Capítulo 1
Cada mañana era lo mismo, el pequeño Izuku se levantaba de un salto de su cama para correr hacia su baño tratando de no pisar tan cerca de la orilla de su cama, aunque fuese de día y los primeros rayos de sol estuviesen pegando por su ventana no le gustaba darse la vuelta para ver debajo de su cama, el solo pensamiento de hacerlo provocaba que apretara sus manos en puños y apretara los dientes teniendo las lágrimas a nada de inundar sus ojos antes de que se derramaran por su pecosas mejillas y solo entonces un sollozo saldría de su garganta para alertar a su madre quien correría a socorrerlo pero ese día en especial quería evitar que eso sucediese, así que salió de su habitación con la mirada decidida y puesta en la siguiente puerta que abriría.
—¡Bú!
Aquel susto era de su progenitor, el cual lo hizo soltar un grito de espanto en respuesta y con ello la risa del hombre se dejó escuchar por los pasillos del apartamento mientras se alejaba hacia la sala donde Inko ya lo esperaba con la cuchara de madera, misma con la que le pegó en la cabeza a su esposo por asustar a su pequeño hijo antes de ir hacia su pequeño para envolverlo entre sus brazos, esperando que no fuese a llorar, pero el pequeño Izuku estaba tratando muy fuertemente para no llorar a pesar de que sus ojos se encontraban aguados y aun así no permitió que ninguna lágrima se derramara.
—¿Estas bien cariño? —Cuestionó Inko separándose para tomar entre sus manos el rostro de su hijo, sorprendida de no verlo llorando pero sí aguantando las lágrimas. —¿Izu?
Izuku asintió en silencio porque sabía que si abría la boca los sollozos escaparían de su boca tan veloz como un rayo, se separó de su madre por completo mientras se restregaba la cara para quitar las lágrimas de sus ojos antes de rodear a su madre y meterse al baño para hacer sus necesidades, lavar su boca y cara antes de salir hacia su habitación, viendo la luz encendida y su ropa de colegio preparada sobre la silla a un lado de su escritorio, sabía que había sido su madre por lo que se apresuró hasta dicha silla, quitándose la pijama para colocarse la otra ropa sin ayuda alguna pero vigilando la puerta al momento de ponerse la camisa y deseando que su padre no apareciera en el momento en el que pasase la cabeza por el hoyo de la prenda.
Obviamente como las veces anteriores su deseo no se cumplió, frente a él se encontraba su padre con una extraña máscara de terror que le arrancó un grito aterrorizado y sin quererlo —Parte de él sí lo hacía— lanzó su puño hacia el rostro de su padre mientras se iba quitando la máscara con la que lo asustó.
—¡Hisashi! ¿Otra vez andas asustando a Izuku? —Le gritó Inko con el ceño fruncido desde la puerta, dándose cuenta de la posición de su esposo. —¿Qué pasó?
—¿Le pegué a papá? —Cuestionó Izuku sin estar muy seguro, aunque su mano dolía confirmándole que así era.
Inko vio de su hijo hacia su esposo con una ceja alzada sin poder creer lo que su hijo decía, pero el asentimiento que dio su esposo le confirmaba que era cierto, resopló divertida antes de sacar a su esposo de la habitación de su pequeño por la oreja para dejar que se siguiera vistiendo tranquilo, en verdad que ya se estaba molestando mucho con el horrible hobby que su esposo había tomado y detestaba que fuese asustando a su hijo.
Izuku se quedó en medio de su habitación viendo hacia su mano derecha y comenzó a abrirla y cerrarla para confirmar lo que había hecho, el dolor estaba allí pero la culpa no, no entendía por qué no se sentía culpable pero decidió no prestarle más atención a sus pensamientos para terminar de vestirse, se subió a la silla frente a su espejo para tratar de acomodar su cabello revoltoso pero no pudo hacer demasiado, no lo siguió peinando o de verdad terminaría pareciendo una escoba vieja y su padre usaría ese detalle como motivo de burlas, no quería seguir siendo el blanco de su padre, no lo soportaba.
Bajó de la silla para caminar hacia el comedor y acomodarse frente a los platos que su madre había colocado con su desayuno dentro, agradeció por la comida antes de insertar un bocado en su boca y notar que su padre no estaba por ningún lado, su mirada fue a parar hacia debajo de la mesa para asegurarse que no sería asustado y cuando no lo vio pudo respirar tranquilo, odiaba aún más ser asustado mientras comía, las últimas veces terminaba con la comida atorada en su garganta y con el aire faltándole, su madre era la que corría a socorrerlo mientras su padre sólo se reía como loco sobre el sillón de la sala.
En pocos minutos ya había terminado de comer su desayuno en silencio, viendo a su madre salir de la habitación con el ceño fruncido mientras se acomodaba la ropa, quizá discutió con papá; fue lo que por su mente pasó antes de bajarse de la silla y correr al baño a lavarse los dientes, su mochila descansaba a un lado de la puerta de su habitación como todos los días por lo que sólo salió del baño para tomarla y correr hacia la puerta para poder salir sin siquiera despedirse de su padre quien iba saliendo de la habitación con una marca de mano roja en la mejilla y el ceño fruncido, confirmó que su madre y su padre habían peleado, apretó los labios desviando la mirada para que no lo descubriera observando.
—¿No te piensas despedir de mí hijo? —Cuestionó Hisashi a un lado de la mesa del comedor y viendo al pequeño negar en silencio. —Ya veo, está bien, que tengas buen día.
Izuku asintió en silencio mientras se colocaba sus fieles botas rojas antes de salir del apartamento con su madre detrás suyo y apretó las correas de su mochila amarilla mientras caminaba hacia el ascensor, picándole al botón para llamarlo y esperó un poco alejado antes de que su madre llegara a su lado.
—¿Todo bien cariño? —Cuestionó Inko acomodándole un poco los cabellos a su pequeño.
—Sí, todo bien mamá —Respondió Izuku por lo bajo sin siquiera verla.
—Está bien que te sientas molesto con tu papá, ya lo regañé para que no lo vuelva a hacer —Comentó Inko entrando al ascensor junto a su hijo para marcar planta baja y esperar.
—De nada sirve que los sigas regañando, igual va a seguir haciéndolo —Murmuró Izuku con la mirada gacha sin dejar de apretar las correas de su mochila. —Pero gracias por defenderme.
—En unas semanas dejará de hacerlo, te lo prometo —Respondió Inko tomando la mano de su hijo para salir del ascensor y prontamente del edificio. —No tienes que agradecer nada hijo, es mi deber defenderte de aquellos que te hacen llorar o te hacen daño.
Izuku simplemente asintió en silencio sin decir nada más, le causaba curiosidad lo que su madre había dicho, aunque se hacía una idea de que su padre quizá una a volver a viajar por trabajo, esas semanas eran las únicas en las que podía estar tranquilo en casa, su miedo seguía allí latente, pero no tenía que estar alerta en cada minuto del tiempo para evitar ser asustado, así que esperaba que fuese eso y no algo malo. Caminó de la mano de su madre, viendo las calles y las personas que ya se encontraban yendo a trabajar, algunos negocios comenzaban a abrir y otros ya se hallaban abiertos, el día estaba bastante bonito, el cielo tenía un bonito color azul sin nubes de por medio que lo cubrieran así que todo estaría bien.
Una vez que llegó al colegio se detuvo junto a su madre en la puerta, ambos esperaban siempre a que todos los demás niños entraran para que no lo fuesen a empujar o no lo asustaran por tanta cercanía, así que soltó la mano de su madre y se quedó observando, al menos hasta que la voz de una mujer se dejó escuchar en alto con sorpresa.
—¿Inko en verdad eres tú? —Cuestionó Mitsuki llegando al frente de la peliverde y sonrío ampliamente. —¡Sí, eres tú!
—¡Mitsuki cuánto tiempo sin verte! —Saludó Inko al reconocer a su amiga de instituto, acercándose para abrazarla.
—Han sido demasiados años, seis si no me equivoco —Respondió Mitsuki antes de fijar la mirada en el pequeño al lado de su amiga y sonrió mucho más amplio. —El pequeño Izuku ha crecido, está tan bonito como tú, Inko.
Izuku se sobresaltó al ver a la mujer que ahora reconocía como "Mitsuki" agacharse frente a él y terminó escondiéndose detrás de las piernas de su madre para observar de reojo a la mujer sin decir nada.
—Oh, está bien pequeño, soy una amiga de tu mamá, te conocí cuando naciste y eras tan pequeñito que parecías una pequeña masa de ternura —Comentó Mitsuki extendiéndole la mano al pequeño, pero no obtuvo más que otro sobresalto. —Veo que tienes miedo a los desconocidos, eso es bueno, aunque yo no lo soy y me lastima un poco.
—Es culpa de Hisashi que sea tan desconfiado y miedoso Mitsuki, pero no te preocupes con el tiempo se abrirá un poco más contigo —Comentó Inko palmeando la cabeza de su hijo con suavidad. —Imagino que trajiste al pequeño Katsuki.
—Está bien, podremos vernos mucho más seguido ahora que volvimos a mudarnos a Tokio —Respondió Mitsuki levantándose para fruncir el ceño y asentir con seriedad. —Ese pequeño demonio salido del inframundo ni bien llegamos salió corriendo y entró primero que todos, ni siquiera se despidió de mí.
Inko terminó riéndose ante las palabras de su amiga mientas negaba levemente y vio hacia la puerta, en ella se encontraba la maestra de Izuku esperando al niño, agradecía que la mujer fuera atenta con su pequeño y comprendiera el miedo que tenía para con los demás y cualquier cosa en general.
—Izu cariño, ya puedes entrar a clases, tu maestra te espera en la puerta —Comentó Inko besando la mejilla de su hijo antes de dejarlo ir. —Pórtate bien.
Izuku asintió y se despidió de su madre y de la rubia ceniza quien le devolvió la despedida con una sonrisa antes de comenzar a correr hacia su maestra quien lo esperaba con una sonrisa sobre sus labios, a veces le causaba escalofríos la mujer, ésta era alguien bastante pálida a comparación de las demás personas que conocía, pero aún así no comentaba su curiosidad en voz alta para evitar ser regañado. Vio hacia su madre y ésta ya se encontraba yéndose con aquella alegre mujer, quizá se pondrían al día luego de tanto tiempo sin verse y eso lo alegraba, su madre no solía conversar mucho con nadie, ni siquiera con las vecinas.
Entró a su salón con su maestra detrás para dirigirse hacia su mesa, todas las mesas venían dobles para que los niños hicieran amigos, pero la suya era la única que no tenía dos personas, nadie quería acercarse a un niño miedoso como lo era él y quizá era mejor así, no tenía que estarse cuidando de que fuesen como su padre.
—Buenos días a todos, me alegra ver que no ha faltado ninguno —Saludó la maestra con una sonrisa leve, estando frente al pizarrón con una de las tizas en la zurda. —Este día tendrán un compañero nuevo, él se acaba de mudar a la ciudad y fue trasladado de afuera para nuestro colegio, así que sean buenos con él.
Todo los niños comenzaron a murmurar sobre la llegada del niño nuevo mientras la maestra escribía el nombre en el pizarrón y al terminar de escribir la puerta fue tocada antes de ser abierta, dejando que un niño rubio ceniza entrara y caminara hacia la maestra con un papel que le entregó el viejo que tenían de director y mismo que se negaba a siquiera asomarse a ese salón, algo bastante extraño para muchos, pero tan normal que no le prestaban atención a ese detalle.
—Bakugō Katsuki será su nuevo compañero, por favor saluda pequeño —Comentó la maestra yendo por el borrador del pizarrón.
—¿Qué tal extras? Soy Katsuki, pero me pueden llamar rey, porque eso es lo que seré para ustedes de ahora en adelante.
Habló Katsuki con una sonrisa amplia mientras recorría con la mirada a todos, deteniéndose en aquella mata de cabellos verdes que le recordaban a una amiga de su vieja, misma que aparecía en la mayoría de las fotos de los álbumes que tenían en casa, no tenía menor dudas de que ese chico podría ser hijo de esa señora.
—Por favor evitemos la monarquía entre compañeros, Katsuki —Pidió la maestra con una sonrisa suave que crispó los vellos de la nuca en más de uno de los niños. —Ve a sentarte junto a Izuku, es la única mesa vacía del lugar.
Todos comenzaron a murmurar sobre el hecho de que el nuevo tendría que sentarse con el miedoso de la clase y en poco tiempo ya todos se encontraban riéndose por lo bajo, Katsuki frunció el ceño sin entender la razón de los comentarios de los demás, pero aun así no le importó, caminó hacia la mesa indicada para acomodarse a un lado del peliverde y sonreírle amplio.
—¡Hola! Soy Katsuki, mucho gusto —Se presentó con su personalidad saliendo con sus acciones.
—M-Mucho gusto —Murmuró Izuku quien se había sobresaltado ante la personalidad del rubio ceniza, sin dudas era hijo de la amiga de su madre, el cabello se lo confirmaba. —S-Soy Izuku.
—¿Por qué hablas tan bajo? Tienes que hacerte escuchar, debes tener confianza —Exclamó Katsuki con emoción.
Izuku apretó los labios al escucharlo, perdiendo la cuenta de cuántas veces se ha sobresaltado en el día desde que despertó, aun así no respondió a las palabras ajenas y simplemente se quedó en silencio, bajando la mirada hacia sus manos que las tenía sobre la orilla de su mesa, cerrando los ojos al escuchar la burla de uno de sus compañeros.
—Ni siquiera deberías intentar hablarle, es un niño miedoso, ni siquiera tiene amigos —Se burló uno de los niños de la mesa de al lado ganándose la mirada rubí de Katsuki.
—¿A ti quién te preguntó nada extra? —Cuestionó Katsuki con el ceño fruncido antes de voltear hacia Izuku, ignorando al otro. —¿Siempre son así?
Izuku estaba sorprendido por la respuesta que el otro le había dado a su compañero, tenía dos años estudiando con ellos ya que al pasar de grado seguían los mismos en el mismo grupo, aun así no se sabía el nombre de ninguno y no se daba el tiempo de aprendérselos ya que ninguno se le acercaba, aun así asintió a la pregunta de Katsuki en silencio antes de alzar los hombros para restarle importancia al asunto, no quería problemas, pero Katsuki no se quedaría de brazos cruzados al ver la injusticia que le hacían al Deku con el que ahora compartía mesa.
—Yo seré tu amigo Deku, no estés triste —Comentó Katsuki con una sonrisa amplia.
—N-No es-
—Pierdes el tiempo haciéndote amigo de alguien como él, ni siquiera confía en su sombra —Se burló otro compañero.
Todos aprovechaban que la maestra había salido a buscar la hoja nueva de asistencia para burlarse del miedoso niño que siempre estaba solo y que solo era cuestión de tiempo para que el niño nuevo se les uniera.
—No es necesario que digas que serás mi amigo —Murmuró Izuku apoyándose sobre la mesa y ocultando su mirada de los demás. —Es mejor que seas amigo de ellos.
—Sí, eso, se nuestro amigo y deja a ese miedoso solo —Exclamó la niña de la mesa del frente.
—¿Quién querría ser amigo de unos extras como ustedes? —Cuestionó Katsuki apretando las manos en forma de puños, frunciendo el ceño bastante molesto. —No me interesa ser amigo de aquellos que se convertirán en mis futuros esclavos —Se burló de manera siniestra antes de pararse sobre la silla y halar el brazo de Izuku hacia arriba. —¡Escúchenme y escuchen bien, este Deku de aquí es mi nuevo mejor amigo, métanse con él y haré que sus caras golpeen el suelo para que sus asquerosas bocas saboreen la misma mierda que sueltan!
Izuku junto a los otros alzaron las cejas bastante sorprendidos, no sólo por su repentinas palabras sino también por el tamaño de aquella grosería, todos se vieron los unos a los otros antes de ver hacia el peliverde quien desvió la mirada y deseó no ser el centro de atención en esos momentos, le gustaría saber por qué habían mandando a sentar a ese extraño niño con él y aun así sentía una especie de calidez envolver su corazón por las palabras ajenas que lo defendían de sus demás compañeros.
—N-No es necesario Katsuki —Comentó Izuku halando un poco el brazo del cenizo para que ya se bajara de la silla y se sentara antes de que llegara la maestra. —No tienes que obligarte a ser mi amigo.
—No me estoy obligando a nada Deku, ya verás, serás mi mejor amigo y ya no le temerás a nada —Respondió Katsuki tomándole la mano para apretarla suavemente. —Así que desde ya, no tengas miedo, Deku.
Izuku abrió la boca para responder aquellas palabras, pero no dijo nada, en cambio sus ojos se llenaron de lágrimas mientras su corazón terminaba de calentarse hasta el punto de sentirse por primera vez protegido y sin dejar de ver a Katsuki, sonrió amplio hasta que sus ojos se empequeñecieron hasta el punto en el que sus lágrimas recorrieron sus mejillas y mismas que en esos momentos tenían un pequeño sonrojo.
—Gracias Kacchan —Murmuró Izuku sólo para que Katsuki escuchara. —Gracias por querer ser mi amigo.
Katsuki sintió su respiración tropezar ante la vista de aquella tierna sonrisa que le daba el peliverde, se sonrojó por aquel apodo mientras desviaba la mirada sonriendo antes de negar levemente.
— N-No es necesario que agradezcas por eso Deku.
Tartamudeó Katsuki mientras se rascaba la nuca con la zurda, no creyó que aquel acto hecho le haría ganarse también un apodo y aunque no le molestaba ya que se le hacía tierno escucharlo con la pequeña voz de Izuku, si le estaba molestando las miradas de los demás y frunció el ceño dispuesto a gritarles que se metieran en sus asuntos, pero la maestra entró en ese momento dando explicaciones de la razón de haber tardado aunque su sonrisa mientras veía hacia la mesa donde se hallaba con Izuku le hizo dudar de si habría o no escuchado todo lo que habían hablado, esperaba que no o estaría en problemas por la grosería soltada.
—Bueno, comencemos con la clase —Propuso la maestra, dejando la hoja de asistencia en su escritorio para darse la vuelta y comenzar con las explicaciones de ese día.
A la hora de la salida todos los niños iban saliendo, incluso Izuku quien siempre esperaba que sus compañeros se fuesen primero antes de él hacerlo, pero ese día era diferente, en esos momentos Katsuki lo tenía de la mano, jalándolo hacia afuera mientras se despedía de la maestra, ambos llevaban sus mochilas en la espalda con los libros acomodados, así que no habría razón que Izuku pudiese inventar para volver adentro. Katsuki se dirigía hacia su vieja con una sonrisa tan amplia que no le importaba demasiado arrastrar a su ahora mejor amigo de la mano.
—¡Vieja bruja! —Saludó Katsuki deteniéndose frente a su madre.
—Mocoso del demonio te he dicho que me digas mamá —Regañó Mitsuki con el ceño fruncido a punto de darle un zape, pero se detuvo de hacerlo al ver la sonrisa de su hijo y la cabellera de rizos verdes detrás del mismo. —¿Qué traes ahí mocoso?
—Es mi nuevo mejor amigo vieja —Respondió Katsuki ignorando las primeras palabras de su madre para hacerse a un lado y mostrar a Izuku que se había quedado detrás de su espalda. —Deku, ella es mi vieja.
—Bu-Buenas tarde señora Mitsuki —Saludó Izuku al confirmar que la ceniza era la madre de su nuevo amigo.
—Pequeño Izuku, veo que mi pequeño demonio te ha aceptado como amigo —Comentó Mitsuki con una sonrisa amplia antes de voltear hacia la acera al ver de reojo un hombre que conocía bien.
—¡Izuku hijo! —Saludó Hisashi deteniéndose a un lado de Mitsuki con una sonrisa amplia y una mano detrás de su espalda, misma que sacó cuando vio a su hijo acercarse y mostrándole la araña de juguete que se veía real antes de lanzársela encima. —Atrápala.
—¡No!
El grito de terror que lanzó Izuku hizo voltear a los pocos padres que quedaban por allí mientras el pequeño peliverde se escondía detrás de las piernas de Mitsuki quien no dudó en agarrar al hombre por el cuello de la camisa y acercarse a su rostro bastante molesta.
—¿Mitsuki? ¡Hey cuánto tiempo! —Saludó Hisashi al reconocer la fuerza con la que era agarrado.
—Dame una sola razón para no ahorcarte por asustar a tu hijo, Hisashi —Pidió Mitsuki apretando cada vez más el cuello de la camisa del hombre.
—E-Espera, tra-tranquila —Comentó Hisashi entre tartamudeos, tratando de no perder el aire que necesitaba.
Katsuki llevaba su ceño fruncido desde que vio a ese hombre asustar a su nuevo mejor amigo, sin importarle lo que le fuesen a decir se colocó frente a su madre quien le hizo espacio para mirar con curiosidad lo que su pequeño mocoso haría y el pequeño cenizo levantó su puño contra la entrepierna del hombre con fuerzas, viendo a su madre soltarlo para que el hombre pudiera sostenerse.
—¡No vuelva a asustar a Deku, viejo! —Exclamó Katsuki yendo a tomarle de vuelta la mano a Izuku para atraerlo a su cuerpo.
—Bien hecho mocoso, vamos a llevar a Izuku a su casa —Ofreció Mitsuki antes de comenzar a caminar sabiendo que su hijo le seguiría y se llevaría consigo al pequeño Izuku.
—Vieja ¿Podemos quedarnos a jugar cuando lleguemos a la casa de Deku? —Cuestionó Katsuki sin soltarle la mano a Izuku.
—Si primero hacen la tarea, entonces pueden jugar luego —Negoció Mitsuki con su hijo, quizá de esa forma obedecería y haría todas sus tareas, además de que no tendría que corretearlo para que las hiciera.
—Tsk está bien, las haremos y luego a jugar —Aceptó Katsuki luego de de chasquear la lengua con fastidio.
Izuku se mantenía en silencio mientras escuchaba la conversación de los dos cenizos, estaba impresionado de que la mujer supiera dónde vivía y eso sólo le confirmaba aún más que sí era cierto que era amiga de su madre y que tal vez lo había conocido cuando nació, él mismo no podría asegurar nada por el simple hecho de que era la primera vez que veía tanto a la madre como al hijo, no había una memoria en su cabeza que le indicara que los conocía de antes, pero eso estaba bien porque en esos momentos podría crecer la amistad entre el cenizo y él mismo, estaba contento y secretamente le emocionaba el hecho de que Katsuki lo defendería incluso de su padre y los sustos que le daba de sorpresa. aunque esperaba que el hombre se fuese cuanto antes de viaje, no era que le guardara rencor a su padre pero todo era mejor en casa cuando él no se encontraba en el apartamento.
Una vez que llegaron al edificio entraron, Izuku fue el único en saludar al guardia de ese turno antes de dirigirse hacia el ascensor y dejar que la mujer pulsara el botón, sabía que eran observado por el guardia y no lo culpaba, quizá no se confiaba mucho de los extraños que se metían al edificio y eso estaba bien. Los tres subieron al ascensor pulsando el piso correcto para subir, Katsuki estaba inquieto por ver la habitación de su nuevo mejor amigo y también emocionado por jugar con alguien ese día.