El camino hacía ti [GoYuu] [Omegaverse]

Summary

Como esposa del emperador, Itadori Yūji cumple un papel muy importante en su Reino. Sin embargo, detrás de esa gran determinación se esconde un profundo dolor. Resignado a ser un Omega defectuoso, observa en silencio como su Alpha consigue una concubina. ¿Acaso piensa pedir el divorcio? • Omegaverse. • Imperial. • Bl.

Genre
Romance
Author
RODY 🌸
Status
Complete
Chapters
26
Rating
5.0 3 reviews
Age Rating
16+

~ El comienzo de otra historia.

Su matrimonio se vio arreglado cuando ambos manifestaron su segundo género... con tan sólo dieciocho años de edad y compartiendo un amor frágil, se vieron orillados a cumplir con un destino previamente escrito a manos de sus familias.


Nombrado emperador, Gojō desposó a Itadori, a quien consideraban la mejor opción para ocupar el título de emperatriz.

Convirtiéndose en el segundo pilar más importante, sólo por detrás del Alpha dominante que los guiaría.


Ninguno se negó a la idea de la unión, ya que sabían perfectamente que ese era su único deber en el mundo y creyendo que su amor se haría más fuerte con el tiempo, ayudándoles a tomar las riendas con sus propias manos para prosperar como una pareja inquebrantable, se adentraron al mundo real.


Sin embargo, el tiempo mismo les demostró que no sólo se trataba de llenar el lugar vacío que dejaron sus padres, a base de cariño.

Y habiendo pasado ocho años, Satoru y Yūji se daban cuenta de ello, ya que su matrimonio atravesaba una enorme tensión.


Sus charlas eran escasas y rara vez se veían a la hora de la cena, siendo la indiferencia de Itadori la principal causa de ello.

Aunque mantenía tenues sentimientos por el peli blanco, no era capaz de mostrarlos abiertamente como lo haría cualquier Omega de su edad y teniendo un trabajo más importante que cumplir, decidió eliminar su matrimonio de las prioridades que tenía.


Dedicándose completamente a su papel de emperatriz.


Algo que no paso desapercibido por el más alto, quien, viendo el continuo rechazo del rosado, comenzó a considerar la idea de conseguirse una concubina que logrará satisfacerlo en la cama.


Llevando su relación a ser sólo un símbolo de formalidad frente a otros.


— ¿Ocho años y aún no puede darle un principe?— decía.— Probablemente la emperatriz no puede tener hijos a causa de alguna maldición.— continuó.— Es entendible que nuestro señor busqué a otra hembra.— se reía sin cuidado.


A espaldas del Omega, la servidumbre habría la boca para juzgarlo sin pensar en las consecuencias que eso les traería.


— Es una lástima que nosotras no podamos servirle personalmente.— bufó, matando por completo el sueño de estar entre los brazos del Alpha.


— ¿Ya terminaron de decir estupideces?— molesto, el peli negro aparecía detrás de ellas para callarlas.


Por tercera ocasión debía intervenir para frenar los rumores que rápidamente se esparcian por los pasillos del palacio.

Como mano derecha del emperador, su trabajo era garantizar que todo estuviera bien, reportando cualquier anomalía de ser necesario.


— Lo sentimos, Getō-sama.— dijeron ambas, antes de huir a la cocina.


Dando un suspiro largo, Suguru imploraba unos minutos de descanso.


— Estás mujeres y sus ideas tontas.— mencionó para sí mismo, antes de volver a sus actividades de vigilancia.


Vagando por los pasillos, pensaba en todo lo sucedido en los últimos años desde la llegada de Satoru al trono, reconociendo que la gente del pueblo tenía una mejor vida.

Aunque en el fondo no estaba de acuerdo con esa absurda decisión.

Incluso si tenían problemas, Getō no consideraba justa la idea de permitir una infidelidad hacía el peli rosa, trayendo una sucia concubina a su palacio.


Pero debía hacerlo, tenía que obedecer las órdenes del Alpha peli blanco y comenzar su búsqueda de las mejores hembras.


Recordando la discusión de unos días antes.


— ¿No te vas a oponer?— interrogó, olvidando los modales debido a su malestar.


— Es su decisión, aun si me niego sé que esta en su derecho a exigir un hijo, incluso si no es mío.— conocía las reglas perfectamente.


Y entonces un dolor en su pecho se presentó.


— ¿Simplemente lo vas a permitir con los brazos cruzados?— tomó sus hombros con suavidad, conectando sus miradas desesperadas.— Eres su esposa, no un adorno al cual puede reemplazar fácilmente.— replicó.


— No hay nada que yo pueda hacer.— desvío la mirada, sintiendo su corazón arder.


— ¿Y por qué no le das un hijo?— cruzó la línea.— No permitas que otro le abra las piernas.— fue duro, antes de recibir una fuerte bofetada en la mejilla izquierda, no por su tono altanero, sino porque aquello había dolido.


— Ese no es asunto tuyo.— intentó mantener la calma.— Los temas respecto a mi matrimonio se quedan entre Satoru y yo, así que sólo dedícate a cumplir con tu trabajo.— ordenó.


— Itadori, yo...— pensaba pedirle disculpa, no obstante alguien intervino en el lugar.


— ¿Qué está sucediendo aquí?— percibiendo las fuertes feromonas del Alpha y observando la expresión en el rostro de su Omega, Satoru se apresuró, poniéndose de pie entre ellos.


Ya que Gojō desconocía la amistad entre Suguru e Itadori, creía que algo más estaba pasando.


— No es nada.— respondió el más bajo, dándole la espalda.


— Señor...— Getō se inclinó, bajando la cabeza para recibirlo en el sitió.


— ¿Acaso estabas molestando a mi esposa?— su ceño se frunció, imaginando una escena totalmente diferente.


— No, por supuesto que no, señor, jamás me atrevería.— se mantuvo en esa posición, hablando de igual manera.


— Ya te dijo que no es así, entonces déjalo tranquilo.— manteniendo un tono frío, Yūji salió de la habitación para no dar más explicaciones.


Sin imaginar que su Alpha lo seguiría.


— Espera un momento.— pidió, a lo que Yūji obedeció, quedándose de pie a mitad de ese largo pasillo.— Tienes impregnado su aroma por todo el cuerpo, dime... ¿Acaso te tocó?— rápidamente, el albino se pegó por detrás al cuerpo ajeno, olfateando su cuello.


Siendo un dominante, un breve toque de Suguru bastaba para marcar a una persona, algo que había hecho de manera inconsciente.


— Por supuesto que no.— mintió, evitando un problema al mayor.


— ¿Entonces cómo lo explicas?— interrogó con un tono serio, frotándose descaradamente en el más bajo.


— No tengo nada que decir, sólo estábamos hablando de asuntos relacionados al trabajo de los campesinos.— con brusquedad se apartó.— Así que deja de hacerte ideas equivocadas.— dijo, antes de retomar su camino.


Huyendo del lugar a toda prisa para ir a refugiarse dentro de su habitación.


Enojado por ser rechazado nuevamente, Satoru miró en la dirección contraria, preguntándose otra vez si Yūji decía la verdad, o realmente sucedía algo entre su lacayo y su esposa.


~ Rody. ☬