Capitulo 1
La mañana estaba nublada, y el frío otoñal hacía que las hojas caídas crujieran bajo los zapatos de los estudiantes mientras caminaban hacia el colegio. Abel, con su cabello castaño desordenado y su chaqueta de diseñador, caminaba con una actitud de superioridad que acostumbraba. En su mirada se reflejaba la confianza que le daba ser el chico más popular del colegio.
Hoy era el primer día de Leah Scott en el colegio, y Abel no estaba preparado para el impacto que tendría su llegada. Leah, con su cabello ondulado y su actitud decidida, estaba a punto de cruzarse con él en el vestíbulo del colegio. Mientras se acercaba, los murmullos de los estudiantes indicaban que había algo inusual en la nueva alumna.
—¡Oye, Leah! —la llamó Dana, su amiga de toda la vida, señalándola mientras la buscaba entre la multitud.
Leah se giró y vio a Dana con una sonrisa amistosa. Se dirigió hacia ella, tratando de parecer segura a pesar de los nervios.
—Hola, Dana. —Leah sonrió, aunque su voz temblaba un poco.
—¡Finalmente te encuentro! —exclamó Dana, dándole un abrazo. —Déjame presentarte a mis amigos.
Leah siguió a Dana por el pasillo, pero su atención fue captada por Abel, que se apoyaba contra la pared con una actitud relajada. Matheo, su hermano, estaba a su lado, charlando animadamente.
—¡Esa debe ser la nueva! —comentó Abel en voz baja, mirando a Leah con curiosidad. —¿Qué te parece?
—No me gusta juzgar a las personas al instante, Abel —respondió Matheo, aunque no podía evitar lanzar una mirada inquisitiva hacia Leah. —Pero parece interesante.
Leah llegó al grupo de Dana, quien presentó a sus amigos: Lukas, un chico alto con una sonrisa amigable, y Noah, una joven reservada pero atenta.
—Chicos, esta es Leah Scott. —Dana hizo las presentaciones.
Abel se adelantó, extendiendo la mano con una sonrisa forzada.
—Hola, Leah. Soy Abel. —Su tono era cortés pero tenía un matiz de arrogancia.
Leah miró la mano extendida y la aceptó con firmeza.
—Hola, Abel. —Su voz era decidida, aunque sentía una pequeña punzada de incomodidad al encontrarse con la actitud de Abel.
Matheo se acercó con una sonrisa amplia, intentando suavizar la tensión.
—Soy Matheo, el hermano de Abel. —Su tono era más amigable, aunque también cargado de curiosidad.
Leah asintió, sintiendo la presión de la mirada de Abel sobre ella. Se preguntaba por qué él parecía tan interesado en su presencia.
—¿Quieres unirte a nosotros para el almuerzo? —preguntó Lukas, tratando de romper el hielo.
Leah aceptó, agradecida por el gesto amistoso. Mientras caminaban hacia la cafetería, Abel y Matheo seguían conversando en voz baja, intercambiando miradas que Leah no podía descifrar.
La cafetería estaba llena de estudiantes que hablaban y reían. Abel y Matheo se sentaron en una mesa en el centro, rodeados por sus amigos. Leah se acomodó junto a Dana, sintiendo la mirada de Abel en su espalda.
—¿Cómo te va hasta ahora? —preguntó Dana, notando que Leah estaba un poco inquieta.
—Bien, creo. —Leah trató de sonar optimista. —Aunque no puedo evitar sentir que estoy siendo observada.
Dana rió suavemente.
—No te preocupes por Abel. Es un poco... imponente al principio, pero no es tan malo una vez que lo conoces.
Leah asintió, aunque no estaba del todo convencida. Abel se levantó de su asiento y se acercó a la mesa de Leah.
—¿Leah, verdad? —su tono era más informal ahora. —¿Qué te trae por aquí?
Leah lo miró con una mezcla de sorpresa y desconfianza.
—Sí, soy Leah. —Hizo una pausa. —Me mudé aquí recientemente.
Abel frunció el ceño, como si intentara calcular algo en su mente.
—Vaya, debe ser un gran cambio para ti. —Su tono era neutral, pero Leah detectó un toque de curiosidad en su voz.
Antes de que pudiera responder, el timbre sonó, indicando el final del almuerzo. Abel y Matheo se levantaron y se prepararon para ir a sus clases. Abel lanzó una última mirada a Leah, una mezcla de desafío y intriga en su mirada.
—Nos vemos por ahí, Leah. —Dijo Abel con una sonrisa apenas perceptible antes de alejarse.
Leah observó cómo se alejaban, sintiendo una extraña sensación de inquietud. Algo en la actitud de Abel le decía que no sería fácil encajar en este nuevo entorno. Mientras se dirigía a su próxima clase, no podía evitar preguntarse si su primer día sería más complicado de lo que había anticipado.
Al final del día, mientras Leah se dirigía a su casa, notó una figura que la seguía a una distancia prudente. Al principio pensó que era su imaginación, pero la sensación de ser observada se hizo más intensa. Al llegar a la esquina de su calle, giró y no vio a nadie, pero un escalofrío recorrió su espalda. La idea de que alguien estuviera siguiendo sus pasos la perturbaba.
Cuando llegó a casa, se encontró con una nota en la puerta de su habitación. La nota estaba escrita en una caligrafía elegante pero sin nombre. Decía: "Bienvenida a tu nuevo mundo. Espero que estés lista para lo que viene."
Leah miró la nota con preocupación, sintiendo que su primer día en el colegio acababa de abrir una puerta a algo mucho más complejo y oscuro.