Solo es un trabajo

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Summary

Amo mi trabajo, antes no lo amaba, pero con el tiempo aprendes a agarrarle cariño a las cosas. Ya sea obligatoriamente o no. Solo tengo que mover mi cuerpo sensualmente y volarán billetes hacia a mí. Las mujeres aman mi cuerpo, algunos hombres también lo hacen. Claro que e recibido palizas porque a las mujeres les gustó mucho y quieren salir de su vida cotidiana. Estúpidos, no entienden que no acepto ninguna propuesta, no tengo tiempo para eso. Solo debo moverme al siguiente trabajo, terminar mi turno y volver a casa, sin importar que cada día sea más agotador que el anterior. ¿Llegará alguien a salvarme o moriré solo?

Status
Ongoing
Chapters
4
Rating
n/a
Age Rating
18+

Solo una noche más

Zack Aller.


Tu puedes.


Intento animarse pero no podía hacer mucho, este trabajo estaba desgastandolo.


Por salir de aquí y por ellas.


A veces se debatía por quien en realidad estaba haciendo esto. Si por ayudar a su hermana o por su necesidad de huir de este lugar lo más rápido posible.


Pensando en las únicas personas en su vida que le importaban salió al escenario y bailo, meneo su culo para luego darse la vuelta y abrir las piernas de manera provocativa, empujando las caderas hacia arriba en un moviento ondulante.


Los días que el local abría solo para mujeres sus bailes tendían a ser más masculinos, rudos, más meneo de cadera menos de culo, mostrar más los músculos.


Pero cuando era el turno de que entraran los hombres... Esos hombres que entraban por "curiosidad". Esos hombres llegaban a dar risa, todos nerviosos, sonrojados, borrachos. Antes de entrar parecían dejar su heterosexualidad en la puerta, después de entrar... Se entregaban a cualquier hombre que los tocara o les permitiera tocarlos. Eran tan sencillos de llevar, un pequeño meneo, una mano mal dirigida, un pequeño beso en el cuello y se volvían míos. Al menos por ese pequeño instante donde mi labor era darles placer y entrenamiento.


Esas eran sus noches mejor pagadas, después de esas noches llegaba a casa con los bolsillos llenos, claro que no podía faltar la noche que fuera una mierda y no pudiera llevar ni doscientos dólares a casa.


Amaba su trabajo solo que habían noches difíciles, dónde los toqueteos de manos asquerosas se hacían insoportables y solo deseaba llegar a casa. Quizás debería dejar ese trabajo, pero era complicado encontrar un trabajo que pagará lo suficiente al mes para mantener a...


Eso no importaba, solo debía seguir y aguantar, si aguantaba un poco más podría irse. Pesaba en su mente dejarlas, pero con el suficiente dinero no lo necesitarían. Al menos eso esperaba, porque una vez saliera de ese lugar, no volvería. No por voluntad propia.


―¡Zack! ¡¿Acaso estás sordo?!


Ese estúpido gerente, si es que podría llamarse así al hombre que administra nuestros cuerpos. En este club había todo tipo de personas para los gustos variados de los clientes.


Mujeres altas, bajas, morenas, blancas, con pieles impecables, con imperfecciones, gordas, flacas, voluptuosas o con cuerpos tan pequeños como el de una niña, mujeres con la experiencia suficiente como para hacer venir a un hombre con solo un roce y la suficiente estimulación.


El gerente había logrado incluso tener una colección de hombres con esos mismos atributos, no tenía idea de cómo había logrado que tantas personas estuvieran bajo su mando, tampoco me interesaba saberlo. Al final todos estaban allí para ganar dinero.


―Señor ―me levanté de mi silla y camine hasta él. A pesar de lo que podría pensarse el gerente no era un hombre feo, no era guapo pero tampoco feo, muchos de los trabajadores se habían acostado con él solo por diversión.


―Salón cuatro, ve rápido.


Sali del vestuario y camine hacia el salón, el sonido de los tacones se escuchaba claramente en los pasillos, el gerente insistía en que usaramos tacones era más "sexy" según él, solo un ligero sonido salia de las demás habitaciones el gerente habia echo un buen trabajo insorizando las habitaciones.


Llegué a la habitación y entré, había solo un hombre en la barra. No lo saludé, no lo mire, solo me dirigí a la plataforma con el tubo. La música comenzó a sonar en la habitación, el hombre no me miró mucho cuando entre a la habitación, pero ahora que estaba bailando parecía haber atraído su atención.


Era sexy, alto, con músculos pero no explotados, hombros anchos y piernas firmes.


Oh, ahora tú has captado mi atención.


Mi mirada se centro en él mientras bailaba, quería seducirlo, me moví sensualmente, moviendo ligeramente mis caderas de un lado a otro, puse una mano sobre el tubo y me frote un poco contra él. Me agarre con fuerza dando una pequeña vuelta para subir, mi mano izquierda quedó en la parte de abajo del tubo mientras la derecha quedó más arriba, mi cuerpo se deslizó en el tubo mientras mis pies bajaban hacia adelante casi a la altura de mi cabeza dejando expuesto toda mi parte inferior. Quizás se me viera todo el pequeño short que traía puesto apenas si tapaba.


Me baje con suavidad y volví a bailar en la plataforma, agachandome, apoyándome en el tubo para abrir mis piernas rápido para cerrarlas lentamente, me puse de rodillas, mientras movía suavemente la cadera de adelante hacia atrás apenas un ligero movimiento y pase mis manos por mi cuerpo, tocando mi cuerpo y mis piernas.


Me levanté, camine hacia el tubo y estirando la mano, me agarre y enrosque suavemente el tobillo en el tubo mientras daba vueltas. Quería tocar al extraño hombre que no se acercaba a mi, pero no dejaba de mirarme tampoco.


Cuando las vueltas se hicieron más lentas, fui soltando mi agarre para deslizarme por el tubo y bajar de manera más natural. Camine meneando las caderas hasta él, cuando estuve frente a él, me acerque maravillado por su olor.


Estando sentado era de mi mismo tamaño así que parado debía ser aún más alto que yo, movi mis manos por su cuerpo, tocando su chaqueta y pegando mi cuerpo al de él. Tome su mano y me toque con ella, moví su mano por mi pecho tocando mi estómago, su mano estaba fría por sostener tanto tiempo el vaso de licor.


Se levantó de su silla, sin despegar su cuerpo del mío, mi cuerpo se inclinó hacia atrás casi a punto de caerse, pero él sostuvo mi cuerpo, manteniendome pegado a él. Un escalofrío recorrió mi cuerpo al sentirlo tan cerca, tocó mi espalda apretándome todo lo posible contra su cuerpo.


Comenzaba a faltarme el aire pero no pensaba quejarme para que se alejara de mí, pegó mi cuerpo a la barra y su cuerpo se movió bailando ligeramente, meneando su cadera frotándose contra mí.


Moví mi cuerpo contra el suyo, cada vez más excitado y acalorado por este extraño hombre. De pronto me soltó, dándome vuelta y apretándose contra mi trasero. Sin importar el cambio, me moví contra él, feliz de sentir más su dureza.


Mordí mis labios para no hacer ruido y romper la atmósfera, deslizó sus manos por mi cuerpo tocando todo.


Riiiiiiiiiiing...


Su cuerpo se detuvo y permaneció así un momento. Ese pequeño instante me basto para recobrar la razón, ¿Como se me había ocurrido restregarme como perro en celo a un cliente? No es como que no pudiéramos hacerlo pero yo nunca me había comportado así, ni siquiera cuando un cliente me atraía.


Riiiiiiiiiiiiing...


El teléfono sonó un poco más hasta que él decidió atender, se alejó un poco de mí y me levanté. Debía ser profesional y mantener la distancia, mire de reojo al cliente, era muy guapo, su cuerpo parecía bien formado, los pocos minutos en los que pude tocarlo, note músculos bien formados.


¿Como se verían sin esa tela cubriéndolos?


El hombre colgó y volvió a acercarse a mi, me miró de arriba a abajo, con una mirada deseosa, como si quisiera seguir tocandome. Con gusto volvería a pegarme contra su cuerpo si podía tocarlo un poco más.


―¿Esto es suficiente? ―preguntó sacando de su bolsillo diez billetes de quinientos dólares.


Ese era el dinero que me ganaría bailando toda una semana sin faltar ni una noche, sin embargo asentí y me entrego el dinero.


Sacó una tarjeta de su chaqueta y la extendió hacia mí, no dijo nada solo me miraba expectante, esperando a que tomara la tarjeta. La agarre sin mucho cuidado y camine hasta la puerta sin mirarlo.


―Fue un placer atenderlo ―dije mirando la puerta y luego la cerré.


Quería darle un último vistazo para que mis fantasías no carecieran de detalles, pero no mire atrás. Aunque me había distraído cuando su cuerpo se había enredado con el mío, el dinero me hizo aclarar mis ideas.


Era solo un cliente más, un cliente muy guapo, pero al fin y al cabo un cliente.


Regrese al vestuario y me cambié, una vez listo, salí del club para ir a casa. Hoy era mi día de descanso, quizás pudiera pasar el día durmiendo.


Cuando llegue a la casa, todo estaba oscuro, lo normal a esa hora de la madrugada. Revise la habitación de invitados y si, allí estaban, durmiendo pacíficamente. Creyendo que el sueldo del trabajo en el café era más que suficiente para todos.


Cerré la puerta con cuidado y entre a mi cuarto, aunque estuviera cansado, me cambie de ropa como pude y me tire en la cama, mi cabeza apenas habia tocado la almohada cuando ta estaba medio dormido.


•••


El ruido en la casa me despertó, niños gritando y corriendo. Me levanté sin ganas, no estaba seguro de que era hora. Camine al baño y me prepare para otro día.


―Buenos días ―dije entrando a la cocina.


―Más bien tardes dormilón ―su hermana sonrió y le dió un plato con el desayuno.


Comió lentamente, no tenía mucha hambre, solo quería descansar un poco más. Los días en los que podía realmente descansar eran pocos.


―¡Tío! ¡Tío! ―gritaron los dos niños de su hermana.


―¿Mmmm?


―Shawn dice que como es mayor el tiene que tener el pedazo más grande de pan ―la pequeña niña cruzó los brazos molesta.


―Soy mayor que tú, tengo que comer más. ―Shawn también se cruzó de brazos y ambos esperaron a que dijera algo.


―Deben tener partes iguales, Shawn todavía no eres tan mayor como para necesitar más comida que tú hermana ―dije aguantandome la risa.


Shawn se molestó y se fue a sentar comiendo su pan mientras veía a su hermana de manera fea.


―¿Hoy te quedarás aquí? ―pregunto su hermana mientras lavaba los platos.


―Supongo que si ―me encogí de hombros.


Su teléfono sonó con fuerza desde el cuarto, se levantó y fue a buscarlo. Era el gerente. Me molestó que ni siquiera pudiera respetar mi día de descanso.


―¿Que quieres? ―respondí de mala manera.


―Te necesito aquí en el club ¡Ya!


―¿Que pasa?


―Un cliente quiere verte. ―rode los ojos. ¿Solo para eso estaba interrumpiendo mi día?


―Dile que hoy es mi día de descanso no iré hoy.


―Intente decírselo pero se niega a irse sin verte ―farfullo el gerente.


―No iré hoy.


―¡Tienes que venir! Es un cliente importante, como lo perdamos será toda tú culpa ―gritó―. Dirige tu trasero hacia aquí lo más rápido que puedas.


―Está bien ―suspiré cansado. No me convenía poner al gerente como mi enemigo e incluso perder el cliente sería algo malo. Anoche me había dado una buena cantidad, si podía sacarle un poco más de dinero seria muy bueno.


―Asegúrate de estar presentable ―colgo.


Frustrado por tener que ir al club en su día de descanso se baño rápido y sin casi prestar atención a limpiarse.


―Volveré más tarde ―dije cuando pase junto a la sala.


―¿A dónde vas? Dijiste que te quedarías en casa hoy ―se veía muy molesta e incluso los niños le fruncieron el ceño.


―Surgieron cosas en el trabajo ―me puse el abrigo y comencé a abrir la puerta.


―¿Otra vez haciendo horas extras en esa fábrica de porquería? Deberían dejarte descansar.


―Ehh, si. Bueno me voy.


Dió un beso rápido en la frente a los niños y uno en la mejilla a su hermana.


―Adiós.


Salió rápido de la casa antes de que su hermana dijera algo más. Ella no sabía que estaba bailando como stripper casi todas las noches en un club. Si lo supiera pensaría que estaba siendo una carga junto con los niños, y se los llevaría de nuevo a dónde su ex.


Apretó la mandíbula ante el pensamiento de que su hermana fuera de nuevo con el imbécil de su ex.


Concéntrate en no llegar tarde al trabajo.


Pidió un taxi y llegó rápidamente al club, entro por la puerta de atrás y subió las escaleras. Cuando llegó a las puertas del camerino encontro al gerente caminando de un lado al otro.


―Ya estoy aquí.


El gerente levantó la vista y asintió.


―¿Porque llegaste tan tarde? Rápido ve a cambiarte.


Rode los ojos molesto y entre al camerino, un traje de color negro era lo mejor que podía ponerse, no sabia nada sobre las preferencias del cliente y asi era dificil buscar algo que le gustará. Agarró un simple traje de dos piezas, un pequeño sostén que tapaba sus pezones y una pequeña tanga. No era lo más cómodo pero tendría que valer.


―Está en el mismo cuarto de ayer.


Asentí con la cabeza y camine hacia allí, al llegar entre sin tocar y camine hasta el gran hombre que me esperaba de espaldas.


Notó mi presencia a apenas unos centímetros de él, en menos de un segundo tenía un arma apuntandome.


¿Policía? No lo parece ¿Mafioso? Se adapta más a él.


Con la sangre hirviendo por lo bien que se veía ese hombre con un arma, pegó su rostro al arma, pasando el arma por su mejilla le dio un beso.


El hombre frente a él, comenzó a respirar más rápido, sintiéndose valiente metió la punta del arma en su boca mientras veía al hombre. Movió ligeramente su cabeza sobre el arma ignorando el sabor a metal que tenía. Soltando el arma, se pegó al cuerpo del hombre.


―Creía haberte dado una tarjeta para que me llamaras ―dijo en mi oído con un tono grave profundo. Mi cuerpo se estremeció al sentir su respiración tan cerca.


―No sabía que quería que lo llamara tan pronto, por si no lo a notado, no a pasado ni un día.


El hombre agarro mi mandíbula, inclinó mi cara hacia arriba para mirarlo.


―Parece que soy el único que deseaba otro encuentro ―murmuró sobre mis labios.


―Oh, no es el único ―susurré―. Solo que yo iba a esperar un poco más para llamarlo.


Ok, eso era una mentira. No había pensado en llamar al hombre desde que lo había visto. Parecía un hombre peligroso, no necesitaba eso.


No había pensado en llamarlo porque sabía que si lo volvía a ver, haría algo que me ataría a él. Y no podría escapar, al menos no fácilmente.


Y quién sabe si sería con vida.


―Me alegra saberlo. ¿Que le parece si continuamos con lo que dejamos ayer? ―mientras sostenía mi mandíbula, deslizó su mano por mi cuerpo, recorriendolo lentamente.


Mi piel se erizo, cuando llegó a mi pecho y rozo por encima de la tela mi pezón, un gemido bajo salió de mis labios.


―Amo la manera en que respondes a mi toque.


Hizo pequeños círculos sobre mi pecho, a veces apretando mi pezón, pellizcando casi hasta doler.


―¿Entonces? ¿Que me dice?


Con dificultad me aparte de su cuerpo, pareció confundido por mi repentina distancia.


―Lo siento, pero no me acuesto con los clientes ―dije por lo bajo, sin mirarlo.


―¿Estás seguro de eso? ―pregunto con clara diversión en su tono.


―Si ―involuntariamente di unos pasos hacia él.


―Acércate más. ¿O tienes miedo de no poder resistir y terminar rogando ser jodido? ―eso me molestó.


Yo no era el único que sentía esa sensación al tocarnos. Sabía que él también lo sentía y que fuera tan arrogante como para pensar que terminaría rogando me enfurecía.


En vez de apagar mi excitación solo la hizo aumentar. Me acerque a él y tire de su corbata hasta que estuvo sentado.


―Vamos a ver quién va a rogar.





(Actualizaciones los miércoles)