haven't you heard what becomes of curious minds? (jongsang)

Summary

Jongho haría cualquier cosa por obtener vistas en internet. Aquello incluye adentrarse en un antiguo cementerio en medio de la noche y con las probabilidades de que todo salga mal aumentando a cada paso.

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1
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it's all fun and games 'til somebody loses their mind

Jongho vivía por las interacciones y desde que había comenzado a fingir exploraciones urbanas que salían mal en transmisiones en vivo de su cuenta de TikTok, interacciones era lo que menos le faltaba.

Para celebrar entonces que había llegado al millón de seguidores, decidió organizar una visita masiva al cementerio de la ciudad junto con veinte suscriptores que serían elegidos mediante un sorteo. La expedición sería transmitida enteramente en su cuenta y además había convencido al charlatán de su amigo Wooyoung, que fingía tener contacto con lo sobrenatural, para que acompañara la expedición y que ayude a crear esa atmósfera tenebrosa que buscaba vender.

Obviamente no todo podía ser un invento de Wooyoung, así lo descubrirían fácilmente. Por ello, después de una negociación que incluyó unos cuantos miles de billetes, la administración pública de la ciudad quienes tenían a su cargo el cementerio habían accedido a prestarle un guía histórico para que cuente las historias de los célebres personajes que descansaban en el lugar.

Así entonces después de un mes de preparación logística y cinco alegaciones de que el sorteo estaba arreglado, Jongho y su equipo se encontraban en la entrada del antiguo cementerio aguardando por la llegada de sus ganadores.

El plan era simple, iniciarían en las ruinas del antiguo hospicio de la ciudad donde se habían atendido a los enfermos de peste después de que una ola de dicha enfermedad acabase con la mitad de la población de inicios de siglo. Debido a esa excesiva cantidad de fallecidos se había creado el cementerio, ya que enterrar a los enfermos en sus criptas familiares como era tradición ahora era un atentado contra la salubridad pública. Luego de que Yunho, el guía historiador turístico municipal o lo que fuese, explicara aquello sería entonces que comenzaría lo que todos esperaban: lo tenebroso.

Caminarían entre los cuarteles más antiguos, los que habían sido saqueados por los que hacían pactos con lo maligno para lograr sus hechizos, pero también que habían sufrido de los ataques de vándalos que cambiaban pedazos del antiguo mármol que decoraba los nichos por dinero para actividades poco legales. Luego pasarían por los grandes jardines que se encontraban rodeados de tumbas enterradas bajo la hierba. Visitarían las criptas decoradas con estatuas de ángeles caídos y columnas de órdenes griegos. Les contarían sobre las leyendas que acechaban el lugar: un antiguo gobernador que fue enterrado vivo, una bruja que había hechizado hasta la muerte al heredero de una adinerada familia y la que más le gustaba escuchar a la gente: un seminarista que no había logrado ordenarse sacerdote porque había caído inevitablemente enamorado del obispo del pueblo.

Y al final, el espectáculo que todos esperaban, para cerrar la noche con broche de oro. Jongho fingiría enfrentarse a un ente maligno delante de todos. Obviamente tal entidad no existía, aquel fantasma era sólo Mingi usando maquillaje entre otras adiciones que le colocaría Seonghwa, un experto maquillista de efectos especiales para películas.

En su mente, Jongho pensaba sólo en las ganancias que obtendría gracias a las vistas que tendría en TikTok y YouTube, a los derechos de re transmisión que los programas televisivos tendrían que pagarle por pasar clips de sus expediciones durante sus segmentos de redes sociales. Pensaba en los nuevos patrocinadores que llegarían a su canal, ya nunca más tendría que preocuparse por el alquiler de su departamento o por llegar cómodamente a fin de mes. La avaricia de repente perturbó su juicio, la idea de lograr poseer todo lo que alguna vez había soñado y restregársela a sus enemigos imaginarios lo hacía temblar de una oscura alegría, la anticipación de que esa noche todo iba a cambiar para siempre lo tenía saltando de un pie como a un niño pequeño.

—Cálmate por favor o lo vas a arruinar todo— dijo Wooyoung sintiendo la energía casi positiva que fluía dentro de su amigo.

—¡Hoy será una gran noche!— Jongho contestó emocionado.

Cuando los primeros ganadores del sorteo comenzaron a llegar, Jongho tuvo que recomponerse y adoptar un semblante serio pero relajado. Obviamente ya había hecho esto antes, obviamente ya se había enfrentado a entidades antes, obviamente todo eso también había sido planeado meticulosamente por su equipo de publicidad.

Por otro lado, Jongho, claramente obsesionado con las ganancias que tendría, no había podido prever el hecho de que habría seguidores que a pesar de no haber ganado intentarían entrar a conocerlo. Y para ser una noche de viernes en mitad del verano más caluroso que habían vivido hace mucho tiempo, la cantidad de personas que se congregaron afuera de un cementerio público, énfasis en cementerio, había sido multitudinaria.

Jongho pensó rápidamente en los beneficios y desventajas de aquello. Beneficios eran que su exploración ahora era más épica, desventajas eran que seguramente las autoridades le prohibirían el ingreso de por vida si no lograba que toda esa gente se vaya. Así que finalmente tuvo que salir a decir que a partir de ahora harían una exploración urbana con suscriptores cada mes. Era una transacción justa, los fans enloquecidos podían pasar la noche con él para alimentar su vínculo parasocial y él ganaría dinero a cambio; fácil, rápido y sencillo.

Después de más de una hora intentando que todos se vayan y fracasando una y otra vez, la situación fue finalmente controlada para fastidio del personal de seguridad. Aquello fue bueno, en cierto modo, la luna llena se había posicionado enorme y resplandeciente en lo más alto del cielo y la atmósfera tétrica, con los destellos de luz iluminando el rostro de las estatuas de ángeles y cruces góticas, no hacía más que aumentar.

Comenzaron la caminata al rededor de las once de la noche, Yunho no dejaba de hablar sobre historia y sobre personajes que habían dejado huella en la ciudad y el país y la gente sólo quería ver un fantasma. Y Yunho quería seguir hablando, pero Jongho quería darle a la gente lo que pedía.

Yunho no tuvo más opción que callarse mientras repetía en su mente una y otra vez que «El TikTok sólo había logrado agravar el espectáculo de la decadencia y propiciar la muerte del intelectualismo» y que «Tanto había robado el gobierno, pero ni aún así le pagaban lo suficiente como para aguantar las estupidez humana».

Jongho se había preparado para este momento así que comenzó a vociferar en medio del silencio natural del cementerio que por favor dejen pasar a Wooyoung. Wooyoung, quien había sido un chico de musicales durante la universidad, era experto en el arte dramático. El chico se acercó, respirando agitadamente, fingiendo que estaba agobiado por todos los espíritus que le hablaban a la vez.

—¡Hay mucho dolor aquí! ¡Mucho dolor!— Exclamó, haciendo lo posible para sonar triste y afectado.

—¿Qué puedes ver?— Preguntó una chica de lentes hablando muy bajito.

—Hay una sombra... una sombra negra detrás tuyo— Respondió mientras cerraba los ojos y se tocaba la sien fingiendo dolor.

—¡¿Eh?!— exclamó la chica horrorizada mientras saltaba sobre su lugar moviéndose hacia el otro extremo del grupo.

—¿Qué es esa sombra, Woo?— Jongho preguntó fingiendo interés.

—No lo sé... pero es malvada, muy malvada. Lo mejor será que nos vayamos de aquí.

Yunho solo resopló indignado mientras escuchaba aquel patético intento de actuación, digno de un programa de comedia sin presupuesto. ¡Por supuesto que no existía tal sombra! ¡Literalmente se encontraban en la zona de los párvulos! ¡Ningún bebé sería capaz de aparecerse delante de ellos y menos en forma de sombra!

Retomó entonces el recorrido, caminaron entre las tumbas de unos antiguos veteranos de guerra, un par de gobernadores y unos cantantes. A cada momento lo interrumpían para comenzar a hablar sobre estupideces paranormales que carecían de rigor científico alguno. El sonido a radio malograda de los aparatos dudosos que Jongho llevaba consigo estaban comenzando a irritarlo y ya estaba a punto de decirles a todos que eran unos ignorantes y que en sus diminutos cerebros no había espacio para la razón y por eso creían en fantasmas, algo extraño sucedió.

El aparatito comenzó a sonar insistentemente, tanto que ya era imposible de ignorar, y por ello Jongho detuvo la caminata para comenzar a hablarle a la nada. Todos lo rodearon en un círculo, él quedando en el medio, mientras tiritaban de frío (¡estaban a casi 40 grados de temperatura!), y se miraban nerviosos entre todos.

—¿Hola?— comenzó a hablar Jongho tranquilo, porque claramente el spirit box estaba adulterado.

—¡Ayuda!— se escuchó una exclamación del otro lado, era una voz grave y melancólica que horrorizó a todos menos a Jongho y a Wooyoung, que habían escuchado a diario la voz de Mingi desde que eran escolares.

—¿Quieres que te ayudemos?— Preguntó Wooyoung, entrando nuevamente en su papel de salvavidas de espíritus.

—Ayuda...— volvió a pedir el fantasma, Mingi, mientras hablaba en un susurro más agónico.

—¿Estás atrapado?— Jongho intervino.

De repente la conexión se perdió, el sonido estático de radio malograda se intensificó, el volumen parecía haber aumentado de repente sin que nadie controle eso. Jongho comenzó a desesperarse, escéptico, creyendo que tan sólo se trataba de un error técnico. Hongjoong, quien se ocupaba de la tecnología, sería despedido a penas terminase con esto.

Jongho estaba refunfuñando dentro de su mente y Yunho estaba a punto de comenzar a hablar para retomar el tour cuando de repente un estruendo proveniente de una de las zonas más antiguas del cementerio los sobresaltó. Aquello iba de mal en peor, primero los errores tecnológicos y ahora Mingi había decidido aparecer antes de tiempo, ¡quedaba aún más de una hora de recorrido por Dios!

Ninguno de los presentes se atrevió a caminar hacia aquella zona. Estaba tan oscuro que la luz de las enormes linternas que traían consigo no llegaba hasta esa zona, y los pocos destellos que llevaban, sólo alcanzaban a enfocar un nicho cuya lápida era de color negro y tenía un gravado de un cuervo con facciones humanoides.

—¿Qué se supone que es esa zona?— Preguntó Jongho, fastidiado por la torpeza de Mingi.

—Esa zona era donde enterraban a los antiguos obispos, también hay sacerdotes y monjas, obviamente con el paso del tiempo ha sido desacralizado— contestó Yunho.

—¿Ahí está la estatua del sacerdote que llora?— Preguntó un chico bastante entusiasta.

—Sí, está ahí. Es lo que les comentaba al inicio, la historia del seminarista y el obispo.

—¿Cuál es esa historia?— preguntó otra chica.

—Antiguamente las familias ricas tenían esta tradición de que al menos uno de los hijos, varón o mujer no importaba eso, tenían que ser consagrados a Dios. Es decir ordenarse como sacerdote o como religiosa. La familia Kang, quienes fueron mecenas de el primer hospital de la ciudad por cierto, mandó al hijo tercero, no recuerdo el nombre, al seminario para que sea sacerdote. Ellos vestían de blanco, de ahí que la estatua es en mármol blanco, porque aún no habían dado su voto a Dios.

A medida de que Yunho comenzaba a narrar la historia, el ambiente comenzaba a sentirse extraño. El aire se había vuelto denso y era incómodo respirar tranquilamente. La brisa fresca, típica de una noche de verano, había comenzado a correr con más intensidad. Jongho estaba furioso porque todo aquella noche estaba saliendo mal, pero una repentina sensación de inquietud estaba comenzando a apoderarse de su mente.

—Un día, cuando ya quedaba poco menos de una semana para la ceremonia de ordenación sacerdotal, llegó el Obispo de la región, uno que apellidaba Choi, porque él iba a ser quien les de sus votos a todos. No hay fuentes históricas de cómo empezó la cosa, hay quienes dicen que se conocieron mientras el Obispo daba la misa y otros decían que se conocían de antes, ambos eran de familias ricas después de todo. Lo cierto es que los descubre la madre superiora de la jurisdicción y el chico Kang no tenía nada que perder realmente. El pobrecito decidió afrontar lo que pueda pasarle, pero el Obispo tenía todo que perder entonces lo señaló como hereje, que había querido seducirlo o algo...— Yunho no pudo continuar porque de repente se escuchó otro estruendo igual de fuerte proveniente del mismo lugar.

—¿Qué fue eso?— comenzaron a murmurar los presentes, algunos visiblemente aterrados.

—Nada— Yunho dijo, reacio a creer que era algo sobrenatural— Están planeando reconstruir la zona de pabellones que está detrás, ya han comenzado las obras de demolición, la construcción es inestable.

—¿Pero no es eso un patrimonio cultural?— Preguntó alguien

—¿Tú crees que eso le importa al gobernador?— Contestó Yunho rodando los ojos.

—¿Y en qué termina la historia del Obispo?— Intervino la chica de la pregunta anterior

—El Obispo ofreció desterrarlo hasta que todos se olviden del escándalo, pero Kang se negó porque no quería separarse de él. Y bueno en resumen, la familia Kang se enteró, estuvieron de acuerdo con que mandarlo lejos era la mejor opción pero el chico no quiso y se ahorcó en el jardín del hospicio que visitamos al principio. El Obispo fue quien hizo la misa del entierro, pero eso fue una confirmación silenciosa del amorío porque nadie más fue al entierro. A la familia le daba vergüenza que se sepa eso y el resto del pueblo estaba asqueado, la estatua la manda a hacer el Obispo en el extranjero de hecho, porque aquí nadie quería hacerla.

La historia de Yunho había captado tanto la atención de todos incluido Jongho, que nadie parecía haberse percatado del hecho de que Wooyoung se encontraba mal. Genuinamente mal.

—El Obispo le dijo que iban a escapar juntos, pero no cumplió su palabra— chilló Wooyoung en un tono de voz que no era el suyo, se escuchaba más grave. —¡Él me engañó! ¡Me engañó! ¡Estoy atrapado por su culpa!

De repente todos se quedaron congelados en sus lugares, todos incluido Yunho que los había tratado a todos de idiotas sólo segundos atrás. Jongho volteó a mirar hacia Wooyoung y lo que vio lo hizo arrepentirse de todas las decisiones que había tomado hasta ese momento en sus veinticinco años de vida. Wooyoung estaba pálido con el color de la muerte, sus ojos estaban rojos y respiraba irregularmente, estaba sudando y temblando con escalofríos en todo el cuerpo. Y lo peor era que Jongho no tenía la menor idea de lo que debía hacer, ¡se suponía que todo era actuado! ¡Todo era una mentira!

Los suscriptores comenzaron a gritar alterados intentando huir mientras que Yunho les gritaba que se queden quietos porque sino alguien se perdería y no podría salir. En medio del caos, San, su camarógrafo, dejó caer el equipo al piso y a Jongho la verdad ya no le importaba si el material de aquella noche se había estropeado, ¡Wooyoung, era su mejor amigo por Dios!

Wooyoung se comenzó a retorcer de forma extraña mientras gruñía incoherencias en medio de todos los asistentes que gritaban y lo observaban con mórbida fascinación. San fue el único que tuvo la decencia de acercarse para intentar ayudarlo, incluso existiendo el riesgo de que algo malo le pase a él también. Wooyoung estaba temblando cada vez más y de repente, después de un instante en el que parecía que sus ojos querían salir de sus cuencas, cayó desmayado en los brazos de San que se había quedado sin capacidad de reacción. Jongho miró la escena inmóvil sobre el espacio en el que se encontraba parado sin saber qué hacer exactamente. La razón le decía que tenía que sacar a todos de ahí inmediatamente y conseguir ayuda médica para Wooyoung, tenía que avisar al resto de su equipo Hongjoong y Mingi. ¡Mingi! ¡Mingi que estaba disfrazado en algún lugar del cementerio!

Un nuevo estruendo lo sacó de su mente. El ruido provenía del mismo lugar de antes, de aquella zona donde se encontraban el obispo y su seminarista. La gente que segundos atrás había estado asustada, o eso era lo que quería creer, ahora le gritaban que haga una transmisión en vivo para TikTok de él ingresando a esa parte del cementerio. Qué extraño el poder de las redes sociales, quizás sus padres tenían razón y estas habían logrado quitarle los últimos restos de humanidad a las personas.

Jongho encendió su teléfono y comenzó a caminar hacia esa zona casi hipnotizado, tanto que no se dio cuenta que detrás suyo todos lo llamaban a los gritos rogándole que no entre, porque el pedido anterior de transmitir en vivo parecía haber sido una alucinación de su mente; que Yunho se estaba peleando con un Mingi ridículamente vestido de monstruo marino para que consigan ayuda médica para la gente que había comenzado a desmayarse también presos de la impresión que había sido ver a Wooyoung en ese estado.

Pero Jongho estaba hipnotizado, sólo que no era posible saber exactamente el porqué. Quizás era por sus ansias de fama lo habían hecho creer que eso era una buena idea, o porque quería que todos crean que él era alguna especie de héroe y por eso se había tragado sus miedos mientras caminaba a paso seguro hacia aquella zona oscura y tétrica del cementerio. Se había dejado llevar tanto por su ego que ahora dominado por este mismo caminaba a lo desconocido, sin pensar en toda la gente que confiaba en él a la que estaba abandonando en situación de vulnerabilidad para perseguir sus ambiciones.

Los comentarios no dejaban de moverse a la velocidad de la luz en la pantalla de su teléfono. Le decían que había algo detrás suyo, que dónde estaban el resto de suscriptores que habían ganado el sorteo, pero Jongho no se molestaba en contestar. Simplemente seguía caminando mostrando todo lo que había a su paso.

De repente se topó con la estatua de un ángel vestido con lo que parecía ser la túnica de un sacerdote. La estatua estaba rota, se le habían caído las alas. Eso seguramente había sido el estruendo que escucharon hace un rato.

No le dio importancia, porque eso era una explicación perfectamente razonable y siguió caminando. Apenas dio unos pasos cuando se encontró cara a cara con otra persona que vestía de blanco y utilizaba un velo de encaje del mismo color que le cubría el rostro. Jongho no sabía de qué había disfrazado Seonghwa a Mingi así que naturalmente asumió que se trataba de él. Se permitió entonces soltar un suspiro de alivio, al fin todo había terminado.

—¿Hola? ¿Mingi?— Preguntó Jongho en un susurro, su celular de repente comenzó a quemar sobre su mano.

Aquello era extraño, de repente la calurosa noche de verano se había vuelto gélida y una densa capa de neblina había comenzado a formarse a pesar de que se encontraban lejos del mar.

—Soy Kang Yeosang— respondió la otra presencia, mientras se quitaba el velo, dejando ver un rostro hermoso, delicado y extrañamente pálido— He estado esperando tanto tiempo por ti.

—¿Qué?— Jongho susurró, sus piernas temblando presas del repentino terror. Sentía como si su corazón de repente se le había caído hasta los pies, no podía encontrar el ritmo normal de su respiración. Sus piernas temblaban, sus manos temblaban, su corazón retumbaba en sus oídos y lo estaba volviendo ansioso a cada segundo en silencio que pasaba.

El chico del velo sonrió, de repente su rostro delicado y pálido se convirtió en una masa de carne pálida y descompuesta y le regaló la sonrisa más horripilante jamás vista, pues de repente sus dientes eran afilados como cuchillos y entonces nunca nadie más volvió a saber nada de Jongho.

Lo último que se vio de él fue una expresión de horror mientras su teléfono caía al piso en un ruido seco que daba por finalizada la transmisión.