
Terminó su bebida y ordenó otra, tras otra, bebiendo cada una de ellas al no soportar ver a metros de distancia al chico al que le había robado suspiros y ahora no eran nada.
Nada más que un amargo recuerdo.
Cuando sus miradas volvieron a chocar, juro sentir una electricidad por su cuerpo al verlo sonreírle, activando los recuerdos de cada detalle del cuerpo del rubio, recordando lo vivido y por un segundo, bloqueando las malas experiencias en su relación.
Lo vio desaparecer de la pista, al parecer huyendo de allí, de él. O tal vez invitándolo a seguirlo, como un juego que tantas veces llevaron a cabo cuando eran novios.
No sabía si había bebido el suficiente alcohol como para culparlo de sus acciones, pero se levantó tan pronto como reaccionó y cruzó la pista en busca del rubio que aún amaba con locura.
Lo vio de lejos, caminando hacia un pasillo. Jungkook sentía el corazón desbocado.
Cuando dio vuelta por el callejón en dónde lo había visto entrar, lo que vio le rompió el alma.
Jimin estaba besándose con un extraño, besándolo con tanta devoción como lo había hecho con él en el pasado.
El tipo metiendo sus manos por debajo de la camisa del rubio, tocando su piel como muchas veces Jungkook tuvo el privilegio de hacerlo.
No sabía porque no había prestado más atención a su alrededor, quedando absorto solo en el rubio desde que había llegado. Porque tal vez si lo hubiera hecho, habría advertido la realidad.
Que él ya no era nada importante para el chico.
Se sintió patético y sin hacer ruido dio la media vuelta alejándose de allí, sintiendo el aire faltarle y el dolor en el pecho aumentar a niveles que desconocía.
Regresó a la mesa donde estaba para terminar la bebida de un solo trago y pagar su cuenta.
Después de todo Jimin una vez más le había mostrado la realidad, una dónde era verdad lo que el chico le había dicho cuando terminó con él.
Que ya no lo amaba y que no podría hacerlo de nuevo, nunca más.
Así que con los pedazos de su corazón roto, salió de esa discoteca para ir a su departamento y permitir desahogar sus sentimientos una última vez.
Porque era obvio que el único que aún amaba era él y ya no quería seguir adorando con toda su alma al chico que lo había destruido de nuevo, incluso si lo había hecho sin intenciones.
Porque aunque así fuera la vida y debía aceptar que la gente dejaba de querer a otra, no podía evitar sentir que él había fallado, incluso si no había sido culpa de nadie.
Incluso si estaba consciente de que ellos nunca tuvieron futuro como pareja.