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Summary

En un mundo devastado por el apocalipsis zombi, un grupo de sobrevivientes liderado por Ángel enfrenta amenazas tanto de los muertos como de otros humanos. Después de un enfrentamiento con un traidor que roba armas y provoca caos, el grupo busca venganza y seguridad. A medida que luchan por sobrevivir y proteger su refugio, descubren que el verdadero peligro puede venir de sus propias decisiones y traiciones. El conflicto culmina en una confrontación final, revelando nuevos desafíos y enemigos inesperados.

Genre
Scifi/Mystery
Author
Angel
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capituló 1


Ángel manejaba la camioneta de la empresa, acompañado de sus compañeros de trabajo, rumbo a una nueva jornada laboral. La rutina diaria se había convertido en un hábito tranquilizador, pero ese día algo se sentía diferente. La carretera, usualmente fluida a esa hora, estaba completamente detenida. Una larga fila de vehículos bloqueaba el paso y un murmullo inquietante se alzaba entre los conductores.


—¿Qué está pasando? —preguntó Ángel, girando la cabeza hacia sus compañeros en el asiento trasero.


Sus rostros reflejaban la misma confusión que él sentía, pero ninguno tenía una respuesta. La radio del vehículo emitía un zumbido estático, sin noticias que pudieran explicar el embotellamiento.


De repente, el caos estalló. La gente comenzó a salir de sus autos, gritando y corriendo en todas direcciones. El sonido de disparos resonó en el aire, seguido de los gritos de terror y el chillido de las sirenas de la policía.


—¡Salgan del auto! —gritó uno de sus compañeros, pero antes de que pudieran reaccionar, un grupo de personas armadas apareció, disparando indiscriminadamente.


Ángel intentó moverse, pero el pánico lo mantenía congelado. Vio a sus compañeros caer, uno por uno, mientras los atacantes avanzaban sin piedad. Un trailer que no pudo frenar a tiempo derrapó en la carretera y embistió la camioneta con fuerza. El impacto fue devastador, lanzando a Ángel contra el volante y luego a la oscuridad.


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Axel se dirigía con rapidez hacia la central de autobuses, su corazón latiendo con ansiedad mientras pensaba en su novia, que debía llegar en poco tiempo. Sin embargo, al llegar, encontró un escenario desolador. La central estaba vacía y en un caos de vehículos abandonados, dejando un vacío inquietante en el aire.


Desesperado, Axel recorrió el área buscando a su novia. Sus pasos resonaban en el silencio, interrumpidos solo por el eco de sirenas lejanas y el crujido ocasional de escombros. De repente, vio a un policía de pie cerca de una de las salidas. Parecía estar inmóvil, su espalda hacia él.


—¡Oye, oficial! —gritó Axel, acercándose con cautela.


El policía no respondió. Axel sintió un escalofrío recorrer su columna y decidió acercarse más. Al girar al rededor, se encontró con una escena horrenda. El rostro del policía estaba desfigurado, con ojos vacíos y una expresión grotesca de hambre. El hombre no era un policía normal, sino un zombi.


En ese momento, una explosión sacudió la estación de tren cercana. El estruendo fue tan fuerte que Axel cayó al suelo, cubriéndose los oídos mientras el caos se desataba a su alrededor. El muerto, aprovechando el momento, se abalanzó sobre él con una velocidad sorprendente. Axel, aún aturdido, reaccionó instintivamente. Con desesperación y furia, golpeó al muerto repetidamente, liberándose de su agarre.


Con el zombi finalmente inmovilizado, Axel se levantó, respirando con dificultad. Notó que el policía llevaba una pistola en su cinturón. Con manos temblorosas, la tomó y la guardó en su chaqueta. Sabía que necesitaría toda la ayuda posible para sobrevivir.


Mientras se dirigía hacia la salida, su teléfono sonó. La pantalla mostraba el nombre de Ángel. Con el pulso acelerado y el rostro sudoroso, Axel contestó la llamada.


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Ángel despertó con un dolor agudo en la cabeza. La oscuridad que lo había envuelto comenzó a disiparse lentamente, y se dio cuenta de que estaba en los restos de la camioneta. Con dificultad, logró salir del vehículo y se encontró en medio de un paisaje devastado. La carretera, antes una vía transitada, estaba ahora desierta y llena de destrucción.


Miró a su alrededor, tratando de comprender lo que estaba pasando. La visión era desoladora: vehículos volcados, cuerpos inertes y el olor nauseabundo de la muerte impregnaban el aire. Sin embargo, pronto se dio cuenta de algo aún más inquietante. Entre los restos y el caos, había figuras erráticas que se movían lentamente hacia él. Eran los muertos, o lo que quedaba de ellos, que lo seguían con pasos torpes al detectar su olor.


Ángel, sintiendo el pánico crecer en su pecho, buscó algo con lo que defenderse. En el maletero de uno de los autos cercanos, encontró un bate de béisbol. Armado con esta improvisada arma, comenzó a luchar contra los muertos  que se abalanzaban hacia él. Cada golpe era una mezcla de desesperación y determinación, intentando mantener a raya a los muertos vivientes mientras avanzaba.


Después de una batalla agotadora, Ángel logró abrirse camino hasta una camioneta que aún parecía funcional. Lo arrancó con dificultad y condujo a toda velocidad lejos de la carretera, alejándose de la zona infestada de zombis.


Mientras conducía, una ola de preocupación lo asaltó. Recordó que Axel estaba en Guadalajara esa semana. La idea de que pudiera estar en peligro también lo inquietó. Decidió detenerse en una zona relativamente segura y marcó el número de Axel con manos temblorosas.


La llamada se estableció con un ruido estropeado que se calmó poco a poco. La voz de Ángel, aunque afectada por el caos, sonó clara.


—Axel, ¿me escuchas? —dijo Ángel, su voz llena de urgencia—. Lo que sea que esté pasando, es peor de lo que imaginábamos. Tienes que ir a mi casa. Tenemos recoger a todos los que podamos y llevarlos allí. Cualquier persona que puedas encontrar, tráela. Es un caos aquí, pero necesito que vayas, te mandaré la ubicación.


El ruido de fondo de la llamada se calmó un poco, pero la conexión era inestable. Ángel sabía que cada segundo contaba. Mientras escuchaba la respuesta de Axel, se preparaba para enfrentar lo que fuera que el apocalipsis le deparara a continuación.


- - -


Shaden estaba en la sala de la pequeña casa donde vivían, su rostro reflejaba preocupación mientras hablaba con su hermana Sharon. El caos del apocalipsis había llevado a la familia a buscar un lugar seguro, pero la espera estaba comenzando a ser desesperante. Su hermano menor, Ian, jugaba nervioso en una esquina, mientras Sharon parecía incapaz de relajarse.


—Tenemos que movernos ya —dijo Shaden, tratando de mantener la calma—. No podemos quedarnos aquí esperando a que lleguen más personas. Si nos quedamos aquí, estamos en peligro.


Sharon, con el rostro pálido y el corazón en la garganta, no dejaba de mirar el reloj y la puerta. Su preocupación por su madre y su abuela era palpable.


—No podemos irnos sin ellas —respondió Sharon—. ¿Y si vienen pronto? Necesitamos estar aquí por si llegan.


De repente, el sonido estridente de un claxon rompió el silencio. Shaden y Sharon se miraron, alarmadas. Shaden, con un revólver en la mano, se acercó a la ventana y asomó la cabeza. El vehículo que estaba haciendo el ruido era una camioneta que no habían visto antes. A medida que se acercaba, Shaden reconoció a Ángel al volante. La sorpresa y la confusión se mezclaron en su rostro.


—¡Es Ángel! —exclamó Sharon, su voz llena de alivio y ansiedad.


Ángel, con el rostro cansado pero decidido, se detuvo frente a la casa. Sharon, aliviada al ver a su ex, salió corriendo y lo abrazó con fuerza. Ian también corrió hacia él, sonriendo felizmente al ver a alguien familiar en medio de la locura.


—¡Ángel! —dijo Sharon, con lágrimas en los ojos—. Gracias a Dios que has venido.


Ángel asintió, mirando a Shaden con un gesto de comprensión.


—He venido a recoger a todos los conocidos que pueda —dijo Ángel rápidamente—. Nos están esperando en mi casa. Hay un grupo de sobrevivientes allí. Pero tenemos que irnos ahora.


Antes de que pudiera explicar más, el claxon había atraído la atención de los zombis. Un grupo de ellos comenzó a acercarse al vehículo. Shaden y Ángel se dieron cuenta del peligro inminente. Mientras trataban de subir a la camioneta, esta de repente dejó de funcionar, el motor fallando en el momento más crítico.


—¡Corran! —ordenó Ángel—. Yo me encargaré de los zombis. ¡Vayan a buscar un auto que funcione!


Shaden, con Sharon e Ian a su lado, corrieron hacia una de las calles cercanas. Ángel luchó valientemente, enfrentando a los zombis que se acercaban. La situación era desesperada. Justo cuando parecía que Ángel estaba a punto de ser superado por los muertos vivientes, Shaden vio una oportunidad. Usó un auto que había encontrado con el motor en marcha para empujar a los zombis lejos de Ángel.


Ángel, sin perder tiempo, subió al vehículo con Shaden, Sharon e Ian. Con un rugido de motor, la camioneta arrancó, y el grupo comenzó a moverse hacia Santa Cruz, buscando un refugio seguro lejos del caos y la amenaza de los zombis.


- - -


Cuando el grupo llegó a la casa de Ángel en Santa Cruz de las Huertas, la sorpresa de encontrar a Axel y otros conocidos fue un alivio momentáneo en medio del caos. La casa, aunque dañada, proporcionaba un refugio muy necesario. Todos entraron, agradecidos de estar a salvo por un momento.


Ángel reunió a todos en la sala principal, donde la luz de las velas y las linternas arrojaba sombras danzantes en las paredes. Con el rostro serio pero determinado, empezó a hablar.


—Gracias a todos por venir —dijo Ángel, mirando a cada uno de los presentes—. La situación es difícil, y todavía nos faltan muchas personas. Se que estamos incompletos, pero tenemos que ser fuertes. Vamos a encontrarlos, no importa lo que cueste.


Las personas en la sala asintieron, el ambiente estaba cargado de preocupación pero también de una creciente determinación. Ángel continuó explicando su plan.


—Mañana, nos dividiremos en grupos para recolectar lo necesario. Un grupo irá a la estación de policía en Revolución para buscar armas de fuego y suministros. Otro grupo irá a una ferretería cercana a Santa Cruz para conseguir herramientas y armas cuerpo a cuerpo. Y el tercer grupo preparará los autos para que podamos trasladarnos a una escuela preparatoria grande, donde solían estudiar la mayoría de los que están aquí.


Los miembros del grupo se miraron entre sí, evaluando la magnitud del plan. La idea de dividirse y enfrentarse a nuevas amenazas era aterradora, pero también era una oportunidad para estar mejor preparados.


—¿Todos están de acuerdo? —preguntó Ángel, su voz firme y autoritaria.


El grupo, aunque cansado y asustado, asintió con determinación.


—Bien —dijo Ángel—. Ahora, pasen la noche como puedan. Haremos turnos para vigilar y asegurarnos de que el lugar esté seguro. Mañana empezaremos temprano.


El grupo se dispersó, buscando lugares para descansar en la casa de Ángel. Mientras tanto, Ángel se quedó en la sala, revisando los suministros y haciendo los últimos ajustes al plan. La noche fue larga y llena de inquietud, pero todos sabían que al amanecer, tendrían que enfrentarse a una nueva serie de desafíos en su lucha por la supervivencia.


- - -


El grupo que se dirigió a la estación de policía estaba compuesto por Ángel, Axel, Sebas, y Chris. La mañana había comenzado con un aire de esperanza, pero la realidad del mundo post-apocalíptico pronto se hizo evidente. Al llegar a la estación, encontraron la entrada bloqueada por una horda de zombis. Ángel, con la determinación de siempre, se dirigió a Axel.


—No dispares a menos que sea absolutamente necesario —dijo Ángel—. No queremos atraer más atención de la que ya tenemos.


Axel asintió, sosteniendo su arma con firmeza pero sin intención de usarla por ahora. El plan era dividirse en dos equipos: Ángel y Sebas se encargarían de una patrulla, mientras que Axel y Chris manejarían la otra. Los dos equipos se prepararon para enfrentarse a los zombis en la entrada de la estación, utilizando armas cuerpo a cuerpo para minimizar el ruido.


Una vez que despejaron la entrada, Ángel y Sebas se dirigieron a la parte interior del edificio, mientras que Axel y Chris exploraban otra sección. El edificio se dividía en dos pasillos principales. Ángel dio instrucciones: ellos buscarían las armerías, mientras que Axel y Chris irían en busca de las llaves.


Ángel y Sebas avanzaron por un pasillo, acabando con zombis que aparecían en su camino. Finalmente, Sebas encontró una puerta con una señal que indicaba "Armería". La puerta estaba cerrada con llave, pero Sebas estaba aliviado al encontrar la armería.


—Encontré la armería, pero necesitamos la llave —informó Sebas—.


Mientras tanto, Axel y Chris avanzaban sigilosamente en dirección a la oficina del jefe. Al final del pasillo, vieron un gran llavero en un escritorio, pero la oficina estaba obstruida y la entrada era imposible. Chris notó que había un baño al lado de la oficina y una ventana que parecía accesible. Axel decidió entrar por la ventana y, después de superar algunas dificultades, logró alcanzar el escritorio y recoger las llaves.


Justo cuando Axel estaba a punto de salir, su teléfono sonó. Era una llamada de Ángel.


—¿Cómo va todo? —preguntó Ángel.


—Tengo las llaves de varias patrullas y de la armería 1 y 2 —respondió Axel—. ¿Hay una armería 2?


Ángel, sorprendido, no supo confirmarle, y le pidió que regresaran con las llaves de inmediato. El grupo se reunió en la entrada de la estación. Ángel le encargó a Chris y Axel que subieran el equipo de la armería 1 a una patrulla mientras él y Sebas buscaban la armería 2.


Mientras Chris y Axel transportaban las armas y suministros a una patrulla, Ángel y Sebas se dirigieron a la parte trasera del edificio, donde encontraron una bodega con una señal que decía "Armería 2". Al abrir la puerta, se encontraron con una figura familiar en el interior.


—¿Sergio? —exclamó Ángel.


- - -


Naomy, Héctor y Robert se encontraban ocultos en una esquina, observando la situación frente a la ferretería. Los zombis vagaban por la avenida, y el ambiente estaba cargado de tensión. El plan era claro: correr a la ferretería, levantar la cortina metálica, y que Naomy entrara para ayudar a recoger los suministros.


Una vez que el grupo se preparó mentalmente, se dieron la señal para comenzar. Corrieron hacia la entrada de la ferretería, y Héctor y Robert comenzaron a levantar la cortina metálica con todas sus fuerzas. Naomy, ágil y rápida, se deslizó hacia adentro justo a tiempo.


El ruido de la cortina atrajo rápidamente la atención de los zombis. Empezaron a acercarse a la ferretería, y la situación se volvía cada vez más peligrosa. Naomy estaba a punto de levantar la cortina por dentro cuando un zombi apareció de repente y la atacó. El zombi, con movimientos torpes pero letales, trató de arrastrarla hacia el suelo.


Con gran esfuerzo, Naomy empujó al zombi y se defendió con un tubo que encontró cerca. Con un golpe certero, acabó con el zombi y pudo finalmente levantar la cortina para permitir la entrada de Héctor y Robert. Héctor, preocupado por la cercanía de los zombis, gritó a Naomy para que se apresurara.


—¡Apresúrate, Naomy! —gritó Héctor—. ¡Se acercan!


Naomy, con el tubo en la mano y respirando con dificultad, ayudó a Héctor y Robert a entrar. Afortunadamente, había luz en el interior de la ferretería, lo que facilitaba la búsqueda y recolección de suministros. Los tres se movieron rápidamente, llenando cajas con herramientas, armas cuerpo a cuerpo, y cualquier otro equipo que pudieran necesitar.


Con todo lo necesario reunido, salieron de la ferretería y se dirigieron hacia la salida trasera, donde habían estacionado una camioneta. Cargaron los suministros en el vehículo y, con el corazón acelerado, partieron de regreso a Santa Cruz.


Durante el viaje de regreso, el grupo se mantuvo alerta, sabiendo que el tiempo era esencial. El camino estaba plagado de peligros, pero finalmente lograron llegar a Santa Cruz con los suministros que tanto necesitaban.


Al llegar, fueron recibidos por el grupo de Shaden, quienes ayudaron a descargar el equipo y a asegurar todo.


—¿salió todo bien?—pregunto Shaden—son demasiadas cosas, ¡que bien!


Un rato después de la llegada del grupo de Naomy a Santa Cruz, las hermanas Besanilla, Shaden y Sharon, estaban al mando de la preparación de los vehículos para la próxima etapa de su plan. La urgencia de la situación había llevado a todos a trabajar con rapidez y eficiencia. La escuela preparatoria, el Politécnico, era el siguiente destino para asegurar un refugio más seguro.


Finalmente, las dos patrullas llegaron al refugio, cargadas con todas las armas y suministros recolectados. La llegada de las patrullas trajo un momento de alivio y esperanza al grupo, quienes celebraron el éxito de las misiones de recolección. Sin embargo, la alegría pronto se desvaneció al notar que Ángel no estaba presente en ninguna de las camionetas.


Chris, visiblemente cansado pero firme, tomó la palabra para explicar la situación.


—Ángel no vino con nosotros —dijo Chris, su voz llena de determinación—. Él y Sergio fueron a traer a más gente que necesitamos para completar el grupo. Regresarán en unos días con los que aún faltan. Mientras tanto, debemos prepararnos para ir al Politécnico y asegurarnos de que esté listo para recibir a todos.


Shaden y Sharon, aunque preocupadas por la ausencia de Ángel, asintieron y se enfocaron en la tarea en mano. Las instrucciones eran claras: el grupo partiría hacia la escuela y se acomodaría allí mientras esperaban el regreso de Ángel y el resto.


Con el equipo cargado y los vehículos listos, el grupo comenzó a montar las patrullas para la salida. Mientras avanzaban hacia el Politécnico, el ambiente estaba cargado de una mezcla de esperanza y ansiedad. El Politécnico, conocido por ser una gran escuela preparatoria, representaba una oportunidad para establecer una base sólida y segura para todos.


El viaje hacia la escuela fue tenso pero sin incidentes mayores. A medida que se acercaban al Politécnico, el grupo se preparó para el desafío de asegurar el lugar y adaptarse a su nuevo entorno. La tarea era grande, pero el espíritu de colaboración y determinación estaba presente en cada miembro del grupo.


Una vez en el Politécnico, comenzaron a trabajar en la fortificación del edificio y en la organización de los suministros. Aunque el regreso de Ángel y los demás aún estaba pendiente, el grupo estaba decidido a hacer del Politécnico un refugio seguro hasta que el resto llegara.


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El Politécnico se alzaba ante el grupo como un bastión prometedor en medio del caos. Con sus extensas áreas verdes, bodegas llenas de herramientas y suministros, y una infraestructura robusta que incluía salones, laboratorios y sitios de trabajo, era el lugar perfecto para establecer un refugio seguro y autosuficiente.


Al llegar al Politécnico, el grupo se encontró con una escena que, aunque inquietante, no era insuperable. Algunos zombis rondaban por los terrenos, pero el peligro inmediato no era tan grave. Chris, Sebas y Axel descendieron de las patrullas para evaluar la situación de entrada. Las puertas de acceso para vehículos y peatones estaban encadenadas, un obstáculo que parecía complicado pero no insuperable.


—Voy a intentar saltar —dijo Axel, dirigiéndose hacia una de las puertas.


Con Sebas a su lado, ambos lograron sortear el obstáculo con éxito. Chris, que se quedó con el resto del grupo fuera solo para advertirles:


—Mantengan los ojos abiertos. No nos confiemos, en cuanto encontremos las llaves les abriremos y entraremos todos.


Una vez Chris también dentro, el grupo se dirigió a la oficialía mayor para buscar las llaves de los candados que aseguraban las entradas. Al llegar, encontraron la puerta cerrada, y la situación se volvió más complicada cuando se toparon con guardias que habían sido convertidos en zombis.


Sebas, impaciente, tomó la iniciativa.


—¡Déjame esto! —exclamó, y con una patada contundente, derribó la puerta de la oficialía. Axel y Chris lo miraron con una mezcla de sorpresa y desaprobación.


—¿Qué? —respondió Sebas, encogiéndose de hombros—. Teníamos que entrar, ¿no?


Axel y Chris se limitaron a asentir, sabiendo que no había tiempo para discutir. Dentro de la oficialía, encontraron las llaves necesarias y procedieron a abrir las cadenas de las entradas. Una vez liberado el acceso, las camionetas y patrullas fueron conducidas al interior del recinto.


Con las entradas aseguradas y los vehículos dentro, el grupo comenzó a descargar los suministros y a organizarse en el Politécnico. La sensación de haber logrado asegurar un lugar tan adecuado para su supervivencia era reconfortante. Aunque la llegada de Ángel y el resto aún estaba pendiente, el grupo se dedicó a preparar el Politécnico como un refugio seguro y funcional.


Las áreas verdes fueron rápidamente evaluadas para posibles cultivos, las bodegas fueron revisadas y llenadas con el equipo recolectado, y los salones y laboratorios se organizaron para adaptarse a las necesidades del grupo. El Politécnico comenzaba a transformarse en un hogar temporal, un rayo de esperanza en medio de la adversidad.


- - -


Con el paso de los días, el grupo comenzó a adaptarse al Politécnico, estableciendo una rutina en su nuevo hogar. El almacén principal se convirtió en la armería y centro de municiones, mientras que cada edificio contaba con su propia bodega equipada con armas cuerpo a cuerpo y lo que era la cafetería principal se convirtió en el almacén de comida y medicinas. Lilia, la hermana de Ángel, asumió la responsabilidad de organizar y distribuir las armas para los que estaban de guardia.


Además de la seguridad, los miembros del grupo se dividieron en diferentes tareas para asegurar el funcionamiento del refugio. Algunos se encargaban de cultivar en las áreas verdes del campus, aprovechando el terreno para mantener una fuente de alimentos. Otros trabajaban en la fortificación y creación de refugios dentro de los edificios para asegurar la protección contra posibles amenazas externas.


La rutina diaria estaba marcada por una cooperación constante y un enfoque en la autosuficiencia. El Politécnico, una vez un lugar de aprendizaje, se había transformado en un bastión de esperanza y supervivencia, donde cada miembro del grupo tenía un papel crucial en la construcción de su nuevo hogar seguro.



Otro grupo se encargaba de la recolección de más suministros, realizando expediciones periódicas para asegurar que el refugio se mantuviera abastecido. Este equipo se enfocaba en buscar alimentos, medicinas y cualquier otro recurso esencial que pudiera encontrar en los alrededores o en lugares aún no explorados. Cada salida estaba cuidadosamente planificada para minimizar riesgos y maximizar la eficiencia.


Las misiones de recolección eran coordinadas con precisión. El grupo seleccionaba áreas estratégicas para investigar, como supermercados, farmacias y otras tiendas que podrían tener recursos valiosos. Cada expedición era meticulosamente equipada y contaba con un plan de contingencia para enfrentar cualquier posible encuentro con zombis u otras amenazas.


El esfuerzo continuo del equipo de recolección complementaba el trabajo de los demás grupos, asegurando que el Politécnico no solo se mantuviera seguro, sino también bien abastecido y preparado para cualquier eventualidad en este nuevo y desafiante entorno.


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Un día, Sharon conversaba con Ian, quien le aseguraba que él era valiente y podría enfrentarse a todos los monstruos. Sharon, con una mezcla de ternura y preocupación, le confirmaba que él era valiente, pero le pedía que, por ahora, ella se encargaba de esa tarea. Le pidió que se quedara fuera del salón mientras ella realizaba una inspección para prepararlo para los que faltaban.


Ian, aunque con cierta reticencia, obedeció y esperó fuera del salón. Sharon, con una linterna en mano, se adentró en el salón moviendo pupitres a su paso. El interruptor de luz estaba en la esquina opuesta del salón, por lo que Sharon avanzó con cautela hacia él. De repente, una figura surgió de la oscuridad y se abalanzó sobre ella. El zombi la derribó, y Sharon quedó en el suelo, luchando por liberarse.


Con rapidez y determinación, Sharon tomó su cuchillo y acabó con el zombi, empujándolo lejos de ella. Mientras el miedo y la adrenalina la invadían, estaba a punto de llorar por la cercanía del peligro, pero el grito de Ian la sacó de su estado de shock.


—¡Sharon, sal de allí! —gritó Ian desde el pasillo.


Sharon se levantó apresuradamente y salió del salón, encontrando a Ian que la esperaba ansioso. Él le señaló que la gente estaba reunida en la entrada, ya que había dos camionetas estacionadas afuera. Al llegar a la entrada, la emoción de Sharon se desbordó al ver a Ángel, quien había regresado después de unos días de ausencia. Ángel no solo había traído a las personas que faltaban, sino también recursos adicionales que eran cruciales para la supervivencia del grupo.


La llegada de Ángel y el nuevo grupo trajo un renovado sentido de esperanza y alegría a todos, marcando un nuevo capítulo en su lucha por sobrevivir y reconstruir su vida en el Politécnico.


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En la noche, Ángel y Chris conversaban en el Politécnico. Ángel estaba impresionado por la rapidez con la que el grupo se había adaptado y transformado el lugar en un refugio funcional. El elogio de Ángel hacia Chris no era sólo por su capacidad de organización, sino también por su liderazgo efectivo en esos tiempos difíciles.


—Has hecho un trabajo increíble aquí, Chris. Eres un excelente líder —le dijo Ángel.


Pasaron varias semanas y la vida en el Politécnico se estabilizó. Ángel estaba ocupado trabajando en la electricidad de algunos salones cuando de repente, el radio emitió un mensaje urgente. Héctor, desde su puesto de vigilancia en una parte alta de la escuela, pedía que todos se acercaran armados.


Ángel, alarmado, corrió hacia la entrada donde Héctor estaba haciendo guardia. Sebas, al verlo llegar, le lanzó un arma. Ángel se acercó a Héctor, quien le informó de la situación.


—Hay cuatro hombres armados afuera —dijo Héctor—. Nos han rodeado y parece que están dispuestos a hacer lo que sea necesario para entrar.


Ángel se preparó para salir y dio la orden:


—cualquier movimiento en falso, no duden en disparar.


Cuando Ángel y su grupo se enfrentaron a los intrusos, uno de los hombres se presentó como Carlos y se identificó como miembro de un grupo llamado "Los Silenciadores". Carlos exigió que el grupo de Ángel obedeciera sus órdenes, insinuando que su presencia era una amenaza inminente.


Ángel se mantuvo firme.


—¿Qué necesitan aquí? —preguntó—. Lárguense antes de que alguien salga herido.


Carlos, insistía perdiendo la paciencia, pero aun así Ángel se mantenía firme con sus palabras, lo cual visiblemente impaciente, Carlos dio la orden de atacar. El grupo de Ángel reaccionó rápidamente, matando a dos de los intrusos y dejando a Carlos y a otro herido. Chris y Sebas se apresuraron a salir para asegurar la situación, y tomaron la decisión de llevar a los sobrevivientes a salones separados para interrogarlos y obtener información sobre sus intenciones y su grupo.


La tensión estaba alta, pero el grupo sabía que obtener respuestas era crucial para proteger su nuevo refugio y asegurar la seguridad de todos en el Politécnico.




Ángel y Sebas interrogaban a Carlos, quien se mantenía firme en su silencio, sin revelar ninguna información sobre su grupo. La tensión en la sala creció cuando Sebas, frustrado, sugirió recurrir a la tortura para obtener respuestas. Ángel, sin embargo, rechazó la idea y recordó a Sebas que los otros dos hombres ya habían sido asesinados por el, una decisión que consideraba un error. Sebas, mostrando desinterés, simplemente lo miró y salió del salón.


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Esa noche, el grupo se reunió alrededor de una fogata para celebrar los avances logrados desde el comienzo de su lucha por sobrevivir. Ángel se acercó a Sebas para hablar sobre el incidente con Carlos. Ángel expresó su preocupación por no volverse más peligrosos que los mismos zombis y por mantener la cordura en tiempos tan críticos.


—No necesitamos ser más peligrosos que los zombis, Sebas. Lo último que necesitamos es perder la cabeza en todo esto —dijo Ángel.


Sebas, reconociendo la verdad en las palabras de Ángel, asintió y cambió de tema. Mientras observaba el ambiente festivo, Ángel notó que todos parecían disfrutar de la celebración, excepto Sergio. Sergio estaba visiblemente disgustado al ver a su novia Laila interactuar con los demás.


Ángel comentó en tono casual:


—Se ve que se está divirtiendo.


Sebas, notando la incomodidad de Sergio, se rió y accedió a la solicitud de Ángel de traerlo para aclarar la situación. Cuando Sebas fue a buscar a Sergio, al principio este lo ignoró, pero después de una insistencia más seria por parte de Sebas, Sergio se levantó con visible desdén.


Ángel le habló amablemente, explicándole que, en tiempos difíciles como estos, era crucial que todos convivieran y cooperaran, sin dejar espacio para celos o conflictos personales.


—Sé que es difícil, pero Laila necesita convivir y cooperar con el grupo. No es el momento para celos ni conflictos —dijo Ángel.


Sergio antes del caos era una persona muy posesiva con su pareja, lo que llevo a Ángel a hablar sobre eso.

Sergio lo miró con una expresión de desprecio y se dio la vuelta. Sebas, frustrado, gritó:


—¡Espero que haya quedado claro!


La tensión entre los miembros del grupo era palpable, pero Ángel sabía que mantener la cohesión y la colaboración era esencial para la supervivencia en su nuevo mundo.


- - -


Con el paso de los días y semanas, el grupo se mantenía en una rutina estable en el Politécnico. Los prisioneros estaban vivos y los cultivos prosperaban gracias al cuidado constante. Era aleatorio que algunos les tocara  matar a los muertos que se acercaban al muro de la escuela, Chris y Héctor se encargaban de las expediciones de recolección, asegurándose de que los almacenes estuvieran bien surtidos, a veces incluso con excedentes.


Un día, mientras Axel y Laila estaban ocupados regando y cuidando los cultivos, la conversación fluía entre risas y recuerdos del pasado. Sergio, celoso y furioso al ver la cercanía entre Axel y Laila, no pudo contener su ira. Se levantó de su lugar y, con rapidez, se dirigió hacia Axel, golpeándolo en el rostro y arrojándolo al suelo. Continuó golpeándolo sin piedad.


Sebas, que estaba cerca, intervino de inmediato. Separó a Sergio de Axel y, a punto de usar su arma, recordó las palabras de Ángel sobre no dejarse llevar por la violencia innecesaria. Optó por noquear a Sergio en lugar de matarlo. El grupo decidió mantener a Sergio prisionero junto con el compañero de Carlos mientras deliberaban qué hacer con él.


Laila, angustiada y pidiendo clemencia, suplicó a Ángel que le diera otra oportunidad a Sergio, argumentando que el ataque había sido un error. Ángel le respondió que no estaba solo en la decisión y que debían consultar a los demás miembros del grupo. Laila, decepcionada, se retiró, esperando una solución favorable.


Laila era la que solía cuidar a Sergio alimentándolo y estando al tanto de el, mientras el solo se hacía el arrepentido, aunque ni tanto.


—Que injusto que me hicieran esto—decia Sergio.—Que me traten como a uno de estos sujetos, que ellos intentaron atacar con un arma de fuego, yo no.


El otro prisionero solo se burlaba de Sergio.


Un día, Laila fue a llevar comida a Sergio, quien aprovechó la oportunidad para manipularla. Le dijo que Ángel era un dictador injusto y que había traído a más personas para imponer su control. Sergio intentó convencer a Laila de que lo mejor era separarse del grupo y rebelarse contra Ángel.


Laila, influenciada por las palabras de Sergio y por el amor que le tenia, accedió a su petición. Sergio le pidió que, cuando Lili no estuviera supervisando, robara una pistola y se la entregara cuando pudiera. Laila, atrapada entre la lealtad hacia Sergio y el deseo de ayudarlo, estuvo de acuerdo y esperó el momento adecuado para llevar a cabo el plan.


- - -


Lilia, después de entregar las armas a las personas encargadas de la guardia nocturna, salió al baño. Aprovechando su ausencia, Laila se adentró en el almacén y tomó una pistola. Salió rápidamente y se dirigió al salón donde Sergio estaba esperando.


—Amor, tengo el arma —anunció Laila mientras le entregaba la pistola a Sergio.


Sergio, al recibir el arma, le pidió a Laila que se escondiera en un salón cercano y le dio una ubicación para encontrarse después. Laila obedeció y se refugió en su salón mientras Sergio se preparaba para su escape.


Sin embargo, el otro prisionero, quien había escuchado la dirección de Sergio, se acercó a él. Le advirtió que sería mejor liberarlo a él también ya que, de lo contrario, podría revelar lo que había escuchado. Antes de que pudiera decir más, Sergio le disparó  en la cabeza, acabando con su vida de manera despiadada.


El disparo atrajo la atención del grupo, que, alarmado, salió de sus salones y comenzó a buscar a Sergio después de enterarse que el prisionero había muerto. Shaden, que había visto la silueta de Sergio y notó que había  un espacio cortado en la estructura del muro para permitirle la fuga, disparó dos veces sin éxito. Sergio logró escapar y se adentró en la oscuridad.


El grupo decidió que era mejor dejarlo ir por el momento y cubrió el agujero con contenedores para prevenir futuras fugas. Se acordó que al día siguiente se discutiría el asunto para planear los siguientes pasos y evaluar las consecuencias de la traición de Sergio.


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A la mañana siguiente, todos se reunieron frente a Laila para averiguar qué había sucedido y qué papel había jugado ella en la fuga de Sergio. Laila, con una actitud desafiante, negó saber algo y fingió ignorancia sobre el asunto.


Sebas, visiblemente molesto, la amenazó con matar a Sergio si lo encontraba, y advirtió que ella sería la siguiente en pagar las consecuencias. Laila, con un aire de indiferencia, dejó que pensaran lo que quisieran y se alejó del grupo sin decir más.


La tensión en el grupo aumentaba, y todos se preguntaban qué consecuencias tendría la traición de Sergio y la aparente complicidad de Laila en los días venideros.


Después de la conversación con el grupo, Laila busco a Karla, desesperada por una salida. Le pidió ayuda para escapar, pero Karla enfada y decepcionada la rechazó tajantemente, llamándola ridícula. Laila, furiosa y herida por la traición, se alejó con un rencor profundo.


Esa noche, mientras Chris y Hector estaban fuera buscando el paradero de Sergio, Karla y Raúl estaban encargados de la guardia nocturna. Karla escucho un ruido sospechoso y, con su rifle se acercó a la oscuridad que emanaba de un rincón. Sin previo aviso, Laila apareció detrás de ella, el cuchillo reluciendo bajo la tenue luz. Con una sonrisa cruel, Laila atacó a Karla, tapándole la boca mientras la apuñalaba en el cuello. Karla cayó al suelo, silenciosa y sin vida.

Raúl al percatarse del horror que se estaba desatando, gritó el nombre de Laila, tratando de entender que había pasado. En ese instante Ángel y Sharon, al no encontrar a Laila en su salón, escucharon el estruendo de un disparo. Al salir apresurados, vieron a Laila con una valija cargada de armas robadas de la armería. Raúl gravemente herido por una bala, estaba en un estado crítico. Laila había dejado el portón abierto, permitiendo que los muertos invadieran el área.


El grupo se vio de repente en medio de un caos devastador. Con los muertos adentrándose sin control, no tuvieron más opción que luchar desesperadamente.

Las balas resonaban en la noche y el sonido de cuerpos golpeando el suelo. Finalmente lograron cerrar el portón, pero el daño ya estaba hecho. La entrada de estaba bañada de sangre y desolación, una imagen aterradora de la traición y el colapso de su frágil refugio.


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En la fría luz de la mañana, el grupo trabajaba en silencio, quemando los cuerpos de los muertos vivientes. Mientras tanto, los cuerpos de Karla y Raúl recibían un entierro digno. Sharon y Shaden se mantenían apartadas, preocupadas por cómo darían la noticia a Héctor. La tristeza y la incertidumbre las envolvían mientras debatían cómo contarle la cruel verdad.


No lejos de ellas, Sebas descargaba su ira hablando con Ángel.


—Esto no puede quedar así —decía Sebas con un tono firme—. Debemos ir a buscarlos, quitarles las armas y vengar las muertes y el caos que provocaron con su egoísmo.


Ángel, aunque compartía la misma frustración, prefería un enfoque más paciente.


—Entiendo tu ira, Sebas, pero debemos ser cautelosos. No podemos actuar precipitadamente y poner en riesgo a más personas.


La conversación fue interrumpida por el sonido del radio. Héctor estaba comunicando desde el otro lado.


—Laila y Sergio se han reunido en una parte de una carretera —anunció, sin saber todavía que Laila había escapado.


Ángel se giró hacia los demás, la decisión clara en su mirada.


—Sebas, Axel, Naomy y Shaden, alístense. Vamos a la ubicación de Héctor.


La tensión en el aire era palpable mientras el grupo se preparaba para confrontar a los traidores y restablecer el orden.


Durante el camino, Ángel les preguntaba a su grupo si la mayoría sabía usar un arma. La tensión era palpable mientras conducían hacia la ubicación de Héctor. Naomy y Shaden fueron las únicas que respondieron que no sabían.


—No se preocupen —dijo Ángel, con un tono tranquilizador—. Ustedes usarán las armas cortas.


Sebas, sentado junto a ellas, comenzó a explicarles los conceptos básicos.


—Mantengan la calma, respiren hondo y apunten con firmeza —dijo Sebas, mostrando la postura correcta y la forma de manejar el arma—. No disparen a menos que sea absolutamente necesario.


Naomy y Shaden asintieron, concentrándose en las instrucciones de Sebas. El vehículo avanzaba por la carretera, el paisaje desolado pasando a su alrededor, mientras el grupo se preparaba para lo que podría ser una confrontación decisiva.


Sergio había logrado reunir a un grupo de personas, y las armas robadas por Laila resultaron ser un recurso invaluable. Laila abrazaba a Sergio, feliz de verlo y contándole con orgullo cómo había logrado su fuga.


—Logré salir sin que nadie me detuviera y conseguí todo esto —dijo Laila, con una sonrisa.


—Hiciste un gran trabajo —respondió Sergio, asintiendo—. Mientras te esperaba, encontré a más personas. Ahora solo necesitamos encontrar un refugio y más suministros.


Su conversación fue interrumpida bruscamente cuando uno de los hombres de Sergio cayó al suelo, alcanzado por una bala. Era la gente de Ángel que había llegado al lugar, tomándolos por sorpresa.


El caos estalló en un instante. La gente de Sergio intentaba defenderse, pero Héctor y Chris, siguiendo las órdenes de Ángel, atacaron desde otro ángulo, dejándolos sin opciones más que escapar. Sergio y Laila, junto con los pocos que quedaban, comenzaron a huir desesperadamente.


—Déjenlos ir —ordenó Ángel, observando cómo los muertos comenzaban a acercarse atraídos por el ruido de los disparos—. Los caminantes no tardarán en llegar y podrían obstruir nuestro camino de regreso.


El grupo asintió, comprendiendo la gravedad de la situación. Sin perder más tiempo, decidieron regresar al Politécnico, dejando atrás el breve pero intenso enfrentamiento.


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Sharon y Shaden encontraron a Héctor en el patio, su rostro reflejaba una mezcla de dolor y rabia.


—Héctor, tenemos que hablar —dijo Sharon con voz suave, tratando de preparar el terreno.


—¿Qué sucede? —preguntó Héctor, aunque su tono ya anticipaba lo peor.


Shaden tomó la palabra, explicando lo ocurrido con Karla. La reacción de Héctor fue inmediata; sus puños se apretaron y una mirada de odio apareció en su rostro.


—¡Dejé viva a esa maldita y mira lo que pasó! —gritó Héctor, su voz cargada de resentimiento.


Shaden intentó calmarlo, poniendo una mano sobre su hombro.


—Héctor, todo a su tiempo. Encontraremos la manera de hacer justicia, pero necesitamos mantener la cabeza fría.


Héctor, aún consumido por la sed de venganza, apenas escuchaba. Sin responder, se dio la vuelta y se dirigió al edificio donde Ángel estaba hablando con su primo Ithan.


Ángel estaba asegurándose de que Ithan estuviera bien. Tenía en mente enseñar a usar armas a aquellos que aún no sabían, incluyendo a su primo.


—Ya tienes la edad adecuada, Ithan. Pronto te enseñaré —decía Ángel cuando Héctor irrumpió en la conversación.


—¿Por qué no me dijiste lo de Karla? —preguntó Héctor, su voz llena de ira, acercándose peligrosamente a Ángel.


Ángel se mantuvo sereno.


—Héctor, cálmate. No te lo dije en ese momento porque temía que perdieras la cabeza y pusieras en peligro a todos. No hubo tiempo para explicaciones. Lo siento —dijo, mirándolo a los ojos.


Sharon llegó en ese momento, poniendo una mano en el brazo de Héctor.


—Héctor, ven, necesitas descansar y asimilar lo sucedido.


Héctor, sin más palabras, se alejó, intentando contener su furia mientras se dirigía a su lugar de descanso.


En la estación del tren, que ofrecía una vista elevada y estratégica de la escuela, Sergio observaba con binoculares, acompañado de uno de sus hombres que empuñaba un rifle.


—Ese es el novio de la perra que asesinó Laila. Pobrecito, se ve triste —dijo Sergio con un tono burlón, sus ojos fijos en Héctor.


Luego giró la vista hacia Ángel.


—Él es el líder —comentó, señalándolo y continuando su análisis del área y sus defensas.


Mientras tanto, en la escuela, Axel conversaba con Lili.


—¿Cuántas armas logró robar Laila? —preguntó Axel, preocupado.


—Un 40% del inventario, incluyendo municiones —respondió Lili, su tono reflejando la gravedad de la situación.


Axel asintió, comprendiendo el impacto.


—Con lo que ocurrió, necesitamos aumentar la protección del lugar, pero ahora tenemos menos recursos —dijo, su voz llena de preocupación.


Ambos sabían que la situación era crítica, y la necesidad de encontrar una solución se hacía cada vez más urgente.


Ángel reunió a su gente. Todos estaban presentes, excepto Héctor, quien aún no lograba procesar la pérdida de su pareja. Ángel entendió completamente y decidió darle su espacio. Comenzó a hablar con voz firme.


—Las cosas se van a poner aún más difíciles. Tal y como lo pensaba, los muertos no serán el mayor peligro, sino los mismos humanos con su egoísmo y miedo. Por esto, todos debemos estar más alertas que nunca. Vamos a cooperar para hacer el Politécnico más seguro.


Hizo una pausa, mirando a cada uno de los presentes.


—Sé de supervivencia, así que ayudaré a todos a construir defensas para la escuela. La motivación del grupo se elevó con sus palabras. Tomarían lo que quedaba del día para descansar y comenzarían al día siguiente. Todos estuvieron de acuerdo y se dispersaron, cada quien a su lado, con una renovada determinación en sus corazones.


Sarahy y Sebas, cuya relación había quedado en el pasado, se acercaron para hablar un rato. Sebas, con un tono suave, le preguntó cómo se sentía y cómo le había ido en su vida antes del caos. Sarahy le contó solo lo necesario, manteniendo la conversación tranquila y superficial.


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Durante los siguientes días, Ángel estaba ocupado, trabajando con su gente, manejando la madera y el metal para construir defensas efectivas. Mientras tanto, Héctor, impulsado por alguna razón interna, se acercó a Carlos en su salón. Carlos, confundido por la visita, lo observó con cautela.


—¿Has perdido a alguien durante todo este caos? —preguntó Héctor sin preámbulos.


Carlos, tras una pausa, asintió lentamente.


—Sí, he perdido a muchas personas importantes para mí —confesó, su voz teñida de melancolía. Confiado, comenzó a relatar cómo nada había mejorado cuando se unió a los Silenciadores, y cómo, en realidad, se sentía aliviado de estar en el Politécnico, bajo techo, con comida, agua y protección contra los muertos.


Héctor, sorprendido por la apertura de Carlos, decidió aprovechar la confianza.


—¿Puedes contarme más sobre los Silenciadores? —preguntó, pero Carlos, esquivando la pregunta, le devolvió una propia.


—¿Por qué te interesa saber sobre la pérdida de alguien? —indagó Carlos.


Héctor, con un tono más sombrío, reveló la reciente pérdida de Karla, asesinada por Laila. Carlos, mostrando una inesperada empatía, ofreció su ayuda.


—Si algún día necesitas mi ayuda, estaré aquí. Luchar por vivir es lo que Karla querría para ti, no que sufras por ella —dijo Carlos, sus palabras resonando en el corazón de Héctor.


Las palabras de Carlos lograron sacar unas lágrimas a Héctor, quien susurró un agradecido "gracias" antes de salir del salón y disponerse a ayudar a los demás, llevando consigo una renovada determinación para seguir adelante.


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Sebastián y Sarahy, habiendo restablecido su relación y aprovechando sus habilidades con las armas, se encargaron de enseñar a otros a usar desde pistolas hasta rifles y escopetas. Utilizaban balas sintéticas disponibles en la armería para que pudieran practicar sin desperdiciar munición valiosa.

Mientras tanto, todo el grupo trabajaba arduamente para fortificar su refugio. Cada defensa que terminaban era colocada en su lugar estratégico por Ángel, Chris y Axel. Comenzaron por las entradas principales, donde instalaron púas afiladas apuntando hacia el frente, diseñadas para que cualquier muerto que se acercara cayera directamente sobre ellas, quedando inmovilizado.


Héctor, a pesar de su dolor, se enfocaba en mejorar la vigilancia. Empezó a instalar pisos metálicos en los muros, lo que permitiría a los vigías moverse de manera más segura y rápida. Su motivación era clara: proteger lo que quedaba de su nueva familia y no dejar que la tragedia que sufrió se repitiera.


Por otro lado, Naomy, Sheccid, Shaden y Sharon, después de terminar su sesión de práctica de tiro, se dedicaron a los cultivos. Gracias a los fertilizantes especiales que habían desarrollado, las plantas crecieron rápidamente y en excelentes condiciones. Sus conocimientos de química habían resultado ser una bendición para el grupo, proporcionando alimentos frescos en medio del caos.


Cada miembro del grupo, aunque afectado por las recientes pérdidas y traiciones, estaba decidido a hacer su parte. La combinación de la fortificación física y el entrenamiento constante les daba una renovada esperanza. Sabían que la preparación y la unidad eran sus mejores armas en este nuevo mundo lleno de peligros. Juntos, se comprometieron a seguir adelante, a protegerse mutuamente y a hacer del Politécnico un verdadero bastión de supervivencia.


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Después de tres semanas intensas de trabajo, el grupo decidió tomarse una semana de descanso para recuperar energías y reforzar su moral.


Chris y Héctor se aventuraron en busca de Sergio y Laila, pero sus esfuerzos sólo los llevaron a encontrar supermercados y farmacias vacías, repletas de cadáveres. La frustración por no dar con su objetivo aumentaba, y el cansancio se hacía evidente. Finalmente, el auto en el que viajaban se quedó sin gasolina, obligándolos a continuar a pie.


Chris, familiarizado con la región, mencionó que más adelante había una fábrica textil que podría tener algún vehículo en funcionamiento. Con renovada esperanza, avanzaron por la carretera hasta llegar a la fábrica. Al llegar, notaron movimiento en el interior y se escondieron entre unos arbustos para observar.


Con cautela, Chris y Héctor vieron a Sergio conversando con un grupo de personas que claramente eran parte de su grupo. La fábrica textil había sido tomada por ellos y se estaba utilizando como refugio. La situación era más complicada de lo que esperaban, y la presencia de Sergio en un lugar tan organizado era un indicio de que podría haber recursos y aliados en juego.


Héctor, en un intento por no alertar a los demás de inmediato, utilizó la radio para informar a Ángel que habían encontrado algo muy interesante. La información que podían proporcionar cambiaría la dinámica de su situación y posiblemente ofrecería una nueva perspectiva sobre cómo enfrentar a Sergio y su grupo. Con la mente llena de estrategias y planes, Héctor y Chris decidieron regresar al politécnico para compartir lo descubierto y prepararse para el siguiente paso.


Laila, al enterarse de la presencia de los hombres de Ángel cerca de la fábrica textil, rápidamente se puso en acción. Sabía que la llegada de los invasores significaba una amenaza grave para su refugio y su recién adquirida base de operaciones. En su radio, coordinaría con sus hombres para preparar una defensa eficaz y obstaculizar el avance del grupo de Ángel.


Mientras tanto, Ángel, al recibir la actualización de Héctor sobre la ubicación de Sergio y su grupo, decidió actuar con prontitud. La situación era crítica, y cada minuto contaba. Convocó a su equipo para planificar el ataque.


—Escuchen, el plan es el siguiente —comenzó Ángel con firmeza—. Vamos a ir en grupos divididos para maximizar nuestra cobertura. Yo, Axel, Sebas y Chris avanzaremos por la carretera principal y nos acercaremos a la fábrica. Sarahy y Héctor se encargarán de cubrir nuestras espaldas. Shaden se desplazará por el lado opuesto de la carretera para proporcionar apoyo de francotirador y cubrirnos desde una posición elevada. Los demás se quedarán en el politécnico para asegurar la zona y estar atentos a cualquier trampa o emboscada que puedan preparar.


El grupo asintió, preparándose para la misión que se avecinaba. Cada miembro del equipo se preparó para la acción, asegurándose de tener el equipo necesario y estar listos para cualquier eventualidad.


Al llegar al punto de encuentro, el equipo se dispersó según el plan. Ángel, Axel, Sebas y Chris avanzaron con cautela hacia la fábrica, mientras Sarahy y Héctor mantenían una vigilancia constante desde la retaguardia. Shaden, con el rifle en mano, se posicionó en un punto estratégico desde donde podía observar y cubrir a sus compañeros.


El ambiente estaba cargado de tensión, sabiendo que cualquier error podría significar el fracaso de la misión. Laila, consciente del peligro inminente, esperaba con una estrategia de defensa ya en marcha, dispuesta a proteger la fábrica a toda costa. La confrontación entre ambos grupos estaba a punto de estallar, y el resultado podría determinar el futuro de ambos bandos en este violento nuevo mundo.


Shaden, apostada en su punto estratégico, aguardaba ansiosa la señal del equipo. Sin embargo, antes de que pudiera recibir cualquier comunicación de sus compañeros, el plan de Laila se puso en marcha. Los disparos comenzaron a llover sobre las camionetas, perforando el metal y obligando a Ángel a maniobrar con destreza para mantener al grupo a salvo. La habilidad de Ángel al volante y la rápida reacción de Sarahy y Héctor les permitieron escapar ilesos del ataque inicial.


El grupo se vio obligado a abandonar las camionetas y a replegarse detrás de lo que pudiera ofrecer protección. Las balas zumbaban y el caos se desató, con ambos bandos intercambiando disparos. En medio de la batalla, Ángel, consciente de la situación desesperada, tomó la radio con urgencia:


—Shaden, nos dieron una emboscada. Tienes que salir de ahí. Nos quedamos a mitad del camino y estamos siendo atacados.


La comunicación se interrumpió de inmediato cuando Ángel se asomó para disparar contra los atacantes. La lucha era brutal y el grupo de Ángel se enfrentaba a una resistencia feroz. A pesar de la desventaja numérica, la experiencia y la práctica del grupo les permitieron mantenerse firmes y reducir las filas de los atacantes.


En un giro crucial, Shaden, con un temblor en las manos pero con determinación, logró alinear su mira y disparar con precisión desde su posición elevada. Sus balas alcanzaron a tres de los hombres de Laila, lo que desestabilizó a los atacantes y les permitió al grupo de Ángel tomar la iniciativa. Aprovechando la distracción, Ángel y sus compañeros derribaron a varios enemigos más.


El caos aumentó y, cuando Laila dio la orden de retirada, el campo de batalla quedó en silencio. Héctor, consumido por la furia y la adrenalina, continuó disparando hasta que su cargador se quedó vacío. Exhaustos y cubiertos de polvo y sudor, el grupo decidió regresar al politécnico, cuestionándose cómo Laila había tenido acceso a información tan precisa sobre su movimiento.


De vuelta en el politécnico, el grupo se reunió para evaluar los daños y planificar sus próximos pasos. La noticia de que Laila había anticipado su ataque dejó a todos inquietos. Se necesitaba una estrategia más elaborada y una mayor vigilancia para contrarrestar la astucia de sus enemigos, que no solo sabían dónde atacar, sino también cuándo. El día había dejado claro que la lucha por la supervivencia estaba lejos de terminar y que cada movimiento debía ser calculado con la mayor precisión posible.


Sergio, visiblemente frustrado, estalló contra Laila.


—Laila, ¿cómo demonios perdiste a tantos de mis hombres y no lograste eliminar a ninguno? —su voz se cargaba de furia—. Tu trampa estaba casi perfecta, pero fallaste.


Laila, con el semblante tenso, intentó justificarse.


—No contaba con un francotirador... —dijo, su voz temblando de nerviosismo.


Sergio respiró profundamente para calmarse y, con un tono más controlado, le explicó que se estaba preparando para la siguiente jugada. Entonces, uno de los hombres en la vigilancia del politécnico les informó que estaban preparando alrededor de cuatro camionetas. A pesar de la insistencia de Sergio por obtener más detalles, el vigilante se limitó a dar la información básica, dejando a Sergio con la intuición de que el grupo probablemente regresaría. Era momento de planificar un nuevo movimiento.


En el politécnico, Axel y Sheccid estaban ocupados atando varias camionetas con cadenas, creando una barrera móvil para reforzar las defensas. En medio de esta actividad, el francotirador de la estación del tren fue abatido por Sebas, que se encargó de neutralizar la amenaza desde la distancia.


Mientras tanto, Héctor buscó a Carlos para conversar. Le explicó que había hablado con Ángel y había planteado la posibilidad de que Carlos no era inherentemente malo y que todos merecían una segunda oportunidad. Ángel, con la intención de evaluar la sinceridad de Carlos, decidió confiar en él y le asignó un papel en el plan para ganar la confianza del grupo. Carlos aceptó la oportunidad con humildad, consciente de que era su chance para redimirse y demostrar su lealtad.


El grupo se preparaba para una nueva fase en su lucha, con estrategias más refinadas y un ambiente cargado de tensión y desconfianza. La próxima confrontación con Sergio y su grupo se perfilaba como una prueba decisiva para ambos bandos.


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El día del gran enfrentamiento llegó, cargado de expectativas y tensiones. El francotirador que vigilaba la fábrica textil informó a Laila sobre la llegada de las cuatro camionetas encadenadas, pero antes de que pudiera comunicar más detalles, una bala acabó con su vida. Carlos, salido de una de las camionetas, comenzó a ejecutar el plan: simuló una invasión con muertos, lo que permitió a Shaden abatir al francotirador y asegurarse de que Carlos no huyera. Finalmente, subieron a un vehículo de escape y se dirigieron al Politécnico.


Laila, con un grupo reducido de hombres, se dirigió hacia la escuela con la intención de atacar a los que se habían quedado. Sin embargo, al llegar, el segundo tramo del plan se puso en marcha: el grupo de Ángel comenzó su ofensiva. En un enfrentamiento intenso, Laila y sus hombres se vieron acorralados. A pesar de que lograron retroceder hacia sus autos, Sarahy disparó a las llantas, inmovilizando los vehículos. Laila, desesperada, ordenó a sus pocos compañeros que siguieran corriendo, pero fueron abatidos por el último segmento del plan.


Frente a Laila, Ángel, Naomy, Axel y Héctor se posicionaron para enfrentarse a ella. Laila, aún con el orgullo intacto, no bajaba su arma. Ángel, con tono reflexivo, le dijo que la situación no debería haber llegado a este punto y cuestionó por qué Sergio la había abandonado. Laila, nerviosa y molesta, comenzó a gritar que era mentira, pero Ángel insistió: -¿Entonces por qué estás aquí sola? ¿Por qué te mandó con tan pocos hombres y abandonó la fábrica textil?- Laila, al borde del colapso, gritó que todo era falso. Finalmente, en un momento de desesperación, disparó a Axel en el hombro.


Sin vacilar, Héctor respondió a la amenaza de Laila con un tiro en la cabeza sin piedad la detuvo. La traición había demostrado tener un alto costo. Ángel y Naomy, afectados por la pérdida de una amiga cercana, comprendieron la dureza de su situación.


El grupo regresó rápidamente al Politécnico. Aunque la victoria estaba asegurada por el momento, la tristeza y el peso de los eventos recientes se hicieron sentir en el refugio. Axel recibió atención médica, y el grupo, exhausto pero aliviado, se preparó para enfrentar los desafíos que vendrían.


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Marisol, quien había preferido mantenerse en un perfil bajo durante el caos, era una de las pocas en el Politécnico con conocimientos para tratar heridas de bala. Mientras atendía a Axel, Sheccid estaba a su lado, asistiendo en todo lo posible y preocupada por el estado de su pareja.


Ángel, aliviado por haber eliminado una parte significativa del peligro que representaba Sergio, pasaba tiempo con Ian. Sharon los observaba a lo lejos desde su edificio, preocupada por la seguridad de ambos. Héctor, por su parte, se dedicaba a entablar una conversación con Carlos, quien se esforzaba por adaptarse y ganarse la confianza del grupo tras su liberación. Héctor lo integraba en charlas y tareas conjuntas para facilitar su inclusión.


Sebas se acercó a Ángel para discutir los próximos pasos. Le preguntó sobre el plan para lidiar con Sergio. Ángel le recordó que Chris y Shaden continuaban vigilando la fábrica por si Sergio regresaba allí. Además, le indicó que él (Sebas) y Sarahy se encargarían de patrullar la carretera, mientras que él (Ángel) se dedicaría a explorar las calles en busca de Sergio. Sebas aceptó y se marchó junto a Sarahy para comenzar su tarea.


Ángel también se dirigió a Ian, quien mostró entusiasmo por acompañarlo. Ángel pidió permiso a Sharon para que Ian se uniera a él en una breve misión para verificar el paradero de Sergio. Aunque Sharon aceptó con ciertas reservas, Ángel e Ian partieron hacia un pueblo cercano para explorar y estar atentos a cualquier señal de Sergio.


Ángel, Ithan e Ian llegaron al pueblo con cautela, avanzando lentamente en su vehículo mientras vigilaban su entorno. De repente, un grupo de muertos apareció persiguiendo a una figura que corría desesperadamente entre las calles desoladas. Ángel, con una señal a sus compañeros, ordenó detener el vehículo y se acercaron a una gran casa cercana. La casa, aunque imponente, parecía una fortaleza adecuada para refugiarse, así que decidieron entrar a través de una ventana trasera para evitar ser detectados.


Dentro de la casa, Ángel tomó el liderazgo, avanzando con sigilo y utilizando su cuchillo para neutralizar a los muertos que aparecían inesperadamente. Ithan, armado con una pistola y habiendo sido instruido en el uso de armas, mantenía a Ian a su lado, intentando ofrecerle un mínimo de seguridad. Ian, visiblemente asustado, prefería estar junto a Ángel, pero entendió que debía seguir las instrucciones y se quedó bajo la protección de Ithan.


El silencio de la casa se rompió cuando Sergio emergió repentinamente, atacando a Ithan con ferocidad. Sergio, visiblemente agotado y con un aire de derrota, tenía en su poder a Ian, apuntándole con un arma y exigiendo que Ángel se detuviera. Sergio, con una mezcla de furia y desesperación, reveló su desdén hacia Ángel, manifestando su enojo por las pérdidas y la situación que había enfrentado tras abandonar la fábrica textil.


Ángel, manteniendo la calma en medio de la adversidad, evaluó rápidamente la situación. Sabía que cualquier movimiento en falso podría poner en peligro a Ian y a Ithan. Sergio, sin embargo, no estaba dispuesto a negociar y continuó amenazando. La tensión en el aire era palpable cuando un muerto rompió una ventana, provocando un momento de distracción para Sergio.


Aprovechando esta distracción, Ithan tomó una decisión valiente y disparó a la pierna de Sergio, permitiendo que Ian se liberara. Ángel, con una rapidez calculada, inmovilizó a Sergio en el suelo, intentando desarmarlo y neutralizar la amenaza. En medio de la pelea, Sergio intentó recuperar un arma caída en la cocina, desatando una serie de golpes y forcejeos.


Finalmente, Ángel logró apoderarse de un cuchillo cercano. Con una determinación fría, lo usó para herir a Sergio, dejándolo incapacitado y sin opciones. Ángel, con pesar y en un tono grave, explicó a Sergio que su orgullo y sus decisiones habían conducido a este trágico desenlace. La realidad de sus acciones había alcanzado a Sergio, quien, con una mezcla de derrota y resignación, aceptó su destino.


Ángel disparó a la entrada principal de la casa para crear una distracción y permitir su salida rápida. Mientras los muertos comenzaban a entrar, Sergio, herido y sin posibilidad de escapar, enfrentó su destino sin resistencia. El caos que había buscado imponer finalmente lo atrapó, y así se cerró un capítulo más en la lucha por la supervivencia.


Cuando Ángel salió de la casa, exhausto y con heridas de los enfrentamientos, su preocupación creció al no encontrar a sus compañeros. Gritaba sus nombres, pero el silencio solo respondía a su angustia. Comenzó a trotar, cada paso cargado con creciente desesperación, hasta que, al doblar una esquina, se encontró con una visión impactante: un ejército de hombres alineados frente a él.


En el centro de este ejército, un hombre se destacaba. Se encontraba de rodillas, con Ian a su lado, mientras Ithan estaba en una posición de vigilancia. El hombre, con una mirada calculadora, observaba a Ángel con desdén y una sonrisa enigmática.


—Oh, ¿él es Ángel? —preguntó el hombre, su tono frío y desafiante marcando el fin del capítulo.


Continuará, en el capítulo 2.

Rivera.