Capítulo 1
Dentro de la casa de bambú de la cumbre Qing Jing, su ambiente era bastante fresco.
Ideal para pasar el rato y aliviarse de los problemas de la vida con una merecida taza de té. Sus espacios eran amplios, pulcros, donde al entrar; podías arroparte con una aromática fragancia que atrapaba a cualquiera. Una mezcla de innumerables esencias a sándalo que provenían de los incensios puesto por todas partes.
Un ambiente bastante sereno.
Dentro de la sala principal, esperaban pacíficamente tres maestros de distintos lugares. Dos de ellos vestían túnicas amarillas con tonos blanquecinos, pertenecientes al Palacio Huan Hua, mientras que el tercero, era un pequeño shidi de la cumbre de la Montaña. Uno quien vestía túnicas celestes con capas de color azul marino y cabello envuelto en una uniforme cebollita.
El pequeño líder de la cumbre An Ding, llamado Shang Qinghua.
Para este joven shidi, no era la primera vez que visitaba la renombrada casa de bambú de la cumbre Qing Jing. Pero si era la primera vez, que fue invitado personalmente por el mismísimo Shen Qingqiu, para conversar algunos asuntos importantes.
“Asiste a la cumbre Qing Jing a las 9 a.m.”
Esas fueron sus palabras.
Pero... ¿Por qué?
¿Para qué lo estaba invitado?
No era de esperarse que nadie más que él, siendo el dichoso autor de la novela “El Camino del Orgullo Demonio Inmortal”, conocía como era lidiar con la personalidad fría y perversa de este “villano escoria”, y ni hablar de sus actitudes envidiosas, pedantes e hipócritas, que eran de lo más detestables.
Obviamente, la invitación no había sido por pura cortesía.
Shang Qinghua sabía que, para que este “shixiong” lo estuviera invitando: debía buscar algo, tener una intención oculta.
Y era de esperarse...
¡Su existencia para Shen Qingqiu era completamente irrelevante!
Como un diminuto insecto que podía aplastar cuando quisiera. Y por supuesto, como Shang Qinghua era más joven y novato siendo líder, más todavía.
A otro perro con ese hueso. No caería en su trampa.
Pero... mientras más debatía esta situación, más confundido se sentía.
Aquella actitud que demostró durante su entrega de invitación, había sido un tanto inusual. Un tanto... amigable.
Y rememorando los rumores de hace unos días durante una asamblea establecida por el líder Yue Qingyuan, en compañía de los demás maestros de las cumbres; expresaron una preocupación que jamás imaginó escuchar.
“El distante y frío Shen Qingqiu había cambiado”
Shang Qinghua no pudo creer lo que escuchó.
¿Cómo qué había cambiado?, ¿En qué sentido?
Según todos ellos, su comportamiento tuvo un cambio drástico. Uno que de repente lo incitó a levantarse un día y cantarle a todos los animales del bosque como si fuera una princesa, actuando con toda la benevolencia del mundo.
Incluso el líder de la cumbre Bai Zhan, Liu Qingge, admitió ser testigo de ese extraño comportamiento, cuando fue salvado por él en las cuevas Ling Xi.
Aquella declaración generó tanta confusión, que Shang Qinghua no pudo imaginárselo ni en sueños. Nadie encontró una explicación razonable a su comportamiento, que no fuera por haber sufrido amnesia gracias a una desviación del Qi.
Este autor posó los dedos sobre su barbilla y expresó perturbación.
"Qué aterrador sonaba eso..." pensó por un momento "Shen Qingqiu no podía ser amable..."
¡Eso era un claro error del sistema!
Por esa razón, quiso "aceptar" con cierta cautela su invitación y comprobarlo con sus propios ojos. Pues... de solo pensarlo, se le colocaba la piel de gallina.
A excepción de los ruidos que se escuchan afuera por los discípulos, el silencio gobernaba la habitación.
Los Maestros del Palacio Huan Hua aguardaban en silencio, pacientes, con expresiones solemnes, sentados alrededor de una mesita de madera junto a Shang Qinghua; quien este último los miraba de reojo de vez en cuando un tanto incómodo.
Ahí tuvo otra inquietud.
¿Para qué rayos había invitado a estos maestros también?
Otra cosa que no entendía.
Shen Qingqiu no era sociable, ¡Y mucho menos con los hombres y la gentuza del Palacio! Las veces que le permitía el paso a personas desconocidas a su recinto, eran prácticamente nulas.
Resultaba ser un gran mentiroso, si decía que la curiosidad no lo estaba picando a flor de piel.
Elevó su vista de pronto hacia el techo pensativo. Ya elaboraba una lista mental de todas las anormalidades que podían existir referentes a este “shixiong”. Lista para ser aclaradas.
De pronto, las puertas de la casa se abrieron con elegancia. Presentando una silueta esbelta y erudita con hermosas túnicas esmeraldas. Avanzando hacia la sala principal con un delicado movimiento de su abanico en mano.
El reconocido Shen Qingqiu había llegado.
Shan Qinghua creó una sonrisa interna casi al instante.
Por supuesto, era de esperarse.
Ese estilo de llegada era propio en él. Siempre lucía aires de grandeza a donde fuera que vaya. En realidad, era la manera de que este villano demostraba su imponente autoridad. A este punto, no había necesidad de que alarmarse. Hasta pudo decir que sintió un leve alivio observar esos aires.
Tal vez, no todo estaba tan perdido.
Aunque... a medida que este maestro se acercaba paso a paso a su ubicación, su expresión se volvía un tanto... extraña.
Sin rastros de amargura en su mirada, cejas levantadas, y comisuras labiales curvadas hacia arriba...
¡Shen Qingqiu estaba sonriendo!
¡Imposible!
Shang Qinghua no pudo evitar expandir sus ojos.
-- Mis disculpas por haber hecho esperar tanto a los maestros. -- Shen Qingqiu se disculpó con un tono suave, realizando una sutil reverencia -- Les aseguro que a partir de ahora, estaré a su disposición.
Con una peculiar gentileza adornando sus palabras, Shang Qinghua quedó anonadado.
¡Por Danxia!
¡Los rumores parecían ser ciertos!
¡Qué horror!
Paseó su vista pasmado por este villano sin saber cómo sentirse. Cuando observó como Shen Qingqiu tomaba asiento agitando aquel abanico, escuchó a los Maestros del Palacio decir:
-- No se preocupe, Mayor Shen. Nos alegra saber que ya se encuentra disponible. -- sonrío uno.
-- Es gratificante saber que los Mayores de la Montaña Cang Qiong, soliciten nuestra presencia.
Shen Qingqiu negó con la cabeza.
-- El agradecimiento es todo mío. Por favor, acepten este obsequio de mi parte.
"¿Obsequio?” Shang Qinghua impresionó al escucharlo "¿Escuchó bien?”
Sacando tres bolsitas de menta entre sus túnicas, Shen Qingqiu las posicionó encima de la mesa. Ofreciéndolas.
-- En honor por sus visitas. Por favor, recíbanlas.
Dirigiendo una mirada repentina a su lateral izquierdo, sonrió serenamente a la persona.
-- Igualmente tú, Shang-shidi.
Shang Qinghua se estremeció en el acto.
-- Ah... Jajaja...-- fingió una sonrisa -- Esta bien... Shen-shixiong...
Tomando la bolsita con cierto titubeo, este autor pensó que se desmayaría.
¿Qué tanto se le había afectado la memoria a este villano?
¡Lo estaba aterrando!
¡Ahora lo comprendía! No era de extrañar que los demás líderes también lo estuvieran...
¡Era para echarse a correr!
Shen Qingqiu alegó -- Me imagino que se estarán preguntando cuál es el motivo de esta reunión.
Shang Qinghua crispó sus labios en un santiamén.
¡Por supuesto que se lo preguntaba!
No pudo evitar pensar:
“¡No insultes mi inteligencia shixiong! No invitas a nadie sin ninguna intención oculta... ¡Ya dila!"
Pero antes de que este autor pudiera intervenir (protestar) por todas sus dudas, un repentino aroma a menta se impregnó por toda la sala. Aromatizando suavemente las fosas nasales de todos los presentes.
Como si hubiera recibido una señal, Shen Qingqiu esbozó una suave sonrisa ocultándola con su abanico.
Invitó -- Pero antes... ¿Por qué no prueban nuestro exquisito té de la cumbre Qing Jing?
¿Exquisito té?
Y justo antes de que Shang Qinghua pudiera imaginárselo, un jovencito de tez blanca con dulces facciones en su mirada, salió de la cocina sujetando una bandeja de plata en sus manos mientras relucía unas túnicas blancas de apariencia radiante. Mostrando una amplia sonrisa en sus labios.
Sin poder creer lo que veía, Shang Qinghua se tapó la boca al reprimir un chillido ahogado.
¡Ese chiquillo era el mismísimo Luo Binghe!
Su sorpresa fue aún mayor, cuando el pequeño Binghe le entregó la taza de té a Shen Qingqiu en sus manos, y este se lo agradeció con calidez y afecto.
Sin saber dónde dejar su alma, trató a duras penas de no perder el conocimiento...
¡Esto era un completo OOC!
¡Definitivamente había cambiado!
¡Qué más pruebas necesitaba!
Shang Qinghua no sabía cómo reaccionar. Lo único que pensó fue que esa desviación del Qi fue muy potente...
¡Había borrado por completo su memoria!
-- ¿Shang-shishu?
Luo Binghe lo llamó de imprevisto, observando con dificultad como esos tiernos ojos azabache le demostraban preocupación.
-- Disculpe, Shang-shishu... ¿Deseará una taza de té?
Su tono fue tan dulce e inocente, que Shang Qinghua no supo qué responder por su aturdimiento.
-- ¿Te sientes bien, Shang-shidi? -- Shen Qingqiu le preguntó con un tono confuso -- Te ves un poco pálido.
Shan Qinghua se dio cuenta que de que estaba llamando la atención, y de inmediato agitó sus manos para decir:
-- No, no, no, no. Para nada, Shen shixiong... -- sonrió nerviosamente -- en lo absoluto... Cof, cof... -- se recompuso después, haciéndole un ademán a Luo Binghe para que se acercara -- Entrégame ese té, chiquillo.
Cuando Shang Qinghua rozó por accidente los delgados dedos de este protagonista, tuvo una impresión que sobresaltó sus sentidos.
¡Wow! la piel de Luo Binghe se sentía tan suave... tan cálida... Casi como tocar un algodón de azúcar...
¡Dios mío!
¡Deberían darle un premio como escritor!
¡Hasta sus descripciones eran tan detallistas!
Al momento que posó la taza de té sobre sus labios, el intenso olor a menta casi lo regresó al otro mundo. Provocándole un tremendo shock en su nariz junto a un leve ardor en los ojos.
-- Mmm... Este té está exquisito, Mayor Shen. -- mencionó uno de los Maestros del Palacio -- ¿Estas mentas las cultivan en la montaña?
Shen Qingqiu negó sutilmente.
-- Es una menta que trajo uno de mis discípulos de su cultivo familiar. Es el mismo que les regalé.
-- ¿De verdad? -- impresionó -- Felicitaciones por eso.
El otro sonrío -- Ojalá tuviéramos unas mentas así en el Palacio Huan Hua.
Shang Qinghua sintió intriga por lo escuchado, y decidió probar un sorbo también.
-- Es verdad... -- amplío sus ojos por su sabor -- Te quedó exquisito sin duda Shen shixiong.
Sin embargo, Shen Qingqiu cerró los ojos un tanto pensativo.
-- En realidad... toda esta cortesía se la deben a este discípulo mío.
Luo Binghe y Shang Qinghua sorprendieron al instante. Donde Luo Binghe solo sintió como todas las miradas se posaron sobre él.
Shen Qingqiu sonrío y dijo -- Toda esta delicia fue preparada por este chico mío. Que sin duda, es un excelente cocinero.
Luo Binghe enterneció por su inesperado elogio. Sintiendo una repentina calidez en su corazón que le hizo bajar la cabeza con ligero sonrojo en sus mejillas. Agradeciendo con una amplia sonrisa.
-- Fue un placer servirles a los maestros -- realizó una reverencia -- Este discípulo estará atento a otra petición.
Shen Qingqiu le correspondió dándole una palmadita en el hombro con su abanico -- Gracias por traerlos, Binghe.
Maestro y discípulo se despidieron con tranquilas palabras. Mirándolos Shang Qinghua un poco consternado.
"Interesante..."
Ahora todo tenía sentido.
Viéndolo desde este punto de vista, por supuesto cambiaban varias cosas.
Con este cambio in fraganti de Shen Qingqiu, una simple amabilidad que le brindara a ese pequeño y sensible loto blanco, Luo Binghe le cogería bastante cariño.
Era una situación inusual. Quién lo diría...
Tenía que admitirlo. Jamás se imaginó escribirlo, ni en su vida pasada.
El tiempo comenzó a transcurrir y la reunión se convirtió poco a poco en una plática de asuntos importantes y agradables.
Al menos, Shang Qinghua como Shen Qingqiu, por primera vez, lograron compartir un rato agradable sin ningún tipo de hipocresías, como los verdaderos shidis de la Montaña Cang Qiong que eran.
Después de regresar en repartir las respectivas tazas de té, Luo Binghe regresó a la cocina con una alegría reflejada en sus ojos.
Escuchar los elogios de su maestro era muy gratificante. Lo hacía sentir especial, y, sobre todo, apreciado por él.
Era un lindo sentimiento que no deseaba deshacer.
Con eso en mente, prosiguió a lavar la vajilla para continuar demostrándole su verdadero valor a su maestro, cuando escuchó un agudo llamado a su espalda.
-- ¡A-Luo!, ¡No laves los platos!, ¡Ming-shidi se encargará de eso!
Ning YingYing había aparecido de pronto con una escoba en la mano. Sintiendo una ligera molestia por lo que veía.
-- Le dije a Ming-shidi que lo hiciera. ¡Le toca hacerlo ahora él!, ¿No recuerdas?, ¡Tú deberías servir el té!
Pero Luo Binghe no se detuvo en su acción y esbozó una leve sonrisa en su lugar.
-- Esta bien Ning-shimei, puedo hacer las dos cosas. No me molesta.
Ning YingYing hizo un puchero y no le agradó para nada escuchar eso.
-- Por esa razón, Ming-shidi te molesta tanto. ¡No deberías permitírselo A-Luo! Él mismo debería hacer sus propios deberes...
-- Tranquila shimei, los lave él o yo... no es lo importante. -- esta vez volteó a mirarla a los ojos -- Lo importante es que esté hecho.
Ning YingYing miró su expresión y dirigió su mirada hacia la sala principal por un costado.
-- ¿Cómo estuvo la reunión cuando fuiste?
-- Bastante bien. -- el loto blanco amplío más su sonrisa -- Realmente... Shizun sabe cómo tratar a sus invitados.
Ning YingYing sonrió al escuchar su tono. Sintiendo una leve curiosidad qué la impulsó a acercarse traviesamente a su presencia con una sonrisa insinuante. Confundiendo a Luo Binghe.
-- Y... A-Luo está feliz por eso ¿Verdad?
Luo Binghe amplío sus ojos y sonrió en el acto. Bajando su cabeza con un ligero sonrojo.
-- Sí... estoy feliz por él.
Ning YingYing le correspondió en silencio, alegrandose de saberlo. Siendo muy cercana a Luo Binghe, sabía cuánto aprecio le guardaba su compañero a su maestro. Por lo qué se alegró de que al fin su relación haya mejorado en tan poco tiempo.
De pronto, la voz de un chico sonó por los pasillos. Llamando la atención en la cocina.
-- ¡Ning-shimei!, ¡Limpiaré por aquí!, ¿A dónde te fuiste?
Ambos captaron aquella voz, prosiguiendo Ning YingYing a gritar en voz baja.
-- ¡No grites Ming-shidi!, ¡La sala está ocupada!, ¡¿Qué acaso no estás enterado?!
Ming Fang se acercó a la cocina y miró confundido a ambos chicos en el lugar.
-- ¿Qué están haciendo?, ¿Están descansando? -- miró a Luo Binghe con desdén -- ¡¿En un momento tan importante?!
-- ¿Te parece que estamos descansando? -- molesto Ning YingYing -- Deberías agradecerle a A-Luo, ¡Lavó los platos por ti!
-- ¿Qué? -- Ming fang dirigió su mirada hacia la vajilla completamente limpia.
-- ¡Te ahorro más trabajo de lo que debería!, ¿Así es como le agradeces?
-- Tsk... -- Ming Fang chistó con molestia -- Bueno, alguien tenía que hacerlo ¿No?
Luo Binghe intervino en el acto -- Esta bien... ya todo está limpio, no hay problema.
Ming Fang le fulminó de nuevo -- Está pendiente de las órdenes de Shizun. ¡No lo hagas quedar mal!
-- ¡Tú tampoco lo hagas quedar mal! -- gritó Ning YingYing -- ¡Vamos a terminar de limpiar los espacios antes de que la reunión acabe!
Ambos shidis se retiraron de la cocina, escuchando las quejas que Ning YingYing le reclamaba a Ming Fang, Luo Binghe solo pudo esbozar una sonrisa graciosa por su manera de tratarse. Su compañera era tan intensa con él que a veces le generaba gracia y le agradecía por ello.
Ella era tan noble, que siempre lo defendía de sus insultos.
Terminando de secar los platos. Ya era la hora de situarlos en sus respectivas baldosas, cuando de repente, se detuvo. Detallando por un momento la ventana.
¿Qué fue eso?
Acercándose a la abertura, no había más que solo otros discípulos conversando y caminando en las afueras del recinto.
Como un perrito confundido, Luo Binghe ladeo la cabeza y levantó una ceja.
Había jurado que vio algo pasar. Pero ahora, ya no había nada.
Al escuchar los pájaros cantar y la brisa provocar el sonido de las fuertes ramas de bambú cochando entre ellas, disminuyó su importancia y decidió culminar su labor para dirigirse hacia donde estaba su Shizun.
Tal vez, posiblemente, sólo haya sido su imaginación.








