El desafío de MatchSense: destino digital

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Summary

En un mundo donde la tecnología ha llegado a dictar quién es compatible con quién, la aplicación MatchSense ha emparejado a Taro, un alfa, con Yuto, un omega. Sin embargo, ambos tienen un problema: Taro odia a los omegas y Yuto odia a los alfas. Taro, quien ya tenía una novia llamada Mei, se siente obligado a dejarla para cumplir con las expectativas de la sociedad y la aplicación. Por otro lado, Yuto, quien ha pasado su vida fortaleciendo su cuerpo y mente para desafiar los estereotipos de los omegas, se siente atrapado en un sistema que no le permite tomar el control de su propia vida. A medida que pasan más tiempo juntos, Taro y Yuto descubren que sus prejuicios y odios hacia el otro grupo son infundados. Comienzan a ver más allá de sus diferencias y a desarrollar sentimientos el uno por el otro. Pero, ¿podrán superar las expectativas de la sociedad y seguir sus propios corazones? ¿O estarán condenados a seguir los dictados de la aplicación y la sociedad?

Status
Ongoing
Chapters
14
Rating
n/a
Age Rating
18+

1- introducción: El comienzo .

En el mundo actual donde la tecnología lo gobierna todo, la vida amorosa no es una excepción. En este mundo hiperconectado, existía una plataforma revolucionaria llamada "MatchSense", que utilizaba algoritmos avanzados de inteligencia artificial para encontrar parejas ideales basadas en datos precisos y comportamientos analizados. En un mundo donde las jerarquías sociales se determinaban por el tipo de sangre y las características biológicas, existía el Omegaverse, una sociedad estructurada en torno a alfas, betas y omegas.

En esta sociedad, los alfas eran considerados líderes naturales y poseían una fuerza física y una presencia dominante.

Los betas, por otro lado, constituían la mayoría de la población y tenían habilidades y características más equilibradas. Finalmente, estaban los omegas, individuos con una biología única que les otorgaba una gran capacidad de empatía y, en muchos casos, la capacidad de llevar a cabo la reproducción.

Aún a pesar de eso, los mundos entre "especies", aparentemente distintos, reflejaban las estructuras y tecnologías sobre la vida amorosa y social de sus habitantes. Generalmente las personas eran emparejadas a la edad de 18 años, para que así en su vida joven tuvieran la oportunidad de conocerse y convivir para un futuro expendido.


-Estudiaste para los exámenes debidamente, ¿verdad?— La madre de Taro preguntó con tono frío y sin apartar la mirada de su periódico donde leía la sección de noticias.


Ella dio un sorbo a su café sin mirar a Taro en algún momento.


—Si, madre, prometo sacar el mejor promedio —respondió Taro con un tono neutro. —Espero que así sea, recuerda que no debes manchar el apellido de la familia -dijo el padre de Taro. —No lo haré, padre, prometo ser el mejor de la clase este año también —respondió Taro mientras tomaba una rebanada de pan y la servía en su plato. En el año 2xxx, la empresa tecnológica Katsuragi Innovations era líder en el mercado de inteligencia artificial y robótica.

El fundador, Kenji Katsuragi, era un genio en programación y visión computacional que había revolucionado la industria con sus creaciones.

La empresa estaba trabajando en un proyecto secreto, un sistema operativo llamado "Kai" que podría aprender y adaptarse a cualquier entorno, creando inteligencia artificial a tal punto de que el sistema podía llevar una conversación como un humano.

El equipo de Katsuragi Innovations estaba emocionado de presentar el proyecto Kai en la feria anual de tecnología en Tokio. Sin embargo, un día antes de la presentación, un hacker llamado "Zero Cool" atacó los servidores de Katsuragi Innovations y robó los planos de Kai.

El equipo estaba desesperado, pero Kenji Katsuragi no se rindió. Reunió a su equipo y juntos trabajaron durante toda la noche para crear una nueva versión de Kai, aún más avanzada que la original. Finalmente, llegó el día de la presentación y Kai fue un éxito rotundo. La audiencia se quedó asombrada con las habilidades del robot y Katsuragi Innovations recibió ofertas de todo el mundo para implementar a Kai en diferentes industrias.

Kenji Katsuragi miró a su equipo con orgullo y dijo: "Hoy hemos demostrado que el apellido Katsuragi no solo representa honor y coraje, sino también innovación y tecnología de vanguardia". Y con eso, Katsuragi Innovations se convirtió en sinónimo de tecnología avanzada y Kai se convirtió en un símbolo de la capacidad humana para superar los desafíos.

El apellido Katsuragi había evolucionado con el tiempo, pero su significado seguía siendo el mismo: fuerza, poder y ahora también innovación tecnológica. Es así como el ancestro de Taro creó la empresa "Matchify Solutions", creadora también de la aplicación "MatchSense".


Taro proviene de la familia Katsuragui. Su padre Hiroto Katsuragui es el actual CEO de la empresa Matchify Solutions, que algún día Taro heredará. La madre de Taro, Yumi Nakamura, proviene de una familia de inversionistas.


El linaje de Yumi se compone por apasionados de los negocios. El ancestro de Yumi, Kenji Nakamura, había estudiado economía en la universidad. Después de graduarse, Kenji comenzó a trabajar en una empresa de inversiones en Tokio, donde rápidamente ascendió. Un día, Kenji decidió tomar el riesgo y fundó Nakamura Inversiones. Comenzó con un pequeño equipo de analistas y una oficina en el centro de Tokio. Al principio, fue difícil, pero Kenji no se rindió. Trabajó arduamente para atraer a clientes y construir una reputación en el mercado. Sin embargo, Kenji nunca se olvidó de sus raíces y siempre se aseguró de mantener una política de inversión ética y sostenible. Creía que la inversión no solo debía ser rentable, sino también socialmente responsable. Años después, Nakamura Inversiones se había convertido en una de las principales empresas de inversión en Japón. Kenji había logrado crear un negocio próspero y sostenible que había ayudado a miles de personas a alcanzar sus objetivos financieros. Con el tiempo, Nakamura Inversiones comenzó a crecer. Kenji hizo algunas inversiones inteligentes y logró obtener altos rendimientos para sus clientes. La empresa se expandió y Kenji pudo contratar a más empleados y abrir oficinas en otras ciudades de Japón. Y es que, como dice el dicho japonés, "el éxito es el resultado de la planificación y la ejecución".


Es así como la familia de Yumi es exitosa, aunque no tanto como la familia Katsuragui. Aún así, la familia Kenji tiene un fuerte puesto entre las empresas más exitosas del país.


Taro era un joven excepcional; era inteligente, guapo y popular. Él era alto, de cabello negro como la noche y portaba unos ojos azules que helaban y hechizaban al que los viera. Taro siempre era el mejor en casi todo, era el representante de la clase y siempre tenía las mejores notas. Y aunque él tenía pretendientes alfas, betas y omegas, el corazón de Taro le pertenecía a una beta, Mei.


Mei era una chica Beta, con ojos grandes y grises; su cabello era largo y aunque no era muy alta, su belleza resaltaba por todos lados. —!TARO!— Grito Mei a lo lejos mientras le regalaba una sonrisa a Taro.


Taro y Mei no iban a la misma escuela; las escuelas de la ciudad se clasificaban para Alfas, Betas y Omegas. Era mejor tener a los alumnos por separado, ya que el ciclo de los Omegas causaría estragos entre los alfas. Y aunque los Betas no reaccionan antes a las feromonas, se eligió que es mejor tener a todos por separado para evitar desgracias entre la población. Taro y Mei salían desde los 14 años. Se conocieron en un debate estudiantil organizado para competir entre escuelas y, a pesar de que ambos eran rivales, no pudieron evitar la chispa que hubo entre ellos. Taro estaba convencido de que la aplicación MatchSense se encargaría de poner como pareja de vida a Mei. Mei era su tipo ideal. Era inteligente, bonita, no discutía, tenía buenas notas y provenía de una buena familia. Parecía tener un futuro brillante, pero lo más importante, Mei era beta. Taro odiaba a los Omegas. Para él, representaban una debilidad y dependencia que no podía tolerar. Los veía como seres frágiles y sumisos, incapaces de valerse por sí mismos en un mundo competitivo y exigente. Esta aversión se había arraigado profundamente en su mente, influenciada por su crianza y las expectativas de su entorno. Por eso, valoraba la independencia y la fortaleza que asociaba con los betas, y Mei encajaba perfectamente en esa visión.


—¿Qué harás este fin de semana? —preguntó Mei mientras tomaba del brazo a Taro. -Debo estudiar para los exámenes -respondió Taro demostrando un poco de frustración. ¿No me digas que otra vez tienes problemas con álgebra? — preguntó Mei en tono de burla. —Si quieres, yo puedo ayudarte a estudiar; sabes que soy mejor que tú en álgebra —. respondió Mei con un poco más de burla. Eso era algo que hacía enojar a Taro; a él no le gustaban las personas que lo subestimaban o que se creían superiores. Sentía que su orgullo estaba siendo herido, y aunque apreciaba la ayuda de Mei, su tono condescendiente lo irritaba. -No necesito tu ayuda —respondió Taro con un tono más serio de lo habitual—. Puedo manejarlo yo solo.


Mei, notando el cambio en su actitud, suavizó su expresión y le dijo con sinceridad: —Lo siento, no quise molestarte. Solo quería ayudarte. Sabes que siempre estaré aquí para ti. Taro se dió cuenta de que había respondido en forma más cortante y se arrepintió al instante. —Lo siento, Mei, no era mi intención lastimarte, yo—. Taro no pudo terminar su frase, ya que algo había chocado con él. —!HEY!— Grito Mei al chocar levemente contra la pared debido a que Taro la había empujado un poco.

Taro levantó la vista hacia el lado contrario para buscar al culpable de aquel empujón, al voltear los ojos de Taro se toparon con otros ojos. —Hey, lo siento — respondió un tipo con semblante despreocupado. Las palabras del sujeto no sonaban sinceras,Taro no pudo evitar fruncir el ceño al darse cuenta de que, frente a él, estaba un tipo que, si bien no conocía, sabía que era una persona que inmediatamente odiaría.


El joven tenía una actitud confiada y una sonrisa que, aunque despreocupada, parecía desafiante. Pero eso no era lo peor de todo. Taro vio bien el semblante del sujeto; este portaba un uniforme escolar característico: era un uniforme de instituto Omega. Aunque a pesar de ser un Omega, el tipo no se comportaba como uno. Tenía el cabello rojo, llevaba piercings en las orejas y el uniforme desaliñado, como un delincuente. Había algo en su postura y en su mirada que exudaba rebeldía y desprecio por las normas establecidas.


—¡Hey! Yuto, apuremonos o llegaremos tarde — llamó otro tipo al individuo de cabello rojo, al parecer también Omega, e iba igual de desalineado que esté. —Ya voy, ya voy —dijo Yuto. —Perdón nuevamente... no te vi — respondió Yuto mirando directamente los ojos de Taro. Taro, aunque se dio cuenta de que aquel sujeto habló más forzosamente que realmente sentirlo, solo asintió.

No tenía ganas de perder el tiempo con un tipo como ese y mucho menos con un Omega; quería terminar el incidente lo más rápido posible y no volver a ver a aquel individuo en su vida. El chico del cabello rojo retomó su camino y Taro exhaló aliviado. —Vamos, Mei —Taro le extendió la mano a Mei y siguieron su camino también sin prestarle atención al chico de cabello rojo.