Omega orgulloso, Alfa enamorado [DekuKatsu]

Summary

Las calles se mueven a sus pies y voluntad, miradas y un par de piropos nunca faltan cuando camina por ellas, sensualidad y peligro, una mezcla mortal. No hay alfa que pueda resistirse, pero tampoco que pueda dominarlo, él es un omega rebelde; decidido a pisar con fuerza y dejar su huella en los tontos que creen que podrán salir ilesos de una noche en sus redes. Katsuki nunca ha sido un omega normal, sus feromonas anuncian peligro, sus afilados ojos rubís son la perdición de aquellos que solo son guiados por sus instintos y se acercan para terminar recibiendo una feroz mordida, él no piensa dejarse marcar tan fácilmente. El destino lo hizo omega, pero su fuerza de voluntad lo hará libre... Si tan solo ese ratón de biblioteca dejara de verlo como si fuese lo más hermoso del mundo, si tan solo dejara de cuidar sus pasos como si fuese su maldita sombra. § Pero los años no pasan sin dejar huellas, Katsuki halló un alfa que no se dejó escandilar por su belleza ni fiereza, el mayor empresario de Japón, ese alfa pelinegro que solo quería divertirse con un omega especial hasta volverlo uno más del montón, usado y herido. Izuku terminó su carrera universitaria y ahora trabaja para Dabi en su empresa, después de años sin verse se topará en ese lugar con el omega que destruyó su corazón. Ahora que los papeles se han volteado. ¿Katsuki será capaz de aceptar la ayuda de su destinado?

Status
Ongoing
Chapters
16
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1

Katsuki nunca ha sido un omega normal, sus feromonas anunciaban peligro por donde quiera que pasaba, sus afilados ojos rubíes eran la perdición de los alfas más tontos guiados por sus instintos que se acercaban sólo para recibir una feroz mordida porque Katsuki no estaba dispuesto a dejarse marcar tan fácil por cualquier alfa que llegara ofreciéndole sólo rosas y una vida de mentira.


El destino había decidido hacerlo omega, pero su fuerza de voluntad lo hace libre de las estúpidas reglas de jerarquía de las cuales todo Japón se regía; nunca bajaba ni bajaría su cabeza ante ningún alfa, ni siquiera cuando estos usaban su voz para exigir sumisión, aquello solo lo molestaba y los hacía mandarlos a la mierda sin importarle que los idiotas esos se molestaran por perder su orgullo frente a otros.


Su madre era una de esas alfas a la cual no le hacía caso alguno, ni siquiera había estudiado la carrera que ella había decidido para que pudiese seguir sus mismos pasos, él quería hacer su vida como se le daba la gana sin tener que seguir las reglas de nadie y mucho menos las de su madre quien solo se molestaba cada vez que se negaba a hacer algo, su padre era quien terminaba metiéndose en medio de ambos para que no terminaran sacando los dientes y atacándose.


En la universidad era parte de un grupo de omegas populares pero a él no le gustaba juntarse con ningún extra, todos le parecían fastidiosos y necesitados de un alfa que fuesen de buena familia y los cortejara para dejar de estudiar dejándose mantener por estos al darle hijos; él odiaba a ese tipo de omegas y ese tipo de pensamientos que solían tener.


Por ello era que los alejaba cuando querían perseguirlo a todos lados y estos se alejaban, pero había alguien a quien siempre tenía que estar alejando de sí; aquel ratón de biblioteca que lo miraba como si fuese lo más hermoso del mundo, el tonto alfa solía seguirlo como su fuese su sombra, cuidando sus pasos y cuidándolo de todos aunque él no se lo pidiera.


Recuerda que lo conoció en su tercer semestre de carrera, le parecía bastante extraño que no se comportara como los otros alfas cuando se le acercaban, el peliverde era alguien tímido que le sonreía amplio y le hablaba con un poco de miedo, suponía que el hombre habría escuchado las advertencias o los rumores que las personas solían dar a murmullos por los pasillos, él mismo los había escuchado, pero pasaba de ellos para evitar armar escándalo ya que sabía que aunque lo hiciera no le prestarían atención ya que la mayoría eran alfas y betas, eran pocos los omegas que seguían estudiando para conseguir tener una mejor vida sin necesidad de estar dependiendo de sus alfas.


Aquellos omegas les caía bien, aún así las leyes siempre los denigrarían por ser la casta "más débil" como solían tacharlos desde tiempos atrás y siempre habría familias que educarían a sus hijos omegas para que busquen un alfa de buena familia, le den hijos y laman sus botas sin importarle si su alfa les son fieles con tal de tener buena vida y dinero asegurado. Él agradecía que sus padres no hayan sido así, estos al enterarse que su examen salió como «Omega» siguieron criándolo con la fuerza de voluntad de un alfa para que valiera por sí mismo y no anduviera yéndose con el primer idiota que le pidiera abrir las piernas.




Ahora, unos años después de haberse graduado, había comenzado a trabajar en la empresa del mayor empresario de Japón; el hombre era un alfa que no se había caído en sus encantos ni en su belleza y mucho menos en su fiereza, aquello le gustaba por no admitir que le atraía. Así que decidió que aquel hombre sería suyo, sería un reto personal tenerlo comiendo de la palma de su mano. Mientras, disfrutaría tener las calles moviéndose bajo sus pies y voluntad, obteniendo las miradas de todos junto a unos cuantos piropos que nunca faltan cuando camina por ellas, todo él grita sensualidad y peligro, siendo una mezcla mortal.


Ese día se había levantado temprano a pesar de que el día anterior había llegado súper tarde a su apartamento, su rostro se notaba cansado y su cabello también había decidido no poner de su parte, ni siquiera tenía ganas de ponerse a gruñir y pelear con el y el cepillo, simplemente se metió bajo la ducha con el agua tibia bajando por su cuerpo, aunque el agua fría le serviría más para despertarse pero no tenía ganas de llegar aún más gruñón que de costumbre; Dabi se la pasaba comentándole que se vería más lindo si dejara de fruncir el ceño, por supuesto que no le hacía caso sino que lo mandaba a la mierda sin importarle si lo despedía pero al hombre no parecía molestarle su manera de ser ya que simplemente se reía como si le fuese contado el mejor chiste del mundo antes de marcharse.


Salió de la ducha unos minutos después para envolverse en su bata de baño y tomar una toalla para secarse el cabello, caminando hacia su armario, sacando un smoking blanco con su camisa de color vinotinto y una corbata negra, no todos eran sus colores favoritos pero no podía llegar a la empresa luciendo un traje con los colores negro, naranja y verde; aunque no niega tener un conjunto con aquellos colores dentro de su armario por si se le antoja molestar o castigar al jefe, igual ganas no le han faltado ya que el alfa le gustaba jugar con él y decirle que lo va a cortejar pero termina riéndose mientras le dice que es una broma.


Lo odia la mayor parte del tiempo.


Ese día tenía una reunión importante con los viejos de la directiva, la mayoría eran alfas que le ofrecían a sus hijos pero siempre los rechazaba; ni siquiera había aceptado a su destino, mucho menos aceptaría al hijo de algún viejo de esos que solo lo obligarían a lamerle las botas y a darle cachorros, no tenía ni sentía tanta necesidad de tener a un alfa entre sus piernas, fácilmente podía pasar solo sus celos con sus juguetes sin estar dependiendo de ningún alfa; aunque no niega haber pasado algunos con algún beta desconocido.


Se preparó su desayuno con tranquilidad, aún le quedaba una hora para llegar a trabajar, ese día no tenía ganas de comer tan pesado así que simplemente se preparó un sándwich de jamón y queso, se sirvió su taza de café mientras preparaba su almuerzo de ese día, no le gustaba almorzar con los extras de sus compañeros, todos eran muy ruidosos, así que simplemente compraba alguna bebida en la máquina expendedora y se sentaba en su oficina a comer, había veces en las que lo acompañaba el mismo Dabi pero no decía nada ya que estando solos podría tenerlo fácilmente comiendo de la palma de su mano más pronto que tarde.


Desayunó y guardó su almuerzo en el maletín, tomando la carpeta con los papeles importantes de ese día y salió de su apartamento revisando que tuviese el celular, la billetera y sus llaves, una vez que lo confirmó, cerró la puerto con seguro y se dirigió hacia el estacionamiento para dirigirse a su pequeño Toyota Prius C el cual era de un hermoso color naranja, seguía estando orgulloso por haberlo conseguido con aquellos colores; no se arrepentía de haberse gastado más de la mitad de sus ahorros ya que había valido toda la pena del mundo, cuidaba de su auto como si fuese un hijo y no dejaba que nadie, ni siquiera sus padres se subiesen a su auto.


Despertó de su ensoñación cuando recordó que debía llegar a trabajar y odiaba llegar tarde, por ello salía más temprano, evitaba de aquella manera toparse con el tráfico de las mañanas además de que evitaba terminar peleando con los otros idiotas que no se apresuraban en avanzar, definitivamente no le tenía ni más mínima paciencia a aquellos delante suyo en el tráfico. Manejaba con velocidad media para evitarse la sexta multa del mes, no podía seguir coleccionándolas como si fuesen trofeos y ya no tenía ganas de seguir yendo a la comisaría a pagarlas, ya se conocía el rostro de todos los oficiales y aunque le gustara escuchar piropos de vez en cuando, no le apetecía ser tragado por las miradas que recibía de aquellos viejos que no tenían nada interesante porque ni siquiera su trabajo le interesaban.


Llegó a la empresa y estacionó su auto con sumo cuidado, bajándose luego de apagar el motor, tomó sus cosas y colocó el seguro del auto para dirigirse hacia el ascensor, pulsando el botón para esperar a que las puertas se abrieran; observó la hora y la fecha, revisó su calendario y notó que ese día debía comenzar a tomarse los supresores porque su celo llegaría en dos días y quería evitar que llegara fuerte, no se le apetecía abrir sus piernas de manera necesitada a cualquier alfa idiota más cercano que quisiese satisfacerse pero no complacerlo. Subió al ascensor y marcó el último piso, volteándose hacia el espejo para acomodar su cabello y su ropa, iba tan pulcro como siempre, no tenía ni una arruga en su ropa por lo que nada le molestaba, aunque siempre había una excepción y ese era su rostro, bajo sus ojos se podía notar fácilmente las bolsas negras que gritaban a cualquiera "¡Ojeras!" como si fuese necesario que todos supieran que no dormía las horas necesarias, debía deshacerse de ellas pronto.


Las puertas del ascensor se abrieran dejando ver un peliceleste saliendo de la oficina del jefe con una sonrisa sobre sus labios como si hubiese hecho una travesura y por sus feromonas sabía que era un omega, se plantó frente suyo con el ceño fruncido y olió más se cerca el aroma del jefe en su cuerpo pero todo el que salía o entraba a aquella oficina salía apestando a feromonas del alfa porque aquella oficina era su territorio y el hombre mismo decía que también era una forma de marcar a los que son suyos.


—¿Qué mierda hacías dentro de la oficina del jefe sin el jefe dentro? —Cuestionó con su típica actitud grosera sin importarle si el otro se ofendía.


—No es tu problema lo que haga con mi prometido, sal de mi camino.


Aquello fue un balde de agua helada para su cuerpo, vio al omega marcharse y cuando se cerraron las puertas del ascensor fue en dirección hacia la misma oficina, tocando antes de entrar como había aprendido, la última vez terminó con un golpe de una grapadora por no tocar antes de entrar y fue hasta castigado por el alfa, no pudo hacer nada más que aceptar el castigo con la lengua mordida ya que estaba el hombre acompañado pero luego de que la gente se fuera lo mandó a la mierda por todo ese mes ya que aquella gente eran socios importantes.


—Dabi. ¿Por qué no me dijiste que estabas comprometido? —Cuestionó dejando el maletín en una silla y los papeles sobre el escritorio.


—Porque no es importante ese detalle y no es tu problema Katsuki —Respondió el nombrado con seriedad y se alejó del escritorio aún sentado en su silla. —A ti el único problema que debería importarte es el que tengo entre las piernas, así que ven y abre las tuyas en vez de abrir la boca para soltarme groserías.


—¿Qué, tu prometido no te sabe abrir las piernas? —Cuestionó Katsuki sin moverse de su sitio, cruzándose de brazos con cierta burla en su tono de voz.


—No, quiere llegar casto al matrimonio o una mierda así fue la que me dijo, ahora ven aquí —Respondió y ordenó comenzando a cansarse de no tenerlo como se lo ordenaba.


—No quiero, yo no bajaré una erección que provoca otro; tienes una mano, úsala porque pronto comienza la reunión —Respondió Katsuki tomando sus cosas y dándose la vuelta para salir de la oficina.


Es una orden omega, ven y abre las piernas. —Habló el alfa interior de Dabi mientras veía al cenizo volteo con el ceño fruncido.


—Vete a la mierda con tu jodida voz de mando que no me afecta en lo más mínimo.


Y con aquello dicho salió de la oficina, sólo una voz de alfa le había afectado al punto de hacerlo obedecer y esa era la de aquel ratón de biblioteca que no había vuelto a ver desde que se graduó, esa vez el mismo alfa se asustó por lo que hizo de manera inconsciente supone, pero aún así no lo perdonaba por hacerlo obedecer tan fácil; pero eso eran cosas del pasado que no le interesaba en lo más mínimo, simplemente hizo su camino hacia la oficina y dejó su maletín antes de dirigirse hacia la sala de conferencias donde sería la reunión.


Vio que todo estaba acomodado de manera pulcra y ya había una de las recepcionistas que se encargaría de ofrecer café o té a los socios americanos y luego se marcharía; asintió para darle el visto bueno antes de comenzar a dejar la copia del trabajo que presentarían en cada puesto, tenía entendido que sólo eran siete, pero colocó tres más por si llegaban otros sin avisar como anteriormente lo habían hecho, esos días eran los momentos más frustrantes que incluso sentía ganas de abrir sus gargantas por llegar sin invitación.


A los minutos llegó Dabi quien mantenía el ceño fruncido sin siquiera ver al omega y a éste no podría darle más igual que no le dirija la mirada ni una palabra, si el pelinegro estaba molesto, él estaba aún más molesto por haber usado su voz de mando para hacerlo obedecer por la fuerza; los socios comenzaron a llegar poco después siendo guiados por otra de las recepcionistas quien se marchó luego de dejarlos en la sala correspondiente. Katsuki los invitó a sentarse mientras se mantenía de pie al lado del jefe quien había cambiado su expresión a una más profesional y había dejado de lado el ceño fruncido, además de que también podía detectar que el hombre se había puesto inhibidor, supuso que para evitar que sus feromonas delaten su molestia y así, pasar pena.


Observaron que eran sólo seis personas de siete que supuestamente iban a llegar, una de esas personas tenía entendido Katsuki que entraría a trabajar en la empresa como socio, así que no sabía si era el que faltaba o alguno de los ancianos que se encontraba sentados en sus puestos, aunque había un joven entre esos ancianos, calculaba que tendría más o menos su misma edad e incluso más, tal vez menos que él; no estaba seguro y no le interesaba en lo más mínimo.


—Welcome to my company, thank you for coming, I hope it has not been difficult for you to arrive —Habló Dabi en un extraño pero perfecto inglés hacia los socios.


—Está bien, puede hablar en Japonés que podemos entenderlo perfectamente —Respondió el más joven entre los demás. —Pudimos llegar sin perdernos gracias a mi pareja que debería estar presente, pero decidió quedarse a observar la empresa para cuando deba quedarse a ser su socio —Respondió con expresión estoica mientras se levantaba para hacer una leve reverencia. —Es un gusto conocerlo, me presento, soy el hijo menor de Enji Todoroki, Shōto y estoy aquí en nombre de mi padre quien no pudo venir por su situación médica.


—Es una sorpresa conocer por fin al sucesor de los Todoroki, me sorprendió bastante el escuchar que eres un omega y aún así estás a cargo de su empresa —Comentó Dabi ignorando el detalle de tener un intruso rondando por su empresa.


—Lo soy y no debería sorprenderle, en América la ley admite que nosotros los omegas podamos tener un negocio siempre y cuando tengamos la marca de nuestra pareja —Explicó Shōto con suma tranquilidad mientras volvía a acomodarse en la silla. —Por supuesto que mi prometido es alguien bastante reservado por lo que nuestra marca es temporal hasta que se formalice nuestro matrimonio.


Katsuki sabía que daba aquella última información ya que su cuello se encontraba expuesto, como cualquier omega que portaba de manera orgullosa la marca de su alfa, no le molestaba el hombre puesto que a pesar de haber aceptado a un alfa a su lado para tener su propia empresa o ser sucesor de su padre, aún así era un omega trabajador que no vivía colgándose de la fortuna de su familia ni de la fortuna de su alfa.


—Bueno. Con eso aclarado, déjeme presentarle a los demás socios para que usted y su compañero sepan quiénes son los presentes, debo decir que hay de todo un poco ya que nuestra empresa es la más grande en América, mucho más que la suya —Comentó Shōto a modo de puya e indirectamente, para indicarle a la primera persona de su lado izquierdo. —Yagi Toshinori, es nuestro más reciente socio y el dueño de la empresa más grande de protección de nuestro país, su empresa cuenta con todos los servicios que pueda pedir.


—Siendo el más buscado, el de guardaespaldas —Comentó el hombre mientras se levantaba para dirigirle una reverencia al hombre. —Es un gusto conocerlo, pido disculpas de parte de mi hijo y su ausencia debería estar por llegar o eso espero.


—Debo agregar también que es mi suegro —Comentó Shōto con una sonrisa pequeña mientras veía al hombre acomodarse en la silla.


—No debe pedir disculpas, está bien que su hijo vea y conozca el lugar donde va a trabajar —Comentó Dabi, aceptando las disculpas que el hombre daba. —Bakugō, ve por los papeles que dejé en el escritorio de Tomoko, son parte de la reunión.


El cenizo chistó la lengua en silencio y salió de la sala sin decir nada, manteniendo su cabeza en alto y dejando que sus pisadas fueran escuchadas de manera fuerte, por más que fueran personas de otro país con otras reglas muy diferentes a las de Japón, aun así había sentido la mirada de algunos sobre su cuerpo, aquello le asqueaba por ello no se quejó demasiado para buscar aquellos papeles en el escritorio de la secretaria de Dabi, pero al llegar y colocarse frente a ella, escuchó las puertas del ascensor abrirse, estas dieron paso a un aroma que creía haber olvidado luego de tantos años y prontamente salió aquel alfa que no creyó volver a ver.


Éste llevaba una sonrisa en su pecoso rostro, estaba más alto y con la musculatura de un alfa, aquello orbes esmeraldas chocaron los orbes rubíes del cenizo, observando con asombro y sin disimulo alguno el hecho de volver a encontrarse a su destinado trabajando en la misma empresa en la que él mismo trabajaría de ahora en adelante.